miércoles, 15 de noviembre de 2000

Los ases de la joyería

"Es oro de ley". "Es una joya". "Va de perlas". "Funciona como un reloj". "Brilla como el oro"...
Estas y otras semejantes son frases de uso frecuente. Son frases y expresiones que otros sectores utilizan continuamente para dar más valor a sus productos.

Con este proceder nos están demostrando fehacientemente y de una manera efectiva que el valor que tiene nuestro sector es superior al de ellos. Pero nos están demostrando también que nosotros no sabemos aprovecharlo con la lógica debida. Dejamos que otros saquen jugo a lo nuestro. Comprobamos pasivamente cómo otros saben sacar provecho de nuestro potencial. Y nos quedamos tan tranquilos viendo cómo pasa la vida o esperando el milagro que nunca llega.

Analicemos cualquiera des esos campos: moda, viajes, comidas, coches... Su valor de origen pierde un alto porcentaje cada día que pasa. Sin embargo, el oro, la plata, el platino o los diamantes aumentan cada día su valor.

La materia prima de la mayoría de los sectores se va deteriorando con el paso del tiempo hasta llegar a valor prácticamente cero. La de nuestro sector, en cambio, no solo perdura con el tiempo sino que aumenta continuamente.

Si al permanente y acentuado valor de la materia prima le añadimos, además, el valor de un artístico diseño, se puede convertir -y de hecho se convierte- en una auténtica obra de arte que eleva su cotización con el paso del tiempo. Al estar realizada con metales nobles y piedras preciosas, esa obra de arte, esa creación artística no sólo resistirá el paso del tiempo y de la historia sino que, a medida que transcurran los días y los años, irá acrecentando su valor artístico, su valor socio-cultural y, consiguientemente, su valor crematístico. Por eso será siempre una buena inversión. Por eso será siempre una inversión altamente rentable a corto y largo plazo.

Por consiguiente, viendo como otros saben explotar provechosamente estos valores de nuestro sector, a uno no le queda mas remedio que reconocer nuestra ceguera y nuestra falta de intuición tanto individual como colectiva. Comprobando cómo otros saben aprovechar nuestros tesoros inmanentes, tenemos que ser realistas al máximo. Si tenemos que ser objetivos y saber reconocer nuestros errores y nuestro proceder equivocado. Sólo así estaremos capacitados para erradicar nuestra endémica enfermedad.

Todavía estamos a tiempo de cambiar el rumbo de nuestra nave. Todavía estamos a tiempo de enmendar nuestros yerros. Todavía estamos a tiempo de cambiar de actitud.

Seamos objetivos y realistas. Abramos los ojos a la realidad circundante. Y tratemos de avanzar, juntos, en la búsqueda constante de un futuro mejor y más esperanzador. Ya lo decía Albert Camus: "La verdadera generosidad en relación con el futuro, consiste en dárselo todo al presente".