domingo, 19 de diciembre de 2004

IMAGINACIÓN, ¿DÓNDE ESTÁS?

La pregunta que hoy me hago y os hago, no es fruto de elucubraciones teóricas. La formulo con plena conciencia y con la intención de hacer unos planteamientos totalmente realistas que puedan desembocar en una praxis real y operativa. Voltaire dijo que “la imaginación es la loca de la casa”. Pero, en un mundo de cuerdos-locos como el que nos ha tocado vivir, prescindir de ella sería la más calamitosa de las locuras.

Pero, ¿qué es la imaginación? ¿Para qué sirve? Comencemos, una vez más, por recurrir al Diccionario. Tal vez así podamos aclarar algunas ideas.

En efecto, entre las muchas acepciones que tiene este vocablo, hay algunas que llaman poderosamente la atención y que conviene recordar. Fijémonos solamente en tres de ellas: “Facultad para representar en la mente imágenes de cosas reales o ideales”; “Facultad para crear o inventar”; “Capacidad para idear soluciones a problemas teóricos o prácticos”. Pues bien, si la imaginación es eso y mucho más, no cabe duda de que su importancia operativa no puede ser soslayada ni silenciada en ninguna faceta de nuestra existencia.

Estamos ante uno de los principios vitales de nuestra personalidad humana y de nuestra personalidad empresarial e, incluso, gremial. Por eso, si no la utilizamos como es debido, estaremos abocados a un devenir agonizante y a una autodestrucción anunciada... hasta ocupar un lucido panteón en el cementerio de las empresas. La tercera vía.

Se suele decir con frecuencia que los negocios o los heredas o los inventas. Pero la experiencia nos enseña que también cabe una tercera vía. Existe siempre la posibilidad de combinar hábilmente ambas realidades y tratar de reinventar lo heredado. Esta tercera vía, que además acostumbra a dar muy buenos resultados, exige siempre una fuerte dosis de imaginación. La necesitamos para crear e inventar. La necesitamos para representar en nuestra mente las imágenes de lo que queremos producir. La necesitamos para idear soluciones a los problemas que se nos plantean. En una palabra, la necesitamos para ser y para subsistir, pero, sobre todo, para crecer.

Con razón se suele decir que el verdadero combustible de los negocios boyantes es la imaginación. Es ella la que va a impulsar nuestra operatividad, nuestra capacidad creativa. Es ella la que, tal vez, cuando menos lo pensemos, nos va a aportar esa idea brillante, excelente, atractiva, irresistible..., capaz de poner en movimiento todos los resortes disponibles. Es ella la va a generar esa energía arrolladora que nos catapultará hacia nuevas metas.

En un mundo tan competitivo como el nuestro, en una sociedad tan ahíta, no podemos ignorar ni despreciar las posibilidades que nos ofrece esta facultad que tenemos, esta capacidad de la que todos por naturaleza estamos dotados. Por eso, si no queremos que la realidad circundante nos devore, no nos queda otro camino que poner a trabajar nuestra imaginación. Como decía hace más de un siglo el filósofo francés, Jules de Gaultier, “en la lucha contra la realidad, el hombre sólo tiene un arma: la imaginación”.Todos queremos sorprender al mercado con algo nuevo y distinto, producir algo novedoso. Todos aspiramos a despertar en el consumidor esa acuciante necesidad de adquirir nuestros productos. Todos deseamos revestir nuestras mercancías con un aura mágica, atrayente y atractiva que las haga irresistibles. Es un deseo lógico y humano, muy humano. Pero todo eso resulta imposible de conseguir si no ponemos a funcionar esa chispa de la vida, ese relámpago de la neurona, esa explosión luminosa del cacumen, que es la imaginación.
Será ella –la imaginación- la que nos impulse a tener fe en nosotros mismos, en nuestras propias fuerzas y en nuestras capacidades. Será ella –la imaginación- la que nos saque de esa prosaica y ramplona rutina existencial en la que, con frecuencia, vegetamos. Será ella –la imaginación- el motor de arranque que ponga en funcionamiento, a nivel individual y gremial, los engranajes de todo nuestro sistema operativo... Ya lo dijo Napoleón: “la imaginación es capaz de gobernar el mundo”.

domingo, 28 de noviembre de 2004

METAMORFOSIS NECESARIA

Cuando un problema es acuciante, uno tiene necesariamente que exponerse a correr el riesgo de ser reiterativo e, incluso, de ser tachado de terco, pesado o impertinente. De lo contrario, su conciencia no quedaría tranquila ni se daría por satisfecha. Y esto es, precisamente, lo que me acontece a mí.

Por más que nos obcequemos y no queramos abrir los ojos, estamos asistiendo sin duda a una profunda transformación del sector. Transformación que afecta a "todos" sin excepción. Y en ese "todos" hay que incluir un amplísimo abanico que va desde la prensa especializada hasta las "ferias", como no. Por eso no me cansaré de recordarle al sector la necesidad imperiosa del cambio, reiterándoselo por activa, por pasiva y por perifrástica si es preciso. Porque estamos en una disyuntiva excluyente: o aceptamos el cambio o éste nos absorberá totalmente.

