jueves, 22 de diciembre de 2005

IMAGEN ANTE LA SOCIEDAD

Hace ahora un año, en esta misma sección, se insistía en la necesidad que tenía el sector de trabajar como una piña, “lavar en casa los trapos sucios” y poner coto a los enfoques cerrados que abocan los personalismos. De estos factores depende buena parte de la imagen que la sociedad y el consumidor se hace del profesional de la joyería, relojería, orfebrería y afines. No hay materia más noble que la que éste trabaja, y a la misma altura debe estar su proceder público. Los hechos de Santander distan mucho de esta línea. Lo que la sociedad en general ha percibido -y los medios informativos generales dan testimonio de ello-, es un sector dividido y enzarzado en unas luchas privadas que nada tienen que ver con las garantías que han de ofrecerse al consumidor, al fin y al cabo, el que ha de adquirir nuestro producto. En definitiva, una imagen no muy acorde con la profesionalidad y dignidad que deben rodear a quien trabaja con la joya.

martes, 6 de diciembre de 2005

LLEGA LA NUEVA GUÍA DUPLEX

Los tiempos cambian, y por mucho que nos guste y estemos acostumbrados a una determinada forma de funcionamiento o de trabajo, tarde o temprano la necesidad de cambio se impone y debemos prever o aceptar la llegada de nuevos aires, la entrada de propuestas desconocidas, la presencia de ideas que en un principio pueden parecernos atrevidas en exceso.

Esto es lo que nos está pasando en Grupo Duplex. Estamos atravesando nuestro tiempo de “refrescar” o “recargar” –para utilizar términos habituales a los internautas– algunas de nuestras publicaciones.

Y esto no nos ocurre por que sí o porque pensemos que hay modas que seguir o que cambiar es algo conveniente. No. Ni siquiera se trata de cambiar para renovarse y no morir. O de un oportuno lavado de cara. No. Es bastante más que eso. En realidad, cambiamos para no cambiar. Sí, por paradójico que pueda resultar, cambiamos para continuar siendo fieles a los principios de los cuales nacimos hace 30 años: crear herramientas que cumplieran la función de dar respuestas útiles y eficaces a las necesidades de los profesionales de la joyería, la platería y la relojería.

Fue así como a principios de los años 80 creamos una publicación que se llamaba Spanish Jewellery y que luego pasó a llamarse Jewelry Duplex. Nació con el ánimo de promover y vender joyería española en el mundo árabe y se editaba íntegramente en árabe. Años más tarde, aquella publicación dejó de ser exclusiva para el mundo árabe y se lanzó al resto del mundo y a España con el nombre de Catálogo Duplex. Y bajo esa cabecera se mantendría a lo largo de muchos años como una de las más conocidas y tradicionales de nuestras publicaciones. Prácticamente llegó a convertirse en sinónimo de nuestra empresa y de nuestra actividad.

Pero si queremos seguir sirviendo al sector, tenemos que escucharlo. Y ayudarlo. Y el sector nos ha hecho saber de sus necesidades actuales, de su búsqueda de soluciones diferentes y, sobre todo, de la imperiosa necesidad de especialización. Y nosotros sabemos que vendrán muchos otros cambios y muy importantes. Que lo que antes tenía valor dejará de tenerlo. O lo perderá en parte. Y viceversa. Por eso estamos inmersos en la transformación de unas herramientas que, si bien fueron muy útiles en su día, ahora vemos que están dejando de ofrecer el servicio para el que fueran creadas y las estamos transformando en otras más adecuadas: las estamos especializando.

Porque en un futuro que casi ya es presente, no todos los establecimientos joyeros tendrán todo tipo de productos, como ocurría años atrás. Los joyeros lo saben. Hacen falta escaparates y entornos de venta diferentes que atraigan a públicos de gustos y poderes adquisitivos diferentes. Y la comunicación profesional debe ser, de alguna manera, la avanzadilla de esa especialización. Por eso estamos diversificando las revistas que editamos para el sector, tanto en su contenido como en sus destinatarios. Según a quienes vayan dirigidas, presentarán un tipo u otro de información y de productos. Ya no pueden ser generalistas y llevar de todo. Porque no todo es para todos. Como ya lo estamos viendo en algunos establecimientos de joyería y de relojería. Como lo veremos en un futuro inmediato en la gran mayoría de ellos.

Por lo tanto, a la tradicional presentación de productos que antes hacíamos, le hemos incorporado más información, más datos, y hemos dado forma a esta nueva Guía Duplex que muchos pronto tendrán en sus manos, que nace con el deseo de colaborar un poco más y mejor con los profesionales en su actividad diaria.

Nace así la nueva Guía Duplex, un nuevo soporte profesional que le ayudará a saber quién es quién en el sector de joyería, relojería, orfebrería y afines español y más adelante, también del europeo. Con la nueva Guía Duplex, todo el sector estará en sus manos.

lunes, 21 de noviembre de 2005

LA RAZÓN DE LA REALIDAD

Transcurrido un tiempo prudencial de mi rentrée laboral, después de las siempre cortas vacaciones veraniegas, voy a intentar desgranar sobre el papel los propósitos que hice durante el verano para que no caigan todos en saco roto ni se los lleve el viento de la rutina existencial.

A medida que iban pasado los días, en pleno contacto con la naturaleza y en la compañía de familia y amigos, mi mente se iba serenando y sobre ella se posaban múltiples ideas y proyectos. Pero había una que trataba siempre de imponerse sobre las demás. Pienso que la podemos sintetizar en la siguiente frase: "trata siempre de ser realista". Sí. No trates de ser Superman y volar sobre las nubes. Aterriza. Dedícate a esa hermosa aventura de ser una persona que camina con los pies bien asentados en tierra firme.

Inmerso en este diálogo interior, algunos compromisos afloraban con fuerza inusitada. Y me han obligado a reflexionar, a tomar decisiones de cara al hoy y al mañana. Por eso, a partir de ahora, en lugar de defender con virulencia mis ideas, voy a tratar de analizar la realidad cruda y desnuda. Voy a intentar observarla sin lentes distorsionadas. Tengo que aprender a mirar. Para ello, tengo que preguntar más y escuchar más.

Soy plenamente consciente de que no es fácil cumplir con este deber. Pero la realidad es algo que está por encima de cualquier consideración personal o profesional, tanto en gustos como en situaciones acomodaticias. Y la realidad -nuestra realidad joyera- está ahí, a la vista de todos los que la quieran observar con objetividad. Basta con abrir los ojos. Aunque nos duela en el alma, aunque nos sangre el corazón, no podemos falsear o intentar disimular lo que vemos y observamos.

Y, ¿qué es lo que vemos y observamos? Pues sencilla y llanamente, que nuestro sector está enfermo; no sé si gravemente enfermo, pero sí aquejado de una dolencia endémica más asfixiante cada día. Por eso, si nos sentimos joyeros de verdad, si amamos nuestra profesión, si queremos sobrevivir en ella, tenemos que poner las pilas a tope. Necesitamos cambiar el chip y tomar el medicamento adecuado para evitar su defunción.

La joyería -nuestra joyería- padece una crisis de identidad, acentuada por una clara desconfianza entre sus miembros y por esa desidiosa apatía congénita de dejarse llevar por la mayoría. Estamos volviendo la espalda a la realidad. No nos reconocemos ni a nosotros mismos. No creemos en los actuales líderes, arriesgados roturadores de caminos nuevos.

Desconfiamos de ellos. Dudamos de su capacidad e, incluso, de su honradez. Los ponemos en entredicho. No estamos de acuerdo en nada. Criticamos por norma y no aportamos soluciones. En una palabra, nos cuesta renunciar y dejar a un lado los totalitarismos repelentes de épocas pasadas.

