martes, 7 de octubre de 2008

¿QUIEN DIJO MIEDO?

Que estamos en crisis, ya nadie lo pone en duda. Y que esto no ha hechos más que empezar, es igualmente el temor que nos asalta a los que intentamos ser realistas. Las cosas están así y no hay vuelta de hoja. No podemos ignorar lo que acontece y lo que se nos avecina.

Pero este conocimiento de la cruda y dura realidad, lejos de amilanarlos, lo que tiene que producir en nosotros es una potenciación de nuestras posibilidades innatas. No podemos esconder la cabeza bajo el ala, aguardando pasivamente a que pase el temporal y surja un nuevo tiempo económico, más bonancible. Eso sería un suicidio a toda regla.

Dice el refrán que “a mal tiempo, buena cara”. Pues eso es lo que tenemos que hacer: poner buena cara y lanzarnos con todas nuestras fuerzas hacia delante. Quizá estemos mal acostumbrados. Quizá adolezcamos de de una monotonía comercial que, en determinadas circunstancias, nos ha resultado positiva. Pero hoy no es así. Por eso, no nos vendrá mal recordar, una vez más, que rectificar es de sabios. Sí, rectificar siempre ha sido una postura encomiable.

Y esta rectificación nos tiene que llevar a adoptar posturas muy concretas. Aunque no existan recetas definitivas, hay algunas que pueden aportar una mejoría ostensible. Por eso creo poder afirmar que ante la crisis que estamos padeciendo, una buena receta puede ser ésta: moderación, calidad y servicio.

Efectivamente, no podemos lanzarnos sin más a una aventura de ilusos. Hay que avanzar con moderación, afianzando nuestros pies en tierra firme, para no tambalearnos y caer estrepitosamente. La moderación nos tiene que llevar a actuar con realismo, sabiendo quienes somos y a donde queremos llegar. Se trata, pues, de actuar, no de permanecer impasibles aguardando pasivamente la llegada de tiempos mas bonancibles. Y se trata de actuar con realismo, con objetividad, con firmeza y seguridad.

Este actuar con moderación nos llevará a poner el acento en esmerarnos en la calidad de nuestros productos. La calidad es sinónimo de garantía para el cliente. Un producto sin calidad está condenado al fracaso. De ahí que para hacer frente a las exigencias de un mercado cada vez más competitivo, no nos quede más remedio que esmerarnos en la calidad.

Y si a la moderación y a la calidad añadimos un buen servicio, no me cabe la menor duda de que estaremos poniendo las bases para situarnos en el buen camino. Un buen servicio es siempre una nueva garantía para el posible cliente, un aval que le impulsará a confiar en nosotros. Un buen servicio es, en definitiva, una nueva carta de presentación que potenciará la calidad de nuestros productos, ofertando mayor confianza a la hora de adquirirlos.

Quizá muchos productos que nos están llegando desde el exterior adolezcan precisamente de esto. Nuestros mercados están inundados de productos a los que les falta la calidad más elemental y básica. Y, lo que es peor, ofertan un servicio totalmente deficiente y en muchos casos absolutamente nulo.

Es posible que no podamos competir con ellos en cantidad. Pero sí podemos competir y vencer aportando buena calidad y un mejor servicio. Por eso estos tiempos de crisis, lejos de atemorizarnos o de producirnos temblor, lo que tienen que hacer es impulsarnos a explotar toda esa potencialidad innata que llevamos dentro y que nadie ni nada nos puede quitar.

¡Animo, pues! Manos a la obra y pongámonos todos a trabajar. Creo que es una buena manera de hacer frente a la crisis que estamos padeciendo.

miércoles, 1 de octubre de 2008

HABLANDO DE INTERNET

Pienso que casi nadie discute ya el potencial de Internet en España. Solamente algún que otro profesional de nuestro sector, que quiere vivir de espaldas a la realidad, sigue empeñado en ignorarlo. Y, claro, con esa testarudez es imposible avanzar de manera acorde a las exigencias de los tiempos actuales.

A poco que observemos la realidad que nos circunda, nos daremos cuenta de que Internet ha cambiado todas las formas de relación en nuestro planeta. Se ha convertido en el canal que aglutina y concatena los elementos más dispares, al mismo tiempo que derrumba esas barreras del tiempo y del espacio que hasta no hace mucho se nos antojaban o nos parecían infranqueables.

Hoy en día Internet es el medio de información mayoritario y fundamental a la hora de informarse y de realizar compras, de todos los sectores, también del joyero. Un 90%, según algunos expertos, afirman utilizar Internet para informarse sobre productos, para buscar mejores ofertas o simplemente para comparar precios. La mayoría de productos se los lleva, de momento, el sector hotelero, vuelos, espectáculos, regalos, banca por Internet, etc. Un 50% de encuestas de Internet asegura dedicar sus visitas a la red para temas personales. Y, lo que es mas importante, esa utilización de Internet sigue creciendo, aumentando día a día a pasos agigantados.

Si nuestro sector quiere estar al día, si no quiere perder el tren del progreso, necesita, en primer lugar, ser consciente de esta realidad: necesita saber y conocer la importancia del campo tecnológico. Necesita saber y conocer hasta que punto es importante –yo diría que imprescindible- la operativa por Internet.

Pero no basta con saber y conocer ese campo. Hay que conocerlo, sí. Pero sobre todo hay ponerlo en práctica. De lo contrario nos estaremos privando intencionadamente de todo ese enorme potencial que podríamos estar utilizando a pleno rendimiento.

En este momento extremadamente dedicado en el comercio, en esta época de crisis acuciante, se augura un crecimiento importante en la compra por la red. Entre los distintos canales de distribución y cuando muchos de ellos se han estancado, el que representa mayor crecimiento (casi un 30%) es el de la red.

Evidentemente, Internet no es la panacea que venga a resolver genéricamente todos nuestros males, muchos de ellos endémicos. Pero es un instrumento que está ahí, al alcance de nuestras manos, ofreciéndosenos como esa herramienta imprescindible en los tiempos actuales.

Y no olvidemos que, para sacarle un buen provecho, para dotarlo de la máxima efectividad, necesitamos ponernos en manos de auténticos expertos, de verdaderos especialistas que sepan analizar la realidad de cada empresa para poder así sacarle un óptimo rendimiento.

Como se trata de un canal genérico, abierto a múltiples posibilidades, es necesario segmentarlo, delimitar sus campos y ajustarlos a cada realidad empresarial, definiendo y concretizando bien la población que abarca, el segmento que ocupa, las actividades que contempla y esos otros aspectos específicos que deben ser evaluados en cada situación.

Resumiendo: Internet resulta imprescindible. Pero hay que saber utilizarla. Hemos de saber evaluar cada caso y en cada ocasión. Y eso no puede hacerse a la ligera ni puede dejarse en manos de inexpertos.