Sí, ¡menudo año el que acabamos de pasar! Parece verdad aquello de que "cuando otros se resfrían, nosotros estornudamos". No me cabe la menor duda. Fue un año raro, extraño, anómalo y desconcertante en todos los aspectos. Un año lleno de incertidumbres, de especulaciones, de rumores, de noticias... Porque el año que se nos ha ido ha estado cargado de noticias desconcertantes en todas y cada una de sus dimensiones telúricas. Si nos situamos en terrenos puramente objetivos, llegaremos a la conclusión de que se había previsto todo menos lo que realmente ha ocurrido. A nadie le podía caber en la cabeza todo lo que ha sucedido. Han sido tantas y tan descomunales las sorpresas..., que uno no ha conseguido asimilarlas todavía.
Y en medio de esa vorágine tempestuosa, nosotros nos hemos visto fuertemente zarandeados. Por no estar preparados, nos hemos quedado petrificados, sin saber de dónde venían los tiros y, consiguientemente, sin saber muy bien por donde o hacia donde tirar.
Hubo sorpresas, muchas sorpresas. Para algunos han resultado agradables. Para otros han supuesto dolorosos disgustos. Bien mirado, bien observado con ojos serenos, en nuestro campo joyero han cambiado muy poco las cosas o, si se prefiere, han cambiado pocas cosas. Ya nos hemos ido acostumbrando a eso. En nuestro sector los cambios no se producen de golpe. Son lentos, paulatinos. Pero tienen que ser constantes. Tenemos que avanzar sin prisas, pero también sin pausas. Lo importante, lo verdaderamente importante en nuestro devenir histórico es tomar conciencia de cómo tenemos que encarar el futuro.
Estudiar las tareas preferentes
No podemos permitir que nos asfixie el vértigo ni que nos aprisione la desidia. No podemos dejar que nos ahoguen las tareas secundarias y rutinarias. Tenemos que dedicarnos más a estudiar y analizar cuáles y cuántas son las tareas preferentes. No podemos dejar transcurrir la vida ignorando esos embates y esos impulsos que nos llegan desde los campos más actuales y que evolucionan a otro ritmo mucho más vertiginoso.
Nuestro sector forma parte de un pasado histórico. Está cimentado en él. Pero ese pasado no podemos decir sin más que haya sido bueno ni mejor que el presente. Solamente podemos decir que ha sido diferente, distinto. El pasado pertenece al pasado. El futuro, el mañana, ya es hoy. El futuro ya es presente. Y tiene que hacérsenos presente con toda su carga desafiante y retadora. Si no queremos sucumbir estrepitosamente, tenemos que hacerlo presente ya, ahora mismo, sin dilaciones ni tardanzas alienantes.
Por eso vuelvo a lo del principio: ¡menudo año el que acabamos de cerrar! Sí, menudo año... pero interesante y aleccionador si nos ha servido para abrir los ojos, para ver la luz, para descubrir con claridad las múltiples posibilidades que nos oferta el que acabamos de comenzar. El tiempo es una rueda inexorable que nunca regresa. Y nos duele el año que ha terminado, entre otras cosas, porque, aunque tenemos un año más, nos queda un año menos de vida. Pero también tenemos una año más de experiencia acumulada, de vivencias experienciales, de rico caudal anímico. Y, lo que es más importante, nosotros todavía lo podemos contar. Muchos, los que se fueron para la otra orilla, ya no pueden hacerlo.
Ahora, a comienzos de año, es el tiempo oportuno para la reflexión. Analicemos el año que acabó. Saquemos las conclusiones adecuadas. Si así lo hacemos, podremos afrontar el nuevo año con un optimista realismo. Dejemos a un lado las lamentaciones. Busquemos y activemos lo positivo. Afrontemos el reto de ese mañana que ya es hoy. Nos lo demanda el sector. Nos lo demanda el futuro. Nos lo demanda nuestra propia fuerza intrínseca.
La hora de la verdad está aquí. Y a nosotros nos toca aprovecharla. Saquemos al exterior todo el caudal que llevamos dentro. Demostremos a los demás lo que somos, lo que tenemos, lo que valemos. No malgastemos las energías en luchas internas o en malsanas y nauseabundas competencias ridículas. Colaboremos todos en la tarea diaria. Pongamos cada uno nuestro granito de arena. Todos somos necesarios. En el ancho campo en que nos movemos, todos y cada uno tenemos una tarea ineludible que realizar.
Y no tengamos celos de la competencia. La competencia no es sinónimo de guerra. Es acicate que impulsa a progresar. La competencia es un estímulo que potencia nuestras energías para hacernos más capaces, más competentes. La competencia no divide. La competencia une y aúna, incentiva y revitaliza... No olvidemos nunca que solos podremos ganar alguna batalla aislada, pero la guerra, nuestra guerra, solamente la ganaremos si avanzamos juntos y unidos.
