En uno de mis recientes viajes leía que no tenemos que culpar al euro de nuestros males, sino al exceso de recursos humanos y monetarios abocados hacia determinados sectores como construcción o turismo. La verdad es que algo así puede estar pasando en nuestro sector. Somos muchos y no hay espacio para tantos.
La realidad además pasa porque hemos hecho planes demasiado optimistas y ahora toca reformarlos y adaptarlos a la situación real que nos toca vivir y con recursos económicos mucho más escasos.
Tenemos que reinventarnos, pasar de unas actividades a otras, reciclarnos y pasar a un total reajuste de precios y márgenes.
No hace mucho tiempo, oía decir en una conferencia que el margen en nuestro sector lo puede todo. Pues aquí esta el resultado… La realidad era que las cosas no iban tan bien antes, ni tan mal ahora.
Simplemente vivíamos en un sueño, como Don Quijote que “Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginación que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leía, que para él no había otra historia más cierta en el mundo”.
Siempre asombra la enternecedora tenacidad del hidalgo Don Quijote, al que le costó incluso la vida el entrar en la cordura y comprender que sus andanzas de caballero no tenían sentido en un mundo real, dominado por la crudeza de la existencia.
No hay milagros, no hay curas definitivas, hay realidades en las que ponernos urgentemente a trabajar. Tenemos que despertar del sueño y volver a pisar en la tierra. Hay que prepararse para ese futuro que ya es hoy presente e insistimos que no es mejor ni peor, es diferente, pero es con el que vamos a compartir los próximos años.
No queda otro remedio, lo demás es hacer o levantar falsas ilusiones como las que hemos vivido estos últimos tiempos. “Que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento”, diría el realista de Sancho a su amo Don Quijote. La euforia no ha de ser nuestro aliado.
Hay que razonar, avanzar y emprender. Nosotros sufrimos el mismo mal del resto de los sectores y el problema principal está en el inicio, en que la escuela no nos da lo que las empresas buscamos.
No nos vengamos abajo, si hay que dejar el sector, paciencia, buenas y nuevas ideas y a emprender otro negocio. Seguro que si aquí fuimos capaces, allí aún más.
martes, 27 de abril de 2010
martes, 20 de abril de 2010
Del Pony Express a Internet
Los joyeros ya empiezan a darse cuenta del filón de negocio que es la red. Internet, redes sociales…. son las herramientas del futuro. Nunca hasta ahora la humanidad había tenido en sus manos un foro de comunicación similar, tan rápido, de tan vasto alcance y a un precio tan asequible.
Echen un poco la vista atrás. ¿Recuerdan aquellas películas del Lejano Oeste de serie B en las que una noticia se iba transmitiendo, correo por correo, como si fuera un testigo, hasta llegar a su destino final, al cabo de días?
La compañía que hizo famoso ese servicio rápido, que cruzaba Estados Unidos, se llamaba Pony Express. Sus empleados galopaban durante horas, hasta dejar exhausto al caballo y transmitir a quien les estaba esperando, a su vez con otro caballo, la noticia que debían hacer llegar a destino.
Evidentemente la rapidez del servicio dependía de la pericia y resistencia de jinetes y monturas, pero permitió que los mensajes que antes podían llegar a tardar hasta medio año en trasmitirse de punta a punta de Estados Unidos, lo hicieran en un máximo de 10 días.
Pero el Pony Express no tuvo larga vida, el telégrafo y el tren lo relegaron a la épica norteamericana. ¿Piensan que fue hace mucho tiempo? Estamos hablando de 1860, o sea 150 años atrás, el tiempo que algunas empresas joyeras y relojeras han tenido la suerte de cumplir y celebrar.
Pueden saber más de aquellos sacrificados equipos por medio de Internet -¿cómo no?-, consultando la famosa Wikipedia. La historia está para que aprendamos de ella y constatemos que la vida es siempre evolución. Nada permanece inalterable, y el ser humano debe adaptarse a las nuevas condiciones a cada paso.
