Empiezo este artículo con una leyenda que en nuestro mundo empresarial también se da cada día. Espero que sea lo suficientemente ilustrativa para sacar conclusiones:
“Dos amigos van de caza y cuando se acerca un león el rifle se encalla, no se puede disparar. Uno de ellos tira la mochila, se saca las pesadas botas de cazador y se pone unas deportivas. El otro le dice: “Si aun así no vas a correr más que el león”, y éste le contesta: “No, lo que pretendo es correr más que tu”.
Qué lección le dio a su compañero… Hay muchos que dicen: yo no tengo que cambiar, es el sector el que tendrá que dar un giro. Pues bien, o cambiamos nosotros o el mundo nos hará cambiar. En caso contrario, tal como se define hoy el mercado, dejaremos de existir empresarialmente.
Tenemos que estar muy atentos a los movimientos que se producen a nuestro alrededor, ser visionarios. Tantear más allá del presente inmediato en el que nos ubicamos. Hemos de operar en cambios constantes. Mentalizarnos de que nada es estático. ¡Afortunadamente! Los bostezos de aburrimiento surgen de fórmulas rutinarias que abocan a la pérdida de ilusión.
Tenemos que estimular la creación de indicadores de felicidad empresarial, dentro y fuera de nuestros lugares de trabajo. ¿Por qué no ser de los que hacen que ocurran las cosas? Necesitamos en nuestro sector motivaciones para poder trabajar mejor y más a gusto.
Al aparcar nuestras diferencias, será más fácil ser justos y equitativos, no sólo con nuestras virtudes, también con las de los otros. ¿Por qué no quitarse el sombrero ante el proyecto empresarial que funciona? ¿Por qué no sonreír de que, por fin, a alguien le vaya bien? Probablemente algo de su éxito nos salpique.
Tenemos que buscar liderazgos situacionales. El momento no es malo ni bueno. Es el que nos ha tocado vivir y tenemos que vivirlo con ilusión, como líderes en cada situación concreta. Debemos tener creatividad e innovación, no sólo en el producto, sino también en la empresa, en las formas de funcionar, de caminar por esta jungla empresarial en que estamos inmersos.
Y en este sendero nuevo que empezamos a descubrir con nuestros pasos, hemos de ser conscientes de que lo más importante hoy en día es la comunicación, porque ¿cómo vamos a dar a conocer los cambios si no los comunicamos? Sería como no hacerlos. El mercado debe saber que hay alguien con ilusión, dispuesto a trabajar por renovar su satisfacción.
Miremos al cielo y redescubramos el sol. En la situación actual hace falta equilibrio, sentido, armonía, conciencia, responsabilidad, pero también evolución. Todo está en nuestras manos. No hay que echarle la culpa a lo externo. Dejémonos de lamentaciones y pongámonos manos a la obra. Con un granito de arena que aportemos cada uno, formaremos esa playa tan deseada. El sector necesita de todos. No esperemos a que caigan más.
viernes, 11 de junio de 2010
Cambio de actitud
martes, 1 de junio de 2010
Viaje al Sur
Escribo estas líneas en uno de tantos viajes con destino a la feria de joyería de Vicenza, y pienso “y va otra más”… Las preguntas de los profesionales que comparten viaje conmigo se encauzan en la misma línea: ¿Qué veremos de nuevo? ¿Desde enero a mayo habrán tenido tiempo de sacar novedades? ¿Y si las hay, para que las queremos, si aún no hemos vendido lo que hay en los escaparates y vitrinas de nuestros establecimientos?
Dando por sentado que los problemas que aquejan al sector en la actualidad no sólo residen en las ferias, también es verdad que éstas siguen explotando un modelo de negocio pensado para los años 60… ¡y no han cambiado las cosas desde entonces!
Dicen los directores de ferias que con sus plataformas ofrecen nuevas fórmulas en la venta de joyería. ¿Hasta qué punto es verdad? En el fondo, subyacen las mismas pautas de trabajo; emisor y receptor establecen similar proceso de comunicación con su correspondiente feedback y el entorno continúa siendo más o menos cómodo en función del gusto y de las ganas de gastar dinero que tengan los promotores feriales.
Desde el punto de vista de comprador, visitar una nueva feria ha de requerir una inmensa dosis de compromiso y análisis de la realidad. Hay que estar ejercitado para no dejarse llevar ni por el gusto personal, ni por lo que nos meten por los ojos, y pensar más en el cliente de estos tiempos.
