sábado, 20 de diciembre de 2003

EL FUTURO DEL PRESENTE

¿Quién dijo crisis? Actualmente uno de los vocablos que más solemos utilizar en nuestras conversaciones profesionales es la palabra 'crisis'. 'Estamos en crisis', '¿Cuándo pasará la crisis?', 'No salimos de la crisis'... son expresiones frecuentes y habituales en nuestro lenguaje. Con ellas pretendemos patentizar la realidad en la que estamos inmersos, coloreándola de unos tintes no exentos de tonalidad pesimistas.

Pero ¿estamos en lo cierto?. ¿Se trata de una realidad positiva o negativa?. ¿Qué queremos manifestar con esa expresión?. En una sola pregunta, ¿qué significa la palabra crisis?.

Si recurrimos al diccionario, nos encontraremos con diversas acepciones. Fijémonos en dos de ellas: 'Momento decisivo y grave de un asunto o situación que puede tener consecuencias importantes'; 'Situación difícil o complicada'.

Efectivamente, nuestro sector atraviesa por 'situación difícil y complicada'. Estamos en un 'momento decisivo y grave'. Por eso nuestra actuación tendrá sin duda 'consecuencias importantes'.

Bien, el hecho de que estemos en crisis no quiere decir ni mucho menos que estemos abocados a un fracaso irremediable. Lo que realmente sucede es que estamos en una situación que exige una mayor dosis de concentración y de esfuerzo.

Por consiguiente, la expresión crisis no puede ser signo de negatividad. Ni debe provocar en nosotros un pesimismo inoperante. Al contrario, tiene que ser para todos un acicate y un reto que nos impulse a poner manos a la obra con ilusión y esperanza.

Tenemos que convencernos de que el sector no está en crisis somos nosotros los que estamos en crisis.

La fascinación del presente
La situación que vivimos –esta situación de crisis así entendida- tiene que resultarnos fascinante. Estamos ante una ocasión histórica para descubrir y hacer cosas nuevas. Vamos a tener que convivir con innumerables cambios, generadores de oportunidades pero llenos de incertidumbres. Y, si queremos sobrevivir, vamos a tener que afrontar múltiples riesgos. Pero no debemos tener miedo sino alegría y optimismo porque es mucho lo que podemos ganar.

El futuro que vamos a vivir depende del camino que emprendamos hoy. Nos esperan nuevos planteamientos de adaptación a los nuevos tiempos y de respuesta a las nuevas exigencias. Tenemos que establecer objetivos claros que nos hagan pisar con pie firme en la realidad presente y futura. Nuestro mundo no es el pasado, aunque sea fruto del pasado. Nuestro mundo es el presente y, sobre todo, el futuro. Hay que vivir el hoy mirando al mañana, en una perspectiva histórica de evolución y progreso.

Me lo recordaban el otro día: 'No estamos locos, pero nos podemos volver', 'No estamos muertos, pero sí heridos', 'No estamos en la UCI, pero empezamos a necesitar ser tratados'. Y yo creí entender la lección: nuestra situación de enfermedad o de crisis, nuestras heridas, nuestros males están ahí no para que nos dejemos vencer por ellos ni para que los ignoremos. Están ahí para que nos enfrentemos a ellos, para que les hagamos frente con las armas apropiadas. En una palabra, están ahí, desafiantes y retadores, para que nosotros los venzamos, para que triunfemos sobre ellos.

Exigencias inmediatas
Evidentemente, este triunfo exige esfuerzo. Si queremos lograrlo, no nos queda más remedio que luchar y hacerlo con los instrumentos más aptos. Nadie nos va a regalar nada. Somos nosotros los que nos tenemos que convencer. Somos nosotros los que tenemos que vencer si no queremos ser vencidos.

Es esta lucha sin cuartel la aplicación de los recursos humanos va a ser cada día más imprescindible. Tenemos que ponernos a analizar nuestra situación actual, la de nuestra producción y la de nuestra distribución. Tenemos que saber contactar y conectar. Los psicólogos hablan de la necesidad ineludible de 'empatar'.

Para lograr esta empatía, necesitamos penetrar en la mente del consumidor, respetarla, entenderla. Es la única manera de poder trabajar sobre seguro. Luchar sobre arenas movedizas suele dar muy malos resultados. Dando palos de ciego no se suele acertar en la diana.

Además, podemos disponer de múltiples avances técnicos que nos facilitan la tarea. Y, sin embargo, ¡qué poco partido les sacamos!. Cuando todo gira en torno a la moda, la marca, el marketing, el diseño... nosotros nos empeñamos en seguir roturando las tierras con arados de madera. Y, claro, así siempre llegamos tarde, si es que llegamos.

No olvidemos nunca, nunca que el destino de nuestro sector es fruto de la voluntad, de nuestra voluntad de lucha. Tenemos que ser optimistas pero muy responsables. Tenemos que afrontar el reto de nuestra crisis con una actitud positiva. Tal vez no conozcamos todavía todas las soluciones. Pero sabemos que los triunfos solo se consiguen luchando.

martes, 11 de noviembre de 2003

EL HUMO Y EL FUEGO

Se dice que cuando algo se mueve, es que allí hay vida. Igual que, cuando sale humo es que debajo hay fuego. Veamos pues qué pasa en nuestro sector. ¿Se mueve algo?. ¿Sale humo?.

Para muchos sale un humo ya tenuemente ennegrecido de los restos que quedan consumiéndose y agotándose en el rescoldo de un fuego creciente. Pero la gran mayoría ha comenzado a ver, con moderado optimismo, que el movimiento es acompasado, de acuerdo con las agujas del reloj. Se trata de un movimiento y un humo que generan dosis de esperanza realista pero que necesitan ser avivados y removidos con celeridad y precisión.

En mis andanzas por el mundo he visto cosas originales, novedosas. Muchas de ellas ha resultado que eran enormemente sencillas y simples. Y uno se pregunta cómo a nadie se le habrían ocurrido antes. Eso ocurre, por ejemplo, con ese reloj cuyo segundero va hacia atrás. Sus horas, como las de cualquier otro reloj, avanzan a ritmo acompasado y sin detenerse. Sin embargo los segundos –su segundero- caminan en sentido contrario. En lugar de señalar el tiempo transcurrido nos indican el tiempo que falta, el tiempo disponible. ¿Será para que nos hagamos a la idea de que cada segundo que pasa es un tiempo que se descuenta en nuestro haber existencial, en nuestro proyecto vital?.

