Se avecina una gran separación entre la alta joyería y la joyería considerada popular, divorcio provocado principalmente por el alza del precio del oro y la crisis financiera mundial. El lujo se ve menos afectado por estos ajustes, entre otras razones porque el alto valor de sus propuestas no sólo reside en la materia prima básica, sino también en la marca, diseño, hechura, otros materiales… Sin embargo, la joyería media ha tenido o tiene que empezar a olvidarse de su hasta ahora argumento básico de existencia, cuyo valor, al momento de escribir este artículo, roza los 1.000 euros la onza. En vista de la situación, el oro cede el terreno a la plata, el acero y otros materiales alternativos.
En paralelo, una vez más se está comprobando que las pequeñas empresas de estructuras flexibles y con ganas de apostar por los cambios, son las que triunfan. En cambio, a las de toda la vida, conservadoras, con grandes y rígidas estructuras, les va a costar más aguantar el chaparrón.
El ejemplo relojero marca la misma tónica. Encima de la pirámide se sitúa la manufactura, que aguanta el tipo, mientras que la zona media se estrecha cada vez más, como si de un reloj de arena se tratará, para asentarse sobre una amplia base donde se acomoda “en pelotón” el reloj más comercial, los de goma y silicona en estos momentos.
Estos son los cimientos de las nuevas tendencias de 2011. En consonancia, los expertos en predicción de futuros gustos estéticos auguran muchos materiales alternativos, piedras semipreciosas y opacos con los que enriquecer la joyería. El sector hablará más por el color y el tratamiento de las superficies. Son nuevos argumentos.
Los tiempos convulsos que vivimos nos remiten a un mundo en plena metamorfosis y que se ha tornado híbrido. Por ello vuelven materiales y técnicas que habían caído en desuso, como la baquelita o el esmalte. Todo aquello que tiene historia, que da sensación de antiguo manifiesta cierto feeling con el futuro. Se vuelve a llevar el Art Decó, el Modernismo, adaptados a los tiempos y con una visión de modernidad. Se recuperan también piezas antiguas bajo la perspectiva contemporánea.
La crisis nos conduce a una moda tradicional, un nuevo minimalismo que tiene sus raíces en los años 80 y 90. No se trata de andar sin joyas, sino de adaptar lo que hay, lo que da personalidad y reconoce el yo ante los otros.
Un discurso que en esta misma línea introduce claridad y transparencia. Por ello el vidrio juega un papel importante. La moda apuesta por un diseño visible, pulido, muy esencial. Retorna el blanco y la madreperla, una tonalidad de raíces poéticas asociada a un entorno de actualidad.
La naturaleza continúa siendo faro importante de las tendencias. La flora está presente en las superficies orgánicas y mórbidas, y propicia joyas versátiles y sensuales. Una naturaleza en pleno éxtasis y una joya que es lujo, emoción, experiencia álgida… Brasil es el ejemplo vivo de este himno a la alegría, que nos deleita con una mujer alegre, divertida y apasionada. Por el contrario, la fauna se reinterpreta bajo un estilismo dominado por la ligereza y la simpatía. Mariposas, aves, koalas, animales amables que se mueven como plumas en el ambiente.
Otro punto de inflexión viene inducido por la patente globalización mundial, realidad que se intenta reequilibrar con un retorno al espíritu tribal, a los valores locales y culturales propios de cada zona. Es muy importante en este sentido hacer colecciones limitadas que transmitan exclusividad, personalidad y que manifiesten sensibilidad con la tribu social a la que pertenecen.
Entroncada con la recuperación de la cultura local llevada a la joya, crece el compromiso ético con el entorno. Tras las negativas consecuencias de los excesos financieros, surge una nueva ética social en la que el dinero recupera su valor como fruto del esfuerzo y el compromiso. Las joyas, al igual que cualquier prenda de moda, han de hacernos sentirnos bien, y en su elección se toman en cuenta aspectos hasta ahora aparcados bajo el frenesí consumista. Tras la crisis, la sociedad se enfrenta a una nueva etapa en la que los errores pasados están todavía presentes en la memoria de todos.
Estilos de vida múltiples, un nuevo realismo, un nuevo ente social centralizan el gusto del consumidor moderno. Es el gusto que nace en las calles, que se mezcla con la influencia digital. Efectos digitales rápidos y joyas que se adaptan con la misma velocidad, muy versátiles a la hora de combinar con la moda textil: charms, drops, abalorios… 2011 se avecina con un cambio de chip que removerá al sector. Un nuevo espíritu joyero y nuevas formas de dar respuesta a las peticiones del mercado a las que deberemos adaptarnos para vivir, más que sobrevivir.
viernes, 28 de mayo de 2010
Lo que se avecina en 2011
miércoles, 19 de mayo de 2010
El día después
En los años del boom económico español -de 1996 a 2008- vivimos como nuevos ricos. Y para entender donde estamos, hagamos un somero repaso de lo que ha acontecido en nuestro más próximo pasado.
