Dice el refrán “es de bien nacidos el ser agradecidos”. Por eso quiero en primer lugar dar las gracias a los cientos de personas que han llamado dándome loando el artículo de Contraste “Verdades que duelen”. Gracias también a los que no han llamado pero sé que han pensado y piensan lo mismo. Gracias igualmente a los que no lo han leído por obviarlo.
Mi objetivo no era esperar llamadas sino intentar que Ustedes pudieran ver y sopesar un poco mejor la realidad. Mis pretensiones eran -y son- aportar una ayuda a la reflexión y un impulso para el consiguiente cambio de actitud. Por eso voy a continuar en esta misma tónica. Creo sinceramente que estoy en el buen camino.
Hoy le toca el turno a las ferias. Y, para comenzar, pienso que podemos hacer en voz alta una pequeña reflexión. Existen tres tipos de personas: las que hacen que ocurran las cosas, las que esperan a que ocurran las cosas y las que simplemente preguntan “qué ha ocurrido”. ¿A cuál de estas tres clases pertenece Usted?.
Constantemente oímos comentarios negativos hacia las ferias, criticas destructivas. Tal vez en ocasiones pueda haber motivos. Pero yo me pregunto: ¿con el pesimismo, la negación o la destrucción vamos a construir algo?. ¿No resultará más rentable para todos construir que destruir?.
Evidentemente las ferias no son ese ángel de la guarda que nos recoge antes de caer al precipicio. No son nuestra cuenta de explotación que va a salvarnos el resultado final de nuestro ejercicio. No son la varita mágica que el hada toca para convertir nuestra gestión en un negocio rentable.
Las ferias no son ni mucho menos la panacea universal que va a poner remedio a tantos males endémicos que afectan a nuestro sector. No. Las ferias no son nada de eso. Pero sí son algo que de verdad puede sernos muy útil y provechoso. Estoy convencido de que pueden resultar beneficiosas e incluso lucrativas.
Para lograrlo necesitamos ser realistas al máximo. Necesitamos ser plenamente conscientes de que las ferias son un medio y no un fin. Son una plataforma que se nos brinda para que nosotros podamos y sepamos sacar rendimiento a nuestros productos. Son un vehículo de lanzamiento que posibilita encuentros y afianza relaciones. Son una puerta de salida al exterior de nosotros mismos. Son un foro abierto a la actualidad. Son el lugar y el momento apropiados para el contraste de estilos y tendencias, para apreciar y sopesar los gustos y exigencias del mercado, para establecer contactos e intercambios, para consolidar redes comerciales...
Por eso las ferias no son solamente algo más o menos útil. Son algo necesario e imprescindible, algo vital e indispensable en las que urge participar de forma activa.
Si con frecuencia nos vamos de ellas defraudados, desanimados y desalentados (tal como podemos comprobar por las miles de frases que se oyen al término de las mismas), si no les sacamos todo el provecho posible, la culpa no radica en las ferias. La culpa anida en nosotros mismos, en nuestra actitud indolente y pasiva.
Toda participación en un evento ferial requiere una preparación previa, un estudio y un trabajo de lanzamiento, un esfuerzo de proyección externa a través de una buena campaña publicitaria y, sobre todo, una fuerte dosis de ilusión y de optimismo.
Solo con estos ingredientes nuestra inversión crematística en los eventos feriales resultará altamente rentable. No se puede cosechar sin antes sembrar. Pretender obtener mucho y buenos frutos sin un concienzudo trabajo previo, es de ilusos. Una buena siembra y un terreno bien abonado serán la base segura para unos resultados pingües y halagüeños.