La lección parece diáfana y nítida. Nuestros proyectos existenciales son algo que no se puede aplazar ni posponer. Ya se lo decía el clásico: tempus fugit: el tiempo huye, vuela, se evapora, se nos escapa de las manos sin que podamos hacer nada por retenerlo. Por eso tenemos que vivir intensamente el tiempo de nuestra existencia. Tenemos que hacer todo lo posible para avivar los rescoldos vitales y hacer crecer el fuego de nuestra existencia. Tenemos que aprovechar el tiempo, todo el tiempo, para que la hoguera de nuestra vitalidad siga viva y vigorosa, pujante y briosa.

Para conseguir ese objetivo no necesitamos andas a la deriva ni tenemos que dar palos de ciego. Tenemos ideas. Tenemos medios. Sabemos lo que queremos. Disponemos de los instrumentos apropiados. ¿Qué nos pasa, entonces?. ¿Por qué no avanzamos?. ¿Por qué quemamos nuestras energías en estériles lamentos?. ¿Por qué no somos más eficaces?. ¿Por qué no avivamos de una vez la hoguera de nuestras energías empresariales?.

Tengamos en cuenta que trabajar es mucho más que dar vueltas y moverse. Es pensar. Es observar. Es analizar. Es ver cómo se mueve el mundo a nuestro alrededor y tratar de movernos con él, revitalizando nuestras potencias energéticas. Si nos quedamos quietos, nos va a pisotear y no nos dejarán levantar cabeza.

Las nuevas tecnologías han reinventado las empresas. Pero nosotros nos estamos quedando en la edad de piedra. Y esto no puede seguir así. Si queremos continuar vivo, necesitamos ser operativos, movernos, avivar ese fuego que se nos apaga por momentos, recurriendo a esas tecnologías que ya no son tan nuevas ni tan novedosas. ¿Cuántos tenemos e-mail para poder comunicarnos?. ¿A qué estamos esperando?. Urge un cambio total de estrategia. Para poder seguir vivos en esta batalla que se nos echa encima, para que nuestro fuego empresarial no se apague, necesitamos movernos. Y necesitamos hacerlo ya. El movimiento es vida y produce vida.

lunes, 20 de octubre de 2003

OPTIMISMO REALISTA

Igual que para los estudiantes, también para nosotros comienza un nuevo curso. Empieza una nueva etapa -empresarial y comercial- en el mundo de la joyería. Estamos ante una nueva tarea que tenemos que emprender con ilusión esperanzada, conscientes del gran reto que se nos avecina y de la gran responsabilidad que recae sobre nosotros. Somos gestores protagonistas del sector y ello supone responder con firmeza a las expectativas que se nos avecinan.

A simple vista lo podemos observar. No corren buenos tiempos en el campo de la joyería. Estamos ante una gran crisis. Y es muy probable que muchos compañeros no puedan o sepan saber salir de ella. Los que salgan airosos habrán demostrado que el esfuerzo y la estrategia -cuando se plantea con rigor- dan siempre sus frutos.

Tenemos que convencernos de que todos contamos con medios para lograrlo. De nosotros depende el saber utilizarlos. Hoy existe una modernidad tecnológica que debemos que aplicar necesariamente. Tenemos a nuestro alcance un equipo humano de valía y profesionalidad. ¿A qué esperamos, pues?. Convencidos del éxito, afrontemos el mañana mirando hacia delante, nunca para atrás. No nos quedemos viviendo del recuerdo o sollozando inútiles lamentos de plañideras. El pasado ya pasó y nunca, nunca volverá.

Hay que mirar al futuro. Pero hay que hacerlo con confianza y respeto. Hay que procurar ser optimistas pero con realismo. Y lo decía Zola: “No soy optimista, quiero ser optimista”. Los pesimistas solamente suelen ser espectadores. Son los optimistas los que transforman el mundo.
Las oportunidades ya están aquí. Abramos los ojos. Miremos como aprovecharlas. No tiremos la toalla. Eso es de cobardes y los joyeros no lo somos.

No debemos dudar jamás de que contamos con clientes fieles, pero tal vez diferentes. Clientes que saben lo que quieren y a los que no se les puede engañar ni quemar. Clientes que son nuestra razón de ser y de existir. Clientes a los que hay que servir y potenciar cada día, mimándolos con cariño e ilusión.

Luchemos por ofrecer más calidad, más y mejor servicio. Tenemos que seguir siendo el puente de unión entre la materia prima y el consumidor, ocupando cada uno el espacio apropiado para poder lograr los objetivos propuestos.

Desde nuestra experiencia y profesionalidad –la del GRUPO DUPLEX- creo que sin ningún timbre de vanagloria puedo permitirme emitir estos juicios. Soy consciente de que asumo un papel tal vez más fácil. Desde la barrera los toros se ven con menos peligro. Pero también se ven con una perspectiva mucho más amplia, mucho más panorámica. De ahí que tal vez veamos mejor de donde nos viene el peligro y como lo podemos evitar. En los más de treinta años acompañando a los joyeros, las hemos visto de todos los colores.

Muchos han escuchado ya nuestras llamadas. Y están comprobando que teníamos razón. Han corregido o están corrigiendo su rumbo. Y están comenzando a recoger la cosecha de lo que con mucho esfuerzo han ido sembrando.

Es triste observar como algunos de los que están dentro se arrugan o se limitan a esperar la tormenta. No se dan cuenta que otros, que llegan de otros campos con aires frescos y renovados, les están comiendo el terreno, toman posiciones firmes y seguras, y con la vista puesta en el frente, no en el pasado.

Una vez más se presenta la disyuntiva. O somos conscientes de donde estamos y acertamos hacia donde ir o tomamos la decisión firme de abandonar. En medio no nos podemos quedar. Las crisis no pasan solas. Las soluciones las tenemos que buscar entre todos. Ha llegado la hora de poner manos a la obra. Un nuevo ciclo, una nueva era acaba de comenzar. Su positividad o negatividad depende de nosotros, sólo de nosotros.

viernes, 3 de octubre de 2003

EXIGENCIAS EMPRESARIALES

No quisiera ser pesado ni cargante. No quisiera agobiarles ni cansarles. Solo pretendo ser realista. Mi único objetivo es ayudarles a abrir los ojos para que puedan ver nítidamente la realidad circundante.

Tenemos que partir constatando una verdad elemental. Aunque algunos se empeñen en afirmar lo contrario, lo cierto es que nuestro sector no es diferente a los demás. Somos nosotros los que nos empeñamos en hacerlo diferente. Y a las pruebas me remito: no hay ningún otro campo del comercio que no funcione con sistemas informáticos adecuados y apropiados.

