Pocas cosas hay en el mundo que no procedan de la historia, del pasado, al menos en su fundamento... El presente está basado en lo histórico y para atrás se ha de mirar para aprender, no para vivir de nostalgia.
La mayor parte de nuestras actuaciones sólo se entienden con una lógica retroactiva, con una mirada al pasado, con un repaso de la historia... Si no hay historia, la mayor parte de las actuaciones carecerían de sentido, de identidad, de forma de contenido...
En este sentido, les recomiendo un libro de cabecera, que dicen lo fue para grandes políticos y estadistas de nuestra historia. Un verdadero manual para el ejercicio del poder, que no pierde su frescura, a pesar de contar con varios siglos de existencia, y cuyo secreto reside, sin más, en el aprendizaje con el que dota la experiencia, no sólo propia, sino la ajena. Me refiero a la conocida obra de Maquiavelo, “El príncipe”.
Uno de sus instructivos párrafos dice así: “El príncipe, para ejercitar su espíritu, debe leer las historias, y, al contemplar las acciones de los varones insignes, debe notar particularmente cómo se condujeron en las guerras, examinando las causas de sus victorias, a fin de conseguirlas él mismo, y las de las derrotas, a fin de no experimentarlas. Debe, sobre todo, como lo hicieron ellos, escoger entre los antiguos héroes, cuya gloria se celebró más, un modelo cuyas proezas estén siempre presentes en su ánimo: Alejandro Magno imitaba a Aquiles; César seguía a Alejandro y Escipión caminaba tras las huellas de Ciro.”
Y continúa dándonos una lección magistral: “Cualquiera que lea la vida de este último, escrita por Jenofonte, reconocerá cuántos triunfos obtuvo Escipión por haber calcado su conducta con la de Ciro, no sólo en cuanto a la valentía, la destreza, la disciplina y el arrojo, más también respecto de la continencia, la afabilidad, la humanidad y la liberalidad, que, según el autor griego, resplandecieron en el monarca persa. En síntesis: de acuerdo con las reglas que debe observar un príncipe sabio, éste, lejos de permanecer ocioso en tiempo de paz, ha de formarse entonces un copioso caudal de recursos bélicos, que puedan serle de provecho en la adversidad, a fin de que, si la fortuna se le torna contraria, se halle dispuesto a resistírsele.”
La creatividad de hoy se base en gran parte en el pasado, uno de los objetivos de los creadores anteriores era basar todo en la perfección . Hoy estamos cogiendo la sabiduría de nuestros clásicos para dársela a un público ansioso de valores y que busca en la marca valores eternos e intangibles que la vida diaria nos está privando…
Lo hecho con cariño, con esmero, con ilusión en todos los campos de la vida trasmite energía positiva, da fuerza y anima en el deseo de seguir y de perfeccionarse. A todos nos gusta rodearnos de esa sensación de inmortalidad que otorga la experiencia.
Estamos cada día más empeñados en recuperar el gusto por lo que nos dejaron nuestros antepasados. Cada minuto, cada una de las actuaciones de nuestra vida nos lleva a realizar un ejercicio de lo que tanto los políticos nombran y que pocas veces saben de qué hablan, la llamada memoria histórica.
miércoles, 5 de enero de 2011
SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA
martes, 4 de enero de 2011
¿QUIÉN VIGILA AL VIGILANTE?
¡Qué frase más buena para el vigilante pillado! Con escepticismo y extrañeza nos encontramos en algunos eventos, ya sean feriales o de establecimientos de joyería, al ver en las cámaras de seguridad como detectan que los vigilantes sustraen piezas de los puestos que controlan.
¿Es esto normal? ¿Quién hace la selección de personal de esas empresas?
¿A quién se le ocurre poner al “zorro” a guardar gallinas, o al lobo a vigilar ovejas?
Nos llegan a nuestra redacción llamadas de alertas en este sentido, y como la prensa ha de estar a las verdes y a las maduras, no podemos callar la evidencia.
Dicen que la necesidad hace al ladrón y que los caramelos no duran en la puerta de un colegio. Dicen, dicen tantas cosas, que lo peor es que muchas son o se hacen pura realidad.
Hay un proverbio hindú que remarca que “aquel que reconoce la verdad del cuerpo, puede entonces reconocer la verdad del universo”. Otro refrán español asevera que no hay mal que por bien no venga, y otro proverbio árabe argumenta que los ojos no sirven de nada a un cerebro ciego.
