miércoles, 29 de julio de 2009

IBERJOYA

Dicen que las malas noticias vuelan. Y yo me pregunto por qué no vuelan también las buenas. Porque hoy quiero darle una buena noticia. Hoy quiero hacerle partícipe de un evento enormemente positivo para nuestro sector. Hoy quiero anunciarle algo que puede revolucionar positivamente y en gran medida la lánguida marcha de nuestra nave joyera. Me refiero a la celebración de una nueva y renovada IBERJOYA.

El marco es incomparable. Los dirigentes y los operarios están trabajando duro y a conciencia. El comedor es espacioso, amplio y acogedor y la mesa está servida. Ya solo faltan los comensales. Iberjoya ha puesto el local, los manteles, las vajillas, etc. Los expositores han puesto los principales productos e ingredientes del banquete: las viandas y las bebidas. Ahora solo falta usted, el comensal, el detallista; porque sin su presencia este suculento banquete no tiene sentido. Por eso, hoy más que nunca, es indispensable que visite Iberjoya.

Es cierto que la acuciante crisis que estamos sufriendo, no solo afecta crematísticamente a nuestros bolsillos sino que está paralizando muchos de nuestros objetivos y echando por tierra muchos sueños. Pero de nada sirve quedarnos en lamentos plañideros. Es necesario actuar. Es necesario salir del anquilosamiento y comenzar a moverse. Es necesario dar los pasos oportunos para reponer fuerzas y reiniciar la marcha con nuevos bríos y con energías renovadas.

Hoy más que nunca usted tiene que ser consciente de que, después de esta crisis, nada va a ser igual. Dicen los entendidos que los sistemas de mercado van a dar un vuelco total, que la tarea comercial ya no va a consistir en comprar por comprar y, después, esperar a ver si se vende. Esa actitud, demasiado fácil y sencilla, se me antoja inoperante y casi suicida.

Los tiempos actuales exigen mucho más. Los tiempos actuales nos exigen una profunda reflexión y un análisis exhaustivo de nuestra realidad. Si así lo hacemos, nos daremos cuenta de que nuestros objetivos no pueden ir solamente a la elección de un producto. Tenemos que dar un paso más. Tenemos que decidirnos a elegir un buen proveedor; un proveedor que no piense solamente en vender a la tienda sino que, con nosotros y junto a nosotros, sea capaz de elaborar esos planes y esas estrategias que el mercado nos demande y esté en disposición de absorber.

Por eso y por mucho más creemos que usted debe visitar Iberjoya. Y no solo con ánimo de compra sino a la búsqueda de ese compañero de viaje que le va a ayudar en el nuevo recorrido.

No lo olvide. Usted tiene una cita obligada. Será del nueve al trece de septiembre. Recuerde esas fechas. Recuerde que Iberjoya-Madrid le está esperando. No desaproveche esa oportunidad que se le brinda. Abra los ojos, observe detenidamente el panorama y no se deje llevar por comentarios negativos.

Se lo decía al principio y se lo repito ahora. Recuerde que el comedor es amplio y espacioso. Recuerde que sus puertas están abiertas de par en par y que la mesa está servida. Ya solo faltan los comensales. Ya solo falta usted como comensal.

viernes, 24 de julio de 2009

TENER FE

Desde mi atalaya y debido precisamente a mis múltiples y tan variados contactos con todos los estamentos de nuestro sector, creo estar percibiendo una actitud preocupante. Me refiero a un creciente desánimo que parece latir en nuestro ambiente y que amenaza con debilitar nuestras ya maltrechas fuerzas. Estamos muy hartos de la crisis, sin lugar a dudas. Estamos casi con el agua al cuello. Y las cargas que penden sobre nosotros y que amenazan con llevarnos por delante, nos están resultando muy pesadas y onerosas. Tanto es así que nos sentimos agotados y casi sin aliento. La realidad a nuestro alrededor es muy cruda. Y a más de uno le ha asaltado la tentación de tirar la toalla.

Sin embargo y a pesar de ese negro panorama, a pesar de que las aguas del joyero están muy revueltas, yo sigo confiando en que nuestra nave no naufragará. Estoy plenamente convencido de que, después de capear el temporal, saldremos a flote. Después de la tempestad siempre viene la calma. Y éste no es un consuelo de bobos. Es la pura realidad, avalada por la experiencia que nos transmite la historia.

Es esa historia la que nos certifica que las crisis ofrecen oportunidades de crecimiento personal y empresarial. Pero ese crecimiento no se consigue permaneciendo pasivos o aletargados. Hay esforzarse y correr determinados riesgos. Esta crisis va a ser dolorosa pero yo confío en que aprendamos a hacer las cosas mejor. Llegó el momento de parar, de detenernos, de reflexionar, de sopesar pros y contras para, después, poder seguir avanzando.