Sucedió el otro día. En una reunión de otro sector, se estaba planteando la celebración de un evento ferial donde tuviesen cabida todos los estamentos: fabricantes, mayoristas, detallistas, marcas, etc.; pero, eso sí, con carácter totalmente transparente, libre, y, además, abierto al consumidor final. De repente, en medio del acalorado debate, un fabricante se levanta y dice al presentador del proyecto: "Yo soy fabricante y vendo a la tienda. ¿Qué pinto en esta reunión?"
Antes de que el organizador contestara, un detallista pidió la palabra y le dijo a este señor: "Usted no tiene nada vendido. Lo tiene colocado en la tienda. Su venta terminará cuando yo lo haya vendido al consumidor final y se lo haya pagado a usted". La sala enmudeció. Solamente algunos susurros y murmullos en bajito rompieron el silencio que se había producido. El presentador continuó diciendo: "Yo solamente soy organizador. Son ustedes, los profesionales, los que deben obtener el fruto, los que tienen que sacar provecho a tales eventos. Estoy totalmente a su disposición".El relato que acaban de leer refleja y sintetiza perfectamente la problemática que nos invade. Yo me siento incapaz de explicarlo mejor y en tan pocas palabras. Efectivamente, de todos y cada uno depende el éxito o fracaso de su sector. Y yo me pregunto: ¿No es esto lo que esta pasando en la joyería? Y más, cuando en la mayoría de los casos, ni siquiera está colocado el género: simplemente está cedido o depositado en condicional.

Me gustaría, una vez más, invitarles a la reflexión. Mi conciencia me impele a hacerlo aún a riesgo de resultar cargante y reiterativo. Necesitamos reflexionar muy seriamente. Debemos pararnos a pensar. Tenemos que dejar de correr alocadamente. Un caballo desbocado no nos lleva a ningún sitio. Y la triste realidad es que, en este momento, parecemos caballos desbocados en una carrera sin limites, sin unas metas concretas y, lo que es peor, sin reglas de juego o con reglas que no cumplimos ni parecemos estar dispuestos a cumplir.

Es urgente meditar y reflexionar. Es urgente tomar conciencia del problema. Es urgente abrir nuevos caminos, roturar nuevas tierras, utilizar nuevos cauces para poder avanzar sin que nos arrastre la corriente. Decía Orison Marden, aquel escritor y moralista estadounidense: "Encontraré el camino o me lo abriré yo mismo". Y Jean Paul Sartre añadía: "Cada hombre debe inventar su camino".

Recuerde la respuesta del comerciante: "No lo tiene vendido; lo tiene colocado..., que es diferente". Si usted tiene presente y delante de los ojos la cruda realidad que expresa esta respuesta, seguro que no se quedará indiferente y pondrá todos los medios a su alcance para saber encontrar nuevos caminos...Ya lo decía el sabio: "Nadie puede ser esclavo de su identidad; cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar". Las cosas son así y así hay que admitirlas.

domingo, 24 de octubre de 2004

¿UNA IDEA INTELIGENTE?

Cada vez que paramos a reflexionar, cada vez que pensamos, surge en nuestro cerebro una catarata de ideas. Si las seccionamos, si las analizamos separadamente, comprobaremos que muchas de ellas con ideas válidas y razonables. Son, en definitiva, ideas inteligentes. Por eso, ante situaciones difíciles, lo mejor que podemos hacer es pararnos a pensar y analizar, serena y sosegadamente, la realidad.

La crisis que estamos viviendo, insistimos una vez más, no es del sector en sí. Es de las circunstancias envolventes que rodean cada caso. Unas veces son esas huidas o acelerones hacia delante sin rumbo ni meta. Otras veces son los miedos y los temores que nos agarrotan y nos atenazan. Pero lo cierto es que la realidad no está resultando tan halagüeña como todos desearíamos. No hay más que mirar a nuestro alrededor. ¿Qué vemos? Fábricas y almacenes que cierran; alubión de tiendas por doquier; multitud de viajantes en las calles… Y todo eso ¿por qué y para qué?

Me lo corroboraban el otro día en una reunión de expertos. La solución para vender stocks desfasados no es abrir tiendas nuevas y anunciar oportunidades a bombo y platillo. La gente está un poco asqueada de tantas falsedades como intentan colarles con demasiada frecuencia. La gente desconfía de determinadas “gangas”. Saben muy bien que “nadie da duros a cuatro pesetas”. Las soluciones hay que buscarlas por otros derroteros. Se impone una serena reflexión, un profundo análisis de cada situación, una búsqueda, más que global, tal vez individual, de cada situación concreta y específica; una solución particularizada para cada problema.

Nuestro sector se encuentra sumido en una total confusión, en un caos práctico y pragmático. Da la sensación de que lo único que busca, la única meta que parece tener clara, es la de obtener ventas, alcanzar resultados inmediatos, buscar facturaciones puntuales que alivien el problema del momento. Y eso, por mucho que nos duela reconocerlo, no son más que parches. Como dice otro refrán, “es pan para hoy y hambre para mañana”.

No hace mucho nuestras tiendas, por principio, no aceptaban marcas: eran reacias a ellas. Hoy parece que valen todas. Hoy se acepta cualquier producto sin más. No se le somete a un análisis ni se tienen en cuenta otras valoraciones de cara al futuro. Todos queremos aprovechar al máximo la circunstancia propicia. Todos queremos sacar rentabilidad óptima al momento concreto. Todos nos lanzamos alocadamente a una desenfrenada carrera, tratando de llegar primero, aunque tengamos que dejar el camino sembrado de cadáveres…

¿Nos hemos parado a reflexionar? ¿Nos hemos preguntado a dónde nos llevará todo esto? ¿No nos damos cuenta de que organizaciones externas a nosotros, altamente preparadas, nos están comiendo el terreno? Son organizaciones que, haciendo gala de una planificación y una tecnificación fuera de serie, llegan, se aposentan, toman posesión de nuestro campo y plantan allí sus reales. Sin ningún tipo de consideración hacia los que en él estamos y de él vivimos, no sólo nos retan con despectiva soberbia sino que nos apartan brutalmente, nos avasallan y nos arrojan fuera, como si fuésemos apestados malolientes.

