viernes, 20 de diciembre de 2002

I + D + I Investigación + Desarrollo + Innovación

Innovar es una forma de vivir. El pensamiento no se detiene. La innovación es una fábrica de sueños. Y, cuando está basada en la inspiración, en la iniciativa y en la imaginación, es una fábrica de realidades palpables y tangibles.

Esta innovación, si quiere ser efectiva y verdadera, no puede afectar solamente a la tecnología. Atañe a toda la empresa y a todos los campos en los que la empresa se mueve. En todos ellos tenemos que estar siempre innovando: en el diseño, en la forma de fabricar, en la manera de vender, en el estilo de exponer el producto... hasta en la estrategia de la propia empresa.

Innovar es también escuchar a los clientes, sopesar sus ideas, tener en cuenta sus puntos de vista. Necesitamos analizar lo que los clientes quieren. Y, en este terreno, os puedo asegurar sin riesgo de equivocarme, que todos quieren lo mismo: lo mejor y al menor precio.

Por eso, a la hora de innovar, debemos hacerlo con inteligencia. Es necesario ser creativos pero con cerebro. El cerebro gana siempre a la fuerza bruta. Hay que hacer estudios de mercado. Al cliente hay que escucharle y saber lo que necesita. La base –el ABC- de la innovación radica precisamente ahí.

En este terreno y hoy más que nunca todos somos necesarios. Todos debemos encarnar el cambio que necesita el sector. Todos debemos jugar nuestro papel. Y debemos hacerlo colectivamente, como grupo definido. Es la unión la que hace la fuerza. Es la unión la que nos hará notar. Es la unión la que potenciará nuestra presencia en medio de esa alocada vorágine que nos invade por todas partes y que nos quiere robar hasta el aire que respiramos.

Movilizar fuerzas no es sencillo. La gente no es obediente como antes. Todos tenemos vocación de francotiradores y preferimos hacer la guerra por nuestra cuenta. Nos cuesta reconocer que ninguno poseemos toda la verdad ni tenemos toda la razón. Además, siempre será verdad aquello de que “cuatro ojos ven más que dos”. De ahí que necesitemos compartir inquietudes y aunar esfuerzos en un objetivo común, aunque cada uno sigamos utilizando los medios que consideremos más efectivos, más provechosos y más eficaces.

Observemos algo que está aconteciendo ahora mismo. Muy probablemente este año se van a vender más relojes que nunca. Una buena parte de nuestro sector se va a ver beneficiada de la enorme competencia televisiva e impresa que se está desarrollando. Ya no es una marca de relojes. Son muchas las que están realizando fuertes inversiones en publicidad. Y esto, sin duda, beneficiará al sector, al menos al relojero.

Ya no se trata exclusivamente de los clásicos Omega, Rolex, Longines y alguno más. Viceroy, Sandoz, Lotus, Festina, Time Force, Breil y otros muchos han apostado por lanzar grandes campañas promocionales. Y ello redundará en un incremento de ventas globales.

Son marcas que están irrumpiendo con fuerza en el mundo de la moda, del complemento. Parece que, al fin, alguien en nuestro sector se está dando cuenta de que los tiempos han cambiado. Parece que, al fin, alguien ha caído en la cuenta de que nuestra juventud –y también la que ya no lo es tanto- no valora exclusivamente el material con el que está fabricado el producto. Hoy se tienen muy en cuenta otros aspectos muy subjetivos y vivenciales, como pueden ser la moda, el diseño y la marca.

¿Que esto no son joyas en el pleno sentido de la palabra?. Puede que sea verdad. Pero entonces tendremos que comenzar a analizar el verdadero sentido y la razón de ser del joyero. Y tal vez descubramos la necesidad ineludible de clarificar un poco nuestro querido sector, poniendo nombres y apellidos a cada rama y tratando de buscar el camino adecuado en cada parcela.

Creo sinceramente que éste es el apasionante reto que nos aguarda, nuestra asignatura pendiente. Estamos, nada más y nada menos, que ante nuestra razón de ser y de existir.