Hay quien dice que después de un descanso, de un largo parón, de un frenazo en seco, las cosas se ven de otra manera. Es como si uno se volviese de repente más realista, más objetivo, más sereno y tranquilo, dispuesto a reanudar la marcha con más cordura y sensatez. Tenemos que abrir puertas para que entre aire fresco. Tenemos que descansar sin duda, pero buscando puntos de apoyo para coger fuerzas. Tenemos que mirar para atrás para ver lo vivido, pero también para delante, conscientes de lo que se nos espera.

Acabo de leer en la prensa que “los empresarios comienzan a ver un poco de luz al final del túnel desde 2007”. La información añade que “la confianza de los empresarios comenzó a remontar por primera vez desde 2007 en el segundo trimestre del presente año”, para afirmar, a continuación, que “los analistas coinciden en que en la recesión económica ya pasó lo peor, aunque advierten que quedan muchos altibajos hasta volver a la normalidad, que se alcanzará en un año”.

De ser verdad esta apreciación de los empresarios, estaríamos, sin duda, ante una noticia ilusionante y tremendamente esperanzadora. Pero mucho me temo que esta información, al igual que sucedió con los famosos “brotes” de la ministra, no sea más que una cortina de humo para que podamos disfrutar mas tranquilamente de las vacaciones veraniegas y enfrentarnos con menos temores al duro otoño que se nos avecina. Pues vamos a ver: ¿de qué empresarios se trata? ¿A quienes representan si es que son representativos de alguien?. Nombrar, sin más, a un colectivo tan genérico y escudarse en sus apreciaciones también tan genéricas, no deja de ser más que una palabrería vana, carente del más mínimo valor real y científico.

Pero, aunque eso fuese cierto y la crítica situación que estamos padeciendo, hubiese comenzado a experimentar una mejoría, no por eso podemos ni debemos lanzar las campanas al vuelo. Necesitamos ser realistas al máximo y ser conscientes de que nada volverá a ser igual tras la crisis. Por eso tenemos que preguntarnos cómo cargar las pilas para coger fuerzas. La vida es una carrera de obstáculos y requiere lucha diaria. Y, aunque el viento huracanado tienda a amainar, no podemos cejar en nuestro esfuerzo y dejar de luchar. Tenemos que seguir en la brecha, tratando de hacer frente con todos los medios a nuestro alcance a todas esas dificultades que intentarán echar a pique nuestra nave.

Por eso me atrevo a sugerir dos caminos para recorrer, tanto individual como colectivamente. En primer lugar, es imprescindible convertirnos en investigadores de mercado. Y, en segundo lugar, es urgente buscar nuevas líneas de negocio. Ambos caminos, ambas actitudes pueden arrojar un poco de luz sobre el porvenir y pueden reorientar nuestras fuerzas por derroteros más acordes con la realidad en la que nos movemos.

Existe, además, otra dificultad intrínseca e innata a la que debemos enfrentarnos a la hora de afrontar ese mañana. En nuestro gremio abundan las empresas familiares. Y el gran problema aquí, como en toda empresa familiar, es el relevo generacional. Se dice que las empresas familiares funcionan porque el que las monto creía en ello. Esa y no otra es la base de toda empresa familiar. Ahora bien, el espíritu emprendedor no se hereda. Es necesario creer, tener fe en la idea, en el proyecto. Por eso, me pregunto y os pregunto: ¿Creemos, seguimos creyendo en lo nuestro?

jueves, 23 de julio de 2009

SABER ELEGIR

Dicen –y parece ser cierto- que en nuestra querida España hay tres temas de conversación sobre los que todos nos atrevemos a pontificar alegremente. Me refiero a la política, a la religión y al futbol. Por eso, si entramos en cualquier cafetería o bar de nuestra ciudad o de nuestro pueblo y nos dedicamos a escuchar las conversaciones de la gente, nos daremos cuenta inmediatamente de que allí hay muchos presidentes de gobierno, muchos seleccionadores o entrenadores y muchos papas u obispos, dispuestos siempre a enmendarles la plana a los auténticos y verdaderos.

¿Por qué sucede todo esto? Parece que la explicación psicológica está en que hablar en esos lugares no suele comprometer a nada y que por eso nos podemos permitir el lujo de opinar y ofrecer nuestro punto de vista con una asombrosa seguridad. Incluso, para hacer más fuerte nuestro punto de vista, solemos levantar la voz hasta tonos inusitados.

Pues bien, dicen los analistas de la actualidad que, además de esos temas, hoy se está afianzando, como tema de conversación, otro nuevo, que incluso puede llegar a desbancar a los anteriores. Me refiero a que hoy uno de los temas de conversación habituales sobre los que todos nos atrevemos a opinar y sobre los que hablamos como si fuésemos expertos especialistas en la materia, es el tema de las modas y el diseño.