Si nos consideramos personas y si queremos ser considerados como personas, debemos ser conscientes de que todos y cada uno somos responsables de nuestros actos. Y, por consiguiente, tenemos que responder de ellos ante todo el sector. Llegó la hora de la verdad para todos: del diseño a la industria, de la industria a la distribución y al consumidor. Recordemos siempre que el que está más informado es el consumidor. Es el único que de verdad sabe lo que quiere.

En la problemática existencial que nos envuelve a todos, no pretendamos cada uno tener todas las respuestas. En mi honestidad tengo que aprender a reconocer mis fallos y a valorar los aciertos de los demás. No se trata de ganar una competición de popularidad. Consciente de que mi libertad y mi independencia me evitarán caer en servilismos alienantes, intentaré servirme de las nuevas tecnologías con criterio y responsabilidad, con anticipación y sensatez, eliminando totalmente ese lamento plañidero de que "cualquier tiempo pasado fue mejor".

Es cierto que no partimos de cero. Sobre nosotros pesa una historia y una tradición. Necesitamos viajar al pasado; para conocerlo, no para anclarnos eternamente en él. Pero necesitamos soñar despiertos sobre un futuro mejor; no para vivir sólo de ilusiones quiméricas, sino para permanecer atentos y despiertos en un presente repleto de oportunidades, cargado de posibilidades y abierto siempre a la esperanza. Necesitamos "tener siempre viejas memorias y jóvenes esperanzas"

Ojalá que estas reflexiones no se queden en simples acrobacias del pensamiento y encuentren aplicación práctica en la vida. Ojalá que nos sirvan de ayuda para poner remedio a los males que nos aquejan y contribuyan a potenciar nuestras energías empresariales de cara a ese mañana que ya es hoy. Como decía Goethe, "nuestras facultades son tan limitadas que siempre creemos tener razón".

viernes, 14 de octubre de 2005

¿UNA IDEA INTELIGENTE?

Cada vez que paramos a reflexionar, cada vez que pensamos, surge en nuestro cerebro una catarata de ideas. Si las seccionamos, si las analizamos separadamente, comprobaremos que muchas de ellas con ideas válidas y razonables. Son, en definitiva, ideas inteligentes. Por eso, ante situaciones difíciles, lo mejor que podemos hacer es pararnos a pensar y analizar, serena y sosegadamente, la realidad.

La crisis que estamos viviendo, insistimos una vez más, no es del sector en sí. Es de las circunstancias envolventes que rodean cada caso. Unas veces son esas huidas o acelerones hacia delante sin rumbo ni meta. Otras veces son los miedos y los temores que nos agarrotan y nos atenazan. Pero lo cierto es que la realidad no está resultando tan halagüeña como todos desearíamos. No hay más que mirar a nuestro alrededor. ¿Qué vemos? Fábricas y almacenes que cierran; alubión de tiendas por doquier; multitud de viajantes en las calles… Y todo eso ¿por qué y para qué?

Me lo corroboraban el otro día en una reunión de expertos. La solución para vender stocks desfasados no es abrir tiendas nuevas y anunciar oportunidades a bombo y platillo. La gente está un poco asqueada de tantas falsedades como intentan colarles con demasiada frecuencia. La gente desconfía de determinadas “gangas”. Saben muy bien que “nadie da duros a cuatro pesetas”. Las soluciones hay que buscarlas por otros derroteros. Se impone una serena reflexión, un profundo análisis de cada situación, una búsqueda, más que global, tal vez individual, de cada situación concreta y específica; una solución particularizada para cada problema.

Nuestro sector se encuentra sumido en una total confusión, en un caos práctico y pragmático. Da la sensación de que lo único que busca, la única meta que parece tener clara, es la de obtener ventas, alcanzar resultados inmediatos, buscar facturaciones puntuales que alivien el problema del momento. Y eso, por mucho que nos duela reconocerlo, no son más que parches. Como dice otro refrán, “es pan para hoy y hambre para mañana”.

No hace mucho nuestras tiendas, por principio, no aceptaban marcas: eran reacias a ellas. Hoy parece que valen todas. Hoy se acepta cualquier producto sin más. No se le somete a un análisis ni se tienen en cuenta otras valoraciones de cara al futuro. Todos queremos aprovechar al máximo la circunstancia propicia. Todos queremos sacar rentabilidad óptima al momento concreto. Todos nos lanzamos alocadamente a una desenfrenada carrera, tratando de llegar primero, aunque tengamos que dejar el camino sembrado de cadáveres…

¿Nos hemos parado a reflexionar? ¿Nos hemos preguntado a dónde nos llevará todo esto? ¿No nos damos cuenta de que organizaciones externas a nosotros, altamente preparadas, nos están comiendo el terreno? Son organizaciones que, haciendo gala de una planificación y una tecnificación fuera de serie, llegan, se aposentan, toman posesión de nuestro campo y plantan allí sus reales. Sin ningún tipo de consideración hacia los que en él estamos y de él vivimos, no sólo nos retan con despectiva soberbia sino que nos apartan brutalmente, nos avasallan y nos arrojan fuera, como si fuésemos apestados malolientes.

Dejemos ya de lamentarnos y de plañir. Pensemos y reflexionemos… Después o al mismo tiempo, pongamos manos a la obra. Como decía nuestro gran filósofo, hoy tan denostado, Ortega y Gasset, “mientras haya alguien que crea en una idea, esa idea vive”. Las ideas son fuerza y dan fuerza. Y no temamos al futuro aunque se vista de incierto. Está en nuestras manos.

lunes, 12 de septiembre de 2005

NADANDO CONTRA CORRIENTE

Dice el refrán que "cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". Y la situación no es para menos. Las cosas están como para echarse a temblar. No hay más que ser un poco observadores para darse cuenta de la gravedad del momento presente. Se nos fue el textil. Se nos fue el calzado. Se nos van los juguetes... ¿Vamos a ser los joyeros una excepción? Ojalá así fuese. Pero mucho me temo que no va a ser posible.

Llevamos años insistiendo en la necesidad de liderar un cambio que apenas se produce. Llevamos tiempo insistiendo en que no podemos permanecer impasibles, aguardando incautamente que lleguen tiempos mejores. Somos nosotros los que debemos tomar la iniciativa. Somos nosotros los que nos debemos centrar y esforzar operativamente. Necesitamos ineludiblemente ofertar un producto novedoso. Sí. Nuestro producto ha de ser diferente en diseño, en marca, en calidad y también en promoción. Porque en el precio nos es totalmente imposible competir.

Con bastante frecuencia quemamos nuestras energías en tareas negativas. Nos dedicamos demasiado a comentar, a criticar, incluso a calumniar. Es verdad. No estoy haciendo una afirmación apriorística. Cuando no sabemos por donde tirar, llegamos incluso hasta la calumnia. Y, claro, eso no sólo no resulta positivo sino que va contra la ética más elemental.

Lo he dicho muchas veces. Nuestro sector necesita un cambio total, una asunción de la realidad, una aceptación de lo evidente. De lo contrario no vamos a poder seguir viviendo. Los recuerdos son buenos para hacer historia, pero nada más. No se puede vivir sólo de recuerdos. Hay que saber mirar hacia adelante. Y hay que saber tomar las decisiones oportunas para avanzar.

Condenados a asumir la realidad
Los recuerdos a lo sumo son buenos para saber lo que no hay que hacer, para no caer en los mismos errores del pasado. Pero la realidad sólo es una. Y todos estamos condenados a asumirla. Tenemos que aceptarla tal como es y no como nos gustaría que fuese.

Dicen que la historia es maestra de la vida. También la propia historia, la de nuestro gremio y la de cada uno de nosotros. Es verdad que los años nos hacen más sabios..., siempre que seamos capaces de no perder la ilusión. Es verdad que la edad nos ayuda a comprender mejor las cosas. Pero no podemos pretender ni exigir imposibles. No podemos pretender ni, mucho menos, exigir que la realidad vaya totalmente de acuerdo con nuestros gustos y deseos. La vida te enseña que, para que las cosas vayan bien, es necesaria mucha paciencia y visión a largo plazo.

