domingo, 23 de febrero de 2003

GLOBALIZANDO MENTALIDADES, DIVISIÓN DE OPINIONES

A pesar de que el tiempo corre muy veloz, la palabra globalización sigue estando de moda y sigue provocando división de opiniones, a veces enconadas. A menudo oímos hablar de globalización como si fuese una promesa segura y una patente indudable de nuevas oportunidades y de ilimitadas posibilidades. Y a menudo también oímos hablar de ella de una manera crítica, furibunda, e incluso airada. Aunque a fuerza de sinceros, hay que reconocer que la mayor parte de estas críticas negativas no van dirigidas directamente contra la globalización en sí sino contra determinadas maneras de entender y llevar a la práctica la globalización.

Queramos o no y sea cual sea nuestra opinión personal, lo cierto es que muchos de los fenómenos sociales que nos afectan y muchos de los problemas que nos acucian, sobre todo en el campo comercial, mantienen una estrecha relación con esa realidad polivalente llamada globalización. Por eso seguimos hablando de ella. Y por eso tendremos que seguir hablando de ella.

El mundo ha cambiado y sigue cambiando a pasos agigantados. Las novedades llegan raudas. Los problemas a los que tenemos que hacer frente o son nuevos o se nos presentan bajo estructuras nuevas o se manifiestan con un grado de interrelación y complejidad inusuales e inusitados.

La necesidad de nuevos planteamientos
Todo esto exige de nosotros una reflexión nueva y unos planteamientos diferentes. La manera actual de enfrentarse a estos problemas nos sitúa ante la necesidad ineludible de abrirnos a nuevos parámetros. No podemos permanecer impasibles. No podemos anclarnos en la rutina ni dedicarnos a esperar pasivamente a que amaine el temporal. Eso sería condenarnos al más rotundo de los fracasos. Es ley de vida ²o renovarse o morir². No queda otra alternativa.

Nuestro mundo, el de cada uno de nosotros, se ha ampliado. Ya no se trata de nuestro pequeño mundo, limitado y delimitado, ceñido a unos parámetros muy concretos y reducidos. Hoy todo lo que nosotros hacemos y todo lo que acontece en nuestro entorno cercano influye en otro lugar distante. Y, al revés, todo lo que sucede en cualquier punto lejano del planeta, repercute en nosotros y e nuestro entorno. En este sentido alguien escribió con razón que 'todos los hombres y mujeres compartimos la biosfera como espacio común e interconectado'.

Nuestro mundo de hoy es plural y pluralista. En él convivimos personas que pensamos de manera distinta, procedentes de distintas tradiciones socioculturales e, incluso, ideológicas. Y nuestro gremio –nuestro querido gremio joyero- no es ajeno a esta realidad. Aunque navegamos en el mismo barco y, a grandes rasgos, todos sabemos el rumbo que debemos llevar para poder llegar a la meta. No siempre estamos de acuerdo en las medidas que debemos adoptar ni en los instrumentos que debemos usar. Y no cabe la menor duda de que esto complica la solución de los problemas comunes.

Un punto de partida
Por eso resulta tan urgente intentar ponernos de acuerdo en lo mínimo, en lo elemental, en lo básico. Es el punto de partida para poder iniciar un proceso eficiente y eficaz que nos lleve a programar el hoy con perspectivas de mañana.

¿Cuál es ese punto de partida?. ¿Cuál puede ser ese mínimo elemental?. Pienso sinceramente –y así lo manifiesto por escrito- que nos urge comenzar por lo que podríamos llamar globalización de mentalidades. Si, necesitamos salir de nuestra rutina y adoptar todos y cada uno una mentalidad acorde con los tiempos en que nos ha tocado vivir. Necesitamos abandonar nuestro costumbrismo mercantil y adaptarnos a las estructuras actuales. En una palabra, necesitamos actualizarnos nosotros y actualizar nuestras empresas.

Mientras no seamos conscientes de esta necesidad, mientras no nos decidamos por cambiar de mentalidad, todo lo que hagamos serán parques o remedios que a la larga –y también a la corta- no conducen a nada. Sólo globalizar mentalidades, seremos capaces de aunar esfuerzos para avanzar.