Abramos bien los ojos y pongamos solución a los males que tenemos a nuestro alcance. Los que estamos al frente de distintos estamentos u organizaciones debemos predicar con el ejemplo. No escondamos la cabeza. Caer está permitido, levantarse es obligatorio. Proverbio ruso.
No seamos esclavos de lo que decimos y dueños de lo que callamos. Aprendamos de los errores porque tropezando se aprende a caminar.
El sector necesita constante vigilancia porque los grandes incendios empiezan por chispas pequeñas.
Si hemos visto culpables busquemos soluciones, porque estudiando lo pasado se aprende lo nuevo (proverbio japonés). Aunque queramos correr más deprisa con la cabeza que con los pies, toda respuesta requiere su tiempo, su certeza, pero sobre todo, la voluntad para materializarse.
lunes, 3 de enero de 2011
SUPERVIVIENTES
Hay crisis en los periódicos. Se habla de una tormenta perfecta, un cambio en la formación, en el trabajo, y unas nuevas necesidades del cliente. Y si a ello le añadimos la crisis que estamos padeciendo, todo unido hace un cóctel de difícil solución.
Con el “mantra” de que Internet es el futuro, y encima gratis, la prensa impresa se resiente. Todo parece dirigirse a la red o a la “nube”. La información se consume al instante, y, con ello, la tirada de los periódicos baja y la publicidad impresa se desmorona.
Unos dicen que estamos viviendo una tormenta en un tsunami, otros que un tsunami dentro de una tormenta. Lo cierto es que, a pesar de la confusión que genera todo revuelo, hay que seguir reinventándose y buscar soluciones nuevas a problemas nuevos.
Hace 10 años la prensa gratuita fue un boom, una revolución en el sector. Hoy ha caído a la mitad la tirada de ejemplares, pero todos los periódicos tienen esta fórmula de negocio, la digital, que es gratis y aumenta. A la vanguardia de su consumo se hallan los jóvenes y adolescentes, que quieren información, pero no están preparados o dispuestos a pagar por ella.
La realidad es ésta, el lector se va del papel a la pantalla, y, frente a ello, todos los periódicos hacen economías de guerra para mantenerse. Todos quieren volcar su saber hacer a las nuevas tecnologías. Y ello va a implicar, sin remedio, una nueva era, un nuevo concepto y una nueva fórmula.
El ciudadano ha de tener y consumir la información cuando desee y de la forma que desee. Los diarios online responden a esta necesidad, pero ni su razón de ser, ni su concepto, ni la forma de configurarse ha de ser la misma que la del diario escrito. No se trata de calcar sobre el soporte digital los esquemas del papel. Hay sonados fracasos, fruto de la primera euforia, que lo confirman.
Todo ha cambiado y sigue cambiando a ritmos vertiginosos. Se está produciendo una revolución cultural, industrial y tecnológica. Hay que ser ágiles. Hoy no se puede dejar nada para más tarde. Son tiempos de cambio, lo que nació hace más de tres siglos ya no es prioritario. Todos somos partes vivas y activas al instante, y el que no quiera ver o participar en esta transformación se la perderá.
Hoy todo es noticia. Hasta la publicidad es noticia. Hoy tenemos que ser nosotros mismos, pero mejores, sobre todo profesionalmente. Hace tiempo que los periodistas salen de nuestras facultades con el titulo de licenciados en Ciencias de la Información; que los empresarios de la comunicación han comprendido que su universo se avecina vasto y cambiante, y que hay que estar preparados para desarrollarse en cualquier soporte.
Por mi parte, estoy convencido de que sigue habiendo espacio para el papel, con todo el poder arrollador que le confiere una imprenta, pero ello no le libra de una crisis de identidad de la que, pienso, saldrá fortalecido. Pero el tsunami o la tormenta virtual nos abren otras expectativas que hay que aprovechar. Lo que pasa ahora nos concierne a todos, no se puede mirar para otro lado, y esto es aplicable también al joyero.
Estamos en este mundo, no somos otra raza, ni otra especie. Somos seres humanos que vivimos hoy aquí. En unas circunstancias determinadas, con sus ventajas e inconvenientes. Termino con una frase que no me cansaré de repetir, que por razones paradójicas se popularizó con la imprenta y mantiene ahora buena parte de su celebridad gracias al soporte digital -búsquense “frases célebres” en Google-: “En tiempos de crisis, sólo sobrevivirán las especies que sean capaces de adaptarse a los cambios”.