No se puede tener un establecimiento son saber en cada momento lo que hay en su interior, sin conocer los contenidos existentes, la mercancía disponible. No se puede funcionar así, abriendo la caja sin más. Si al hacerlo, comprobamos que hay dinero, es que se ha vendido y, por lo tanto, podemos pagar. ¿Y si no lo hay?. Entonces el proveedor tendrá que seguir esperando... ¿hasta cuándo?.

Todos debemos tener muy claro que somos empresas, cada una con su tamaño, pero empresas. Por eso debemos funcionar como tales empresas que somos. De lo contrario estamos abocados a caminar por un túnel sin salida posible.

Nuestro negocio no consiste en almacenar mucho stock sino en sacar rentabilidad al día a día. Y esto solo lo podemos saber conociendo la realidad, analizando cuentas y viendo los resultados de nuestro trabajo; en una palabra, poniendo solución a problemas que se plantean a diario.

Cuando subimos la persiana, empieza el negocio a funcionar, la empresa se pone en marcha. Y, para que todo funcione, el sistema informático se ha de abrir y poner en marcha también. Y esto vale para todos. Esta operatividad informática es necesaria incluso para los que solamente disponen de 8 o 10 m² y un empleado. El tamaño del negocio no condiciona la forma de llevarlo sino solo la adecuación de medios.

¿Se imagina Usted que El Corte Inglés, al abrir sus puertas, no pudiese poner en marcha su sistema informático?. ¿Cómo podría operar?. Pues bien, aunque no queramos admitirlo, a todos nos acontece lo mismo. Nuestra tienda es un pequeño Corte Inglés que también necesita su propio sistema informático. De lo contrario, ¿cómo sabremos si es rentable, qué producto da más beneficio y qué es lo que tenemos que comprar?.

Actualmente, los ordenadores están al alcance de todos tanto en precio como en funcionamiento. Los programas operativos están hechos a nuestra medida y al alcance de cualquier negocio. Nosotros hemos analizado varios y, al trabajar a fondo con ellos, se nos hace imposible pensar que aun haya joyerías que no los tengan instalados en su negocio. Como ejemplo quisiéramos destacar un GEMANET con su práctico manual de más de 100 páginas, escritas para que cualquier profano pueda entenderlo y manejarlo. Su instalación es inmediata y prácticamente sin coste alguno, solamente un módico mantenimiento anual. Además lleva como ayuda un soporte telefónico personalizado en cada momento, detrás del cual están siempre unos técnicos recibiendo las dudas y sugerencias de cada joyero y aportando al momento la solución más adecuada.

Por todas estas razones no podemos entender cómo aun existen establecimientos de joyería sin este programa u otro similar. Hoy por hoy son una herramienta totalmente imprescindible. Por eso, o entramos en la era actual o nos retiramos del camino antes de que nos arrojen por el barranco. No existe otra alternativa válida para sobrevivir.

domingo, 21 de septiembre de 2003

EL MARKETING DIRECTO

En todos los sectores el marketing directo ha conseguido un importante crecimiento. ¿Se ha notado algo en la joyería?. No, no vale decir que nosotros somos diferentes. Somos exactamente igual que cualquier otro sector de consumo y si no lo vemos así estamos muy equivocados.

Las tendencias de futuro en el marketing también sufrieron cambios. Las nuevas tecnologías han penetrado en este campo y nos están cambiando los esquemas.

¿Recuerdan cuando les decía que teníamos que acoplar internet a nuestras herramientas de trabajo y aprender su uso?. Pues si lo hubiéramos hecho podría sernos de gran ayuda. La comunicación sería instantánea y sus costes reducidísimos. Pero ¿cuántos nos podemos comunicar diariamente, a la hora de abrir o cerrar nuestro negocio, por internet?.

El marketing directo se apoya cada vez más en las nuevas tecnologías para captar clientes.

El móvil será otra herramienta indispensable en el plan de comunicación.

El marketing online está en pleno proceso de integración en el marketing relacional. La fidelización de clientes es vital y para ello tenemos que utilizar todos los canales disponibles.

Para muchos joyeros el primer semestre no ha sido nada positivo, pero como no se preparen, el segundo puede seguir por el mismo camino.

Con el marketing se configura una relación directa con el cliente. Si las campañas y los objetivos de comunicación se adaptan entre fabricantes, mayoristas y detallistas y estos piensan que el cliente de todos es el consumidor final los resultados se verán inmediatos.

La filosofía ha de ser seguir vendiendo constantemente y no de forma esporádica y puntual. La comunicación es vital a la hora de plantear cualquier estrategia de venta. Debemos hacer todos los esfuerzos extras necesarios para llegar al cliente. La tecnología es importantísima en este momento crucial que nos está tocando vivir. Estamos en un momento excelente y lo tenemos que saber aprovechar. Hemos pasado de una etapa de globalización a otra de especialización.

Los mercados han de estar muy segmentados.

Todos tenemos que aprender juntos las nuevas etapas que nos va a tocar vivir.

Para captar al cliente lo principal es conocerle para poder comunicarle una oferta relevante y ganar su confianza. Hay que llegar a la persona adecuada en el momento adecuado y con la oferta adecuada.

miércoles, 10 de septiembre de 2003

SOBREVIVIR... PARA PODER CRECER

Queramos o no, nuestro sector se enfrenta a una transformación total. El tan manido fenómeno de la globalización y a las nuevas exigencias que presenta una moda cada vez más prepotente, más universal y más al alcance de cualquiera, están haciendo que algunos cimientos de nuestras estructuras comerciales se tambaleen y corran el peligro de derrumbarse estrepitaosamente.


Y hay otro aspecto concreto del problema que todavía lo hace más acuciante. Ahora no podemos alegar ignorancia ni desconocimiento por falta de información. Cualquiera de nuestros jóvenes, cualquier miembro de nuestras nuevas generaciones se siente suficientemente capacitado para afrontar estos nuevos retos. Nuestros jóvenes son gente más preparada que no solo viajan más sino que, por medio de ese invento que se llama Internet, tienen la posibilidad de acercarse al mundo entero en un mínimo espacio de tiempo.


A primera vista y en buena lógica parece que nuestro objetivo prioritario debería ser siempre la búsqueda del crecimiento, la utilización de cauces adecuados para no quedar estancados y seguir aumentando capital industrial o beneficios netos. Si embargo, ante una fuerte crisis como la que estamos sufriendo, yo me atrevo a decir y proclamar en voz alta que nuestro objetivo prioritario hay que situarlo en un eslabón más bajo. Se trata nada más y nada menos, que de nuestra supervivencia en el sector y dentro del sector, cuando no de la supervivencia del sector mismo. Las convulsiones que sufrimos, están resultando tan fuertes y tan intensas que hay momentos en los que no podemos pensar en crecer y en prosperar sino simplemente en estar ahí, en continuar con vida. Porque “mientras hay vida, hay esperanza”.