Es cierto que “de gustos no hay nada escrito”. Pero de ahí a creernos capacitados para suplantar a los verdaderos especialistas, media un abismo. Por eso hoy quisiera llamar la atención sobre esta faceta de nuestra realidad gremial. Porque, evidentemente, “no es oro todo lo que reluce” y no podemos sin más llamar moda o diseño a mucha de la mercancía que circula por ahí. Entre auténticas y preciosas creaciones, circulan también muchos “adefesios” y muchas piezas de pacotilla que lo único que están haciendo es desprestigiar al sector. En lugar de potenciarlo y acreditarlo, están creando un asfixiante clima de desprestigio que nos va a resultar muy perjudicial.

Es por eso por lo que los estudiosos de la moda y los propios diseñadores deben hacer un ímprobo esfuerzo para no caer en esa chabacanería y ese adecenamiento que son incapaces de despertar interés y deseos en los posibles clientes. Y es por eso, igualmente, por lo que los encargados de las tiendas tienen que abrir mucho los ojos y saber seleccionar muy bien la mercancía que van a poner a disposición de esos compradores potenciales.

Queramos o no, el entramado comercial está formado por un engranaje en el que todos los eslabones son necesarios y, por consiguiente, a todos se les debe exigir una responsabilidad máxima. De lo contrario, estaremos construyendo torres en el aire o castillos sobre arenas movedizas. Si de verdad queremos, que nuestro gremio vuelva a tener la fuerza, la pujanza, la categoría y la elegancia de las que en tiempos no muy lejanos hacían gala, debemos prestar la máxima atención a todos los elementos que forman y conforman la esencia de nuestro ser comercial.

La vida y la historia están llenas de retos. Y, delante de nosotros, aunque a primera vista parezca que estamos ante un abismo insondable e infranqueable, no debemos amilanarnos. Los retos, los desafíos son para los valientes, para los aguerridos, para los luchadores, para los que no reculan ante las dificultades, para los que están dispuestos a sacar fuerza de su propia flaqueza o de las dificultades que están en el ambiente.

A veces, bastantes veces, la solución a los problemas que nos aquejan, no está en las altas instancias. A veces, bastantes, veces, la solución la tenemos en nuestras propias manos o está dentro de nosotros mismos. Hoy he querido fijarme en ese pequeño gran detalle del diseño y la moda. Y lo hago no para criticar simplemente determinados diseños en los que la belleza y la calidad artística brillan por su ausencia, sino para llamar la atención sobre un problema que nos está afectando. Después, que cada uno obre en consecuencia.

miércoles, 22 de julio de 2009

UNA BUENA NOTICIA

Ante tantas malas noticias con las que los medios de comunicación nos bombardean a diario, ante tan malas perspectivas con las que nos despertamos cada día, ante tantas dificultades a las que tenemos que estar haciendo frente, uno de congratula cuando cree ver aparecer en el ambiente algo positivo o, al menos, algo a lo que no se pueda tildar de puramente negativo. Por eso hoy quiero hacerme eco de una positividad, de algo que, al menos teóricamente, no viene teñido con esa carga de negatividad tan a la moda. Evidentemente, no se trata de ninguna panacea. Se trata, simplemente, de un pequeño rayito de luz que puede contribuir a transmitir un resquicio de esperanza a este nuestro pequeño mundo tan necesitado de ayuda.

No hace mucho tiempo, en uno de mis comentarios habituales, aludía a la Ley de Defensa de la Competencia. Pues bien, una de las novedades más interesantes de esta nueva Ley de hace dos años, es la que se viene a corregir una grave disfunción que venía existiendo. Me refiero a la introducción de modificaciones en determinadas normas procesales para regular la competencia ilegal.

Debido a estas nuevas normas, los propios consumidores, cuando se trata de denunciar presuntas conductas anticompetitivas, disponen ahora de una doble alternativa a la que pueden acudir incluso simultáneamente. En efecto, la denuncia de determinados abusos en este terreno, puede plantearse ante los Juzgados de lo Mercantil o ante los órganos administrativos, nacionales o autonómicos, de defensa de la competencia.

Sin embargo, según los entendidos en la materia, hay varias cuestiones que se deben tener en cuenta a la hora de elegir una u otra vía o, incluso a la hora de hacer uso simultáneo de ambas. La dificultades, las cargas crematísticas y las consecuencias legales serán muy distintas, según se elija la una o la otra. Cada una de ellas tiene distinto cometido y, consiguientemente, distinto valor en la formulación de los resultados o sentencias.

No debemos olvidar nunca que los Juzgados de lo Mercantil son órganos judiciales, pertenecientes a la jurisdicción civil, lo que implica que se rigen por esos mismos principios. Por eso el denunciante no solo debe comparecer asistido de letrado y procurador, sino que debe apoyar e impulsar su demanda con todos los medios de prueba de que disponga. Por el contrario, en el caso de recurrir a los órganos administrativos, son ellos los que están obligados a impulsar de oficio el procedimiento y a tratar de llevar a cabo todo el proceso instructivo hasta llegar a concluir si existe o no dicha infracción.

