Se dice que cuando algo se mueve, es que allí hay vida. Igual que, cuando sale humo es que debajo hay fuego. Veamos pues qué pasa en nuestro sector. ¿Se mueve algo?. ¿Sale humo?.
Para muchos sale un humo ya tenuemente ennegrecido de los restos que quedan consumiéndose y agotándose en el rescoldo de un fuego creciente. Pero la gran mayoría ha comenzado a ver, con moderado optimismo, que el movimiento es acompasado, de acuerdo con las agujas del reloj. Se trata de un movimiento y un humo que generan dosis de esperanza realista pero que necesitan ser avivados y removidos con celeridad y precisión.
En mis andanzas por el mundo he visto cosas originales, novedosas. Muchas de ellas ha resultado que eran enormemente sencillas y simples. Y uno se pregunta cómo a nadie se le habrían ocurrido antes. Eso ocurre, por ejemplo, con ese reloj cuyo segundero va hacia atrás. Sus horas, como las de cualquier otro reloj, avanzan a ritmo acompasado y sin detenerse. Sin embargo los segundos –su segundero- caminan en sentido contrario. En lugar de señalar el tiempo transcurrido nos indican el tiempo que falta, el tiempo disponible. ¿Será para que nos hagamos a la idea de que cada segundo que pasa es un tiempo que se descuenta en nuestro haber existencial, en nuestro proyecto vital?.
La lección parece diáfana y nítida. Nuestros proyectos existenciales son algo que no se puede aplazar ni posponer. Ya se lo decía el clásico: tempus fugit: el tiempo huye, vuela, se evapora, se nos escapa de las manos sin que podamos hacer nada por retenerlo. Por eso tenemos que vivir intensamente el tiempo de nuestra existencia. Tenemos que hacer todo lo posible para avivar los rescoldos vitales y hacer crecer el fuego de nuestra existencia. Tenemos que aprovechar el tiempo, todo el tiempo, para que la hoguera de nuestra vitalidad siga viva y vigorosa, pujante y briosa.
Para conseguir ese objetivo no necesitamos andas a la deriva ni tenemos que dar palos de ciego. Tenemos ideas. Tenemos medios. Sabemos lo que queremos. Disponemos de los instrumentos apropiados. ¿Qué nos pasa, entonces?. ¿Por qué no avanzamos?. ¿Por qué quemamos nuestras energías en estériles lamentos?. ¿Por qué no somos más eficaces?. ¿Por qué no avivamos de una vez la hoguera de nuestras energías empresariales?.
Tengamos en cuenta que trabajar es mucho más que dar vueltas y moverse. Es pensar. Es observar. Es analizar. Es ver cómo se mueve el mundo a nuestro alrededor y tratar de movernos con él, revitalizando nuestras potencias energéticas. Si nos quedamos quietos, nos va a pisotear y no nos dejarán levantar cabeza.
Las nuevas tecnologías han reinventado las empresas. Pero nosotros nos estamos quedando en la edad de piedra. Y esto no puede seguir así. Si queremos continuar vivo, necesitamos ser operativos, movernos, avivar ese fuego que se nos apaga por momentos, recurriendo a esas tecnologías que ya no son tan nuevas ni tan novedosas. ¿Cuántos tenemos e-mail para poder comunicarnos?. ¿A qué estamos esperando?. Urge un cambio total de estrategia. Para poder seguir vivos en esta batalla que se nos echa encima, para que nuestro fuego empresarial no se apague, necesitamos movernos. Y necesitamos hacerlo ya. El movimiento es vida y produce vida.