Ahora, en este momento que nos toca vivir, tenemos que empezar a tratar al cliente como un socio en el negocio, y juntos intentar gestionar mejor el mercado. El valor mayor de una empresa es la intangible combinación entre marca, diseño, capital humano y la relación con los clientes.
Hay que formar al personal para gestionar mejor, de una manera adecuada, fundamental. Hoy la resistencia física de los empleados del Pony Express no serviría de mucho, pero sí su pericia para recorrer esas rutas infinitas que nos ofrece la red. La crisis agudiza el ingenio y nos hacen optimizar mejor las distintas áreas de negocio.
Tenemos que aprender a sacar esa creatividad que llevamos dentro. Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, pues ahora en la red, eso se multiplica por infinito. La red no tiene límites.
Hay que socializar el negocio, interactuar, conocer las necesidades del mercado; informar de novedades, productos, servicios, precios…Fidelizar al cliente, estimularlo y detectar los eventuales problemas de servicio.
Para los reacios a valorar Internet, bastará este dato para reflexionar, publicado recientemente en el periódico Expansión. Mientras que la inversión publicitaria ha bajado hasta un 23,2% en Televisión, a pesar de contar todavía con la partida más alta, la realizada en Internet es una de las pocas que ha crecido en 2009, hasta un 7 ,2%.
Echen un poco la vista atrás. ¿Recuerdan aquellas películas del Lejano Oeste de serie B en las que una noticia se iba transmitiendo, correo por correo, como si fuera un testigo, hasta llegar a su destino final, al cabo de días?
La compañía que hizo famoso ese servicio rápido, que cruzaba Estados Unidos, se llamaba Pony Express. Sus empleados galopaban durante horas, hasta dejar exhausto al caballo y transmitir a quien les estaba esperando, a su vez con otro caballo, la noticia que debían hacer llegar a destino.
Evidentemente la rapidez del servicio dependía de la pericia y resistencia de jinetes y monturas, pero permitió que los mensajes que antes podían llegar a tardar hasta medio año en trasmitirse de punta a punta de Estados Unidos, lo hicieran en un máximo de 10 días.
Pero el Pony Express no tuvo larga vida, el telégrafo y el tren lo relegaron a la épica norteamericana. ¿Piensan que fue hace mucho tiempo? Estamos hablando de 1860, o sea 150 años atrás, el tiempo que algunas empresas joyeras y relojeras han tenido la suerte de cumplir y celebrar.
Pueden saber más de aquellos sacrificados equipos por medio de Internet -¿cómo no?-, consultando la famosa Wikipedia. La historia está para que aprendamos de ella y constatemos que la vida es siempre evolución. Nada permanece inalterable, y el ser humano debe adaptarse a las nuevas condiciones a cada paso.
Ahora, en este momento que nos toca vivir, tenemos que empezar a tratar al cliente como un socio en el negocio, y juntos intentar gestionar mejor el mercado. El valor mayor de una empresa es la intangible combinación entre marca, diseño, capital humano y la relación con los clientes.
Hay que formar al personal para gestionar mejor, de una manera adecuada, fundamental. Hoy la resistencia física de los empleados del Pony Express no serviría de mucho, pero sí su pericia para recorrer esas rutas infinitas que nos ofrece la red. La crisis agudiza el ingenio y nos hacen optimizar mejor las distintas áreas de negocio.
Tenemos que aprender a sacar esa creatividad que llevamos dentro. Siempre se ha dicho que una imagen vale más que mil palabras, pues ahora en la red, eso se multiplica por infinito. La red no tiene límites.
Hay que socializar el negocio, interactuar, conocer las necesidades del mercado; informar de novedades, productos, servicios, precios…Fidelizar al cliente, estimularlo y detectar los eventuales problemas de servicio.
Para los reacios a valorar Internet, bastará este dato para reflexionar, publicado recientemente en el periódico Expansión. Mientras que la inversión publicitaria ha bajado hasta un 23,2% en Televisión, a pesar de contar todavía con la partida más alta, la realizada en Internet es una de las pocas que ha crecido en 2009, hasta un 7 ,2%.
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