No hace falta ser ningún lince para darse cuenta de que esta dualidad de vías se traduce en una diferencia de costes. La vía judicial presenta siempre unos gastos ineludibles; gastos que no se dan, en principio, en la vía administrativa. Sin embargo, también hay que tener en cuenta que las decisiones o resoluciones dictadas por los órganos administrativos, no son decisiones judiciales sino puramente administrativas. En general, solo se limitan a imponer sanciones administrativas. Y siempre existe la posibilidad de un ulterior recurso ante las instancias judiciales.

Es obvio que estas circunstancias deben ser tenidas en cuenta por quienes se consideren víctimas de conductas anticompetitivas. Antes de tomar la decisión que se considere más adecuada para salvaguardar los propios intereses, es necesario sopesar y valorar, a la vista de las circunstancias, los pros y los contras de cada una de las vías a elegir. Aquí no se trata de actuar a la ligera sino de utilizar el mecanismo de autodefensa que se considere más eficaz en un determinado momento o en una situación concreta.

Pero lo que sí debe quedar claro es que, según la opinión de los entendidos en la materia, ahora disponemos de más posibilidades para defendernos. Con la nueva Ley, al menos teóricamente, son mayores los instrumentos puestos a nuestra disposición para que ninguna conducta anticompetitiva quede impune. Y esto, a mi juicio, sí que es una buena noticia.

jueves, 9 de julio de 2009

¿JAQUE MATE?

Decía el otro día Miguel Ángel Fraile, secretario de la patronal del comercio, que la reestructuración ya había terminado. Y la verdad es que, cuando oí esa frase tan contundente, no supe si esbozar una sonrisa o cabrearme. Desde luego, en este variopinto mundo en que nos ha tocado vivir, uno tiene que oír cada cosa… Que se lo pregunten al colectivo de detallistas de joyería. Seguro que la respuesta será muy distinta. No en vano opinan que esto aún no ha hecho más que empezar.

Basta con pasar hoy por una calle comercial y volver a pasar dentro de una semana. Comprobaremos que el número de establecimientos cerrados no solo no permanece inalterable sino que ha aumentado considerablemente. ¿Se puede afirmar, pues, que la reestructuración ha terminado? De ninguna manera. Al contrario, uno siente la triste y terrible sensación de que la depuración no ha hecho más que empezar.

Dicen los profesionales del comercio que el abrir y cerrar establecimientos no es más que un baile de cifras, que cierran unos y abren otros. Pero la realidad no es tan sencilla. El problema es muchísimo más complejo y también muchísimo más complicado. La causa para adoptar esas medidas no es única ni exclusiva. Siempre obedece a múltiples y variadas connotaciones. No se trata de ningún juego de niños sino de proyectar nuestro futuro existencial y comercial hacia un mañana mejor.

Demos un vistazo a nuestro sector. ¿Cuál es la proporción entre las tiendas que se cierran y las que se abren? Con toda seguridad detectaremos que son más las primeras que las segundas. ¿Y cuales son los motivos por los que son mayoría las que cierran y solo es una pequeña minoría la que se lanza a la aventura de abrir sus puertas? Lógicamente, no se puede dar una respuesta única y exclusiva. Cada caso es cada caso. Y, aunque existan unos condicionantes más o menos comunes, siempre existen también variables específicas.

Dicen los del ICO que la confianza del consumidor lleva tres meses mejorando. La verdad es que yo no percibo esa mejora por ninguna parte. Y eso que suelo ser optimista por naturaleza y por convicción. Por eso me gustaría que esa encuesta se la hicieran a los joyeros mes a mes o que hablaran con un joyero conocido que, después de 101 años de existencia, su relevo generacional no se atrevió a continuar con esta digna profesión.

En estos momentos críticos que estamos viviendo, todo el mundo pide un “plan rescate” para reconvertir el sector. Y yo me pregunto: ¿quién se acuerda del nuestro? Sí, ¿quién se acuerda del sector joyero-relojero y afines? ¿Es que sigue vigente esa ilusa creencia, esa leyenda pasada de que somos un sector próspero que no necesita ayuda ni apoyo? ¿Es que como gremio no pintamos nada en el panorama español? ¿Es que nuestra desidia nos lleva a no mover un dedo y a permanecer impasibles esperando a que las aguas vuelvan a su cauce natural?

Creo que ya va siendo hora de que seamos conscientes de nuestra doliente y dolorida realidad. Creo que ya va siendo hora de que seamos conscientes de nuestras carencias y tratemos de poner remedio a nuestros males. Si no somos capaces de detectar nuestras dolencias, mucho menos seremos capaces de aplicarles el tratamiento adecuado. Y ese tratamiento pasa por tener que actuar a veces con unas exigencias sangrantes en las que no podemos excluir algunas amputaciones.