Dejemos ya de lamentarnos y de plañir. Pensemos y reflexionemos… Después o al mismo tiempo, pongamos manos a la obra. Como decía nuestro gran filósofo, hoy tan denostado, Ortega y Gasset, “mientras haya alguien que crea en una idea, esa idea vive”. Las ideas son fuerza y dan fuerza. Y no temamos al futuro aunque se vista de incierto. Está en nuestras manos.

La fuerza colectiva
Una de las principales exigencias de la globalización es la intercomunicación, la interdependencia, la mutua relación entre todos los estamentos comerciales. Por eso, la realidad joyera actual necesita estar basada en las interdependencias que deben existir entre sus empresas y entre las personas que componen esas empresas. Nuestro sector no se puede entender sin que sea consciente de esa necesidad de interrelacionarse entre todos los que formamos su entorno.

Las interrelaciones son las que posibilitan y facilitan la realidad operativa de un negocio. Y constituyen, también, la alegría, la satisfacción, el placer, el gozo y el contento de sus componentes: nos ayudan a sentirnos y estar más protegidos, a desarrollar nuestra personalidad y a desplegar mejor todas las potencialidades que son inherentes e incumben directamente al colectivo joyero-relojero.

Si estamos bien interrelacionados, nunca nos sentiremos islas solitarias en medio de un océano tenebroso, francotiradores aislados, haciendo la guerra por nuestra cuenta. Al contrario, nos sentiremos parte de un todo, miembros de un colectivo eficiente y eficaz que nos potenciará para que seamos capaces de desarrollar las propias ideas personales a título individual y arropados por los demás.

Nuestro sector se ha basado siempre en la confianza mutua. La creatividad personal nunca ha sido objeto de envidia y ha sido siempre una fuente inagotable de emulación, de estímulo y de superación. Por consiguiente, si queremos que esto siga siendo así en medio de un mundo tan competitivo, es necesario que cada miembro sea capaz de incorporar al colectivo su valía, pero también su lealtad profesional y personal. Sin ellas, nuestra capacidad operativa se verá mermada en sus posibilidades. Sin ellas no seremos otra cosa que tristes navegantes solitarios a punto de zozobrar en medio de las tormentas actuales. Leales a carta cabal.

Solamente si somos leales a carta cabal, estaremos protegiendo las relaciones interpersonales. Además, si potenciamos y favorecemos los vínculos personales, estaremos dando solidez y continuidad al tiempo y a la historia, haciéndonos acreedores de un futuro más esperanzador. Cuando prevalece la solidaridad, el camino resulta más fácil, más transitable. Cuando prevalece la solidaridad, las metas soñadas no resultan tan utópicas ni tan inalcanzables.

La realidad actual nos está mostrando un nuevo concepto social, motivado por un egoísmo personal. Da la triste sensación de que nuestro mundo se ha vuelto totalmente insensible y contrario a esos valores que han sido santo y seña de la fraternidad gremial... Si queremos que los demás sean leales con nosotros, tenemos que comenzar por ser nosotros leales con ellos. Aquí, la valentía, la caballerosidad, la verdadera personalidad no están en esperar que otros vengan a nosotros sino en dar el primer paso para el acercamiento y para la colaboración. Los orgullos nunca son buenos consejeros.

No podemos prostituir más la realidad del sector. No podemos consentir que nos asfixien esas cadenas del egoísmo orgulloso e insolente. No podemos continuar haciéndonos la guerra unos a otros. O caminamos juntos, o sucumbiremos aislados. Si la rivalidad y la envidia pasan a ser una moneda habitual de cambio, estamos perdidos irremisiblemente.

La solución pasa por comenzar a ser leales con nosotros mismos, cada uno consigo mismo. Después -o al mismo tiempo- hay que luchar denodadamente para que esta lealtad básica se haga extensible a los demás, a todo el sector. Comencemos, pues, por respetar nuestras convicciones. Seamos reales y leales con nuestros principios. Mantengamos siempre una integridad moral. Hagamos gala de nuestra ética de valores. No nos empalaguemos con los éxitos temporales; pueden resultar demasiado efímeros. Hagámoslos duraderos -¿eternos?- y extensibles a los demás. Es el único modo de evitar el vacío. Nº Si las personas de nuestro sector están vacías, si no saben valorar lo que tienen y no tratan de buscar y fomentar alrededor su confianza, muy pronto llegará el declive, el desastre, el fracaso rotundo. No olvidemos que el vacío moral personal produce el vacío social y esto es aplicable no sólo a los negocios, sino a todos los campos de la vida.

La situación actual puede ser el principio del fin o simplemente el final de un principio. Yo soy de los que piensa que nuestro sector ha llegado al final del principio, al final de una etapa, al final de un periodo. De nosotros depende -de todos y cada uno de nosotros- el que esto no sea el principio del fin. En nuestras manos -en las de todos y cada uno- está el futuro, el mañana. De nosotros -de todos y cada uno- depende el triunfo o el fracaso.

domingo, 12 de septiembre de 2004

ENTRE ‘NADIE’ Y ‘TODOELMUNDO’ ESTÁ ‘ALGUIEN’ Y ‘CUALQUIERA’

Se suele decir que en las sociedades, en las empresas, en los sectores productivos las crisis no existen. Lo que sí existe es la necesidad de cambios. Porque con los cambios necesarios, se resuelven las crisis.

