Desde los principios de la joyería española poco que observemos la realidad circundante, nos daremos cuenta de que a nuestro lado pasan muchas cosas que nos afectan. Unas suceden a plena luz. Otras se elaboran en esa soterrada sala de máquinas donde se producen las ideas, los estilos, las formas, los sentimientos o las tendencias. Alguien ha dicho que "hay en marcha un laborioso telar en el que todos participamos sin darnos cuenta y que acaba tejiendo el tapiz cultural sobre el que vivimos".
En estos momentos se están inventando muchas cosas y muy deprisa. Han muerto muchas certezas. Han perdido vigencia muchas formas de vida. Y estamos alumbrando otras nuevas en una especie de bricolaje cosmopolita, variopinto y polivalente.
Desde los principios de la joyería en España, si en algo nos hemos distinguido siempre los joyeros es en que aquí siempre había prevalecido el valor personal. Por eso siempre se había dicho que una palabra vale más que mil firmas.
Esta bandera distintiva, esta característica casi exclusiva del sector joyero comienza ahora a ser generalizada y potenciada por la prensa económica como un valor imprescindible para cualquier colectivo gremial. Se esta constatando que, cada vez más, las empresas apuestan pos las personas.
No es que se esté descubriendo el Mediterráneo. De siempre el valor humano ha sido el mejor capital de las empresas. No hacen falta grandes estudio para descubrir tan elemental axioma. Basta con mirar la realidad que nos envuelve.
Esto, que teóricamente es indudable, en la práctica entraña no pocos riesgos y dificultades. En nuestro afán por identificar y captar grandes talentos, nos olvidamos de que lo verdaderamente importante es descubrir y potenciar el talento que esconde cada persona. Nos falta profundidad y sensibilidad para esta captación, para saber descubrir y discernir las capacidades, motivaciones y posibilidades de las personas que trabajan con nosotros a diario.
La persona es el auténtico protagonista de película en la propia carrera profesional. Pero los valores de las personas no siempre afloran directamente. Es más frecuente que se manifiesten a través de signos, pistas, huellas... que hay que saber leer e interpretar.
Cuando por una empresa pasa un talento extraordinario, sus huellas quedan marcadas en ella. En esa empresa, después del paso de ese talento, habrá una modificación de contexto. Las cosas son diferentes antes y después del paso de un talento. Se ha producido un cambio cualitativo.
Por otra parte, sucede cada vez con más frecuencia que todos buscamos los mismos talentos. Por eso ha aumentado la movilidad laboral. Y no nos debe extrañar. Hoy se cambia con facilidad de trabajo, sobre todo a niveles directivos.
Sin embargo, no es necesario ni conveniente pasarse la vida esperando la llegada de ese "mirlo blanco", entre otras razones porque a lo mejor no llega nunca. Lo que sí resulta necesario es saber descubrir y potenciar los talentos de las personas que laboran con nosotros. Cada persona aporta, además de su trabajo específico, más o menos mecánico, un sinfín de informaciones, opiniones y valores. Lo importante es saber descubrir esos talentos y después potenciarlos.
Esta es la auténtica aventura empresarial, el auténtico reto que tenemos que afrontar. El valor de las empresas está en el talento de quienes las forman.