Si queremos que nuestro gremio sea un organismo vivo y vitalista, no podemos permanecer por mas tiempo impasibles o actuando simplemente a la defensiva. Tenemos que lanzarnos de una vez y con todas las consecuencias a esa ofensiva que nos catapulte hacia delante. Y tenemos que hacerlo con el convencimiento, la seguridad y la confianza de que no todo está perdido. Por eso, aunque no comulguemos con las ruedas de molino que nos lanzan a diario nuestros políticos, no podemos dejar de exigir y demandar lo que en justicia nos corresponde. Aunque el “jaque mate” penda amenazadoramente sobre nuestras cabezas, el partido no está perdido. Todavía es posible la victoria.

martes, 7 de julio de 2009

GENERAR EMOTIVIDAD

Hasta no hace muchos años, la filosofía definía al individuo de la especie humana como un “compuesto de alma y cuerpo”. Después, con el lógico deseo de subrayar la unidad integral de cada individuo, se comenzó a hablar de un “ser con dos dimensiones”. ¿Qué cuales eran o son esas dos dimensiones? Pues, muy sencillo: la dimensión corporal y la dimensión espiritual, que algunos, tratando de escapar de toda significación que pudiese tener el más mínimo atisbo de connotación religiosa, han dado en llamar simplemente dimensión no corporal.

A esta dimensión no corporal o espiritual de cada persona pertenece todo ese amplio y variopinto mundo de los afectos, los sentimientos y las emociones, sean del tipo que sean. Y, aunque a veces o con frecuencia tengan repercusiones somáticas o corporales, nunca se podrán reducir a simples expresiones de la corporeidad. Su esencia va mucho más allá. Y su riqueza anímica requiere admitir una realidad básica que supera lo puramente somático. Es por eso por lo que no pueden cuantificarse sometiéndolas a unas coordenadas de peso y medida como solemos hacer con los elementos que componen nuestra dimensión puramente corporal.

Hoy quiero fijarme en una de esas realidades no corporales –yo prefiero llamarle espirituales- que tanta importancia tienen en la vida de cada persona. Me estoy refiriendo a las emociones. El Diccionario nos ofrece dos acepciones de esta palabra que me gustaría resaltar y subrayar. Dice que es el “estado afectivo intenso y transitorio producido por una situación o estímulo del entorno que transforma el equilibrio psicofísico de una persona”. Y dice también que es el “interés expectante o ansiedad con que se participa en algo que está ocurriendo”. Ambas acepciones no son, pues, contradictorias. Al contrario, creo que se pueden considerar complementarias y que en su conjunto reflejan una realidad tremendamente rica en matices que son capaces de condicionar nuestros comportamientos y nuestra manera de situarnos ante un determinado evento o ante una situación concreta.

Si aplicamos esto al campo comercial, no nos resultará difícil caer en la cuenta de la necesidad que tenemos de generar emociones. Por eso, en momentos tan delicados como los actuales, resulta tan importante no desatender y cultivar con mimo este campo emocional. El uso y aprovechamiento de las emociones es una tarea que no podemos ni debemos descuidar. En primer lugar, resulta imprescindible para potenciar y rentabilizar la empresa. Nuestra empresa no puede ser un simple engranaje frío, amorfo y sin vida. Necesita estar dotada de ese dinamismo y de esa vitalidad emotiva que la hagan atractiva y atrayente y que provoque en nuestros empleados esa satisfacción y ese orgullo de pertenencia a ella. Pero todavía hay más. Nuestros clientes habituales y nuestros posibles clientes, ante la presencia y a la vista de nuestros productos, deben sentir también esa misma intensa emoción que les llevará a no poder prescindir de ellos.

De ahí que manejar –o saber manejar- el aspecto emocional no solo es la clave para controlar nuestras propias emociones de seres humanos que somos. También resulta fundamental para poder potenciar las de los demás, sean empleados o clientes, y así hacer más productiva y rentable nuestra empresa. Por eso los estudiosos de las técnicas productivas y comerciales están comprobando que el estilo antiguo de dirección en el que prevalecía el orden, el control y el mando, ya no resulta tan efectivo. Y por eso mismo afirman que, actualmente, para sobrevivir y diferenciarse, el entorno empresarial demanda un mayor desarrollo individual y unos valores emotivos que sepan dar sentido a los objetivos propuestos. Aquí se trata, nada más y nada menos, de saber generar esa emotividad que potencie y lleve a feliz término la razón de ser de nuestra empresa.

