De una cosa por lo menos el sector empieza a estar seguro: “A darse cuenta que ya nada volverá a ser igual”. Pero nos hace falta valor y confianza en nosotros mismos, nadie nos va a venir a sacar las castañas del fuego. Si queremos comer alguna, tendremos que chamuscar algo nuestros dedos. Nuestra situación no es única. Hemos de suspirar por los logros que nos faltan alcanzar.
Esto es mucho más importante que la revolución industrial de los 60.
Tenemos que actuar como decía el profesor James: Para desarrollar el valor cuando estemos frente a un auditorio, procedamos como si lo tuviéramos.
Nos falta confianza en nosotros mismos, pero no nos podemos ocultar detrás de fantasmas del pasado. El nerviosismo y la duda no pueden ser nuestro aliado. Siempre se ha dicho que la mejor defensa es el ataque. ¿A que estamos esperando? Salgamos al encuentro, dejemos de criticar y pongámonos a actuar. El que lo hace ya está obteniendo resultados.
La revolución tecnológica está penetrando también en nuestro sector, pero no luchemos contra ella, cojámosla de la mano y cortejemos con ella a nuestro cliente. Seguro que cada uno sabe como sacarle partido para resolver ese problema que pensamos es individual. Hay que confiar en la inspiración del momento, pero el camino más seguro para llegar a la inspiración es la preparación ¿Quién mejor que el joyero domina el tema de la joyería? O el vendedor de la venta?
Para tener confianza hay que recurrir a aquello que la produce. El amor perfecto destruye al miedo. Preparémonos que la hora ha llegado y para prepararse hay que reunir pensamientos propios, ideas propias, convicciones propias y necesidades propias. Tenemos que saber que toda nuestra vida profesional y natural está llena de sensaciones y experiencias.
Una buena preparación significa pensar, considerar, recordar y escoger de estas sensaciones y la experiencia lo que mejor nos parezca, pulirlo todo, forjarlas y tejerlas unas con otras. Tenemos que empezar a colocar varios sobres, poner una idea en cada uno y meter en él todos los temas que correspondan a esa idea y luego tratar de juntarlas para llegar al final.
No, no me he vuelto loco. Solo realista y veo el final del túnel muy cerca. Me gustaría que todos llegáramos a salir de él. Se me antoja difícil pero no imposible.
jueves, 7 de octubre de 2010
Sensaciones y experiencia
martes, 5 de octubre de 2010
Su punto de apoyo
Ha comenzado el curso y tenemos que aplicarnos desde el primer día. Iberjoya fue el pistoletazo de salida. A unos les fue bien, a otros regular y a otros mal. ¿De quién es la culpa? Todos tenemos parte de ella, pero las lamentaciones ya no tienen valor, los hechos, las realidades, los fracasos y los triunfos han de preverse. La campaña navideña ya está a la puerta. Nuestros detallistas están sin género o con un género desfasado. Ellos no son nuestros clientes, sino el puente para el público final; de todos depende que este año sea mejor que el que pasó. Pongámonos manos a la obra ahora, tanto los que expusimos en Iberjoya como los que han preferido esperar. El tiempo pasa y no vuelve. Luego no nos lamentemos. Hay fórmulas y formas para poder desarrollar el trabajo con éxito…, al menos con mayor éxito que en campañas anteriores. Grupo Duplex es un punto de apoyo para ello. Estamos puntualmente en todos los puntos de venta a principios de cada mes con Contraste, cada dos meses con Duplex Press, la alta joyería tiene su escaparate en Arte y Joya, y la Guía Duplex una vez al año hace de directorio del sector y aviso de información privilegiada. Nuestro equipo humano está día a día pensando y trabajando para que usted venda más. Aprovéchelo. Muchos de sus compañeros ya lo están haciendo y recogiendo sus frutos. El próximo Contraste será el nº 132 (Noviembre) y Duplex Press será el nº 90 (Noviembre-Diciembre). Esperamos su reserva de espacio, y para agilizar la comunicación dénos su e-mail para posteriores y rápidas comunicaciones.
viernes, 1 de octubre de 2010
El valor del silencio
Los nipones predican con los gestos más que con las palabras y en España tenemos unos maravillosos refranes que nos animan a practicar el sano ejercicio del silencio: “Quien no habla no yerra”, “Asno callado por sabio es contado”, “Quien oye y calla consigo habla”…
Ya lo decía Séneca: “No hay nada tan provechoso como estarse quieto y hablar lo menos posible con los demás y lo más posible con uno mismo”. También el budismo invita a valorar el silencio como una forma de comunicación que desgraciadamente hemos perdido en Occidente.
El silencio nos incomoda, y preferimos llenarlo de palabras vanas sin objetivo ni fin, porque, en el fondo, tenemos miedo de reencontrarnos a solas con nosotros mismos y con ciertos aspectos de nuestra forma de ser que no nos agradan.
Entre los derechos fundamentales, el de la libertad de expresión ha ocupado un papel determinante dentro de las reivindicaciones sociales del pasado siglo. Y por la justa senda que ha labrado, también se han colado parlanchines que han arengado con sus mítines a la multitud enfebrecida. Y sus promesas luego han quedado en eso, puras promesas, que no se llevó el viento, pero sí el tiempo.
En este nuevo siglo que comenzamos a transitar es de esperar que el derecho a expresarse libremente se convierta de forma definitiva en una conquista humana reconocida constitucionalmente en todo el mundo. Obtenido esto, nuestra razón de ser, como humanos, es la evolución.
En esta evolución, comenzamos a percibir el valor de otro tipo de comunicación que también debemos ejercer en libertad y con respecto a los demás. Una comunicación que no necesita de palabras ni letras. Una comunicación que quizá perdimos en el devenir cotidiano de nuestra historia y que nos exige del silencio para reencontrarla.
En el planteamiento filosófico más arraigado en la cultura occidental donde nace una necesidad surge un derecho, y ahora comenzamos a tener necesidad de una reconstrucción sensorial. Y aunque nuestros cincos sentidos están un tanto oxidados por la falta de uso, hemos de esforzarnos que todos ellos cooperen armoniosamente en la percepción del mundo que nos rodea y de nuestro propio yo.
Tenemos que saber conectar con las emociones. Hay que vivir como se siente y no como se piensa. No se le puede negar a la vida lo que el corazón le pide. No se trata de analizar las decisiones importantes, sino sentirlas.
Tenemos que recrearnos en las sensaciones, abrir nuestros pulmones, ojos, oídos, boca, tacto y corazón al amanecer del nuevo día, a la sonrisa de un niño, a la caricia de la persona amada y al pulso diario de nuestro trabajo.
Les animo a que practiquen. Comprobarán que muchas veces las cosas son distintas a como nos las contaron y, a su vez, nosotros contamos a otros verbalmente.