Para ello no nos queda más remedio de situarnos en primera linea. Tenemos que constituirnos en avanzadilla. No nos queda otra salida que utilizar las nuevas y novedosas armas que los tiempos actuales ponen a nuestra disposición. Hay que saber aplicar módulos claros y contundentes, estables y creíbles, con esa flexibilidad que dimana de la claridad de conceptos, con apoyo a las iniciativas de creación de marca, con agresivas campañas de marketing y con planes claros y definidos de I+D+I.


Esta tarea tan acuciante –lo repito una vez más- es obra de todos. Para poder lograr este objetivo básico resulta necesaria e imprescindible la colaboración de todo el sector. Son las empresas privadas y las asociaciones que las representan las que tienen que remolcar este gran barco que corre el peligro de zozobrar estrepitosamente. Porque si el barco –nuestro barco- se hunde, no creamos que individualmente vamos a disponer cada uno de un salvavidas para poder llegar a puerto sanos y salvos. Sería un sueño de ilusos, presagio de un amargo e irreparable despertar.
Pero conseguir esta supervivencia básica que sea punto de apoyo y fundamento de cara a un crecimiento, necesitamos hacer gravitar tada nuestra actividad sobre unos pilares firmes y seguros. Y hay tres que considero ineludibles, necesarios y totalmente precisos:

- Una renovada y actualizada acción en la producción de joyas: que nuestros productos se adapten a los gustos y a las exigencias de un mercado joven y en pleno crecimiento.


- Unos planteamientos nuevos en la forma de comunicar, de acercar el producto al consumidor: utilizando un “idioma” acorde, que resulte inteligible e impactante en estos tiempos postmodernos.


- Una permanente puesta a punto y una constante actualización de los dos elementos anteriores: porque las formas y los gustos cambian a velocidades tan vertiginosas que, si no somos capaces de seguir su trepidante ritmo, nos quedaremos descolgados para siempre.


Creo sinderamente que en la correcta conjunciín de estos tres elementos –que podemos sintetizar en tres palabras: producción, lenguaje y actualización- está la clave para superar la crisis que nos agobia y para poder alcanzar, depués, el éxito deseado. Y afirmo esto porque pienso que, una vez estudiados, activados y potenciados estos tres aspectos de nuestra problemática realidad, estoy seguro de que habremos llegado a conclusiones firmes y claras. Y en ese momento preciso estaremos capacitados para afrontar el presente y el futuro con realistmo optimista: produciendo mercancía apetecible y fijando unos precios acordes con la objetividad. Será la única manera de no fabricar castillos en el aire.


Nuestro objetivo existencial tiene que ser doble: sobrevivir y, además, alcanzar el éxito. Y no se trata de un objetivo quimérico. Es un objetivo perfectamente factible y al alcance de nuestras manos. Hacerlo realidad depende de todos y de cada uno. Porque “el éxito es una escalera por la que no puedes subir con las manos en los bolsillos”.

lunes, 21 de julio de 2003

PELIGRO DE ASFIXIA

Las raíces del problema
Si queremos comenzar a solucionar de una vez la problemática de nos invade, no nos queda otro remedio que actuar urgentemente. Estamos llegando al límite. Resulta prácticamente imposible permanecer así por más tiempo. Ha llegado el momento, ha llegado la hora de tener que tomar decisiones drásticas. Y aunque nos duela, estamos obligados a hacerlo. Nos va la vida en ello.

El gran problema de nuestro sector está en la distribución y la mentalidad de nuestros detallistas está contribuyendo enormemente a acentuarlo. La joyería-relojería no es un negocio de especulación teórica sino de praxis comercial. Algunos piensan que, cuanto más stock haya en la tienda, más importante es en realidad ese comercio. Y ese es precisamente el mayor error actual. Mientras pensemos que nuestro negocio comenzó con 10 millones y hoy tenemos un stock de 500, el negocio no funcionará. No se trata de un simple y puro “tener” estático y pasivo sin más. Es necesario un dinamismo constante y continuo, que haga circular crematísticamente la mercancía y que lo haga a la mayor velocidad posible.

Pero eso es obligado hacer un barrido en nuestros almacenes. El stock ha de tender a ser cero. Hoy la moda funciona así. Es ley de vida. Y la joyería no puede ser menos, no puede ser perder este tren que nos imponen los tiempos que vivimos. O entramos por esa puerta o la vía de escape se cerrará tal vez para siempre.

Cuando la realidad se impone
No nos olvidemos que estamos ante un mal que está muy generalizado y que está resultando endémico. Si somos realistas, tendremos que aceptar que, afecta a todos los niveles de nuestro sector. Queramos o no, lo cierto es que la realidad cruda y dura está por encima de la ficción. Aquí no bastan los buenos deseos.

Apoyado en mi experiencia, me atrevo a lanzar un mensaje al detallista: no puede limitarse usted a permanecer detrás de su mostrador. Es de suma importancia que se ponga a viajar, a pasear, a observar... para poder analizar la realidad y tomar decisiones apropiadas. Viendo, observando, escuchando es como de verdad se aprende.

Y aquí no valen lamentaciones. Ni tampoco vale el simple recurso al pasado. Nuestros abuelos, nuestros padres hicieron una gran labor acorde a sus tiempos. Pero hoy las cosas han cambiado. Las normas de conducta comercial ya no son las mismas. Las exigencias son distintas. Consiguientemente, tiene que ser distinto nuestro modo de actuar nuestro modo de proceder. Necesitaríamos hacer unos planteamientos mucho más radicales que nos lleven a unas actuaciones más coherentes y que desemboquen en una mayor efectividad.

El valor de la moda
Tenemos que dejar a un lado ese pensamiento, esa creencia de que nosotros en nuestras tiendas solamente vendemos valor, productos de valor objetivo. Necesitamos ser plenamente conscientes de que también vendemos moda, complementos. Y esa moda y esos complementos también tienen valor real. Y también producen buenos valores crematísticos. Por eso necesitamos tener en cuenta la posición económica o social en la que se encuentran nuestros posibles cliente. Tenemos que responder a sus demandas. Y no existe otro camino para poder ofertarles lo que ellos desean.

Nos urge cambiar nuestra mentalidad. Nos urge adoptar otros hábitos comerciales. Nos urge sumergirnos en la realidad cambiante de cada día y en las exigencias que genera. La moda y la actualidad son un valor que no podemos ignorar, un valor comercial que debemos potenciar en cada momento histórico. Será la manera de poder sobrevivir.