La inundación de dinero barato, la codicia de las instituciones financieras con sus ingenierías a gogó, la lucha por el poder -y por las bolsas de basura cargadas de billetes- de nuestra clase política, las abrumadoras construcciones inmobiliarias, las grandiosas infraestructuras viarias, la construcción del tren de alta velocidad por toda la geografía, la ley de dependencia y otras mejoras sociales sin la debida financiación, el nacimiento de nuevas líneas aéreas, de nuevos y lujosos hoteles a mogollón, universidades por doquier, costosísimos hospitales, terminales de aeropuerto descomunales y carísimas, nuevos metros urbanos, rascacielos impresionantes, onerosas subvenciones en energías renovables, el corredor de tren de mercancías (¿de montaña?) Algeciras-Madrid-Zaragoza alejado de los puertos mediterráneos, y para terminar, una importación masiva "urbi et orbe" de mano de obra barata, que nos ha hecho aumentar rápidamente la población.
Todo iba a las mil maravillas -como en la fábula de la cigarra y la hormiga-, "superando" a Italia, casi tocando a Francia y acercándonos a Alemania... Mientras que en la realidad nuestra productividad iba bajando y bajando.
Después vinieron las improvisaciones, los parches y los remiendos, el de los 400 euros, el de los 2.500 euros por nacimiento, el del Plan E para unos ayuntamientos descapitalizados, el de la remodelación de la Diagonal de Barcelona, etc. Todo ello para maquillar un poco la situación que se iba deteriorando de forma manifiesta, pero sin solucionar el problema.
Ahora nos toca vivir una década de mucho esfuerzo y sacrificios, ya que no podremos echar mano de las milagrosas devaluaciones del pasado. Ahora no hay peseta que valga, está un euro que no nos pertenece en exclusiva y no podemos tocar.
Hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades, y no nos queda más remedio que pagarlo. No tenemos otra opción.
Ahora no nos cabe más que sentar cabeza, aceptar la situación y trabajar duro para salir de este lío, esperando que hayamos aprendido la lección, y que en el futuro nuestro país se convierta en uno de los más responsables, serios y atractivos de la Comunidad Europea, a la que tanto le debemos, y de esta forma podremos reciprocar en la forma más positiva para todos.
Salir de este atolladero será duro pero, con el esfuerzo de todos, estoy convencido que lo lograremos.
La inundación de dinero barato, la codicia de las instituciones financieras con sus ingenierías a gogó, la lucha por el poder -y por las bolsas de basura cargadas de billetes- de nuestra clase política, las abrumadoras construcciones inmobiliarias, las grandiosas infraestructuras viarias, la construcción del tren de alta velocidad por toda la geografía, la ley de dependencia y otras mejoras sociales sin la debida financiación, el nacimiento de nuevas líneas aéreas, de nuevos y lujosos hoteles a mogollón, universidades por doquier, costosísimos hospitales, terminales de aeropuerto descomunales y carísimas, nuevos metros urbanos, rascacielos impresionantes, onerosas subvenciones en energías renovables, el corredor de tren de mercancías (¿de montaña?) Algeciras-Madrid-Zaragoza alejado de los puertos mediterráneos, y para terminar, una importación masiva "urbi et orbe" de mano de obra barata, que nos ha hecho aumentar rápidamente la población.
Todo iba a las mil maravillas -como en la fábula de la cigarra y la hormiga-, "superando" a Italia, casi tocando a Francia y acercándonos a Alemania... Mientras que en la realidad nuestra productividad iba bajando y bajando.
Después vinieron las improvisaciones, los parches y los remiendos, el de los 400 euros, el de los 2.500 euros por nacimiento, el del Plan E para unos ayuntamientos descapitalizados, el de la remodelación de la Diagonal de Barcelona, etc. Todo ello para maquillar un poco la situación que se iba deteriorando de forma manifiesta, pero sin solucionar el problema.
Ahora nos toca vivir una década de mucho esfuerzo y sacrificios, ya que no podremos echar mano de las milagrosas devaluaciones del pasado. Ahora no hay peseta que valga, está un euro que no nos pertenece en exclusiva y no podemos tocar.
Hemos estado viviendo por encima de nuestras posibilidades, y no nos queda más remedio que pagarlo. No tenemos otra opción.
