lunes, 19 de noviembre de 2001

La creatividad

La capacidad de asombro, la curiosidad, la intuición son requisitos fundamentales para ejercer bien el periodismo. Y si el periodismo es -debería ser- creativo, la imaginación y la capacidad de autoreflexión y espontaneidad también juegan un papel altamente significativo y relevante.

Cuando el periodista tiene intuición es capaz de crear artículos de comunicación que penetran en el lector, que impactan, que dejan huella.

Los alardes técnicos que nos han presentado las nuevas tecnologías, han causado asombro y han penetrado en la sociedad hasta tal punto que las expectativas levantadas nos llenan ahora de dudas y preguntas. ¿Qué está pasando?. ¿Son tan buenos estos inventos tecnológicos que nos han transmitido?. ¿O simplemente son frutos imaginarios de excelentes periodistas y creativos de textos?. Hay quien dice que son tan buenos que, si no existieran, los tendrían que inventar.

Hay quien considera Internet no solo como una plaza comercial universal, sino como una gran oportunidad de poner a prueba un nuevo modelo en el mundo de los negocios.

Las operaciones del futuro van a requerir, además, de mucho tacto y de mucho talento creativo e imaginativo, pero real. Dejar volar la imaginación en la creatividad es fundamental. Pero siempre con base y fundamento palpable.

La creatividad y la tecnología tienen que unir su esfuerzo en torno a un objetivo común. Y entre ambos debe haber un hilo conductor común: la publicidad, que es la que debe hacer llegar el producto al consumidor final.

Conocer el producto por parte del creativo de textos y del creativo gráfico sirve para interpretar la armonía y la sencillez de penetrar en las mentes consumistas.

Un buen comunicador creativo debe conocer las etapas del hombre y a quién debe dirigir el producto. Debe saber que a los 18-20 años se prefiere la tragedia, a los 40 años la comedia. Debe saber que en todas las etapas de la vida hay momentos alegres y bonitos. No vale pensar que la juventud es la única etapa bonita.

Sabemos que la adolescencia es complicada y que cada uno aprende más a vivir en épocas determinadas de la vida. Pero, por lo general, la mayoría aprendemos a vivir después de los 35-40 años. La vida es dura y es, a partir de esa edad, cuando le coges el punto y la empiezas a tratar. Sin olvidar nunca que la vida, toda la vida, es un continuo aprendizaje.

Cuando un creativo está centrado, sabe que todas las culturas dejaron huellas profundas y diferentes. De la cultura griega a la romana hay un abismo; pero de todas debemos extraer lo positivo. Del cristianismo se dice que trajo la ternura. Pero hay quien opina que quitó el placer de vivir con los sentidos. Algunos opinan que con Velázquez llegó la luz y la selección de materias y formas.

Recordemos que, según opina Adolfo Domínguez -tal vez nuestro más famoso creativo de moda- no hay estilos; hay resultados. Dice que con cualquier estilo puedes hacer algo sublime. Las soluciones son sencillas, minimalistas. Pero, sigue opinando, lo sencillo no es sinónimo de aburrido.

Los productos deben tener funcionalidad, uso, comodidad. Estos conceptos se deben transmitir a la joya, que es lo que nos mueve en nuestro campo de creación. ¿Por qué una buena joya no puede ser funcional, cómoda y útil?.

Si los creadores de producto tienen propuestas, los creadores de textos deben saber tener propuestas de comunicación. El texto -literal o gráfico- resulta un vehículo imprescindible para unir al creador-productor con el consumidor-cliente.

Para terminar, una vez más quiero recordar algo que, por elemental y simple, solemos olvidar con frecuencia. El éxito no consiste en querer vender lo que se fabrica, si no en fabricar lo que el público demanda en todo momento.