SOLO LA IMAGINACIÓN TIENE LA RESPUESTA

En tiempos de crisis hay un componente de cualquier negocio que pasa de ser un actor secundario de la vida empresarial a ocupar el protagonismo de la historia. La imaginación, se podría decir que siempre ocupa un lugar preponderante, y en algunos casos es verdad. Las grandes empresas crecieron a fuerza de imaginación, además de capital, administración sensata, marketing adecuado y otros de los múltiples componentes de los negocios. Pero, en tiempos de bonanza, es posible pasarlo bien sin mucho esfuerzo echando mano de la nunca bien ponderada prudencia. Sobrevivir es vivir sobre la vida, flotar sobre ella al amparo de una situación que contribuye a una calma sensación de prosperidad.

En los días que corren (y parece que también en los que se avecinan) no parece que la situación se preste a que nadie descanse sobre ella. En fin, “¿Qué pasará?” es una pregunta constante a la que muy pocos se animan a responder. Es natural, ante la incertidumbre sólo la imaginación ofrece una respuesta.

miércoles, 5 de febrero de 2003

EL TIEMPO APREMIA

Decían los clásicos que el tiempo es la medida de todas las cosas. También se suele decir que el tiempo da y quita razones. Y es cierto. Por eso, ante la cruda realidad que está viviendo nuestro sector, no podemos quedarnos en lamentos diciendo que “aquel tiempo nunca volverá”.

Aquí no valen caras de circunstancias, decía Shakespeare. Todas las cosas hieren y la última mata. Aquí solo vale una reacción a tiempo, un cambio de rumbo urgente, una adaptación a los nuevos tiempos con suma celeridad.

Lord Melbourne manifestó un día su incomprensión a la moda de llevar un reloj encima. No veía la razón de tan incómoda máquina. Decía: “Cuando quiero saber la hora, se la pregunto a un criado y él me dice la que le da la gana”. Hoy nos reímos con tamaña simpleza.

El tiempo es una fuerza avasalladora que no tiene normas. O, si las tiene, no las respeta. Nosotros somos relojes biológicos. Pero, con más frecuencia de la debida, vivimos equivocados. Pensamos que el tiempo pasa. Y resulta que los que pasamos somos nosotros. Los ciclos se cumplen con nuestro paso por el tiempo.

Nuestro sector se está acostumbrado a vivir contando las horas y los días. Y es muy probable que el tiempo sea la peor compañía. Volver la vista atrás y esperar que aquellos tiempos gloriosos del pasado vuelvan, no es la mejor solución. Aunque el tiempo volviera -cosa imposible-, nosotros ya habríamos pasado. Es algo que no tiene vuelta.

Entrar en la ola de la moda
La solución está en el futuro. Hay que dar una vuelta al timón y entrar en la ola de la moda. Conozco algún fabricante de zapatos que se dio cuenta de que su distribución no podía ceñirse a vender zapatos en zapaterías sino en tiendas de moda. Y el resultado ha sido multiplicar por muchos enteros su producción. Necesitamos darnos cuenta de que cada día aumenta el número de clientes que necesitan salir completamente equipados de esos locales que tan bien han entendido qué es lo que el cliente desea. Aquí no valen las cuentas de la lechera. Aquí no valen parches. No me cansaré nunca de decirlo: el cliente sabe muy bien lo que quiere.

Veinte mil detallistas de joyas y relojes esperan el paso del tiempo. Estoy completamente seguro de que a menos de un par de miles -siendo generoso- este paso del tiempo les va a ser favorable o beneficioso. Al resto no les queda otra opción: o giro a toda vela y cambio de rumbo o el rumbo los llevará a mal puerto.

Las marcas importantes lo saben. Por eso seleccionan muy bien su distribución. Es más, incluso montan su propia distribución solapada o en paralelo. Están adaptándose al tiempo y a los tiempos.

A los que no quieran actuar así, a los que prefieran seguir anclados en la rutina, aguardando pasivamente a que el paso del tiempo les mejore el rumbo, les quedan pocas esperanzas. Si logran sobrevivir, si logran llegar a puerto, será como náufragos desnudos e indefensos.

No quiero terminar sin repetir lo que decía al principio: aquí solo vale una reacción a tiempo, una adaptación a los nuevos tiempos. Las meditaciones trascendentales, los ejercicios espirituales sólo son buenos si desembocan en un cambio de rumbo. El tiempo certificará que llevo la razón.