Si vives cómo piensas, acabarás pensando cómo vives. Aprender a vivir es aprender a luchar. Y cuanto más difícil resulta la lucha, más nos adentramos y nos afianzamos en nuestra razón de ser y de existir. Tal como dijo Charles Darwin, "las especies con más éxito son las que mejor se adaptan a los cambios del entorno".Por eso resulta improcedente tratar de oponerse a la evolución. Por eso debemos seguir sus leyes. Por eso debemos poner los medios para adaptarnos a esas nuevas exigencias que van surgiendo. Y debemos hacerlo conscientes de que esta actitud es ley de vida y no significa, ni mucho menos, cambiar de camisa o de chaqueta.

Hay personas, hay empresarios, a los que les gusta nadar contra corriente. Y eso no es malo, Al contrario, es la mejor manera de actuar. No cabe duda de que la mejor forma de hacer las cosas, es haciéndolas. La pasividad suele resultar siempre muy negativa. Hay que hacer las cosas y hay que saber hacerlas, siempre con cabeza y corazón. No se trata de decir adiós sin más a un sistema, a una forma de trabajar, a una manera de vivir en el sector. Se trata de adoptar unos planteamientos nuevos, tal vez novedosos, pero acordes con el tiempo en que nos ha tocado vivir y trabajar.

Es verdad que el tiempo elimina personas y altera paisajes. Pero también es verdad que crea otros nuevos. Y la vida continua... Lo mismo sucede con nosotros. Tenemos que ver los negocios, nuestros negocios, como una pasión, no como un oficio gravoso. Todos hemos venido a éste mundo a aprender y a ayudar, no a imponer nuestra ley. Nuestro principal objetivo debe estar orientado a mejorar, a dejar el sector mejor de como lo encontramos nosotros.

La vida, queramos o no, pasa en un momento. Y no hay tiempo que perder. El tiempo es para nosotros un plazo retador. Lo realmente importante no puede ni debe esperar. Y, aunque lo urgente suele eclipsar lo importante, no por eso debemos dejar el motor en ralentí. Hay que saber acelerar a tiempo y con tiempo. Es la mejor manera de hacer frente a la cuesta que tenemos delante.

Y, por favor, no nos sigamos apenando por lo que pudo ser y no fue. No nos anclemos en que cualquier tiempo pasado fue mejor. Si nosotros no hemos conseguido los objetivos previstos, no desesperemos. Sigamos trabajando. Sigamos navegando contra corriente. Sigamos con las manos en la masa. Es muy posible que las metas que nosotros no hemos alcanzado, las consiga la próxima generación, esa joven generación que pulula ya en medio de nosotros.

No nos limitemos a ser profetas de calamidades. Tengamos confianza. Sembremos esperanza y optimismo. Caminemos con la mirada alta, manteniendo siempre la sonrisa. La alegría prolonga la vida y es fuente de salud.

domingo, 17 de julio de 2005

DIAGNÓSTICO: ¡CÁNCER!

Si somos realistas y objetivos, tenemos que aceptar que nuestro sector está enfermo: tiene un tumor. Y podemos diagnosticar que, hasta la fecha, se trata de un tumor benigno. Pero, ¡ojo!, ¡cuidado!, que se puede convertir en maligno... Urge, pues, una terapia apropiada. No valen simples paños calientes. A grandes males tenemos que poner grandes remedios y no parches provisionales que infecten las heridas.

Esto que acabo de escribir no quiere ser más que un aviso, una llamada de atención ante la toma de decisiones que nos pueden llevar a un caos total. Y no creáis que me he vuelto loco. Simplemente me he parado a pensar lo que creo que tiene que hacer todo detallista o mayorista antes de lanzarse alocadamente a comprar.

Aquí se puede hacer realidad, una vez más, ese conocido refrán de que "lo barato puede salir muy caro". Vayamos al grano. Llevamos unos meses hablando todos de una feria oriental que parece ser tendrá lugar en Barcelona. Se suele comentar que eventos como éste acaban con nuestra industria, que nuestros detallistas dejarán de comprar al fabricante español y comprarán todo a los chinos. ¿Será verdad? ¿No habrá algunos que se están frotando las manos?

Seamos sinceros de una vez por todas. Algunos de nuestros fabricantes ya están produciendo y fabricando cosas en China. Y cada vez parecen ser más los que se lanzan a esta aventura en la seguridad de obtener mejores y más rentables beneficios, debido, principalmente, a la existencia allí de una abundante mano de obra mucho más barata.

La gallina de los huevos de oro
Yo no me atrevo a afirmar que esto sea bueno ni malo. Es la realidad, la simple realidad cruda y dura. Es una forma de llegar al consumidor final a un precio mucho más competitivo y no sé si también más justo. Pero me pregunto y os pregunto si este proceso está debidamente controlado y garantizado. Me pregunto y os pregunto si, a la larga y a la corta, no estaremos matando la gallina de los huevos de oro. Me pregunto y os pregunto si, en aras de esa rentabilidad manifiesta, no estaremos cayendo en una sima abismal de la que nos resultará imposible salir.

No me cabe duda de que en este mundo tan globalizado las fronteras son cada vez menores. Por eso pienso que, en principio, esta manera de actuar puede ser positiva siempre que sepamos hacer bien las cosas. Los que llevan tiempo haciéndolo, pueden asesorarnos y orientarnos. Ahora bien, cuando el detallista, eufórico y deslumbrado por los bajos precios, se lanza alocadamente a comprar a teóricos fabricantes chinos, corre el peligro de llenar sus escaparates y las trastiendas de sus establecimientos con una mercancía carente del más elemental valor joyero y condenada a un despectivo ridículo.

No olvidemos que ellos montan aquí un evento ferial con el único fin de vender lo que no han podido colocar antes en otros mercados. No cabe duda de que si, atraídos por tan deslumbrante pero engañoso cebo, mordemos el anzuelo con los ojos cerrados, nos veremos abocados a cargar con un tremendo lastre, que nos estará atenazando mucho tiempo y que terminará asfixiándonos totalmente. Y, claro, esto puede ser el cáncer terminal de muchos del sector.

Nuestros detallistas suelen decir con bastante frecuencia que no compran, porque todavía no han vendido lo que desde hace años tienen. ¿No será que han caído en la apatía y simplemente esperan milagros? Los ciclos positivos, los cambios prometedores no llegan llovidos del cielo. No, señores. Todos los demás sectores ya han pasado y superado hace años esta fase o etapa necesaria de adaptación a los nuevos tiempos y a las nuevas exigencias. Nosotros parece que seguimos esperando... ¿Hasta cuándo?

He dicho -y lo sigo afirmando ahora- que este año para el sector va a significar un antes y un después en la joyería. Espero y confío que sea para bien y no para empeorarlo más. De todos depende. Ya lo dijo el sabio: "Todo esfuerzo es un éxito". Tengamos presente que, aunque los seres humanos estemos siempre ávidos de novedades, "solamente lo bueno y lo bello son eternamente nuevos".

sábado, 11 de junio de 2005

EL EJEMPLO FRANCÉS

¿Qué se vende en joyería? Curiosamente hay respuesta a esa pregunta que se hace todo el sector. Al margen del concepto marca, que no quiere ser objeto de tema en este editorial, sí que hay determinadas piezas o productos que tienen más salida entre el consumidor actual. En la página 16 de este periódico se recogen las cifras que el mercado francés ha arrojado en el anterior ejercicio de 2004. Y entre lo más demandado está la pieza de plata, más fashion y más asequible, de temporada, que no implica una inversión costosa pero sí un darse el gusto con poco dinero. Y a otra temporada ya se verá. Mantiene un crecimiento estable pero continuado la joyería con diamantes y, entre los relojes, son los de la gama alta los que presentan más expectativas. Quiere decir esto que el cliente se polariza. Que se gasta en lo que considera que debe gastarse, pero también gusta del adorno del momento, fácil de llevar y adquirir, que le permite estar a la moda.