Claro que esa emotividad no va a surgir por generación espontánea ni por arte de magia. Si queremos que en nuestros clientes o posibles clientes surja esa necesaria emotividad, si queremos que nuestros productos generen emociones fuertes y tentadoras, tenemos que poner los medios adecuados y utilizar los canales apropiado para tal fin. De lo contrario estaremos dando palos de ciego o, como se dice vulgarmente, regando fuera del tiesto. La única manera de dar en el clavo es no renunciar a utilizar los cauces específicos que el sector posee. El único modo de acertar en la diana es recurrir siempre a las empresas especializadas en la realización de estas delicadas tareas.

lunes, 6 de julio de 2009

LA FIESTA HA TERMINADO

En nuestro sector, al igual que en el resto de los que formamos el tejido empresarial español, ha habido durante algunos años una fiesta casi permanente. Todo eran alegrías, euforias, triunfalismos, entusiasmo, exultación y exaltación. Aquí valía todo, aquí servía todo, aquí todo iba viento en popa. Por eso se crearon establecimientos de joyería como si de bares se tratará. En ningún país de Europa – incluso me atrevo a decir que del mundo- ha pasado algo semejante. Tocamos a joyería por cada 2500 habitante. En casi 46 millones de habitantes, a lo largo de todo el territorio nacional hay unos 18.000 establecimientos vendiendo algún reloj, joya o semejantes. Si a ello le unimos todos los canales de televisión, la venta por catálogo, los bancos y ahora los portales de Internet, ¿a cuanto nos toca de facturación? Unas 350 marcas de relojes aparecen en las guías relojeras de España y en algún punto de distribución tiene que estar presente cada una de ellas.

¿Qué consecuencias se sacan de todo esto? La primera que salta a la vista es que una gran mayoría de nuestros establecimientos tienen unas facturaciones ridículas que no me atrevo ni a citar. Unas facturaciones totalmente incapaces de soportar los costes de local, impuestos, gastos generales y empleados; además, claro está, tienen que atender y hacer frente a las facturas de los proveedores.

En estas situaciones ya no es suficiente con decir eso de que el establecimiento es nuestro y lo atendemos la familia… ¿No sería más realista sentarse unos minutos a pensar, a analizar y tratar de buscar la rentabilidad de nuestras unidades familiares en edad laboral y otro tipo de rentabilidad para ese establecimiento que estamos mal empleando? Puede que más de uno tenga que cambiar de planes. Puede que más de uno se vea obligado a tener que tomar una decisión drástica.

Ni siquiera ahora, con el alto precio que ha adquirido el oro, nos atrevemos a fundir aquello que sabemos que nunca se va a vender. Seguimos esperando esos tiempos mejores que tal vez nunca volverán No olvidemos que hay que seguir mirando para adelante. El pasado nunca vuelve: es simplemente eso, pasado, algo que fue y ya no es. El presente está aquí, es el hoy; pero mañana ya será algo pasado. Es ley de vida, es el proceso inexorable del tiempo. Por eso, lo que realmente nos importa es el futuro, el mañana. Y ese mañana, ese futuro lo tenemos que labrar entre todos. Nadie debe quedar excluido. Todos somos necesarios. Todos somos piezas importantes. Hay alternativas y funciones para todo y para todos; no lo dudemos.

Esta y no otra es la razón por la que no podemos permanecer indiferentes aguardando a que escampe el temporal o esperando pasivamente a que vengan otros a sacarnos las castañas del fuego. Tampoco podemos permanecer impasibles e insensibles como si el problema no nos afectase. Eso sería de ilusos y nos llevaría a un suicidio anunciado.

Amigo joyero, los tiempos han cambiado. La fiesta ha terminado. Y, cuando una fiesta termina, deberíamos saber que lo que toca es recoger manteles, hacer limpieza y preparar el local para ese siguiente día que ya está ahí llegando, que ya está llamando a la puerta. Sería triste, muy triste, que la resaca nos cogiese desprevenidos e indefensos, impidiéndonos reaccionar adecuadamente. Sería triste, muy triste, que el recuerdo y la añoranza de las abundancias vividas en un pasado todavía muy cercano, nos llevasen a la desidia, a la desgana y a la indolencia, condenándonos sin más a un inmovilismo frustrante y descorazonador.

¿No se suele decir que “a mal tiempo, buena cara? Pues eso. Pongamos buena cara. Y, sobre todo, pongamos buenas obras, buenos proyectos y buenas acciones, para hacer frente a esta cruda y dura realidad que nos está tocando soportar.

UN CLAMOR POPULAR

Últimamente se esta detectando en nuestro sector un cierto clamor popular que parece ir en “crescendo”. Se trata de un asunto que afecta directamente no solo a la buena marcha del mismo, sino incluso a su propia subsistencia. Me refiero a que nuestros fabricantes, mayoristas, distribuidores, marcas de relojes, etc., han perdido o están perdiendo la confianza en el actual sistema de distribución.

Hace algún tiempo cada fábrica de joyería que despedía gente o cerraba, originaba un movimiento que podríamos llamar expansivo porque daba lugar a la aparición de un sin fin de tiendas nuevas abiertas por el propio fabricante o por sus empleados para vender directamente el producto que tenían almacenado. Tanto era así que, de hecho, muchos pensaron que su salvación pasaba por salir directamente al consumidor con sus tiendas propias. ¿Y qué les ha sucedido? Pues que ha habido de todo como en la botica del abuelo. Porque, también para montar tiendas, hay que estar preparados. Además, una tienda no se sostiene solo con el producto de un único fabricante. Una tienda es algo más y requiere algo más. Hay que prepararse antes de emprender un nuevo rumbo.