Reconozcámoslo sin ambages. La internacionalidad, en un mundo cada día más globalizado, nos demanda nuevos parámetros comerciales que, a su vez, exigen de nosotros unos comportamientos más agresivos. La mente abierta es como una ventana por la que entran esos aires puros tan necesarios para nuestra revitalización anímica y empresarial. Si optamos por permanecer inalterables, anclados y atrincherados en nuestro status costumbristas, lo más probable es que perezcamos por asfixia o por inanición.

martes, 13 de mayo de 2003

CIERTO OLOR A CONFUSIÓN

Entre lo real y lo virtual
Vivimos en un mundo en el que la velocidad y las prisas nos agobian. Y esto afecta también a nuestra manera de hablar, de dialogar. Queremos decir tantas cosas y tenemos tan poco tiempo que atropellamos las palabras. Hablamos tan deprisa que casi no ponemos atención en lo que decimos. Corremos tanto hablar que la palabra va más veloz que la mente.

A veces, a los buenos vendedores se les cuelan palabras que no son suyas y que, en ocasiones, nunca habíamos escuchado. Con demasiada frecuencia cogemos fórmulas de otros: de anuncios, de slogans. Utilizamos expresiones que, si no están bien aplicadas, pueden llegar a ser verdaderos disparates.

Nos hemos convertido en autómatas, en máquinas programadas. Hablamos como si fuésemos un manual de trabajo, de marketing. Lo fidelizamos todo. Lo queremos “personalizar” todo. Y, con más frecuencia de la debida, metemos la pata soberanamente. Queremos presumir de “progres”, de estar al día, de adelantarnos al futuro. Y lo hacemos sin afirmar primero los pies.

Lo he dicho muchas veces en público y en privado: el futuro ya está aquí. Pero este problema no se soluciona simplemente por conocerlo. Hay que dar los pasos oportunos, todos lo que resulten necesarios. Las prisas y los saltos en el vacío no son buenos consejeros. A veces, por ir más deprisa, queremos ahorrar y buscamos atajos. Y, claro, se nos borra el camino, se nos esfuma la ruta y nos quedamos cada vez más perdidos, más desorientados, más desnortados, sin saber a donde ir ni por donde avanzar.

Con tantas prisas se nos olvida con demasiada frecuencia lo más elemental. Ya no sabemos utilizar los cauces normales para conocer a la gente, para comunicarnos, para dialogar, para construir esos vínculos de empatía, tan necesarios e imprescindibles en nuestro diario quehacer. Los COM, NET, ES, etc. nos han trastocado los caminos reales de siempre. Estamos llegando a la relación sin relacionarse, a la despersonalización más absoluta. Así por ejemplo en el amor algunas parejas ya sólo se conocen “chateando”.

El papel de la técnica
Para objetivos determinados, para metas concretas, las técnicas modernas específicas resultan eficaces; pero otras veces no lo son tanto. Incluso nos pueden abocar a situaciones límite en las que nos vemos implicados al desconocer los aspectos más fundamentales del “otro”, de ese “tú” que tenemos delante y con el que pretendemos contactar y sintonizar.

En los negocios pasa más de lo mismo. Sin embargo en ellos, si la ética y la seriedad imperan, esas técnicas pueden tener su valor y su efectividad y pueden resultar muy rentables.

Se acabó aquel apretón de manos para cerrar un trato. Hemos perdido humanidad. Hemos convertido las cosas virtuales en reales. Y por mucho que nos empeñemos, entre ambas hay diferencias abismales. Un beso... ¿es igual real que virtual?. Aunque el gusto y el placer los podamos imaginar cada uno a nuestro antojo, todos podemos experimentar que no es lo mismo.

Como las prisas nos agobian y no tenemos tiempo de cultivar compañías reales, las sustituimos por virtuales. Ahora bien, que le pregunten al propietario de un establecimiento si es lo mismo el contacto personal con un buen agente comercial o la frialdad de un contacto virtual. Por mucho que nos empeñemos, no podemos sustituir uno por otro. No se trata de embarcarnos en una elección excluyente. Creo sinceramente que los dos deben ser complementarios. No deben sustituir sino ayudar.

El valor insustituible de la persona
Por consiguiente, no pretendemos convertir en un fin lo que solamente es un medio. Los códigos de conducta ya están dictados. No podemos inflar el protagonismo de esos medios que los avances técnicos nos brindan y ponen a nuestra disposición... Por mucho que nos empeñemos, nunca podrán sustituir a las personas.

¿Recuerdan que algunos agoreros vaticinaron la muerte inminente del cine cuando se inventó la televisión?. También con el invento de internet se llegó a predecir el final no lejano de los libros, del papel y de la propia televisión. Sin embargo todos vemos y comprobamos que no es así. Cada uno sigue ocupando su espacio vital, desempeñando en él una función relevante e insustituible.

Una vez más se impone el sentido común. Lo que tenemos que hacer es comenzar por colocar cada cosa en su sitio. La técnica hay que saber utilizarla y dominarla antes de que ella nos trague o nos conquiste a nosotros. Si queremos prosperar, no podemos oponernos por sistema a los avances técnicos. Debemos saber utilizarlos cada vez más. Pero teniendo presente siempre que la última decisión es nuestra. Sin nosotros esa técnica no tendría sentido. EL ser humano es y será insustituible.

sábado, 10 de mayo de 2003

DECÁLOGO... PARA LA REFLEXIÓN

1. La llave del éxito en la vida es el conocimiento del valor de las cosas. El éxito es una escalera por la que no puedes subir con las manos en los bolsillos. El éxito es un camino, no un destino. La disciplina es la parte más importante del éxito.


2. Algunos hombres nacen mediocres, otros se hacen mediocres y a otros la mediocridad les cae encima. La mediocridad y la rutina son hermanas gemelas: nadie llega a la cumbre acompañado por ellas. Apenas se da un paso para salir de la mediocridad, se está ya a salvo... Decían que era mediocre pero tuvo fuerzas y se alzó con el triunfo.


3. En la vida hay algo peor que el fracaso: el no haber intentado nada. Nadie se hace hombre sin haber triunfado en los fracasos. Todo fracaso es el condimento que da sabor al éxito. El fracaso fortifica a los fuertes. La mayoría de las personas fracasan por no haber tenido antes una idea clara de lo que querían conseguir.


4. Solo las ideas salvan a las personas. Las ideas son fuerza. Las ideas son capitales que solo producen intereses en las manos del talento. Lo malo de mucha gente no es su falta de ideas sino la falta de confianza en las pocas que tienen. La dificultad no consiste en tener una idea sino en hacerla producir y, después, saber coger sus frutos.


