martes, 6 de junio de 2006

UNA NUEVA CULTURA

Entre las muchas acepciones que tiene la palabra "cultura", hay una que hace referencia directa a las "motivaciones predominantes a la hora de actuar", a la hora de tomar decisiones, a la hora de optar por determinadas formas o de satisfacer determinadas necesidades. ¿Cuál es, pues, la cultura del sector, de nuestro sector? ¿Cual es la cultura del joyero? ¿Cuál es su rol operativo? ¿Cuál es el móvil por el que se mueve en nuestra cambiante sociedad? ¿Existe una cultura monocorde y monolítica o estamos sometidos a los avatares que la historia nos depara? ¿Cómo nos situamos frente a ellos?...

Se suele afirmar -y con razón- que antiguamente en el sector joyero prevalecía una cultura de inversión. La gente compraba joyas para invertir, para capitalizar de manera segura y rentable, para dejar en herencia. En definitiva, la gente compraba joyas por el valor que la joya en sí representa. Hoy no podemos decir lo mismo. Por eso tenemos que formularnos algunas preguntas: ¿Cuál es la cultura que prevalece, si es que hay alguna? ¿A qué tenemos que atenernos? ¿Hacia dónde nos encamina el futuro?

Otras motivaciones
Lo que está claro es que los tiempos han cambiado. Hoy las motivaciones para invertir en joyas no son las mismas que hace unos años. Se suele decir, por ejemplo, que la mujer de hoy no invierte sin más. Con bastante frecuencia, la mujer de hoy se autopremia por los logros propios, ya sean reales o atribuibles. Y las joyas son para ella una manifestación palpable de sus triunfos personales y sociales. Por eso adquiere joyas no tanto para invertir cuanto para manifestar y potenciar su status personal y social.

Otra cosa a tener muy en cuenta es que hoy los consumidores de joyas no son monocordes. Proceden de diferentes actividades y de los más diversos sectores. Adoptan múltiples y variadas formas de ser... Sin embargo, en todos ellos destaca una característica común: se adaptan a cada situación momentánea. Por eso les gusta tanto cambiar, acoplarse a las exigencias de cada momento y de cada circunstancia. Con otras palabras, el comprador de hoy -y todos somos compradores- es exigente y polivalente. Cada uno de nosotros se constituye y es casi un factor de permanente cambio. Buscamos raíces, orígenes, conceptos, unión con el entorno que nos rodea. Somos exigentes y espontáneos, pero tambien volubles y un tanto caprichosos.

El tiempo nos apremia demasiado a todos.

Objeto de moda
De ahí que la inversión y la seguridad estén dejando de ser referentes en el campo joyero. El valor emocional se convierte así en un referente más importante que el propio valor material. Hoy se valora más un objeto de moda que una auténtica joya y tiene menos riesgo de robo. Hoy se buscan estilos propios y admirados. Hoy se valora mucho más el presente, el momento, la circunstancia concreta. Aquel conocido slogan de “para toda la vida”. se nos ha quedado ya muy atrás. No digo que esté totalmente desfasado. Pero hoy parecen primar y prevalecer otras pautas valorativas, a las que resulta imprescindible prestar atención.

¿Qué nos está indicando todo esto a los joyeros? En una palabra, que nuestro querido sector está necesitado de una nueva cultura. Y la necesita no sólo para la educación del entendimiento, sino como base para una correcta y consecuente actuación en todos los niveles de la vida y en todas las facetas de la existencia.