Se cierra el año, y para muchos el siglo y el milenio, pero no algunos de los temas que han preocupado al sector en estos 365 días y que han ocupado muchas de las portadas de CONTRASTE. A la hora de hacer recuento del tiempo pasado y ordenar los propósitos para el venidero, la joyería vuelve a topar de nuevo con la misma piedra que lleva obstaculizándola en los últimos años: la inseguridad. Pero las expectativas parecen aclararse. Hay un atisbo de esperanza y quizá, con más optimismo que hechos tangibles, puede esperarse que el 2000 signifique, sino el carpetazo, al menos una vuelta de timón eficaz en la erradicación de la siniestralidad.
Más que curioso, es expresivo que el número de CONTRASTE de enero de 1999 abriera en portada con “Robos en joyería” y el número de diciembre lo haga con una manifestación de los joyeros madrileños, cansados ya de sufrir en silencio la oleada de robos y atracos. ¿Algo ha cambiado?. Sí. Qué el sector ha dicho públicamente basta, que los medios informativos han cubierto profusamente esta triste realidad y que a los poderes públicos no les ha quedado otro remedio que mostrarse, al menos, mínimamente receptivos a dicha problemática. En definitiva, que este año que ahora se nos va de las manos, también ha servido para algo y que sus buenos frutos pueden recogerse en el que está por venir.
En otro orden CONTRASTE también ha vivido y ha sido reflejo del protagonismo del oro, su espectacular remonte alcista y las consecuencias de ello en los mercados. Tampoco han faltado en nuestras páginas aspectos puntuales que afectan al sector, como es la problemática europea en el aspecto de los punzones –fuimos los primeros en anunciar los procedimientos de infracción iniciados por la Comisión Europea contra aquellos Estados que no reconocen la equivalencia de sistemas de análisis y punzón por laboratorios autorizados de otros países- o las intervenciones policiales en tiendas requisando relojes. En definitiva, CONTRASTE ha seguido mes a mes las vivencias del sector y ahora se prepara, como él, para iniciar la andadura del 2000.
Compartiendo penas y alegrías, intentando mejorar en cada número para que los lectores hallen en él una herramienta eficaz. Sólo nos queda desear ahora que los esfuerzos de todos obtengan su justa recompensa.
La publicidad, una inversión muy rentable
Un producto no vive eternamente de recuerdos, ni aunque ese producto tenga un gran valor. Ser fiel no significa que sólo utilicemos esa marca, sino que siempre será la primera en nuestra memoria.
La publicidad, una inversión muy rentable
Un producto no vive eternamente de recuerdos, ni aunque ese producto tenga un gran valor. Ser fiel no significa que sólo utilicemos esa marca, sino que siempre será la primera en nuestra memoria.
Todos los que lean este artículo seguro que se preguntarán qué pueden hacer para mejorar el producto y vender más. Para vender más hay que saber porqué la gente compra cosas. Hay que invertir en mejorar y en comunicar. Si un producto es bueno, la publicidad puede hacer el resto.
Analicemos nuestro producto. Si es bueno, pronto tendrá réplicas. Potenciémoslo y démoslo a conocer. Entre todos abriremos la mente del consumidor.
Los productos tienen un ciclo de vida: nacen, crecen y.... Hay productos centenarios y productos de corta vida. En nuestro sector esto es evidente. Basta con ver la realidad.
Nuestro producto es la joya. Y toda joya tiene varios ciclos de vida: introducción en el mercado, crecimiento, madurez y declive. Pero no todo se pierde. Aunque el valor sentimental o de diseño puestos en la pieza también juegan un importante papel, la joya tiene siempre un valor material. Y, además, es susceptible de transformaciones.
El origen del producto juega un papel muy importante. En el vino, los viñedos. En la joya, los diseños. A la hora de hacer publicidad este punto juega un gran papel. Con el origen podemos ayudarnos a construir una marca, un slogan, un logotipo. Y dentro del origen habrá que tener en cuenta no sólo la materia prima sino también la creación artística.
El diseño y la elaboración contribuyen a potenciar su valor innato. Sólo de la suma de todos estos elementos, resultará una auténtica joya.
El paso inmediato será darla a conocer, introducirla en el mercado, provocar la necesidad de su adquisición. Y es aquí, precisamente, donde la publicidad- la buena publicidad- desempeña un papel insustituible, totalmente necesario. La publicidad –la buena publicidad- nunca es un gasto superfluo. Siempre es una inversión rentable. Por eso, como decía antes, hay que invertir en mejorar el producto. Pero hay que invertir también en comunicar, en darlo a conocer. Si el producto es bueno, será la publicidad la que haga el resto.
La empresa tiene varios métodos para transmitir sus novedades a los compradores. La publicidad es uno de los más conocidos. Y, además, es imprescindible y prioritario.
Ahora bien, cuando hablamos de publicidad no olvidemos que es difícil medirla y controlarla en baremos económicos inmediatos. Lo interesante sería poder comparar el coste o la inversión publicitaria con los resultados obtenidos o con los beneficios de la empresa. Pero esto es una tarea casi imposible.
Lo ideal es comprobar la eficacia de la publicidad midiendo objetivos propios de la comunicación: su alcance, su fuerza, su impacto, su seriedad, su vigor y solvencia, su capacidad operativa, su calidad...
Para contratar empresas de publicidad debemos contar con especialistas que analicen el desarrollo de las ideas y sepan utilizar los medios de comunicación adecuados.
Es cierto que la publicidad es un arma muy valiosa. Pero también es cierto que ella sola no puede garantizar el éxito de una empresa. Por eso las campañas publicitarias deben estar coordinadas y tener claridad de objetivos.
Un producto, por muy bueno que sea, no se vende solo. Hay que darlo a conocer. Hay que saber despertar en el consumidor potencial la necesidad inmediata de adquirirlo. Sin publicidad el éxito no existe. Invertir en publicidad es un siempre de alza.