5. El hombre absurdo es el que no cambia nunca. Nadie debe ser esclavo de su identidad: cuando surge una posibilidad de cambio, hay que cambiar. En un mundo superior puede que sea de otra manera; pero aquí abajo, vivir es cambiar, y ser perfecto equivale a haber cambiado muchas veces. Es el cambio el que hace avanzar el mundo.


6. La respuesta más corta ante un problema es la acción. El hombre que dice “eso no puede hacerse”, será sorprendido por alguien que lo haga. Solo la actividad hacia un determinado fin hace soportable la vida. No hagas lo que te guste hacer ahora, sino lo que te guste luego haber hecho. Todos los hombres de acción son unos soñadores.


7. Mantén viva en ti la facultad del esfuerzo. No se cogen truchas a bragas enjutas. Suda y te salvarás. No hay esfuerzos inútiles. Todo esfuerzo es un éxito. El necio se dedica a desear en voz alta aquello que jamás se esfuerza en alcanzar.


8. Hasta que no sepas por qué la gente compra cosas, no venderás nada. En las fábricas y en los talleres se hacen productos materiales; en las tiendas se venden esperanzas. Quien no tenga un rostro sonriente, no debería abrir una tienda. Mercancía bien ofrecida, casi vendida.


9. La grandeza de una persona no se mide por sus cualidades sino por el uso que hace de ellas. Los productos los pueden hacer las máquinas, la calidad la ponen las personas, a pesar de sus fallos. El sentido común dice que un error sirve para buscar soluciones, no culpables. El sentido común, llevado a un grado nada común, es lo que el mundo llama sabiduría. Intentando lo imposible es como se realiza lo posible.


10. Causan mayor admiración las cosas nuevas que las grandes. Los seres humanos están siempre ávidos de novedades. Lo nuevo viene de lo antiguo y no por eso es menos nuevo. Lo bueno y lo bello son eternamente nuevos... Todo es nuevo cuando se mira con ojos nuevos. Aprender a ver, es el más largo aprendizaje de todas las artes. Existe un único procedimiento para ver las cosas: tratar de ver con el corazón.


NOTA: Este “decálogo” ha sido confeccionado a base de “frases célebres”. Unas fueron escritas o pronunciadas por personajes célebres. Otras pertenecen al anonimato de la sabiduría popular. Con ellas se demuestra, una vez más, que “no hay hombre tan sabio que no tenga necesidad de consejo ajeno”.

domingo, 9 de marzo de 2003

LÍDERES Y SOÑADORES

Todos sabemos por experiencia propia y por memoria histórica que la vida es más que un sueño. Pero también sabemos -o deberíamos saber- que los sueños proporcionan vida, enriquecen la vida y ayudan a vivir. Por eso podemos decir con razón aquello de que “la vida es sueño” y que “los sueños son vida”.

Una de nuestras principales misiones -tal vez, la más prioritaria- es proporcionar sueños a la gente y, después, hacer que esos sueños se conviertan en realidad. Debemos ser capaces de convencer a los demás de que compren lo que nosotros queremos vender y debemos ser capaces de ofertar lo que ellos sueñan poseer.

No se trata de ninguna elucubración. No es más que la aplicación de la ley de la oferta y la demanda. Hay que saber conjugar perfectamente estas dos coordenadas. Necesitamos ofertar productos que respondan a sus sueños y necesitamos crear sueños con nuestros productos.

Hoy más que nunca la gente compra para ganar una identidad y sus compras le indican a qué determinado sector social quiere pertenecer. El verdadero poder comercial es el que proporciona sueños a la gente. Sueños que despierten su ilusión, su emoción, que les hagan reaccionar. Por eso es tan importante poder llegar a saber cómo proporcionar estos sueños a nuestro entorno. No olvidemos que un negocio es como un espectáculo y cuanto más contentos salgan los espectadores, más fructífero resultará el negocio.

Ceder el testigo
También en nuestro mundo joyero corren hoy nuevos aires. Los líderes clásicos tienen que ceder el testigo a los que vienen empujando con fuerza, creando, impulsando y convirtiendo en realidad esos nuevos sueños. De ellos es la responsabilidad, basada siempre en la búsqueda de conocimiento del sector. Son los nuevos líderes, capaces de hacer cambiar el rumbo de nuestras empresas.

En nuestro competitivo mundo el liderazgo es cuestión de inteligencia y de conocimientos, aplicados siempre a una praxis operativa. Se trata de saber mantener y potenciar el flujo de la atención. Se trata de dar sentido a todas y cada una de las facetas de nuestra actividad. Nuestro campo de atención necesita ser liderado en cada momento. En cada instante hay que estar dando el pistoletazo de salida.

Hay que saber responder con agresividad y agilidad a todo tipo de demandas de los consumidores. Productores, proveedores y clientes deben estar integrados en un proceso unificador. Si queremos devolver al sector joyero el prestigio perdido en los últimos años, debemos averiguar donde se detiene o rompe la cadena. De lo contrario, estaremos dando palos de ciego y quemando nuestras energías en balde.

Después de muchas horas de análisis, coloquios, de conversaciones, de jornadas de estudio, no somos pocos los que hemos llegado a detectar fallos garrafales en nuestros sistemas de distribución. Sistemas, en muchos casos, lentos y obsoletos, impropios del tercer milenio e incapaces, por tanto, de crear sueños y de dar rápida respuesta a esos sueños. De verdad creemos que aquí hay un problema grave. Y urge hacerle frente. Si somos capaces de poner remedio a la problemática de la distribución, estaremos solucionando uno de los problemas más acuciantes de nuestro sector.

Salgamos, pues, de la monotonía. Dejemos a un lado ese “siempre se hizo así”. Los tiempos han cambiado y cambiarán todavía más. Soñemos y hagamos soñar. Pero no para andar por las nubes sino con los pies bien apoyados en la realidad.

Hoy, más que nunca, necesitamos líderes soñadores. Hoy más que nunca necesitamos soñar y hacer soñar. Necesitamos líderes que sepan crear sueños. Pero también necesitamos líderes que sepan dar respuesta con celeridad a esos sueños de la gente. Las demandas de los clientes no pueden aguardar.

Si no queremos que otros se nos adelanten, necesitamos llegar los primeros. No podemos viajar en burro o en camello, ni siquiera sobre cuatro ruedas. Ha llegado la hora de ser más veloces que el sonido y que la luz. Las técnicas modernas nos posibilitan esa presencia inmediata en cualquier punto del planeta. ¿Por qué no las utilizamos más y mejor?

