miércoles, 23 de marzo de 2005

LA COMPETENCIA

El artículo que Contraste publica en este número centrándose en la competencia china es especialmente revelador respecto a lo que el sector intuye puertas adentro. En el artículo se vierten opiniones dispares y diversas, pero, al final, lo que subyace es un mensaje de esperanza.

Porque en el fondo el ser humano sabe crecerse en las dificultades y el sector no es ajeno a esta actitud. China llega, pero su competencia se puede afrontar bien con actitud derrotista, bien con actitud luchadora. Los que esto último opinan, que son bastantes, esgrimen sus bazas: creatividad y diseño, calidad... Quizás también es bueno “verle las orejas al lobo” para despertar de la apatía y apostar por el propio esfuerzo. La competencia es buena, porque nos ayuda a superarnos cada día un poco más. Y en esta labor por la superación pueden surgir pequeñas y grandes ideas, proyectos, ilusiones... que pueden labrar un camino con metas cada vez más lejanas. ¡Quién sabe!

Un paréntesis para la reflexión
Ya han pasado otras Navidades. Hemos comenzado un nuevo año. Nuestras vidas han vuelto a ese monótono y prosaico devenir existencial, cargado de preocupaciones y de problemas, pero también de sueños y de esperanzas.

Durante las pasadas fiestas navideñas he procurado hacer un paréntesis en las tareas laborales habituales para dedicarme un poco más a la familia, a los amigos, al ocio y al descanso. Y este paréntesis me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas... Algunas resulta difícil concretarlas. Otras se presentan como tareas urgentes porque el tiempo apremia.

Uno de mis propósitos para este año nuevo es que estoy intentando aprender a escuchar. Y lo hago porque, para poder hablar, primero hay que saber escuchar. Hablamos demasiado y escuchamos muy poco. Por eso no nos entendemos y por eso hay tanta división entre nosotros.
En medio del silencio reflexivo he podido escuchar voces críticas, voces de quejas, voces de llanto, voces de dolor... ¿Dolor porque el tiempo pasa y no vuelve? ¿Dolor por lo que pudo ser y no es? ¿Dolor de culpabilidad?¿Dolor de impotencia? ¿Dolor de resignación? ¿También dolor de esperanza?

En mi reflexión he podido vislumbrar un tiempo mejor, un tiempo maravilloso y espléndido... como una nueva primavera llena de promesas que sin duda cristalizarán en frutos ubérrimos. Es el tiempo de aquellos que han sabido aceptar los cambios y se han preparado para hacer frente a los nuevos retos. Esos han comprendido que cada día que nace, es un día nuevo, pero un día que no volverá. Ver amanecer cada día es algo maravilloso. Pero ese amanecer no volverá a suceder. Será siempre otro amanecer, distinto.

Ese espíritu renovador
En los negocios -también en los negocios joyeros- sucede exactamente lo mismo. Por eso no podemos ser unos seres extraños, expuestos sin más a los vaivenes de la vida y dejándonos llevar por rumbos desconocidos. No, la vida no es eso. Mejor dicho, no puede ni debe ser eso. El rumbo lo tenemos que marcar nosotros. El camino lo fraguamos nosotros a base de coraje y tesón. El recorrido lo tenemos que hacer sin descanso, sin temor y con firmeza, sin prisa pero sin pausa. Es la única manera de poder llegar a la meta propuesta. Una meta que nos traerá los triunfos y nos colmará de satisfacciones. La alegría no es algo exclusivo de los campeones, sino de todo el que es capaz de alcanzar la meta.

Amigos, compañeros en esta bendita profesión joyera-relojera, aceptemos la nueva situación. Sí, "aceptemos que las cosas han cambiado; que no son mejores ni peores: son diferentes". Sólo así podremos iniciar esos cambios que nuestra profesión demanda con tanta urgencia. Unos cambios que nosotros podemos hacer actuales, activando cada nuevo día ese espíritu renovador que nos impulsará a caminar, a avanzar,... rumbo a la meta soñada.

No debemos esperar que las cosas sucedan de milagro. Ni debemos pensar que esos triunfos individuales aislados que observamos, han sido fruto de un milagro. Son obra del trabajo, del impulso, de la iniciativa. Los profesionales que están triunfando, nos están demostrando que con su buen hacer y su puesta al día, es posible crear esos productos que los consumidores demandan. Si ellos se han hecho notar y están triunfando, también nosotros lo podemos hacer. No olvidemos que "querer es poder".

Por eso, desde aquí os invito, una vez más, a salir de vuestro letargo, a despertar de ese sueño quimérico e iluso. Os invito a reflexionar y a poner manos a la obra. Estoy plenamente convencido de que, si queremos, podemos.

Las cosas no suelen ser difíciles de hacer. Lo que resulta más difícil es ponernos en situación de hacerlas.

¿No os parece que hemos dejado demasiado orillada a la juventud? ¿Por qué no escuchamos más las voces de nuestros jóvenes, potenciales consumidores, y nos preparamos para ofertarles esos productos que a gritos están demandando? ¿Por qué será que esa respuesta la han encontrado en campos tan dispares como la comunicación, el turismo o el ocio y no en la joyería?

No quisiera terminar sin haceros una confidencia personal. La encontré expresada en un poema de Ramón de Campoamor que leí el otro día: "El tiempo a todos consuela. / Solo mi mal acibara; / pues si estoy triste, se para, / y si soy dichoso, vuela." Que seáis felices... en vuestros triunfos.