Hay que ser críticos y analistas. Hay que hacer un análisis serio del sector y ver lo que está sucediendo. Y hay que proyectar este análisis hacia el futuro inmediato para tratar de vislumbrar cómo será la situación a corto y medio plazo. No basta con desahogarse en lamentos ni en esperar pacientemente a que lleguen tiempos mejores.

Tampoco se trata de buscar culpables para autojustificar nuestra negatividad. El poder adquisitivo de los salarios y las crisis económicas tienen su influencia, ciertamente. Pero no está en ellos toda la culpa. Necesitamos ser más críticos con nuestro propio sector. Necesitamos descubrir nuestra propia culpabilidad.

Si así lo hacemos, es muy posible que descubramos algunas realidades vergonzosas y vergonzantes. Nuestro sector se nos está quedando envejecido y estático. Muchos siguen insistiendo en la joya sólo como inversión. Y ese no es el único camino ni, tal vez, el principal. Hoy hay que descubrir y potenciar nuevos valores en nuestros productos. No se trata solamente de invertir. Hay que despertar y estimular el deseo y la vanidad. La joya debe servir para demostrar personalidad y para poder vivir con mayor plenitud las diversas situaciones de la vida. Hay que convertir la joya en una circunstancia vital de nuestro propio yo.

Asociar joyas y estilos de vida
Para ello, tenemos que asociar las joyas con los nuevos estilos de vida que imperan hoy. Tenemos que crear joyas para cada tipo de personas y para cada situación. Tenemos que seguir la tendencia del momento y saber adecuarnos a la moda y a los gustos. Tenemos que demostrar que la joya no es solamente un accesorio. Tenemos que convencer al cliente de que sus joyas manifiestan lo que él es y lo que quiere ser. Claro que esto no se consigue por arte de magia.
Exige trabajo y esfuerzo. Urge cambiar de mentalidad. Se necesita invertir en tecnología e innovación. Pero también en información sobre nuestros productos. Hay que establecer comunicación entre en fabricante y el detallista. Y, para ello, es imprescindible utilizar los cauces apropiados.

Si queremos que no haya crisis, hagamos los cambios oportunos. Si queremos salir del atolladero, emprendamos caminos apropiados. Si, de verdad, queremos avanzar, pongamos los medios que están a nuestra disposición. No tratemos de escurrir el bulto ni de eludir responsabilidades. Todos tenemos que darnos por aludidos.

Una historia para reflexionar
Lo leí el otro día en la prensa y me llamó poderosamente la atención. El autor, anónimo, afirmaba que, cuando nadie se da por aludido, la batalla está perdida de antemano. Y citaba textualmente la siguiente narración: "Esta es la historia de cuatro personas llamadas ‘Todoelmundo’, ‘Alguien’, ‘Cualquiera’ y ‘Nadie’. Había una importante tarea que hacer y Todoelmundo estaba seguro de que Alguien la haría... Cualquiera podía haberla hecho pero Nadie la hizo. Entonces, Alguien se enfadó por ello, porque era una tarea de Todoelmundo. Todoelmundo pensó que Cualquiera la podía hacer, pero Nadie se dio cuenta de que Todoelmundo no la haría. La cosa acabó en que Todoelmundo culpó a Alguien cuando Nadie hizo lo que Cualquiera podía haber hecho".

¿No ven ahí perfectamente reflejada la situación de nuestro sector, de nuestro querido y bienamado sector joyero-relojero? Creo que no se pueden decir más cosas en menos palabras. Todos somos -debemos ser- conscientes de nuestra realidad. Todos sabemos dónde están nuestros males. Todos conocemos muy bien donde nos aprieta el zapato. Todos sabemos por donde pueden venir las soluciones. ¿Por qué, entonces, Todoelmundo culpa a Alguien cuando Nadie hace lo que Cualquiera puede hacer?

sábado, 17 de julio de 2004

UN PASO ADELANTE

Dar un paso adelante es siempre positivo, aunque no esté exento de riesgos. Ir hacia delante es avanzar. Ir hacia delante es salir del estancamiento y del ostracismo, superar la ociosa apatía y el insano fracaso e iniciar un movimiento progresivo de cara a un objetivo concreto. Ya lo decía el poeta cordobés Lucano allá por el siglo I: “El temor del mal futuro ha puesto a muchos en peligro”. Por eso un famoso político estadounidense – Clare Boothe Luce- recalcó aquello de que “el valor es la escalera por la que suben las demás virtudes”.

Para afrontar ese riesgo, para poder avanzar, es muy importante –yo diría que necesario- contar con el apoyo de alguien de confianza, alguien que nos guíe y nos ayude a alcanzar el objetivo.

Desde Grupo Duplex pretendemos ayudarle a rentabilizar su tiempo y a tomar decisiones seguras. Desde Grupo Duplex queremos asesorarle y hacerle más fácil el camino. Juntos podremos avanzar mejor. Juntos podremos definir mejor las necesidades. Juntos podremos fijar mejor el capital humano necesario para triunfar. Juntos podremos trazar planes concretos para poder cumplir los objetivos soñados.