Hasta los especialistas han podido comprobarlo de forma estadística. En un reciente estudio llevado a cabo con más de 600 personas los psicólogos han constatado que las más positivas vivían 7,5 años más que las pesimistas. Encarar el día a día con una sonrisa parece hacer tanto o más efecto que combatir el sedentarismo o dejar de fumar. Y, si eso ocurre.

domingo, 23 de febrero de 2003

GLOBALIZANDO MENTALIDADES, DIVISIÓN DE OPINIONES

A pesar de que el tiempo corre muy veloz, la palabra globalización sigue estando de moda y sigue provocando división de opiniones, a veces enconadas. A menudo oímos hablar de globalización como si fuese una promesa segura y una patente indudable de nuevas oportunidades y de ilimitadas posibilidades. Y a menudo también oímos hablar de ella de una manera crítica, furibunda, e incluso airada. Aunque a fuerza de sinceros, hay que reconocer que la mayor parte de estas críticas negativas no van dirigidas directamente contra la globalización en sí sino contra determinadas maneras de entender y llevar a la práctica la globalización.

Queramos o no y sea cual sea nuestra opinión personal, lo cierto es que muchos de los fenómenos sociales que nos afectan y muchos de los problemas que nos acucian, sobre todo en el campo comercial, mantienen una estrecha relación con esa realidad polivalente llamada globalización. Por eso seguimos hablando de ella. Y por eso tendremos que seguir hablando de ella.

El mundo ha cambiado y sigue cambiando a pasos agigantados. Las novedades llegan raudas. Los problemas a los que tenemos que hacer frente o son nuevos o se nos presentan bajo estructuras nuevas o se manifiestan con un grado de interrelación y complejidad inusuales e inusitados.

La necesidad de nuevos planteamientos
Todo esto exige de nosotros una reflexión nueva y unos planteamientos diferentes. La manera actual de enfrentarse a estos problemas nos sitúa ante la necesidad ineludible de abrirnos a nuevos parámetros. No podemos permanecer impasibles. No podemos anclarnos en la rutina ni dedicarnos a esperar pasivamente a que amaine el temporal. Eso sería condenarnos al más rotundo de los fracasos. Es ley de vida ²o renovarse o morir². No queda otra alternativa.

Nuestro mundo, el de cada uno de nosotros, se ha ampliado. Ya no se trata de nuestro pequeño mundo, limitado y delimitado, ceñido a unos parámetros muy concretos y reducidos. Hoy todo lo que nosotros hacemos y todo lo que acontece en nuestro entorno cercano influye en otro lugar distante. Y, al revés, todo lo que sucede en cualquier punto lejano del planeta, repercute en nosotros y e nuestro entorno. En este sentido alguien escribió con razón que 'todos los hombres y mujeres compartimos la biosfera como espacio común e interconectado'.

Nuestro mundo de hoy es plural y pluralista. En él convivimos personas que pensamos de manera distinta, procedentes de distintas tradiciones socioculturales e, incluso, ideológicas. Y nuestro gremio –nuestro querido gremio joyero- no es ajeno a esta realidad. Aunque navegamos en el mismo barco y, a grandes rasgos, todos sabemos el rumbo que debemos llevar para poder llegar a la meta. No siempre estamos de acuerdo en las medidas que debemos adoptar ni en los instrumentos que debemos usar. Y no cabe la menor duda de que esto complica la solución de los problemas comunes.

Un punto de partida
Por eso resulta tan urgente intentar ponernos de acuerdo en lo mínimo, en lo elemental, en lo básico. Es el punto de partida para poder iniciar un proceso eficiente y eficaz que nos lleve a programar el hoy con perspectivas de mañana.

¿Cuál es ese punto de partida?. ¿Cuál puede ser ese mínimo elemental?. Pienso sinceramente –y así lo manifiesto por escrito- que nos urge comenzar por lo que podríamos llamar globalización de mentalidades. Si, necesitamos salir de nuestra rutina y adoptar todos y cada uno una mentalidad acorde con los tiempos en que nos ha tocado vivir. Necesitamos abandonar nuestro costumbrismo mercantil y adaptarnos a las estructuras actuales. En una palabra, necesitamos actualizarnos nosotros y actualizar nuestras empresas.

Mientras no seamos conscientes de esta necesidad, mientras no nos decidamos por cambiar de mentalidad, todo lo que hagamos serán parques o remedios que a la larga –y también a la corta- no conducen a nada. Sólo globalizar mentalidades, seremos capaces de aunar esfuerzos para avanzar.

SOLO LA IMAGINACIÓN TIENE LA RESPUESTA

En tiempos de crisis hay un componente de cualquier negocio que pasa de ser un actor secundario de la vida empresarial a ocupar el protagonismo de la historia. La imaginación, se podría decir que siempre ocupa un lugar preponderante, y en algunos casos es verdad. Las grandes empresas crecieron a fuerza de imaginación, además de capital, administración sensata, marketing adecuado y otros de los múltiples componentes de los negocios. Pero, en tiempos de bonanza, es posible pasarlo bien sin mucho esfuerzo echando mano de la nunca bien ponderada prudencia. Sobrevivir es vivir sobre la vida, flotar sobre ella al amparo de una situación que contribuye a una calma sensación de prosperidad.

En los días que corren (y parece que también en los que se avecinan) no parece que la situación se preste a que nadie descanse sobre ella. En fin, “¿Qué pasará?” es una pregunta constante a la que muy pocos se animan a responder. Es natural, ante la incertidumbre sólo la imaginación ofrece una respuesta.

miércoles, 5 de febrero de 2003

EL TIEMPO APREMIA

Decían los clásicos que el tiempo es la medida de todas las cosas. También se suele decir que el tiempo da y quita razones. Y es cierto. Por eso, ante la cruda realidad que está viviendo nuestro sector, no podemos quedarnos en lamentos diciendo que “aquel tiempo nunca volverá”.

Aquí no valen caras de circunstancias, decía Shakespeare. Todas las cosas hieren y la última mata. Aquí solo vale una reacción a tiempo, un cambio de rumbo urgente, una adaptación a los nuevos tiempos con suma celeridad.

Lord Melbourne manifestó un día su incomprensión a la moda de llevar un reloj encima. No veía la razón de tan incómoda máquina. Decía: “Cuando quiero saber la hora, se la pregunto a un criado y él me dice la que le da la gana”. Hoy nos reímos con tamaña simpleza.