¡Que vienen los chinos!
Se dice, se afirma, se rumorea, se comenta, se asegura -y no sin una cierta dosis de alarmismo-, que vienen los chinos, que nos invaden, que están irrumpiendo sobre nosotros como en otro tiempo hacía Atila con su caballo. ¿Será verdad eso? Pues, ¿qué quieren que les diga? Miren ustedes. No más cierto de que los tenemos en nuestro país ya desde hace tiempo. Lo que sucede es que hemos vivido tan ensimismados y tan adormecidos en los laureles que no nos hemos dado cuenta de lo que acontecía en nuestro derredor. Por eso ahora algunos se alarman tan sorpresivamente y se echan las manos a la cabeza.

Por otra parte, todos sabemos -o debemos saber- cómo hay que manejar los hilos en nuestro pequeño mundo global. Todos sabemos -o deberíamos saber- que para poder vender, hay que saber comprar. Es una norma elemental para todo el que tenga aspiraciones de ser un buen comerciante. Y, saber comprar, no significa comprar barato sin más. Si así fuese, cualquier comerciante en nuestro país sería rico... No siempre lo más barato es lo más fructífero. Hay que saber comprar y hay que saber vender.

Os preguntareis a dónde os quiero llevar con estas reflexiones, aparentemente tan simples. Pues, sencillamente, lo que pretendo es arrojar un poquito de luz sobre nuestro panorama comercial. Mi intención es que no creamos que todo el monte es orégano ni que todo es tan bueno, bonito y barato como ilusamente nos lo pintan algunos.

Rumores que circulan
Efectivamente, se dice, se comenta, que en nuestro sector los chinos están llegando a España a través de Barcelona y que van a hundir la producción joyera española. ¿Será verdad este amenazador augurio? ¿Nuestros detallistas van a ser tan ilusos que se creerán que los chinos atan los perros con longanizas? ¿Se creerán nuestros detallistas que los chinos no comen, que lo regalan todo y que llegan a España como ángeles salvadores de nuestro comercio relojero-joyero? Pienso sinceramente -y así lo afirmo a los cuatro vientos- que la realidad no es así. No os creáis sin mas, ni a ciegas , nada de todo eso que se dice. ¿Por qué? Porque "nada es verdad ni mentira; todo depende del color del cristal con que se mira".

En China, como en todas partes, hay "fabricantes" buenos, malos y regulares. Los buenos ya tienen su producción vendida. Los regulares están en proceso de venderla. ¿Y los malos? A los fabricantes chinos que fabrican malas mercancías les pasa como a los del resto del mundo: no saben qué hacer con sus productos, con los stocks almacenados, con sus piezas invendibles o con las devoluciones efectuadas desde aquellos países en donde las habían colocado.

A la vista de lo que parece estar sucediendo últimamente, uno se atreve a pensar las cosas más peregrinas: ¿Creerán los chinos que los españoles somos muy ingenuos y que nos tragamos todo? ¿Conseguirán llenar nuestras vitrinas y estanterías con enormes cantidades de género invendible, con defectos de fabricación y con problemas de acabado? Si esto sucediese –y quiera Dios que no- lo único que conseguirían sería acarrear un enorme cúmulo de problemas de postventa. Nos encontraríamos entonces en un callejón sin salida. No sabríamos ni tendríamos a quién acudir para hacer frente y tratar de resolver todos esos problemas, todas las reclamaciones de nuestros clientes derivadas de unas ventas efectuadas sin ningún tipo de garantías.

La solución ante esta amenazante problemática se me antoja harto difícil y complicada, pero sería la única y tendríamos que afrontarla. No nos quedaría otro remedio que tener que recurrir a pedir favores a nuestros fabricantes de aquí. Tendríamos que terminar por solicitar su ayuda para resolver esos problemas en los que nunca nos deberíamos haber metido. Unos problemas que hasta hoy apenas tenemos, pero que pueden llegar en avalancha. Luego no nos extrañemos de que nuestros fabricantes de aquí se nieguen a clavar piedras, a agrandar o empequeñecer piezas, a hacer soldaduras, a pulir géneros que en definitiva nunca deberían haber entrado en nuestro país.

Y esto, en caso de que la entrada de estas mercancías haya sido legal. Porque, de lo contrario, el problema se acrecentaría muchísimo más, multiplicándose casi hasta el infinito. Las necesarias inspecciones legales en nuestros establecimientos dejarían al descubierto estos fraudes y acentuarían la problemática indicada, agrandándola hasta límites insospechados. Las tremendas consecuencias de este proceder no sólo afectarían a la salud económica de nuestras empresas, sino que estarían desvelando y poniendo de manifiesto un comportamiento contrario a la ética más elemental y merecedor de las correspondientes sanciones legales.

Desde aquí, desde esta privilegiada tribuna, lo único que pretendemos es advertir sobre la existencia de una problemática que se nos antoja inminente. Por eso tratamos de concretar y especificar sus consecuencias.

Y por eso les decimos estas cosas con plena y total confianza, no para asustar ni alarmar, sino para que no nos cojan desprevenidos e indefensos.

Seamos, pues, realistas. El producto chino hace mucho tiempo que lo tenemos en nuestro país. El que reúne las condiciones de diseño y calidad, el que está bien acabado, el que en definitiva es bueno y entra legalmente en nuestro país, el que es controlado por profesionales conocedores de este y aquel mercado se puede decir rotundamente que es una mercancía totalmente "vendible" y que no acarrea ningún tipo de problemas. Por eso, aunque se acostumbre a decir que "España sí que es diferente", estoy plenamente convencido de que a nuestros joyeros no les dan -ni les van a dar- gato por liebre.

Anécdotas que enseñan
Aprovecho para contar una anécdota que considero interesante. Se trata de lo que le aconteció a un gran comprador de joyas en el mercado chino. Después de visitar una feria en Hong Kong, le pregunté si había visto algo interesante y si había comprado mucho en ella. Su respuesta me dejó pensativo. Resulta que, entre los miles de expositores que allí estaban presentes, no había encontrado nada nuevo. Casi ninguno de ellos era fabricante. La mayoría eran revendedores. "Los fabricantes no suelen ir a las ferias del mercado chino”, me dijo. Pues bien, a buen entendedor, pocas palabras.

Recuerdo también otro ejemplo ilustrativo. Sucedió hace años. Por aquellas fechas llegaron a España, dentro del mercado de "afines", unos "fabricantes" procedentes del extranjero, ofertando un producto concreto en exclusiva. Convencidos de esta exclusividad y fiándose de la veracidad del aserto y de la aparente calidad del producto, algunos de los nuestros mordieron el anzuelo y adquirieron el producto pensando que ellos eran los únicos. El resultado fue que a los tres meses cuatro empresas tenían el mismo producto y comprobaron, además, que los vendedores no eran los fabricantes de ese producto: todo lo fabricaban en el mismo sitio, en China.

No nos dejemos embaucar por las apariencias. No nos dejemos arrastrar por la corriente. Si no conocemos bien el cauce y la desembocadura del río, es muy probable que no seamos capaces de hacer frente a la adversidad y de encontrar una salida airosa. A veces, bastantes veces, para alcanzar la meta hay que navegar contra corriente.