En un mundo tan tecnológico y tan tecnificado como el nuestro queremos ayudarle a seleccionar y concretar todo y sólo aquello que necesite. Además, en el campo promocional estamos capacitados para ayudarle a trazar las líneas más apropiadas a su negocio. No queremos que se vea abocado a un fracaso, ni por exceso ni por defecto. Pretendemos aportarle la respuesta necesaria para sus pautas de trabajo. Pretendemos que siga su camino, el suyo propio. Y, si hace falta, le ayudaremos a descubrirlo o a que abra y trace uno nuevo.

No lo olvide. Sus clientes son también nuestros clientes. Nuestro compromiso con usted y con ellos es nuestra razón de ser y de existir. Por eso queremos contar con su confianza. Queremos ofrecerles y ofrecerle soluciones innovadoras pero reales, soluciones que les hagan líderes y que le hagan líder. Queremos ser líderes y queremos que usted nos considere líderes, capaces de afrontar el reto de ese mañana esperanzado que está llamando a su puerta.

Por muy sabio y poderoso que sea, uno no puede ser especialista en todo. Por eso necesita rodearse de profesionales que conozcan y dominen cada tarea. Necesita la ayuda de especialistas en cada campo y en cada faceta laboral. Aunque parezca un contrasentido, en un mundo tan global la especialización resulta cada vez más necesaria.

En Grupo Duplex disponemos de una amplia gama de servicios que le van a ayudar a triunfar. En el campo de la publicidad y el marketing, en el terreno del asesoramiento y de los recursos humanos, en el tema informático y en el de gestión nuestros especialistas están siempre dispuestos a ofrecerle lo mejor de sí mismos, a ofertarle alternativas para que pueda alcanzar ese triunfo tan deseado. Téngalo siempre presente. Para hacer más llevadero el camino, para poder alcanzar la meta, es muy importante tener buenos compañeros de viaje.

martes, 18 de mayo de 2004

ENTRE LAS JOYAS... ¿SOMOS JOYAS?

Somos muchos los que pensamos que este 2004 va a ser un año clave. Cada vez son más las voces que se afanan en decir que ha llegado la hora de la verdad para nuestro sector. Y los hechos parecen darnos la razón. En efecto, la temporada navideña podemos decir que ha sido buena, incluso mejor de lo que muchos creían. Por eso no pocos se sienten capacitados para afrontar sin miedo y con plena confianza ese futuro que ya empieza a vislumbrar. Los que afortunadamente viajamos mucho, comenzamos a detectar un movimiento altamente positivo que se avecina. Tanto es así que algunos sueñan ya con poder poner alas a su imaginación en aras de un optimismo realista y con los pies fuertemente asentados sobre base firme y segura.

Si analizamos nuestra realidad, creo que ya podemos pensar que estamos saliendo de las tinieblas y que ya ha llegado la hora de comenzar a actuar, gozando plenamente de este maravilloso mundo que es el del joyero-relojero. En una palabra, creo que estamos empezando a ver con claridad el destino hacia el que nos dirigimos.

Ahora bien, para que este viaje hacia ese mañana -que ya comienza a ser hoy- resulte cómodo, relajado y sin brotes de asfixia, es necesario preparar bien el equipaje y afrontarlo con movimientos cómodos y distendidos. Para ello tenemos abundantes herramientas a nuestra disposición. Los medios económicos están a nuestro alcance. La tecnología es fácil, comprensible y manejable. Sólo tenemos que poner manos a la obra y actuar. Sí, actuar con serenidad, con realismo, sin miedo... El resultado no se hará esperar. Miles de profesionales ya lo han hecho y ahora están comenzando a ver sus frutos. ¿Por qué usted no se decide a hacer lo mismo? ¿Por qué usted no se decide a abandonar esa exasperante pasividad y comienza a poner los medios para salir de una vez de ese atolladero en el que se encuentra inmerso?

Son muchas las llamadas y las cartas recibidas en nuestra redacción ponderando positivamente mis artículos, felicitándome por mis ideas o agradeciendo mis sugerencias, orientaciones y consejos. Y, aunque no todos compartan toda mi filosofía y mi forma de ver las cosas, siempre alaban mi espíritu animoso y esa constante predisposición a la lucha, sin desánimos ni decaimientos. Desde aquí, mi agradecimiento a todos.

Razón de ser y de existir
Nuestro sector es una JOYA, y escribo la palabra así con mayúscula porque es la auténtica realidad en el pleno y genuino sentido de la palabra. No se trata de ninguna metáfora, como acontece en otros campos. Aquí, cuando se utiliza esta palabra –JOYA-, se hace con total y absoluto realismo, sin ninguna connotación metafórica. Ha llegado la hora, pues, de hacer honor a esa palabra que todos utilizan –y le sacan buen provecho- con menos lógica y menos sentido que nosotros. Es en nuestro sector donde la joya tiene su razón de ser y de existir. Y, lógicamente, debe ser en nuestro sector donde debe producir el mayor y el mejor rendimiento.

Para eso lo que nos hace falta es saber potenciar nuestro estatus gremial, saber actuar en todo momento con ese inconfundible señorío propio específico de quien ostenta una realidad inconfundible: no sólo una joya de artículos sino también una joya de profesionales, una joya de clientes y una joya de negocio, porque, si no hay negocio, el ciclo no se cierra.