Ahora no nos cabe más que sentar cabeza, aceptar la situación y trabajar duro para salir de este lío, esperando que hayamos aprendido la lección, y que en el futuro nuestro país se convierta en uno de los más responsables, serios y atractivos de la Comunidad Europea, a la que tanto le debemos, y de esta forma podremos reciprocar en la forma más positiva para todos.
Salir de este atolladero será duro pero, con el esfuerzo de todos, estoy convencido que lo lograremos.
martes, 18 de mayo de 2010
Y nos quedamos sin Mesías
Algo extraño está sucediendo, son sucesos que en situaciones normales pasan inadvertidos, pero ahora, que estamos más sensibles, llegamos a intuir incluso como sensaciones que flotan en el aire. Donde hace calor, de repente una ráfaga de aire helado te propina una bofetada. Y viceversa.
Al igual que cuando se anuncia una tormenta, las ramas de los árboles se agitan apresuradas anteponiéndose a la catástrofe, los acontecimientos se precipitan con síntomas de que algo gordo se avecina. Quizá el sector está esperando que por fin llegue lo que sea para ver que solución tiene.
Pero hemos de continuar caminando paso a paso, aumentando, si cabe, cada vez más el grado de conciencia. Y ahora mi percepción está alcanzando tal sensibilidad que soy capaz de reparar en las dudas que se ciñen sobre el que recoge la ropa para evitar que se moje, como en la aparente seguridad de aquel que canta de alegría porque va a llover.
A veces pensamos que las cosas pueden suceder y no suceden de forma simultánea. Está llegando el momento, estamos empezando a confundir lo que se intuye con lo que en realidad es, lo gratuito con lo que de verdad tiene un precio…
Pero aquí, en esta realidad que nos toca hoy, nada hay gratuito, todo tiene un coste, un alto coste. En otras situaciones lo que está sucediendo nos parecería normal, pero en la actual situación, hay que pensar que todo en este mundo está concatenado y que la modista no da puntada sin hilo.
Hemos vivido unos años de bonanza, años donde parecía que la fiesta era eterna, que jamás llegaría a su fin. Las circunstancias nos invitaban a una juerga permanente. Al sector llegaron grandes cracks, auténticos Mesías, como si de la Biblia se estuviera hablando… No había quien se resistiera a esos gurús que, como tabla de salvación, irrumpieron para dar otra forma de vida al mundo joyero… y así fue durante algún tiempo. Pero, como todo en esta vida, ha llegado a su fin.
Esos salvadores ya están dejando el barco, han sido los primeros en abandonarlo y dejarlo a la deriva. ¿Quién va a guiar la nave en el futuro?
Teníamos en nuestros escaparates productos, marcas, sin las que no podíamos vivir, y ahora son esos productos, esas marcas las que nos están matando.
Sentíamos la voz de comerciales, directores comerciales y empresarios que nos decían que sin ellos nuestro negocio se hundiría, y ahora son las mismas voces las que lo están hundiendo.
Marcas, empresas, personas que si en otro tiempo ayudaron al día a día en la lucha por la supervivencia, hoy son los que precipitan la agonía, o, tal vez mejor, los que nos van a desconectar ese cable que ahora nos da un poco de oxigeno.
El viento empieza a soplar con más fuerza, la tormenta se avecina con aire desgarrador. Una dura tempestad va a tirar las pocas hojas que todavía se mantienen pegadas al árbol joyero.
Debemos buscar donde refugiarnos, escoger ese techo que nos acompañe para que nuestra nave no zozobre. Debemos dejar de fiarnos de la cobertura que nos daban quienes ahora nos la quitan.
Sólo si sabemos escoger compañeros de viaje que remen en la misma dirección, seremos capaces de llegar a buen puerto. Una vez más insisto. No hay que dejarse llevar por el empuje del viento. La nave debe guiarla uno mismo, no falsos patronos que no saben en qué dirección van. Probablemente su rumbo no es el que tal vez nos interese.
Juguemos la partida sin cartas marcadas, pidamos transparencia al que nos ofrece algo, seamos coherentes, consecuentes, claros… En una palabra, no nos dejemos llevar por impulsos y actuemos con la mente abierta y despierta. Sólo hay un camino y está trazado, nosotros lo tenemos que asfaltar para que sea efectivo y de continuidad a nuestra vida profesional.
Al igual que cuando se anuncia una tormenta, las ramas de los árboles se agitan apresuradas anteponiéndose a la catástrofe, los acontecimientos se precipitan con síntomas de que algo gordo se avecina. Quizá el sector está esperando que por fin llegue lo que sea para ver que solución tiene.
