domingo, 2 de diciembre de 2001

La puesta apunto

Que nuestros joyeros están afectados por esa enfermedad endémica del inmovilismo es algo que cualquiera puede diagnosticar sin necesidad de ser galeno. Basta con observar la realidad circundante. Es más, hay quien compara a nuestros joyeros con auténticos mausoleos. Estamos ante un estamento corporativo que necesita ser renovado inmediatamente y en profundidad. También las asociaciones deben modernizarse y adaptarse a las circunstancias actuales.

Si queremos que el gremio funcione, todas las estructuras sectoriales han de ser puestas a punto. Tenemos que darnos cuenta que nuestro sector va a dejar de ser -ya está dejando de ser- intocable. Y, claro, debe comenzar a mover ficha. De lo contrario, la ficha nos puede mover y arrastrar a nosotros.

Hasta ahora nuestro sector ha vivido muy libre y ha trabajado muy libre. Pero hoy no puede seguir así. El presente y el futuro requieren unas normas institucionales acordes con el tiempo en que vivimos.

La cada vez más fuerte y agresiva competitividad exige tener el mejor entorno institucional pero también el mejor entorno informático. El éxito depende de cómo abonemos el terreno para que fructifique y de cómo apliquemos los conocimientos. Debemos procurar entornos donde podamos explotar las ideas, compartirlas, crear colectivamente. Las nuevas ideas son las que irán cambiando e innovando el sector. Y, si a estas nuevas ideas les aplicamos con firmeza los avances tecnológicos apropiados, los resultados positivos no se harán esperar.

En este terreno, debemos caminar con confianza pero con paso firme y seguro. Nosotros seremos los verdaderos artífices y los verdaderos beneficiarios. Somos el único capital que cuenta.

Urge, pues, aplicar los conceptos más básicos. La producción ahora ya no es tan difícil ni complicada; es más bien fácil. Los márgenes se están ajustando. La comunicación es veloz: se sabe el qué, el cuándo, el quién, el cuánto al momento. La información es transparente y al instante en todo el mundo. Y podemos disponer de un producto de forma rápida y cada vez con menos costes.

Es cierto que muchas veces nos encontramos con demasiada información, con demasiadas opiniones. Por eso necesitamos buscar a alguien o valernos de algo que nos ayude a tomar decisiones o que nos proporcione un marco de actuación. En este sentido, las instituciones y las ferias están llamadas a jugar una papel hoy por hoy insustituible.

Creo sinceramente que nuestras instituciones trabajaban con todos los medios a su alcance para crear certidumbres y seguridades, para abrir caminos y facilitar cauces. Saquémosles provecho. Actuemos con elegancia y como caballeros. En nuestras manos tenemos el poder y la capacidad de elegir. Y, si es necesario, cambiemos las estructuras y las reglas del juego.

También es obligatorio hablar de las ferias. Antes eran la salvación económica de muchos. Hoy son el alargamiento de la agonía de alguno y la desesperación de otros. ¿Qué ha cambiado?. Posiblemente todo, menos nosotros. Vamos a las ferias esperando el milagro. Pero el milagro no se produce.

¿Nos hemos preocupado realmente de lo que es una feria?. Tal vez no. Una feria no es más que una herramienta -una más- de nuestro trabajo diario. Es una plataforma de lanzamiento y de despegue para nuestros productos. Es un instrumento inestimable que nos ofrece y proporciona ayuda en nuestros contactos. Es un escaparate que nos permite exhibir lo que somos y lo que tenemos.

Las ferias, juntamente con los medios de comunicación y el marketing, son instrumentos que resultan insustituibles. No se puede prescindir de ellos. Pero hay que saber utilizarlos. ¿Cuánto nos costaría a cada uno de nosotros organizar un meeting de presentación de nuestros productos en solitario?. ¿Por qué, antes de ir a una feria, no nos detenemos a pensar cómo extraerle el máximo rendimiento a la tal vez única oportunidad que se nos presenta en el año?.

A las ferias tenemos que exigirles muchas cosas: buenas fechas y apropiadas, buenos medios de comunicación, buena imagen, buenas campañas de información, buena decoración, buen servicio, etc. Pero a nosotros nos tenemos que exigir mucho más. No basta con estar presentes aguardando sin más la llegada de hipotéticos clientes. Tenemos que estudiar la forma y la manera de atraer a ese posible comprador que solo se desplazará a visitarnos si espera una oferta buena y variada.

Hoy nadie mueve a nadie por el mero hecho de viajar. De viajar estamos todos muy hartos. Son otros los motivos que impulsan al posible comprador a tomar la decisión de acudir a una o a otra feria. Y es el expositor -cada expositor- el único que puede provocar y acentuar esas motivaciones. La feria podrá decir y comunicar que estaremos allí presentes. Pero el cómo, el con qué y el para qué solo nosotros lo podemos explicar.

Ahora bien, esta explicación, esta creación de motivaciones hay que hacerla antes de la feria, para ayudar al posible cliente a tomar decisiones, para animarle a tomar el avión o el coche, con la esperanzada ilusión de que allí encontrará lo que busca... De esta forma, tal vez esa frase tan oída de “no hay nada que ver” dejará de ser popular e irá desapareciendo de tantos labios insatisfechos o defraudados.