Quiero insistir, una vez más, que el futuro -nuestro futuro- no radica exclusivamente en comprar barato. Hay que saber comprar para saber vender. Y, para que esto suceda, nuestros consumidores, que son muy inteligentes, nos exigen una serie de condiciones que pasan por: marcas, imagen, marketing, diseño, calidad. Son condiciones muy concretas y específicas que sólo las puede ofrecer quienes sean capaces de garantizar un buen servicio de postventa. Juntamente con un buen producto tiene que haber una marca que garantice las exigencias del consumidor.

lunes, 23 de mayo de 2005

LAS APUESTAS DE BASEL

Tras el cierre de las puertas de Basel y el fin de las jornadas vertiginosas, plenas de viejos encuentros y nuevos conocimientos, con el regreso a casa llega el momento de la reflexión, porque las ideas, al igual que los contactos, necesitan posarse para crear cimientos. Y es bueno reflexionar acerca de lo que pasó en Basel y lo que significa la cita suiza hoy. La feria de Basilea apostó en su momento por el lujo, la marca, la calidad y el diseño, y esta apuesta le ha salido bien. Es verdad que relegó a los pabellones nacionales, pero nuestra intuición nos dice que será por poco tiempo, especialmente para todos aquellos que tengan algo que aportar. Decimos esto porque vemos lo que está funcionando realmente en el sector. El lujo con calidad y marca siempre encuentra cliente que se lo puede pagar, mientras que los pequeños detalles anónimos, desconocidos, aunque tengan calidad, tendrán difícil salida. La realidad lo está demostrando, con más razón en los encuentros feriales.

jueves, 5 de mayo de 2005

EL MAÑANA SE HACE HOY

Conferencia “Presente y futuro de la joyería”, dada ante los alumnos del Consorcio Escuela de Joyería de Córdoba en la pasada Joyacor.

Me han pedido que os hable aquí del presente y del futuro de la joyería española. Evidentemente yo no soy un profeta ni un adivino para poder hablar con seguridad sobre el futuro. Simplemente soy un conocedor de algunos de los múltiples aspectos reales de este fabuloso y encantador mundo de la joyería. Esa es mi única autoridad para poder hablaros a vosotros hoy aquí. Como decía Voltaire, "el azar es una palabra vacía de sentido; nada puede existir sin causa".

Presente y futuro de la joyería..., casi nada. Yo me atrevería a comenzar haciendo una afirmación que, a primera vista, puede parecer contradictoria. Yo os diría que el presente fue ayer y el futuro ya es hoy. Estamos, sin duda, en un momento histórico para nuestro sector. El año 2005 va a marcar un antes y un después, y el recinto donde nos encontramos es la primera demostración. Dentro del Parque, dentro de este flamante parque ferial, está la Escuela Consorcio, un privilegio para esta ciudad y un privilegio para vosotros. Por eso resultaría triste y lamentable que no lo aprovechéis al máximo, cosa que otros no podrán hacer.

Mirad, el tiempo sólo pasa una vez. Y, si sabemos aprovecharlo, no tendremos que arrepentirnos, lamentándonos de lo que podríamos haber hecho. Aquí os forman profesionalmente, tema muy importante, sin ninguna duda. Pero hay otra formación que no se aprende aquí. Es la que nos enseña la vida diaria, la que enseña la calle, la experiencia, y ésta vosotros la vais a ir adquiriendo día a día, paso a paso y, también, golpe a golpe.

Como os decía al principio, podemos afirmar que el presente ya pasó y es algo que ya pertenece al pasado. El futuro es hoy, está aquí, es presente, sois vosotros. Nuestro gran lingüista, don Manuel Alvar, decía: "Dios da el talento; lo que nosotros ponemos es el trabajo".

Dónde está la crisis
Hoy se habla mucho de crisis del sector, y yo creo sinceramente que no es tal. El sector no está en crisis. Quienes, tal vez, estemos en crisis, somos nosotros, los que formamos el campo joyero-relojero. Fijémonos en un hecho concreto. La producción se puede comprar en Oriente. Pero, entonces, ¿para qué queremos este maravilloso Parque? Porque lo que de verdad necesita este sector es algo más que producción. Es eso que cada uno de nosotros lleva dentro. Es todo el valor añadido que cada cual podrá aportar, y eso es lo que constituye, en definitiva, la esencia de cada pieza, el diseño, la personalidad que cada uno le otorga.

De ahí surge toda una serie de exigencias ineludibles a las que tenemos que hacer frente: ese estudio de mercado que tenemos que hacer para poder fabricar piezas vendibles, la marca que debemos crear, el marketing que tenemos que implantar en cada caso, la forma de llegar al consumidor final... Y todo esto ha de ir unido, fuertemente encadenado, si es que de verdad queremos lograr el éxito.

Entre las muchas fluctuaciones que uno puede experimentar, entre las muchas dudas que a uno le asaltan, hay algo que tengo muy claro y de lo que estoy completamente seguro. Y así lo digo y lo repito constantemente. Esperar a que cambie el ciclo, aguardar que llegarán tiempos mejores, aquí no os vale. Evidentemente la situación ha cambiado y las cosas no son como antes. A las nuevas generaciones les corresponde realizar esta adaptación.

Llevo más de 30 años recorriendo ferias y hablando con todo tipo de profesionales, fabricantes, mayoristas, importadores, tiendas y consumidores. De ellos saco conclusiones, y así las voy transmitiendo, principalmente en los editoriales de mis publicaciones. y lo hago con la única finalidad de ayudar en la reflexión diaria, esa reflexión que todos y cada uno debemos hacer.

Un sector más del consumo
Quiero que sepáis que hoy no se vende nada al cliente. Es éste el que compra lo que quiere, y lo hace cuando quiere y como quiere. Es por ello por lo que tenemos que adelantarnos a sus gustos para provocar y fomentar el deseo de compra... de nuestros productos. Tenemos que comprender nosotros y hacer comprender a los demás, que somos un sector más del consumo; con ciertas connotaciones, sí; pero, uno más. Formamos parte de la moda y esta es pasajera y cambiante.

Hace 30 años los relojes pasaron por esta situación. Se adaptaron, hicieron reflexiones profundas y las pusieron en práctica, y hoy nadie del sector duda de ello. Es más, los comentarios que se oyen son: “La relojería se salva". ¿Por qué será?... Y hoy son las marcas de relojes las que vuelven a tomar la iniciativa en la venta de joyas. Muchos dicen: “Eso no son joyas”. Sí, tal vez sea cierto. Pero es lo que se vende. Y ¿por qué? Porque ponen todo lo que acabamos de citar al principio en sus acciones comerciales.

Si hablamos de competencia, hay que afirmar que éste es otro problema añadido a los joyeros... Por eso es necesario que no nos veamos competidores entre nosotros. La competencia está en otros sectores, y es a ellos -a esos otros sectores- a los que tenemos que hacer frente... Si el consumidor gasta sus ahorros en viajar, en ropa, en comer, en teléfonos móviles, en coches, en complementos de hogar, etc., ¿cómo nos van a comprar a nosotros joyas?

Comencemos por preguntarnos por qué actúan así. Comencemos por reflexionar y tratar de descubrir las razones que les impulsan a esas actuaciones concretas. Tal vez descubramos que otros campos nos han tomado la delantera y que ya es hora de poner manos a la obra.

¿Y para cuándo esas reformas en los escaparates y locales comerciales? Aprendamos de la fruta, por ejemplo, y ya no digamos de la cosmética o la perfumería... Los jóvenes no entran o entran muy poco en las joyerías. Compran sus adornos en otros establecimientos. Se dejan llevar por otros reclamos más sugestivos.

A pesar de esta necesidad de cambio, hay que reconocer que todo no es válido para todos ni de la misma manera. Tenemos que empezar a distinguir quien es quien en cada caso: fabricantes, distribuidores y tiendas. Aunque parezca un contrasentido, debemos caer en la cuenta de que una de las exigencias más palpables de la globalización es la necesidad de especialización.