Si usted es uno de esos a los que su negocio no le funciona como desea, puede que necesite un receso. Detenga un momento su ritmo de trabajo, Relájese. Deje vagar su cuerpo y su espíritu. Deje volar la imaginación. Piense. Reflexione. Pregunte e indague. Ábrase al futuro y al mañana que ya es hoy. Decídase a respirar nuevos aires. Seguro que encontrará razones para la esperanza. Seguro que encontrará motivos y fórmulas para cambiar el rumbo. Si por estar encerrado en su monótona y cotidiana labor aún no ha descubierto ese rumbo y no ha podido fijar su derrotero, no se desespere. No queme precipitadamente sus naves. No tire la toalla. Ábrase a los nuevos aires. Analice su caso y busque remedio. También usted trabaja con joyas, con auténticas joyas. Y también puede ser esa joya.

A propósito del Colegio de Joyeros de Catalunya
Por estas y otras muchas cosas más, no me cabe la menor duda de que hace falta dar una fuerte sacudida a nuestro corporativismo. Necesitamos modernizarlo, agilizarlo y ponerlo al día. Lo que en tiempos pasados fue bueno, puede que hoy no lo sea tanto. El Colegio de Catalunya puede muy bien ser un ejemplo para el resto. Algunos dirán que tiene fallos. Tal vez sí. Pero, ¿quién no los tiene? Además, conociéndolos es como se pueden corregir.

Repito lo que decía antes. Seamos realistas y positivos. Miremos hacia delante. Potenciemos las cosas buenas. Saquemos conclusiones de las malas para evitarlas. Nuestro sector se está quedando anclado en el pasado. Y sólo los que muevan ficha, podrán ganar la partida. Para ganar hay que jugar.

Otra cosa: nuestro sector es muy amplio y muy diferenciado en muchas aspectos. Tal vez estemos cayendo en el pecado de querer tratar a todos por igual. Y es muy probable que esa diversidad nos exija otros planteamientos. Son cerca de treinta mil los profesionales que componen este maravilloso sector. En él hay fabricantes, talleres, mayoristas, importadores, pedreros, relojeros, gemólogos, viajantes, profesionales liberales, detallistas, etc. Por eso es tan necesario buscar claridad y transparencia. Por eso es tan urgente colocar a cada uno en su sitio. Ni siquiera las marcas de relojería son todas iguales. Creo sinceramente que ha llegado la hora de empezar a distinguir y colocar a cada uno en su sitio. Es la única forma de evitar al consumidor la confusión.

Y si hablamos de las tiendas, ¿cuántas clasificaciones y distinciones tendremos que hacer? Cada una debe tener el tratamiento que le corresponde. No existe otro modo de satisfacer las demandas del cliente. La especialización es una necesidad que se impone por sí misma.

En Grupo Duplex hemos puesto manos a la obra y ya hemos pasado a la acción. No es suficiente con predicar; hay que actuar. En breve comenzaremos a informar sobre los cambios que hemos iniciado. Desde aquí invitamos a todos a hacer lo mismo. Invitación que se dirige, especialmente, a los que están al frente de esas asociaciones, gremios, federaciones, etc...para que todos juntos lleguemos a la meta final. No tratemos de justificar nuestro inmovilismo y nuestra apatía con disculpas o lamentos. El éxito o el fracaso dependen de nosotros.

miércoles, 21 de abril de 2004

UNA NUEVA ACTITUD COMERCIAL

Es algo que no se le escapa a nadie que el sector joyero-relojero necesita una profunda transformación. Y que para los detallistas esas transformaciones son de máxima urgencia, es igualmente una verdad incontestable y fuera de toda duda. Aunque ya lo he afirmado muchas veces, creo que nos vendrá bien una nueva reflexión sobre este problema.

La falta de género actual –atrayente y atractivo- en las tiendas repercute profundamente en el consumidor final. O dejamos de querer vender lo que está obsoleto o llevamos a nuestro sector a un pozo sin fondo, a un túnel sin salida. Parodiando a Benson, hay que afirmar que nos resulta más necesario cambiar de manera de actuar que cambiar de escenario.

Lo escuchaba el otro día en una especie de tertulia más o menos informal: “ No hay crisis de joyería –decía uno de los contertulios-. Hay crisis de profesionales, de falta de ideas, de una puesta a punto para poder resistir la carrera”.

¿Por qué no escarmentamos en cabeza ajena? Ejemplos muy concretos nos están dando lecciones clarividentes. Nuestra competencia está fuera del sector y no dentro. Lo vengo afirmando desde hace años. Son los de fuera los que nos invaden el terreno. Y son esos de fuera los que venden cada vez más. Por eso invito de nuevo al detallista –a ese detallista al que no le está funcionando su negocio- a que se pare y piense. Luego, si le es posible, que lo comente y contraste. Después, que actúe en consecuencia.

Se me ocurre que una buena reflexión, un buen deporte oxigenante podría ser el siguiente: salir de la propia tienda, pasear por la zona, hablar con la gente, observar las reacciones ante su escaparate, encuestar a la gente que pasa. Después, actuar con lógica y buscar ayuda para aclarar las propias ideas.

Saber comprar
Como nadie da lo que no tiene, para vender hay que tener. Y tener en toda su amplitud: joyas actuales, frescas, modernas, con calidad y en cantidad. La sabiduría popular del refranero resulta altamente expresiva: “ser un buen mercader, más está en saber comprar que en saber vender”.

Al cliente le gusta ver, escoger, tocar...para poder elegir. Las formas, los conceptos, los gustos han cambiado y cambian cada día. Aquí no vale seguir esperando pasivamente. Hay que saber atraer. Hay que saber enganchar y cautivar. Hay que saber seducir. Por eso es tan necesario renovarse y renovar nuestros stoks. Por eso es tan urgente mantener una actitud activa y abierta a las novedades de la vida, no aferrándose en exceso a las propias opiniones ni a compartimentos estancos. Hay que tener flexibilidad, tolerancia, ansia de mejora y perfeccionamiento. Por eso “rectificar es de sabios”. La obstinación suele ser hermana de la necedad.