El tiempo es una fuerza avasalladora que no tiene normas. O, si las tiene, no las respeta. Nosotros somos relojes biológicos. Pero, con más frecuencia de la debida, vivimos equivocados. Pensamos que el tiempo pasa. Y resulta que los que pasamos somos nosotros. Los ciclos se cumplen con nuestro paso por el tiempo.

Nuestro sector se está acostumbrado a vivir contando las horas y los días. Y es muy probable que el tiempo sea la peor compañía. Volver la vista atrás y esperar que aquellos tiempos gloriosos del pasado vuelvan, no es la mejor solución. Aunque el tiempo volviera -cosa imposible-, nosotros ya habríamos pasado. Es algo que no tiene vuelta.

Entrar en la ola de la moda
La solución está en el futuro. Hay que dar una vuelta al timón y entrar en la ola de la moda. Conozco algún fabricante de zapatos que se dio cuenta de que su distribución no podía ceñirse a vender zapatos en zapaterías sino en tiendas de moda. Y el resultado ha sido multiplicar por muchos enteros su producción. Necesitamos darnos cuenta de que cada día aumenta el número de clientes que necesitan salir completamente equipados de esos locales que tan bien han entendido qué es lo que el cliente desea. Aquí no valen las cuentas de la lechera. Aquí no valen parches. No me cansaré nunca de decirlo: el cliente sabe muy bien lo que quiere.

Veinte mil detallistas de joyas y relojes esperan el paso del tiempo. Estoy completamente seguro de que a menos de un par de miles -siendo generoso- este paso del tiempo les va a ser favorable o beneficioso. Al resto no les queda otra opción: o giro a toda vela y cambio de rumbo o el rumbo los llevará a mal puerto.

Las marcas importantes lo saben. Por eso seleccionan muy bien su distribución. Es más, incluso montan su propia distribución solapada o en paralelo. Están adaptándose al tiempo y a los tiempos.

A los que no quieran actuar así, a los que prefieran seguir anclados en la rutina, aguardando pasivamente a que el paso del tiempo les mejore el rumbo, les quedan pocas esperanzas. Si logran sobrevivir, si logran llegar a puerto, será como náufragos desnudos e indefensos.

No quiero terminar sin repetir lo que decía al principio: aquí solo vale una reacción a tiempo, una adaptación a los nuevos tiempos. Las meditaciones trascendentales, los ejercicios espirituales sólo son buenos si desembocan en un cambio de rumbo. El tiempo certificará que llevo la razón.

viernes, 10 de enero de 2003

SER DIFERENTES

Sé tú mismo dijo el sabio. Y ésta es la principal tarea existencial de cada persona.

Aunque todos somos iguales, también todos somos distintos. Cada uno tenemos nuestro potencial diferenciador que es necesario explotar.

En un mundo tan competitivo como el nuestro, ser diferente es la clave. Nuestro sector depende de gente que tiene ideas, que sabe planificarlas y que quiere llevarlas a la práctica.

Esta exclusividad -esta personalidad comercial, diría yo- proviene de elementos muy variados, ideas, lógica comercial, marketing, formas de trabajar, etc. Para triunfar hay que tratar de ser diferentes en algo, o si se puede, en todo. Hay que hacer algo distinto a lo que hacen los demás. En la diferencia y con la diferencia puede llegar el éxito. Sí no somos diferentes de los demás, solamente veremos lo que ellos ven y sólo oiremos lo que ellos oyen. Las ideas serán las mismas y nuestros productos será iguales a los suyos. Y esta normalidad, esta vulgar monotonía puede llevarnos a una abulia y a una apatía incurables, que desembocarán en un estrepitoso fracaso o en una total bancarrota.

Claro que para adquirir esta personalidad comercial propia es necesario aceptar y correr riesgos: riesgos empresariales y riesgos personales. Ya lo dice el refrán: el que algo quiere, algo le cuesta. Tampoco aquí es posible nadar y guardar la ropa.

Estamos en la era de la abundancia y de la velocidad. Las novedades duran muy poco. La capacidad de copiar es enormemente rápida. La rutina es muy contagiosa. La tecnología moderna hace que las empresas se parezcan cada vez más. Todos se inspiran en los mismos libros, en los mismos canales de comunicación, en la misma red. Las empresas son clones. Se parecen cada vez más.

Capacidad imaginativa
Sólo hay una manera de ser diferentes: tener imaginación para generar nuevas ideas, nuevos proyectos. Debemos basar el éxito de nuestra empresa en la constante innovación. Necesitamos capacidad imaginativa para generar nuevas emociones. Hay que competir con los sentimientos y la fantasía. Hay que llegar al corazón. En la vida no todo es materialismo, no todo son valores crematísticos. La gente tiene necesidad de poesía, de arte, de desarrollo emocional.

Hay quien afirma que la emoción y la imaginación son el camino hacia el futuro. Es urgente que busquemos la satisfacción personal del consumidor de nuestros productos. Al cliente hay que atraerlo emocionalmente. No basta con ofertar sin más. Hay que saber llegarle al corazón, al alma.

Cuando una mujer compra una barra de labios, unas gafas o una joya, no compra el producto físico. Compra la esperanza de que alguien le diga que está más guapa. Si nos lanzásemos a hacer una encuesta preguntando a la gente porqué adquiere un producto concreto, nos llevaríamos enormes sorpresas. Las respuestas serían muy diferentes de lo que el vendedor está esperando o imaginando en esos momentos.

En esta creación de emociones influyen muchos elementos pero especialmente la marca. Porque la marca es algo que da confianza y seguridad, sin olvidar el reconocimiento y el prestigio social que conlleva.

Un gran patrimonio
Todos los productos pueden y deben tener una marca. La marca es como su patente. Pero es también un potenciador de sentimientos, de ilusiones. En cada marca puede y debe estar la fuente y el origen generador de esas vivencias y esos sentimientos íntimos. Una empresa con marca, aunque en un determinado momento se quede sin bienes materiales, tendrá siempre un gran patrimonio: el valor de su marca. ¿Saben cuánto vale Coca-Cola? Dicen algunos que seis billones de euros.

En nuestro sector todos deberíamos hacer un análisis y preguntarnos: ¿Cuánto vale nuestro negocio sin ninguna pieza física en los almacenes? Si sólo dependemos de los stocks almacenados, puede que nuestro futuro no sea nada halagüeño. Nuestro potencial debe radicar en otras cosas...
Las ideas, las ilusiones, la creatividad son el motor que nos puede catapultar hacia un mañana de horizontes abiertos. Por eso, en medio de esta nebulosa que nos asfixia, no debes buscar fuera lo que está dentro de ti. Trata de ser tú mismo. Explota al máximo tu propio potencial diferenciador.