Y, nada mas. Decía Federico García Lorca: "El sueño va sobre el tiempo / flotando como un velero. / Nadie puede abrir semillas / en el corazón del sueño". Que vuestros sueños, todos vuestros sueños, cristalicen en realidades.

miércoles, 20 de abril de 2005

FALTA PERSONAL

Al cierre de esta edición, y tras haber dedicado este periódico un extenso artículo a la falta de técnicos relojeros, la Conselleria de Treball de la Generalitat catalana publicaba un catálogo de 140 actividades en las que escasea el personal. En la extensa lista no faltaban, por supuesto, aquellas tradicionalmente ligadas a una mayor demanda que oferta, como ocurre con las actividades del sector de la construcción, sino también otras profesiones cualificadas y... -¿a qué no lo adivinan ustedes?- además joyeros. Es decir, el sector muestra una evidente escasez de nuevas generaciones que hagan pervivir el oficio, que investiguen nuevas vías, que trabajen, en fin, comprometidos en un futuro mejor. Quizás ya es tarde para buscar las causas -la desaparición de la figura del aprendiz, la escasa motivación económica...-, porque sea necesario dar respuestas. Unas respuestas que logren animar a los jóvenes a encaminarse en dos oficios con mayúsculas. ¿Seremos capaces?

sábado, 2 de abril de 2005

LAS CIRCUNSTANCIAS MANDAN

"Yo soy yo y mis circunstancias", decía con toda la razón del mundo nuestro filósofo, hoy injustamente denostado, Ortega y Gasset. Porque, queramos o no, uno es hijo de las circunstancias. Y las circunstancias son las que mandan, las que imponen rotundamente su ley. Por mucho que nos empeñemos en negarlo, "las circunstancias cambian, incluso, la lógica de la historia".

En los últimos años hemos sufrido un profundo cambio -algunos dicen que una transformación total- en el conjunto de los principales aspectos sociales que tenemos que lidiar para vivir a diario. Queramos o no, somos ya europeos tanto para el bien como para el mal. Debemos ser conscientes de que la competencia nos ha invadido por los cuatro costados. Pero también debemos ser conscientes de que para nosotros la potencial clientela se nos ha multiplicado por varios enteros.

Observemos algunos acontecimientos. Hemos tenido unos Juegos Olímpicos, una Expo, una capitalidad europea de la cultura. Hemos tenido gobiernos de distinto signo: la UCD, los socialistas, el PP y ahora, de nuevo e inesperadamente, otra vez los socialistas, apoyados por tripartitos de signos contradictorios. Hemos vivido un intento tragicómico de golpe de Estado, misteriosas e inexplicables intervenciones económicas como la de Rumasa, un cambio de moneda cuyas consecuencias todavía resultan imponderables... Si a esto añadimos la friolera de innumerables atentados, de impensables robos en campos concretos y específicos a nuestro sector, de sorpresivas intervenciones por temas de IVA en ciertas zonas joyeras, y de otras lindezas por el estilo, nos convenceremos de que, una vez más, son las circunstancias las que mandan, las que imponen su ley inapelable. A pesar de todo esto -o, tal vez, debido a todo esto- seguimos luchando, seguimos en la brecha. Tal vez, gracias a todo esto, estamos vivos.

Filosofía de empresa
A poco que analicemos la realidad circundante, comprobaremos que la filosofía de las empresas ya no es la misma. Hoy estamos -o necesitamos estar- todos globalizados, tanto en técnicas de organización como de gestión. Hoy se ha situado a la persona como eje, como protagonista del devenir empresarial. Se puede afirmar con todo rigor que sin personas no hay empresas.

Nuestro sector está dando un profundo giro en todos los campos. Y, aunque muchos no lo creen, en el campo de la distribución de nuestras tiendas también tiene que producirse esa transformación. Hay que clasificar a nuestras tiendas y no mezclar ni tratar de confundir. Las joyerías de alto nivel son para eso, para vender joyas de platino, oro y piedras preciosas. Y en otros establecimientos habrá que vender moda, tendencias, fashion. No se trata de supravalorar a unas y de infravalorar a otras. No se trata de establecer clases sociales. Se trata, lisa y llanamente, de utilizar cada cosa para lo que realmente es. Lo demás, lo único que consigue es generar confusión, caos, desorden y engaño.

Y que conste que con esto no hacemos más que citar el inicio de un camino que creemos que se debe de tomar, si de verdad queremos llegar a una meta. De lo contrario, estaremos quemando en balde nuestras energías intentando roturar montañas con túneles que no conducen a ninguna parte.

La practicidad es una virtud indispensable no sólo para poder avanzar y crecer sino, incluso, para poder sobrevivir en medio de esta selva global en la que hemos convertido nuestro querido mundo. Urge concienciar y consolidar a los detallistas en cada campo. Cuando delante de nosotros aparecen múltiples caminos, resulta imprescindible elegir uno de ellos: el que consideremos más apropiado para llegar a la meta.

Acortar terreno
Todos no pueden estar en todo. Hay que seleccionar. Hay que especializarse. Hay que saber delimitar los contornos. Hay que ceñirse al terreno que uno libremente ha acotado... Es la única manera de fomentar confianza y de ofrecer garantías. Si así lo hacemos, el reconocimiento de nuestros clientes no se hará esperar.

No cabe duda de que todo esto no surge de la nada. Las cosas no suceden por casualidad. Lo del burro flautista no deja de ser una fábula. Debemos acometer iniciaciones organizativas. Hay que arriesgarse. Hay que mojarse. Hay que jugar y jugar limpio... Se suele decir, con razón, que sólo hay dos opciones: estancarse (para morir) o evolucionar.

Tenemos que ir hacia un desarrollo constante y espectacular. Debemos acometer importantes cambios que nos ayuden en la evolución social y económica que se nos está demandando. La transformación de nuestro sector está ligada al comercio. Pero un comercio actual, preparado, inteligente y seguro de lo que quiere, tanto en el gusto como en el poder adquisitivo.

Nuestra evolución debe ser moderna, consecuente con las circunstancias de nuestro tiempo y de nuestra época histórica. Son muchos los campos en los que se nos está demandando un cambio. Pero hay dos en los que no podemos demorarnos por más tiempo. Me refiero a la inexorable ley de la oferta y la demanda y al reemplazo generacional. Son dos terrenos en los que debemos emplear dosis extraordinarias de energía vital y de energía empresarial.

No se trata de producir sin más. Se trata de producir lo que el cliente demanda. ¿Y qué es lo que demanda? Demanda unos productos que sean capaces de satisfacer sus necesidades. Pero no unas necesidades teóricas, sino unas necesidades muy concretas, muchas veces, subjetivas y creadas por el entorno en que se mueve y por el aire que respira. Por eso resulta tan importante saber crear esas necesidades y saber después satisfacerlas con productos específicos y debidamente apropiados.

Por otra parte, no podemos perder de vista que la edad no perdona. Decía Maurice Chevalier que "envejecer no es malo cuando se piensa en la alternativa". Por eso, hay que saber dar esa alternativa. Hay que saber dar paso a la juventud. Pasaron a la historia aquellos años en los que nuestros jóvenes tenían que salir a buscar fortuna al exterior. Hoy está sucediendo lo contrario: hoy son los de fuera los que vienen a nuestro país en busca de esa fortuna deseada, que su país le niega. Nuestra juventud, con sus defectos y con sus virtudes, está ahí, llamando a la puerta, demandando un protagonismo. Es el siguiente paso de la nueva civilización...

miércoles, 23 de marzo de 2005

LA COMPETENCIA

El artículo que Contraste publica en este número centrándose en la competencia china es especialmente revelador respecto a lo que el sector intuye puertas adentro. En el artículo se vierten opiniones dispares y diversas, pero, al final, lo que subyace es un mensaje de esperanza.

Porque en el fondo el ser humano sabe crecerse en las dificultades y el sector no es ajeno a esta actitud. China llega, pero su competencia se puede afrontar bien con actitud derrotista, bien con actitud luchadora. Los que esto último opinan, que son bastantes, esgrimen sus bazas: creatividad y diseño, calidad... Quizás también es bueno “verle las orejas al lobo” para despertar de la apatía y apostar por el propio esfuerzo. La competencia es buena, porque nos ayuda a superarnos cada día un poco más. Y en esta labor por la superación pueden surgir pequeñas y grandes ideas, proyectos, ilusiones... que pueden labrar un camino con metas cada vez más lejanas. ¡Quién sabe!