Un amigo me decía, refiriéndose al sector: el problema –el gran problema- es que hay muchos muertos (profesionalmente, se entiende) que aún abren cada día su establecimiento con la esperanza de que suceda el milagro. Y, claro, los milagros son muy raros. La lotería le toca a muy pocos, aunque jueguen todos.

jueves, 11 de marzo de 2004

DEBATIR EN GRUPO

Preconiza el prestigioso cardiólogo estadounidense Dean Ornish que “los cambios de estilo de vida son más eficaces cuando se plantean en grupo”. Continúa este autor que las estrategias globales, en las que priman la intercomunicación, el trabajo en equipos multidisciplinares y grupos, elevan de forma notable el nivel de eficacia de cualquier “terapia”. Evidentemente, desde Contraste no podemos pretender cambios de estilo de vida -esta tarea habría que encomendársela al personal sanitario y a los medios de comunicación afines-, sino cambios de estilo de trabajo. O más bien del quehacer profesional, que bien podrían discutirse y plantearse en grupo. Continuando con el razonamiento preclaro de Ornish “en grupo se comparten dudas, preocupaciones, trucos, consejos...” con un mismo objetivo, que compartido pasa a ser más realizable. En fin, que “la unión hace la fuerza”. Este especialista se basa en un hecho de difícil refutación. Los seres humanos somos “animales sociales”, por tanto, pese al egoísmo que pueda alentarse, nos gusta andar de la mano y compartir acciones que refuerzan la consecución de un fin. Este sector, que no por atípico, es diferente a la condición humana, tiene algunas tareas por compartir. Entre ellas el debate acerca de su promoción y la forma de canalizarla. Hace ya varios números que Contraste se hizo eco de las primeras voces en público sobre el polémico tema de la publicidad. Nuestras páginas siguen reflejando opiniones, que son para compartir en grupo. Que sea para bien.

lunes, 1 de marzo de 2004

LA IMPORTANCIA DEL CLIENTE

En la vida todos tenemos un objetivo común. De una forma o de otra, todos trabajamos para obtener fruto. Todos laboramos para obtener resultados positivos. Pero, a veces, nos equivocamos. Si queremos obtener los resultados apetecidos, no debemos caminar solos ni aislados. Es necesario implicarse más con el cliente. De hecho y a pesar de la crisis, los que han sabido moverse en este terreno, han obtenido los mismos o mejores resultados. Por eso, en términos generales pueden decir con cierta tranquilidad: “Hemos tenido un buen año”.

En todos los campos la comunicación es algo consustancial con el producto. Hoy se está imponiendo a pasos agigantados el marketing redaccional, un sistema novedoso que en el campo joyero apenas se utiliza todavía. Su objetivo es configurar una relación directa de tú a tú y proporcionar información directa en cada momento.

La tarea más importante que tenemos que hacer es el conocimiento del cliente. Hay que tomar las riendas del timón. Hay que conocer y dominar las intenciones de los clientes. Tenemos que lograr implicarnos profundamente en sus objetivos. En definitiva, hay que llegar al cliente de forma útil, operativa, eficaz. Para eso hay que enviarle mensajes cortos, concretos y específicos, pero siempre adecuados.

Aquellos años donde el negocio consistía en adquirir el producto y esperar a que llegara el cliente a nuestros establecimientos a comprarlo, han pasado a la historia. Hoy el cliente tiene otra educación, otra preparación. Sabe lo que quiere. Y nosotros tenemos que saber ofrecérselo.

Asumiendo riesgos
Evidentemente esto no se consigue así sin más. Tenemos que saber asumir los riesgos que conlleva, las cargas inherentes a esta necesidad ineludible. Tenemos que implicarnos de veras en lo que llevamos a cabo. Si queremos que nuestro sector recobre la estabilidad y el bienestar económico, debemos dejar de ser demagogos y no decir nunca más “de esta agua no beberé”.

¿Recuerdan? No hace muchos años definíamos al joyero como “la persona que trabaja con materiales preciosos o vende materiales preciosos”. Hoy los comercios de joyería están cambiando. Ya no venden sólo joyas o materiales preciosos. Lo que venden en realidad es ilusión y moda. Venden vanidad, mucha vanidad. El producto, la valía real del producto ha quedado en segundo término. Y esto no nos debe extrañar. Al contrario, nos ha de servir de ejemplo y estímulo. Nos ha de servir de acicate para animarnos a cambiar, a adoptar otras actitudes más en consonancia con la realidad que impera.

Un ejemplo nos puede ayudar a abrir los ojos. Cuando estudiábamos nos enseñaron que existían dos sexos: el sexo masculino y el sexo femenino. Pues bien, aunque teóricamente esto sigue siendo cierto, la verdad es que hoy podemos afirmar que existen además otros nuevos: los homosexuales, los bisexuales, los transexuales, etc., etc. Tenemos que reconocer que son colectivos que tienen otros gustos, otras costumbres, otras formas de vestir, otro estilo de vida... Y nuestro comercio no puede quedar impasible ante un fenómeno así. Independientemente de la valoración que podamos hacer, debemos prestar atención a estas realidades sociales de nuestro mundo.

