Queramos o no, nuestro sector se enfrenta a una transformación total. El tan manido fenómeno de la globalización y a las nuevas exigencias que presenta una moda cada vez más prepotente, más universal y más al alcance de cualquiera, están haciendo que algunos cimientos de nuestras estructuras comerciales se tambaleen y corran el peligro de derrumbarse estrepitaosamente.
Y hay otro aspecto concreto del problema que todavía lo hace más acuciante. Ahora no podemos alegar ignorancia ni desconocimiento por falta de información. Cualquiera de nuestros jóvenes, cualquier miembro de nuestras nuevas generaciones se siente suficientemente capacitado para afrontar estos nuevos retos. Nuestros jóvenes son gente más preparada que no solo viajan más sino que, por medio de ese invento que se llama Internet, tienen la posibilidad de acercarse al mundo entero en un mínimo espacio de tiempo.
A primera vista y en buena lógica parece que nuestro objetivo prioritario debería ser siempre la búsqueda del crecimiento, la utilización de cauces adecuados para no quedar estancados y seguir aumentando capital industrial o beneficios netos. Si embargo, ante una fuerte crisis como la que estamos sufriendo, yo me atrevo a decir y proclamar en voz alta que nuestro objetivo prioritario hay que situarlo en un eslabón más bajo. Se trata nada más y nada menos, que de nuestra supervivencia en el sector y dentro del sector, cuando no de la supervivencia del sector mismo. Las convulsiones que sufrimos, están resultando tan fuertes y tan intensas que hay momentos en los que no podemos pensar en crecer y en prosperar sino simplemente en estar ahí, en continuar con vida. Porque “mientras hay vida, hay esperanza”.
Para ello no nos queda más remedio de situarnos en primera linea. Tenemos que constituirnos en avanzadilla. No nos queda otra salida que utilizar las nuevas y novedosas armas que los tiempos actuales ponen a nuestra disposición. Hay que saber aplicar módulos claros y contundentes, estables y creíbles, con esa flexibilidad que dimana de la claridad de conceptos, con apoyo a las iniciativas de creación de marca, con agresivas campañas de marketing y con planes claros y definidos de I+D+I.
Esta tarea tan acuciante –lo repito una vez más- es obra de todos. Para poder lograr este objetivo básico resulta necesaria e imprescindible la colaboración de todo el sector. Son las empresas privadas y las asociaciones que las representan las que tienen que remolcar este gran barco que corre el peligro de zozobrar estrepitosamente. Porque si el barco –nuestro barco- se hunde, no creamos que individualmente vamos a disponer cada uno de un salvavidas para poder llegar a puerto sanos y salvos. Sería un sueño de ilusos, presagio de un amargo e irreparable despertar.
Pero conseguir esta supervivencia básica que sea punto de apoyo y fundamento de cara a un crecimiento, necesitamos hacer gravitar tada nuestra actividad sobre unos pilares firmes y seguros. Y hay tres que considero ineludibles, necesarios y totalmente precisos:
- Una renovada y actualizada acción en la producción de joyas: que nuestros productos se adapten a los gustos y a las exigencias de un mercado joven y en pleno crecimiento.
- Unos planteamientos nuevos en la forma de comunicar, de acercar el producto al consumidor: utilizando un “idioma” acorde, que resulte inteligible e impactante en estos tiempos postmodernos.
- Una permanente puesta a punto y una constante actualización de los dos elementos anteriores: porque las formas y los gustos cambian a velocidades tan vertiginosas que, si no somos capaces de seguir su trepidante ritmo, nos quedaremos descolgados para siempre.
Creo sinderamente que en la correcta conjunciín de estos tres elementos –que podemos sintetizar en tres palabras: producción, lenguaje y actualización- está la clave para superar la crisis que nos agobia y para poder alcanzar, depués, el éxito deseado. Y afirmo esto porque pienso que, una vez estudiados, activados y potenciados estos tres aspectos de nuestra problemática realidad, estoy seguro de que habremos llegado a conclusiones firmes y claras. Y en ese momento preciso estaremos capacitados para afrontar el presente y el futuro con realistmo optimista: produciendo mercancía apetecible y fijando unos precios acordes con la objetividad. Será la única manera de no fabricar castillos en el aire.
Nuestro objetivo existencial tiene que ser doble: sobrevivir y, además, alcanzar el éxito. Y no se trata de un objetivo quimérico. Es un objetivo perfectamente factible y al alcance de nuestras manos. Hacerlo realidad depende de todos y de cada uno. Porque “el éxito es una escalera por la que no puedes subir con las manos en los bolsillos”.