Lo he dicho infinidad de veces. Y no me cansaré nunca de repetirlo. Aquí no se trata de “sálvese quien pueda” ni de “tonto el último”. Aquí no se trata de hacer la guerra en solitario ni valen las aventuras quijotescas. Aquí se trata de una lucha conjunta, de un esfuerzo encadenado, de una proyección corporativa. Porque es en la unión donde reside nuestra fuerza. Porque todos navegamos en el mismo barco. Porque, aunque nadie es imprescindible, todos somos necesarios.

Hace algún otro tiempo fueron las marcas de relojería "importantes" las que emprendieron ese mismo camino y, olvidándose de quien les abrió las puertas del país, se lanzaron ellos a abrir sus propios establecimientos. En este caso y debido al conocimiento de la marca, al margen con que trabajan y a la situación del mercado que era otra, fueron sobreviviendo. Pero hoy la cruda y dura realidad les está empezando a pasar factura.

Y resulta que ahora le entró la fiebre a las marcas tradicionales, convencionales, a las que llenaron de producto los más de 18.000 establecimientos a lo largo del territorio nacional. Se les llenó la boca de decir que ellos ayudan al establecimiento a sobrevivir, que sin ellos la mayoría de esos establecimientos tendrían que cerrar...Y es posible que en muchos casos pueda ser así. Sin embargo, no siempre se puede generalizar. Hay casos y casos.

Preguntémonos qué está pasando hoy. ¿Es que todas esas marcas han cambiado el chip? ¿También se quieren cargar el canal convencional y crear el paralelo? ¿Es esta la solución para el hoy y el mañana? A veces uno siente la sensación de que estamos jugando alegremente con fuego, inconscientes de que, al más mínimo descuido, podemos quemarnos.
Insisto una vez más. Urge un debate interno profundo si queremos organizar el sector. Este barco está a la deriva. Si no marcamos el rumbo, si no fijamos los derroteros, el naufragio está asegurado.

Cuando yo decía en ocasiones pasadas que el detallista ha de buscar el compañero de viaje adecuado, a esto y a otras muchas cosas me estaba refiriendo. Aquí no valen medias tintas. O tiramos todos en la misma dirección o la cuerda se rompe.

Obviamente, algunos distribuidores de marcas “comerciales” (al margen de las grandes marcas relojeras que hace tiempo que lo están haciendo), están intentando abrir sus propias tiendas, aunque por lo visto hasta ahora, no están obteniendo buenos resultados ya que algunas de estas tiendas ya han cerrado…

miércoles, 1 de julio de 2009

ALGUNAS PRECISIONES

Ante los numerosos comentarios por e-mail, teléfono e incluso personales acerca del articulo “Competencia y precios predativos” enviado recientemente, me veo obligado a hacer otro que sin duda también puede ayudar a reflexionar un poco más sobre el tema.

Mi escrito de hoy va dirigido especialmente al campo del fabricante. Por eso comenzaré preguntando en voz alta: ¿Son los fabricantes españoles una especie en vías de extinción? Evidentemente no pretendo ni quiero ser yo el que de respuesta a esta pregunta. Doctores mucho mas doctos tiene nuestro gremio. De lo que sí quiero dejar constancia es de lo que dicen los pequeños talleres y fabricantes. Son ellos los que afirman que están en inferioridad de condiciones con respecto a los grandes. Son ellos los que denuncia determinados comportamientos de los grandes: que los grandes inundan las tiendas de género condicional, que empiezan a facturar a 6 meses o incluso 1 año pensando que va a ser la solución para el establecimiento y su tabla de salvación; en una palabra, que el fabricante esta financiando a la tienda y cobrando en el mejor de los casos a 6 meses o 1 año.

Por otro lado, hay que constatar que son muchas las tiendas que compran en ferias o en el extranjero pensando en hacer un gran negocio. Y, además, introducen ese género en España sin el obligado contraste. Y, lo que es peor, tratan de venderlo utilizando al fabricante español. ¿Qué cómo lo hacen? Pues utilizando alguna de sus piezas única y exclusivamente para hacer escaparate copiándole el modelo si es que hay alguna venta, y en el mejor de los casos, pasado largo tiempo, decirle que se lo facturen o incluso llegar a devolverlo. Se quejan los fabricantes de que son un mero kleenex de usar y tirar para la tienda. Se quejan de que la tienda utiliza sus piezas para atraer al cliente y ayudar a vender lo que ellos tienen en el interior.