Por mucha globalización que exista, cada mercado continúa manteniendo su propia idiosincrasia. No es igual el gusto ruso, que el italiano, el americano o el español. Y en la península, la percepción de la belleza cambia si el enfoque se realiza desde el norte o desde el sur.
Todos queremos coronar la cima en un rumbo al éxito que nos hemos marcado; pero podremos besarla o perder la vida en un atrevimiento de explorar tierras inhóspitas y desconocidas. Las circunstancias hoy son así, para bien y para mal.
Hablar de grandes descubrimientos en una feria es un ejercicio de evocación al sufrimiento guiados por la curiosidad de vislumbrar que hay más allá de las fronteras del mundo conocido. Pero asomarse al borde del precipicio, puede depararnos tanto el éxito como el fracaso.
No todo es blanco o negro, y menos en cuestión de gustos. Hay momentos en la vida en que es mejor no arriesgarse, sobre todo si nos enfrentamos a un entorno hostil e inhóspito, y no estamos convencidos de nuestras habilidades y elecciones.
Hace casi un siglo que el explorador noruego Roald Amundsen alcanzó con éxito la conquista del Polo Sur; en cambio el capitán británico Robert F. Scott se dejó la vida bajo una dramática tormenta, junto a sus cinco hombres, a la vuelta de su segunda expedición a la Antártida. Dos hombres, dos desenlaces; un éxito y un fracaso. Todo es cuestión de acertar con el momento y sus oportunidades.
Ahora no es tiempo de epopeyas, es tiempo de ver y pisar con los pies en la tierra. Nuestras tiendas son capaces de soportar privación, pero ¿qué pasaría si en aras de una valentía desmedida las pusiéramos al borde de sus posibilidades de supervivencia? ¿Quién nos garantiza que en ese “viaje al Sur” no las enfrentaríamos cara a cara con la muerte?
Dando por sentado que los problemas que aquejan al sector en la actualidad no sólo residen en las ferias, también es verdad que éstas siguen explotando un modelo de negocio pensado para los años 60… ¡y no han cambiado las cosas desde entonces!
Dicen los directores de ferias que con sus plataformas ofrecen nuevas fórmulas en la venta de joyería. ¿Hasta qué punto es verdad? En el fondo, subyacen las mismas pautas de trabajo; emisor y receptor establecen similar proceso de comunicación con su correspondiente feedback y el entorno continúa siendo más o menos cómodo en función del gusto y de las ganas de gastar dinero que tengan los promotores feriales.
Desde el punto de vista de comprador, visitar una nueva feria ha de requerir una inmensa dosis de compromiso y análisis de la realidad. Hay que estar ejercitado para no dejarse llevar ni por el gusto personal, ni por lo que nos meten por los ojos, y pensar más en el cliente de estos tiempos.
Por mucha globalización que exista, cada mercado continúa manteniendo su propia idiosincrasia. No es igual el gusto ruso, que el italiano, el americano o el español. Y en la península, la percepción de la belleza cambia si el enfoque se realiza desde el norte o desde el sur.
Todos queremos coronar la cima en un rumbo al éxito que nos hemos marcado; pero podremos besarla o perder la vida en un atrevimiento de explorar tierras inhóspitas y desconocidas. Las circunstancias hoy son así, para bien y para mal.
Hablar de grandes descubrimientos en una feria es un ejercicio de evocación al sufrimiento guiados por la curiosidad de vislumbrar que hay más allá de las fronteras del mundo conocido. Pero asomarse al borde del precipicio, puede depararnos tanto el éxito como el fracaso.
No todo es blanco o negro, y menos en cuestión de gustos. Hay momentos en la vida en que es mejor no arriesgarse, sobre todo si nos enfrentamos a un entorno hostil e inhóspito, y no estamos convencidos de nuestras habilidades y elecciones.
Hace casi un siglo que el explorador noruego Roald Amundsen alcanzó con éxito la conquista del Polo Sur; en cambio el capitán británico Robert F. Scott se dejó la vida bajo una dramática tormenta, junto a sus cinco hombres, a la vuelta de su segunda expedición a la Antártida. Dos hombres, dos desenlaces; un éxito y un fracaso. Todo es cuestión de acertar con el momento y sus oportunidades.
Ahora no es tiempo de epopeyas, es tiempo de ver y pisar con los pies en la tierra. Nuestras tiendas son capaces de soportar privación, pero ¿qué pasaría si en aras de una valentía desmedida las pusiéramos al borde de sus posibilidades de supervivencia? ¿Quién nos garantiza que en ese “viaje al Sur” no las enfrentaríamos cara a cara con la muerte?
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