Las herramientas del cambio
Los grandes negocios se construyen en el día a día, en contacto con las personas, con nuestros clientes, sean reales o potenciales. El contacto con el cliente, la intercomunicación veraz y fluida constituyen la base del progreso comercial. Utilizando las herramientas adecuadas, cualquier pequeño negocio puede convertirse en una gran empresa, y tenemos ya ejemplos de ello.

En nuestro comercio tenemos que estar aprendiendo diariamente. Tenemos que estar inventando constantemente nuevas formas de obtener resultados. No podemos ser meros entes pasivos, estáticos y a la espera de acontecimientos. Tenemos que poner los medios a nuestro alcance. Hay que tomar posiciones. Tenemos que valernos de los medios especializados. No todos valen igual ni sirven para lo mismo. La especialización es garantía y aval de eficacia.

También los joyeros debemos tener en cuenta esta necesidad ineludible del mercado actual. Nos va el negocio, la vida en ello. Por eso, resumiendo, me gustaría cerrar este artículo con la frase que un amigo mío tiene en su despacho: “Las especies que sobreviven son las que mejor se adaptan a los cambios”.

lunes, 12 de enero de 2004

LAS PREGUNTAS DEL MILLÓN

En medio de esta vorágine existencial que nos agobia, surgen muchas preguntas a las que nos gustaría dar respuesta. Ante cambios tan rápidos y vertiginosos, nos asaltan constantemente unos interrogantes que parecen demandar soluciones inmediatas. Con demasiada frecuencia nosotros, los humanos, nos encontramos en un callejón sin salida, incapaces de ver la luz que oriente nuestro presente y nuestro porvenir.

¿Dónde empieza lo moderno? ¿Dónde acaba lo clásico? ¿Qué es la perfección? ¿En dónde radica la validez objetiva de una realidad?... Son preguntas y más preguntas. Son interrogantes que se clavan como aguijones. Porque, queramos o no, lo cierto es que las épocas, los gustos, las formas, los estilos... todo ha cambiado y sigue cambiando.

Y aquí, no valen lamentaciones. No vale decir que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Sin pecar de optimista y haciendo y haciendo solamente uso de un lógico realismo objetivo, debemos estar convencidos de que el progreso es positivo. Por consigui9ente, debemos suponer que lo mejor está por llegar.

Pero ¿cuándo llegará?. Y ¿quién podrá disfrutar de ese futuro mejor?. Son preguntas que demandan respuestas inminentes, pero respuestas operativas y prácticas. Dejemos las respuestas teóricas para los filósofos, los sociólogos o los historiadores. No juguemos a adivinos y pongamos manos a la obra.

Lo que está totalmente claro es que el pasado ya no volverá. El ayer y el anteayer no son más que historia. Una historia que ha desembocado en nuestro hoy concreto y que nos aboca a un mañana imprevisto, indefinido, plagado de interrogantes, desafiantes y retador.

Nosotros, los humanos, ante una mañana así, no podemos permanecer impasibles. No podemos cruzarnos de brazos y aguardar pasivamente a que lleguen esos tiempos mejores. Porque, efectivamente, esos tiempos mejores vendrán. Pero hay que hacerlos venir. Hay que prepararse para que. Cuando lleguen, no pasen de largo delante de nuestra puerta.

No vale dejar para mañana lo que podríamos haber hecho ayer o lo que tenemos que hacer hoy. Para salir de la situación en la que nos encontramos, hay que comenzar a actuar de inmediato. Igual que el movimiento se demuestra andando, el futuro se fragua en el presente. Si no queremos engrosar esa tétrica y tremebunda lista de “especies a extinguir”, no nos queda otra salida que poner manos a la obra.

Aquí no hay milagros. Aquí no hay lluvias milagrosas que nos traigan del cielo el maná. El desarrollo tiene sus leyes y su lógica. Todo está en continuo progreso. Tenemos que ser capaces de ver las nuevas exigencias de descubrir esas nuevas tendencias que habrá que afrontar en un futuro que ya es presente. Los que no sean capaces de adaptarse y evolucionar, se quedarán en el camino.

Es cierto que el sector - nuestro querido sector joyero- seguirá. Pero, ¿A costa de quién y de qué? ¿Cuántos cadáveres comerciales tendrán que quedar en la orilla? ¿Cuántos fracasos y frustraciones tendremos que paladear? ¡Cuántos lanzas necesitamos romper? ¿Cuántas tierras habrá que rotura?

La sabiduría popular afirma que “no se cogen truchas con las bragas enjutas”. Eso quiere decir, ni más ni menos que, si queremos obtener frutos, tenemos que mojarnos. Sí, tenemos que implicarnos al máximo en la lucha. Tenemos que saber utilizar todos los instrumentos apropiados. Tenemos que saber valernos de los medios que la ciencia y la técnica ponen a nuestro alcance. De lo contrario, pereceremos irremisiblemente.

Las costumbres mudan a velocidades vertiginosas. Los hábitos cambian de un día para otro. Y nosotros tenemos que acostumbrarnos a digerir esas nuevas realidades. Tenemos que acostumbrarnos a digerir esas nuevas realidades. Tenemos que crear nuevos planes de acción.
Las oportunidades las tenemos todos. Pero no todos sabemos aprovechar. Y en este mundo en constante evolución no se trata de una cuestión opcional. Es una obligación ineludible para poder sobrevivir, para poder afrontar el mañana con optimismo y esperanza. Después... no valdrán lamentaciones y de nada servirá decir “¡Qué mala suerte he tenido! Todo ha ido contra mi” Sencilla y llanamente habrá que decir: Tú te lo has buscado”.