Dicen que, cuando el río suena, agua lleva. Y aunque no sabemos el porcentaje y si es verdad que son bastantes los establecimientos que utilizan esta practica, lo que se comenta es que determinadas prácticas comerciales dejan mucho que desear. Y ello denota que no hay ni una formación ni una educación joyeras adecuadas. Se ha llegado a dar el caso de fabricantes que al buscar operarios profesionales para su taller, cuando estos acuden ilusionados a esa solicitud y pasan a ofertar sus creaciones, resulta que ya conocen sus piezas porque “alguien” se las ha mandado copiar.

Se nos quejan también de que los Colegios, Gremios y Asociaciones defienden más a los detallistas que a los comerciales porque son la mayoría a la hora de pagar la cuota. Nos dicen los fabricantes que se encuentran totalmente indefensos y se preguntan dónde está esa voz que les apoye para dejar de ser la especie en peligro de extinción.

Desde aquí solo quiero hacer una llamada de atención y poner el dedo en la llaga para que se queje el que le duela. Nos dicen que detallistas importantes están utilizando estas “praxis”. ¿Acaso no se da cuenta el detallista de que el fabricante no es un mero taller de composturas o “solucionador” de problemas que en la mayor parte no le incumben?.

No se puede asfixiar a la fuente porque esta puede llegar a dejar de dar agua. Urge, pues, crear un foro de debate que saque los problemas o trapos sucios a relucir y en el que entre todos tratemos de buscar soluciones de futuro. Urge sentirnos un colectivo totalmente unido y con normas de conducta y ética joyera totalmente profesionales. Urge dejar de buscar la solución para el momento. Los parches o cataplasmas pueden calmar el dolor pero no curan.

¿CONOCES TU EMPRESA?

Se suele afirmar que un buen conocimiento del terreno que uno pisa, es la base para poder avanzar. Por eso, si queremos avanzar, si queremos que nuestra empresa crezca, si queremos medrar y prosperar, debemos comenzar por conocer bien el terreno que pisamos. De ahí que nos resulte tan necesario conocer cual es la esencia de nuestro negocio, cuales son los objetivos que pretendemos y cuales son las necesidades que tiene en cada momento. Sin esos conocimientos, nuestra barca navegará a la deriva con el consiguiente peligro inmediato de encallar o hundirse estrepitosamente.

No podemos permitir que el negocio nos controle a nosotros. No podemos dejarnos manejar por sus altibajos. No podemos resignarnos a que navegue libremente y a su antojo. Al contrario, somos nosotros los que debemos manejar el timón. Somos nosotros los que debemos llevar siempre la iniciativa. Y, cuando las tempestuosas olas comerciales intenten vencernos, debemos permanecer firmes y seguros, procurando con todas nuestras fuerzas hacer frente a esa vorágine que amenaza con llevarnos a dónde no queremos.

Esta y no otra es la razón por la que el control de nuestra empresa o establecimiento ha de ser algo esencial y fundamental, algo vivo y revitalizante. Y, aunque a veces el viento resulte cambiante, si nosotros somos conscientes de esa realidad y estamos suficientemente equipados, siempre podremos hacerle frente. Por eso resulta tan imprescindible estar vigilantes y provistos de los medios o herramientas apropiadas.

Luego, es importante trabajar en equipo. En los gremios los francotiradores, los que pretenden hacer su lucha en solitario, suelen ser carne de cañón y con frecuencia acostumbran a fracasar rotundamente. Todos y cada uno somos eslabones de una misma cadena comercial. Por eso todos somos necesarios. Y por eso mismo hay que contar con todos, cada uno en su especialidad,

En último término, el objetivo es tratar de satisfacer al cliente final. Es la única forma de poder vender con garantía. Y, lógicamente, es también la única forma de poder producir con garantía. Sin esa satisfacción del cliente final, nuestra labor, por muy primorosa que sea, no alcanzará el objetivo propuesto y estará condenada a anquilosarse y fenecer.

Y, para satisfacer al cliente final, máxime en épocas de crisis como la que estamos padeciendo, no nos queda otro remedio que situarnos como eslabones de esa cadena y buscar juntos los remedios apropiados. Hay que saber escuchar las propuestas y necesidades del cliente y con el proveedor, tratar de dar la solución justa y adecuada.

Se dice que para encontrar respuestas, para poder dar soluciones, hay que estar en el momento justo y en el lugar adecuado. Y, cuando la necesidad apremia, es nuestra propia inteligencia la que tiene que trabajar a marchas forzadas para poder y saber situarse en ese momento preciso y en ese lugar concreto. Solo así podremos encararnos con la tempestad con garantías de éxito.

Y, aunque dicen que cada maestrillo tiene su librillo, nuestra experiencia gremial, nuestro conocimiento del sector y esa bien conocida aureola de saber hacer, han de servir -tienen que servir- para la búsqueda de soluciones a los problemas del día a día. Si así lo hacemos, con convencimiento y tesón, estoy seguro de que lograremos vencer el azote de la crisis y que saldremos a flote, con la espera esperanzada de que siempre “después de la tempestad, viene la calma”.