Pero hemos de continuar caminando paso a paso, aumentando, si cabe, cada vez más el grado de conciencia. Y ahora mi percepción está alcanzando tal sensibilidad que soy capaz de reparar en las dudas que se ciñen sobre el que recoge la ropa para evitar que se moje, como en la aparente seguridad de aquel que canta de alegría porque va a llover.
A veces pensamos que las cosas pueden suceder y no suceden de forma simultánea. Está llegando el momento, estamos empezando a confundir lo que se intuye con lo que en realidad es, lo gratuito con lo que de verdad tiene un precio…
Pero aquí, en esta realidad que nos toca hoy, nada hay gratuito, todo tiene un coste, un alto coste. En otras situaciones lo que está sucediendo nos parecería normal, pero en la actual situación, hay que pensar que todo en este mundo está concatenado y que la modista no da puntada sin hilo.
Hemos vivido unos años de bonanza, años donde parecía que la fiesta era eterna, que jamás llegaría a su fin. Las circunstancias nos invitaban a una juerga permanente. Al sector llegaron grandes cracks, auténticos Mesías, como si de la Biblia se estuviera hablando… No había quien se resistiera a esos gurús que, como tabla de salvación, irrumpieron para dar otra forma de vida al mundo joyero… y así fue durante algún tiempo. Pero, como todo en esta vida, ha llegado a su fin.
Esos salvadores ya están dejando el barco, han sido los primeros en abandonarlo y dejarlo a la deriva. ¿Quién va a guiar la nave en el futuro?
Teníamos en nuestros escaparates productos, marcas, sin las que no podíamos vivir, y ahora son esos productos, esas marcas las que nos están matando.
Sentíamos la voz de comerciales, directores comerciales y empresarios que nos decían que sin ellos nuestro negocio se hundiría, y ahora son las mismas voces las que lo están hundiendo.
Marcas, empresas, personas que si en otro tiempo ayudaron al día a día en la lucha por la supervivencia, hoy son los que precipitan la agonía, o, tal vez mejor, los que nos van a desconectar ese cable que ahora nos da un poco de oxigeno.
El viento empieza a soplar con más fuerza, la tormenta se avecina con aire desgarrador. Una dura tempestad va a tirar las pocas hojas que todavía se mantienen pegadas al árbol joyero.
Debemos buscar donde refugiarnos, escoger ese techo que nos acompañe para que nuestra nave no zozobre. Debemos dejar de fiarnos de la cobertura que nos daban quienes ahora nos la quitan.
Sólo si sabemos escoger compañeros de viaje que remen en la misma dirección, seremos capaces de llegar a buen puerto. Una vez más insisto. No hay que dejarse llevar por el empuje del viento. La nave debe guiarla uno mismo, no falsos patronos que no saben en qué dirección van. Probablemente su rumbo no es el que tal vez nos interese.
Juguemos la partida sin cartas marcadas, pidamos transparencia al que nos ofrece algo, seamos coherentes, consecuentes, claros… En una palabra, no nos dejemos llevar por impulsos y actuemos con la mente abierta y despierta. Sólo hay un camino y está trazado, nosotros lo tenemos que asfaltar para que sea efectivo y de continuidad a nuestra vida profesional.
lunes, 10 de mayo de 2010
Mañana ya es hoy en 3D
Estamos viviendo una situación realmente difícil. Nadie se esperaba lo que ha y esta sucediendo, a pesar de que muchas voces dábamos avisos que nadie quiso escuchar.
Y cuando las cosas van mal, unos salen más perjudicados que otros. Sucede lo mismo cuando las cosas van bien, unos salen más beneficiados que otros.
Todo esto que está sucediendo afecta a personas y a empresas, pero como las empresas dependen de las personas, sólo a las personas les toca resolverlo. Para ello sólo hay una solución global, arrimar el hombro, remangarse y ponernos manos a la obra.
Hoy tenemos herramientas al alcance de todos, herramientas de fácil uso y mejor aplicación, herramientas clave que a la velocidad de un clic pueden ayudar a paliar la situación.
Tenemos un tejido empresarial joyero sólido y muy diversificado; no nos dejemos amedrentar. Tenemos que dejar crecer esa estructura educativa adecuada al momento que está llegando con las nuevas generaciones y propiciar la formación de valores que afectan al más profundo fondo del ser humano.
La cultura empresarial de hoy es muy distinta a la de ayer, pero sin duda mucho más que la de mañana. El mañana ya es hoy, y esto no es un juego de palabras, es la pura realidad, es la esencia de la vida misma. No valen lamentaciones, se requieren estrategias, cambios, formas nuevas, adaptación a los tiempos reales… y eso sólo se consigue con herramientas actuales que formen a próximas generaciones.