Un paréntesis para la reflexión
Ya han pasado otras Navidades. Hemos comenzado un nuevo año. Nuestras vidas han vuelto a ese monótono y prosaico devenir existencial, cargado de preocupaciones y de problemas, pero también de sueños y de esperanzas.

Durante las pasadas fiestas navideñas he procurado hacer un paréntesis en las tareas laborales habituales para dedicarme un poco más a la familia, a los amigos, al ocio y al descanso. Y este paréntesis me ha hecho reflexionar sobre muchas cosas... Algunas resulta difícil concretarlas. Otras se presentan como tareas urgentes porque el tiempo apremia.

Uno de mis propósitos para este año nuevo es que estoy intentando aprender a escuchar. Y lo hago porque, para poder hablar, primero hay que saber escuchar. Hablamos demasiado y escuchamos muy poco. Por eso no nos entendemos y por eso hay tanta división entre nosotros.
En medio del silencio reflexivo he podido escuchar voces críticas, voces de quejas, voces de llanto, voces de dolor... ¿Dolor porque el tiempo pasa y no vuelve? ¿Dolor por lo que pudo ser y no es? ¿Dolor de culpabilidad?¿Dolor de impotencia? ¿Dolor de resignación? ¿También dolor de esperanza?

En mi reflexión he podido vislumbrar un tiempo mejor, un tiempo maravilloso y espléndido... como una nueva primavera llena de promesas que sin duda cristalizarán en frutos ubérrimos. Es el tiempo de aquellos que han sabido aceptar los cambios y se han preparado para hacer frente a los nuevos retos. Esos han comprendido que cada día que nace, es un día nuevo, pero un día que no volverá. Ver amanecer cada día es algo maravilloso. Pero ese amanecer no volverá a suceder. Será siempre otro amanecer, distinto.

Ese espíritu renovador
En los negocios -también en los negocios joyeros- sucede exactamente lo mismo. Por eso no podemos ser unos seres extraños, expuestos sin más a los vaivenes de la vida y dejándonos llevar por rumbos desconocidos. No, la vida no es eso. Mejor dicho, no puede ni debe ser eso. El rumbo lo tenemos que marcar nosotros. El camino lo fraguamos nosotros a base de coraje y tesón. El recorrido lo tenemos que hacer sin descanso, sin temor y con firmeza, sin prisa pero sin pausa. Es la única manera de poder llegar a la meta propuesta. Una meta que nos traerá los triunfos y nos colmará de satisfacciones. La alegría no es algo exclusivo de los campeones, sino de todo el que es capaz de alcanzar la meta.

Amigos, compañeros en esta bendita profesión joyera-relojera, aceptemos la nueva situación. Sí, "aceptemos que las cosas han cambiado; que no son mejores ni peores: son diferentes". Sólo así podremos iniciar esos cambios que nuestra profesión demanda con tanta urgencia. Unos cambios que nosotros podemos hacer actuales, activando cada nuevo día ese espíritu renovador que nos impulsará a caminar, a avanzar,... rumbo a la meta soñada.

No debemos esperar que las cosas sucedan de milagro. Ni debemos pensar que esos triunfos individuales aislados que observamos, han sido fruto de un milagro. Son obra del trabajo, del impulso, de la iniciativa. Los profesionales que están triunfando, nos están demostrando que con su buen hacer y su puesta al día, es posible crear esos productos que los consumidores demandan. Si ellos se han hecho notar y están triunfando, también nosotros lo podemos hacer. No olvidemos que "querer es poder".

Por eso, desde aquí os invito, una vez más, a salir de vuestro letargo, a despertar de ese sueño quimérico e iluso. Os invito a reflexionar y a poner manos a la obra. Estoy plenamente convencido de que, si queremos, podemos.

Las cosas no suelen ser difíciles de hacer. Lo que resulta más difícil es ponernos en situación de hacerlas.

¿No os parece que hemos dejado demasiado orillada a la juventud? ¿Por qué no escuchamos más las voces de nuestros jóvenes, potenciales consumidores, y nos preparamos para ofertarles esos productos que a gritos están demandando? ¿Por qué será que esa respuesta la han encontrado en campos tan dispares como la comunicación, el turismo o el ocio y no en la joyería?

No quisiera terminar sin haceros una confidencia personal. La encontré expresada en un poema de Ramón de Campoamor que leí el otro día: "El tiempo a todos consuela. / Solo mi mal acibara; / pues si estoy triste, se para, / y si soy dichoso, vuela." Que seáis felices... en vuestros triunfos.

miércoles, 9 de febrero de 2005

UN AÑO MUY ESPECIAL

Sí, ¡menudo año el que acabamos de pasar! Parece verdad aquello de que "cuando otros se resfrían, nosotros estornudamos". No me cabe la menor duda. Fue un año raro, extraño, anómalo y desconcertante en todos los aspectos. Un año lleno de incertidumbres, de especulaciones, de rumores, de noticias... Porque el año que se nos ha ido ha estado cargado de noticias desconcertantes en todas y cada una de sus dimensiones telúricas. Si nos situamos en terrenos puramente objetivos, llegaremos a la conclusión de que se había previsto todo menos lo que realmente ha ocurrido. A nadie le podía caber en la cabeza todo lo que ha sucedido. Han sido tantas y tan descomunales las sorpresas..., que uno no ha conseguido asimilarlas todavía.

Y en medio de esa vorágine tempestuosa, nosotros nos hemos visto fuertemente zarandeados. Por no estar preparados, nos hemos quedado petrificados, sin saber de dónde venían los tiros y, consiguientemente, sin saber muy bien por donde o hacia donde tirar.

Hubo sorpresas, muchas sorpresas. Para algunos han resultado agradables. Para otros han supuesto dolorosos disgustos. Bien mirado, bien observado con ojos serenos, en nuestro campo joyero han cambiado muy poco las cosas o, si se prefiere, han cambiado pocas cosas. Ya nos hemos ido acostumbrando a eso. En nuestro sector los cambios no se producen de golpe. Son lentos, paulatinos. Pero tienen que ser constantes. Tenemos que avanzar sin prisas, pero también sin pausas. Lo importante, lo verdaderamente importante en nuestro devenir histórico es tomar conciencia de cómo tenemos que encarar el futuro.

Estudiar las tareas preferentes
No podemos permitir que nos asfixie el vértigo ni que nos aprisione la desidia. No podemos dejar que nos ahoguen las tareas secundarias y rutinarias. Tenemos que dedicarnos más a estudiar y analizar cuáles y cuántas son las tareas preferentes. No podemos dejar transcurrir la vida ignorando esos embates y esos impulsos que nos llegan desde los campos más actuales y que evolucionan a otro ritmo mucho más vertiginoso.

Nuestro sector forma parte de un pasado histórico. Está cimentado en él. Pero ese pasado no podemos decir sin más que haya sido bueno ni mejor que el presente. Solamente podemos decir que ha sido diferente, distinto. El pasado pertenece al pasado. El futuro, el mañana, ya es hoy. El futuro ya es presente. Y tiene que hacérsenos presente con toda su carga desafiante y retadora. Si no queremos sucumbir estrepitosamente, tenemos que hacerlo presente ya, ahora mismo, sin dilaciones ni tardanzas alienantes.

