lunes, 12 de septiembre de 2005

NADANDO CONTRA CORRIENTE

Dice el refrán que "cuando las barbas de tu vecino veas cortar, pon las tuyas a remojar". Y la situación no es para menos. Las cosas están como para echarse a temblar. No hay más que ser un poco observadores para darse cuenta de la gravedad del momento presente. Se nos fue el textil. Se nos fue el calzado. Se nos van los juguetes... ¿Vamos a ser los joyeros una excepción? Ojalá así fuese. Pero mucho me temo que no va a ser posible.

Llevamos años insistiendo en la necesidad de liderar un cambio que apenas se produce. Llevamos tiempo insistiendo en que no podemos permanecer impasibles, aguardando incautamente que lleguen tiempos mejores. Somos nosotros los que debemos tomar la iniciativa. Somos nosotros los que nos debemos centrar y esforzar operativamente. Necesitamos ineludiblemente ofertar un producto novedoso. Sí. Nuestro producto ha de ser diferente en diseño, en marca, en calidad y también en promoción. Porque en el precio nos es totalmente imposible competir.

Con bastante frecuencia quemamos nuestras energías en tareas negativas. Nos dedicamos demasiado a comentar, a criticar, incluso a calumniar. Es verdad. No estoy haciendo una afirmación apriorística. Cuando no sabemos por donde tirar, llegamos incluso hasta la calumnia. Y, claro, eso no sólo no resulta positivo sino que va contra la ética más elemental.

Lo he dicho muchas veces. Nuestro sector necesita un cambio total, una asunción de la realidad, una aceptación de lo evidente. De lo contrario no vamos a poder seguir viviendo. Los recuerdos son buenos para hacer historia, pero nada más. No se puede vivir sólo de recuerdos. Hay que saber mirar hacia adelante. Y hay que saber tomar las decisiones oportunas para avanzar.

Condenados a asumir la realidad
Los recuerdos a lo sumo son buenos para saber lo que no hay que hacer, para no caer en los mismos errores del pasado. Pero la realidad sólo es una. Y todos estamos condenados a asumirla. Tenemos que aceptarla tal como es y no como nos gustaría que fuese.

Dicen que la historia es maestra de la vida. También la propia historia, la de nuestro gremio y la de cada uno de nosotros. Es verdad que los años nos hacen más sabios..., siempre que seamos capaces de no perder la ilusión. Es verdad que la edad nos ayuda a comprender mejor las cosas. Pero no podemos pretender ni exigir imposibles. No podemos pretender ni, mucho menos, exigir que la realidad vaya totalmente de acuerdo con nuestros gustos y deseos. La vida te enseña que, para que las cosas vayan bien, es necesaria mucha paciencia y visión a largo plazo.

Si vives cómo piensas, acabarás pensando cómo vives. Aprender a vivir es aprender a luchar. Y cuanto más difícil resulta la lucha, más nos adentramos y nos afianzamos en nuestra razón de ser y de existir. Tal como dijo Charles Darwin, "las especies con más éxito son las que mejor se adaptan a los cambios del entorno".Por eso resulta improcedente tratar de oponerse a la evolución. Por eso debemos seguir sus leyes. Por eso debemos poner los medios para adaptarnos a esas nuevas exigencias que van surgiendo. Y debemos hacerlo conscientes de que esta actitud es ley de vida y no significa, ni mucho menos, cambiar de camisa o de chaqueta.

Hay personas, hay empresarios, a los que les gusta nadar contra corriente. Y eso no es malo, Al contrario, es la mejor manera de actuar. No cabe duda de que la mejor forma de hacer las cosas, es haciéndolas. La pasividad suele resultar siempre muy negativa. Hay que hacer las cosas y hay que saber hacerlas, siempre con cabeza y corazón. No se trata de decir adiós sin más a un sistema, a una forma de trabajar, a una manera de vivir en el sector. Se trata de adoptar unos planteamientos nuevos, tal vez novedosos, pero acordes con el tiempo en que nos ha tocado vivir y trabajar.

Es verdad que el tiempo elimina personas y altera paisajes. Pero también es verdad que crea otros nuevos. Y la vida continua... Lo mismo sucede con nosotros. Tenemos que ver los negocios, nuestros negocios, como una pasión, no como un oficio gravoso. Todos hemos venido a éste mundo a aprender y a ayudar, no a imponer nuestra ley. Nuestro principal objetivo debe estar orientado a mejorar, a dejar el sector mejor de como lo encontramos nosotros.

La vida, queramos o no, pasa en un momento. Y no hay tiempo que perder. El tiempo es para nosotros un plazo retador. Lo realmente importante no puede ni debe esperar. Y, aunque lo urgente suele eclipsar lo importante, no por eso debemos dejar el motor en ralentí. Hay que saber acelerar a tiempo y con tiempo. Es la mejor manera de hacer frente a la cuesta que tenemos delante.

Y, por favor, no nos sigamos apenando por lo que pudo ser y no fue. No nos anclemos en que cualquier tiempo pasado fue mejor. Si nosotros no hemos conseguido los objetivos previstos, no desesperemos. Sigamos trabajando. Sigamos navegando contra corriente. Sigamos con las manos en la masa. Es muy posible que las metas que nosotros no hemos alcanzado, las consiga la próxima generación, esa joven generación que pulula ya en medio de nosotros.

No nos limitemos a ser profetas de calamidades. Tengamos confianza. Sembremos esperanza y optimismo. Caminemos con la mirada alta, manteniendo siempre la sonrisa. La alegría prolonga la vida y es fuente de salud.