Lo puntual es sólo un parche para el momento con una fecha de caducidad.
Una vez más, y pongo de nuevo el dedo en la llaga, no miremos y ni nos fijemos en pequeñas cosas, en problemas del vecino; abramos los ojos y oteemos a larga distancia.
Me refiero a ese factor actual al que le queremos echar la culpa, a Internet. Éste no es culpable, es tal vez la solución. Ese cliente que compra por Internet, no lo olvidemos, jamás compraría en un establecimiento, al menos por el momento.
Y todo esto va a más. Que lo comprueben aquellos con hijos adolescentes. No sólo compran juegos al momento por Internet para descargárselos en el disco duro. También juegan con sus consolas en línea con otros jugadores del mundo que acepten su reto, e incluso se comunican con ellos a viva voz.
Según un último estudio realizado en EE.UU. casi el 80 por ciento de los poseedores de una Play Station 3 se conectan a la red regularmente. Y ese mundo virtual compartido está a punto-a punto de disfrutarse en tres dimensiones.
¿Ustedes creen que nuestros adolescentes de hoy, cuando sean adultos, se volverán eremitas de repente y renunciarán a conectarse a esa comunidad virtual en la que se manejan cómodamente casi desde niños?
El nuevo cliente busca nuevos sistemas, nuevos métodos, nuevos productos, más información, nuevos precios. El mercado se ha transformado, ha evolucionado, se ha diversificado. ¿Quién de nosotros creía y confiaba en un banco por Internet? Pues sin ánimo de hacer publicidad, ING ha dado un paso de gigante, pero no se ha cargado a nadie, ha hecho evolucionar a los otros.
Y cuando las cosas van mal, unos salen más perjudicados que otros. Sucede lo mismo cuando las cosas van bien, unos salen más beneficiados que otros.
Todo esto que está sucediendo afecta a personas y a empresas, pero como las empresas dependen de las personas, sólo a las personas les toca resolverlo. Para ello sólo hay una solución global, arrimar el hombro, remangarse y ponernos manos a la obra.
Hoy tenemos herramientas al alcance de todos, herramientas de fácil uso y mejor aplicación, herramientas clave que a la velocidad de un clic pueden ayudar a paliar la situación.
Tenemos un tejido empresarial joyero sólido y muy diversificado; no nos dejemos amedrentar. Tenemos que dejar crecer esa estructura educativa adecuada al momento que está llegando con las nuevas generaciones y propiciar la formación de valores que afectan al más profundo fondo del ser humano.
La cultura empresarial de hoy es muy distinta a la de ayer, pero sin duda mucho más que la de mañana. El mañana ya es hoy, y esto no es un juego de palabras, es la pura realidad, es la esencia de la vida misma. No valen lamentaciones, se requieren estrategias, cambios, formas nuevas, adaptación a los tiempos reales… y eso sólo se consigue con herramientas actuales que formen a próximas generaciones.
Lo puntual es sólo un parche para el momento con una fecha de caducidad.
Una vez más, y pongo de nuevo el dedo en la llaga, no miremos y ni nos fijemos en pequeñas cosas, en problemas del vecino; abramos los ojos y oteemos a larga distancia.
Me refiero a ese factor actual al que le queremos echar la culpa, a Internet. Éste no es culpable, es tal vez la solución. Ese cliente que compra por Internet, no lo olvidemos, jamás compraría en un establecimiento, al menos por el momento.
Y todo esto va a más. Que lo comprueben aquellos con hijos adolescentes. No sólo compran juegos al momento por Internet para descargárselos en el disco duro. También juegan con sus consolas en línea con otros jugadores del mundo que acepten su reto, e incluso se comunican con ellos a viva voz.
Según un último estudio realizado en EE.UU. casi el 80 por ciento de los poseedores de una Play Station 3 se conectan a la red regularmente. Y ese mundo virtual compartido está a punto-a punto de disfrutarse en tres dimensiones.
¿Ustedes creen que nuestros adolescentes de hoy, cuando sean adultos, se volverán eremitas de repente y renunciarán a conectarse a esa comunidad virtual en la que se manejan cómodamente casi desde niños?
El nuevo cliente busca nuevos sistemas, nuevos métodos, nuevos productos, más información, nuevos precios. El mercado se ha transformado, ha evolucionado, se ha diversificado. ¿Quién de nosotros creía y confiaba en un banco por Internet? Pues sin ánimo de hacer publicidad, ING ha dado un paso de gigante, pero no se ha cargado a nadie, ha hecho evolucionar a los otros.
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