Por eso vuelvo a lo del principio: ¡menudo año el que acabamos de cerrar! Sí, menudo año... pero interesante y aleccionador si nos ha servido para abrir los ojos, para ver la luz, para descubrir con claridad las múltiples posibilidades que nos oferta el que acabamos de comenzar. El tiempo es una rueda inexorable que nunca regresa. Y nos duele el año que ha terminado, entre otras cosas, porque, aunque tenemos un año más, nos queda un año menos de vida. Pero también tenemos una año más de experiencia acumulada, de vivencias experienciales, de rico caudal anímico. Y, lo que es más importante, nosotros todavía lo podemos contar. Muchos, los que se fueron para la otra orilla, ya no pueden hacerlo.

Ahora, a comienzos de año, es el tiempo oportuno para la reflexión. Analicemos el año que acabó. Saquemos las conclusiones adecuadas. Si así lo hacemos, podremos afrontar el nuevo año con un optimista realismo. Dejemos a un lado las lamentaciones. Busquemos y activemos lo positivo. Afrontemos el reto de ese mañana que ya es hoy. Nos lo demanda el sector. Nos lo demanda el futuro. Nos lo demanda nuestra propia fuerza intrínseca.

La hora de la verdad está aquí. Y a nosotros nos toca aprovecharla. Saquemos al exterior todo el caudal que llevamos dentro. Demostremos a los demás lo que somos, lo que tenemos, lo que valemos. No malgastemos las energías en luchas internas o en malsanas y nauseabundas competencias ridículas. Colaboremos todos en la tarea diaria. Pongamos cada uno nuestro granito de arena. Todos somos necesarios. En el ancho campo en que nos movemos, todos y cada uno tenemos una tarea ineludible que realizar.

Y no tengamos celos de la competencia. La competencia no es sinónimo de guerra. Es acicate que impulsa a progresar. La competencia es un estímulo que potencia nuestras energías para hacernos más capaces, más competentes. La competencia no divide. La competencia une y aúna, incentiva y revitaliza... No olvidemos nunca que solos podremos ganar alguna batalla aislada, pero la guerra, nuestra guerra, solamente la ganaremos si avanzamos juntos y unidos.

lunes, 3 de enero de 2005

2005, AÑO CLAVE (O, TAL VEZ, HISTÓRICO PARA NUESTRO SECTOR)

No sé si es fruto de mi experiencia profesional o si se debe simplemente a una intuición. Pero hay algo que me induce a pensar que en la historia de la joyería española habrá un antes y un después del 2005. Son muchos los termómetros de medir que presagian e indican que algo importante está a punto de suceder en nuestro sector. Se respira en el ambiente. Se palpa en el aire ese nuevo latido, que puede ser germen y fundamento de una esperanza hondamente anclada en la realidad.

Llevamos mucho tiempo diciendo que la situación actual no podía prolongarse más. Es indudable que habíamos tocado fondo. Es indudable que no podíamos seguir en esa amorfa y anodina apatía existencial, en espera de tiempos mejores. Necesitábamos salir de esa agonía asfixiante que nos atenazaba con tanta fuerza. Y creo que ya hemos dado el primer paso. Creo que la tan ansiada recuperación ha iniciado su movimiento y está comenzando a aflorar...

Por un lado, vemos y constatamos que se está operando un importante cambio generacional en nuestro sector. Se está incorporando gente joven que llega con nuevos aires, con mucha más preparación y, si me apuran, diría que con unas actitudes más adecuadas y más conocedoras de las realidades sociales hacia las que se debe orientar el consumo de nuestros productos.

Por otro lado, aunque todos somos conscientes de que poseemos esa inmensa riqueza de tener tanta gente mayor con una experiencia contrastada y avalada por los éxitos, también vamos cayendo en la cuenta de que en la vida es necesaria la renovación. Si es cierto que "la experiencia es la madre de la ciencia", no es menos cierto aquello de "renovarse o morir". Y esa necesidad ineludible hace que se estén comenzando a asumir los cambios y que los relevos generacionales se vayan produciendo sin ocasionar traumas dolorosos. Hoy, más que nunca, tenemos que afrontar a pecho descubierto las nuevas realidades que nos circundan. Hoy, más que nunca, debemos ser conscientes de esas nuevas exigencias que nos plantea la sociedad en la que nos ha tocado vivir.
Algunas de ellas se me antojan perentorias y totalmente apremiantes:
- Se necesita una formación más adecuada en todos los campos del saber.

- Es urgente una adecuación, aunque sea lenta, de nuestro corporativismo social.

- Resulta imprescindible la actualización y la potenciación de nuestras plataformas de negocio, adecuándolas a los tiempos en que vivimos o creando unas nuevas cuando sea necesario.

Fijémonos también en algunos eventos de ultima hora, porque nos pueden resultar altamente aleccionadores. En Córdoba se inaugura un parque joyero, con todo lo que esto lleva consigo (en otra ocasión profundizaremos sobre este tema). Nace en Sevilla una nueva feria, mejor dicho, un nuevo marco de comunicación, lleno de expectativas y de esperanzas... Por su parte, los expositores que han estado en Iberjoya, empiezan a sacar rentabilidad a su presencia allí. Se han dado cuenta de que a una feria hay que ir a algo más que a esperar pasivamente a que los clientes entren a su stand. Con otras palabras, empiezan a tomar conciencia de que son ellos, los expositores, los que tienen que poner el motor en marcha. Son ellos los que tienen que poner los medios para que el vehículo que les facilita la organización circule a la velocidad que ellos le quieran dar.

Y esto no es todo. Hay otras realidades positivas que invitan a creer en el mañana, a afrontar el futuro con optimismo. Cada día aumenta el número de los que creen que su fórmula mágica de esperar pasivamente a que vengan tiempos mejores, ya no tiene sentido. Cada día van siendo más los que se empiezan a convencer de que el consumidor final de sus productos es el cliente y no el detallista o la tienda. Esta es la razón y el motivo de que la presencia de joyeros en ferias de consumo ya no constituye ningún trauma alienante ni se considera peyorativa para el sector.
Somos un sector más de consumo y no unos seres extraños, poseedores exclusivos de fórmulas más o menos mágicas. Ya va siendo hora de que dejemos de vernos a nosotros mismos como algo diferente...

Ya sé que es muy fácil ver los toros desde la barrera. Pero, que conste en acta que estas críticas no llevan ninguna carga de negatividad. Van hechas en sentido positivo y con ánimo de ayudar a reflexionar. Decía el filósofo francés, Henri Louis Bergson, que cada uno de nosotros "tiene que pensar como hombre de acción y actuar como hombre pensador". Y otro autor, cuyo nombre ahora no recuerdo, añadía: "actuar sin pensar es como disparar sin apuntar".

El nuevo año 2005 se nos presenta como un proyecto en el que podemos hacer realidad muchos de nuestros sueños. Dejemos a un lado las diferencias. Busquemos lo que nos une y no lo que nos divide. Comencemos a ver lo que hay de positivo en cada acción o acontecimiento del sector, independientemente de donde proceda. Empecemos, de una vez por todas, a creer que todas las iniciativas son positivas; mejor dicho, veamos siempre lo positivo de cada una y aprendamos a sumar, no a poner pegas y restar.

Fue hace algo más de treinta años cuando el sector sufrió una transformación en el campo de la relojería. Y son ahora los relojeros los que con su adaptación a los tiempos actuales, están realizando otra nueva y novedosa revolución joyera, en el mejor sentido de la palabra. ¿No nos servirá esto de ejemplo y acicate para todos? ¿Continuaremos resignados, esperando que lleguen vientos propicios desde el exterior?El nuevo año constituye para todos un enorme reto en nuestro devenir existencial. Personalmente y aun teniendo en cuenta las dificultades que tendremos que afrontar, veo con optimismo este 2005. Por eso me permito invitar a todos a hacer lo mismo. El pesimismo es una postura negativa ante la vida, que nos derrumba y nos puede hundir para siempre. Son las actitudes positivas las que generan esperanza y confianza. Ojalá que las expectativas de futuro y las esperanzas que hemos depositado en este nuevo año, cristalicen y fructifiquen en realidades palpables. Con mis mejores deseos.