Las raíces del problema
Si queremos comenzar a solucionar de una vez la problemática de nos invade, no nos queda otro remedio que actuar urgentemente. Estamos llegando al límite. Resulta prácticamente imposible permanecer así por más tiempo. Ha llegado el momento, ha llegado la hora de tener que tomar decisiones drásticas. Y aunque nos duela, estamos obligados a hacerlo. Nos va la vida en ello.
Si queremos comenzar a solucionar de una vez la problemática de nos invade, no nos queda otro remedio que actuar urgentemente. Estamos llegando al límite. Resulta prácticamente imposible permanecer así por más tiempo. Ha llegado el momento, ha llegado la hora de tener que tomar decisiones drásticas. Y aunque nos duela, estamos obligados a hacerlo. Nos va la vida en ello.
El gran problema de nuestro sector está en la distribución y la mentalidad de nuestros detallistas está contribuyendo enormemente a acentuarlo. La joyería-relojería no es un negocio de especulación teórica sino de praxis comercial. Algunos piensan que, cuanto más stock haya en la tienda, más importante es en realidad ese comercio. Y ese es precisamente el mayor error actual. Mientras pensemos que nuestro negocio comenzó con 10 millones y hoy tenemos un stock de 500, el negocio no funcionará. No se trata de un simple y puro “tener” estático y pasivo sin más. Es necesario un dinamismo constante y continuo, que haga circular crematísticamente la mercancía y que lo haga a la mayor velocidad posible.
Pero eso es obligado hacer un barrido en nuestros almacenes. El stock ha de tender a ser cero. Hoy la moda funciona así. Es ley de vida. Y la joyería no puede ser menos, no puede ser perder este tren que nos imponen los tiempos que vivimos. O entramos por esa puerta o la vía de escape se cerrará tal vez para siempre.
Cuando la realidad se impone
No nos olvidemos que estamos ante un mal que está muy generalizado y que está resultando endémico. Si somos realistas, tendremos que aceptar que, afecta a todos los niveles de nuestro sector. Queramos o no, lo cierto es que la realidad cruda y dura está por encima de la ficción. Aquí no bastan los buenos deseos.
Apoyado en mi experiencia, me atrevo a lanzar un mensaje al detallista: no puede limitarse usted a permanecer detrás de su mostrador. Es de suma importancia que se ponga a viajar, a pasear, a observar... para poder analizar la realidad y tomar decisiones apropiadas. Viendo, observando, escuchando es como de verdad se aprende.
Y aquí no valen lamentaciones. Ni tampoco vale el simple recurso al pasado. Nuestros abuelos, nuestros padres hicieron una gran labor acorde a sus tiempos. Pero hoy las cosas han cambiado. Las normas de conducta comercial ya no son las mismas. Las exigencias son distintas. Consiguientemente, tiene que ser distinto nuestro modo de actuar nuestro modo de proceder. Necesitaríamos hacer unos planteamientos mucho más radicales que nos lleven a unas actuaciones más coherentes y que desemboquen en una mayor efectividad.
El valor de la moda
Tenemos que dejar a un lado ese pensamiento, esa creencia de que nosotros en nuestras tiendas solamente vendemos valor, productos de valor objetivo. Necesitamos ser plenamente conscientes de que también vendemos moda, complementos. Y esa moda y esos complementos también tienen valor real. Y también producen buenos valores crematísticos. Por eso necesitamos tener en cuenta la posición económica o social en la que se encuentran nuestros posibles cliente. Tenemos que responder a sus demandas. Y no existe otro camino para poder ofertarles lo que ellos desean.
Nos urge cambiar nuestra mentalidad. Nos urge adoptar otros hábitos comerciales. Nos urge sumergirnos en la realidad cambiante de cada día y en las exigencias que genera. La moda y la actualidad son un valor que no podemos ignorar, un valor comercial que debemos potenciar en cada momento histórico. Será la manera de poder sobrevivir.
Reconozcámoslo sin ambages. La internacionalidad, en un mundo cada día más globalizado, nos demanda nuevos parámetros comerciales que, a su vez, exigen de nosotros unos comportamientos más agresivos. La mente abierta es como una ventana por la que entran esos aires puros tan necesarios para nuestra revitalización anímica y empresarial. Si optamos por permanecer inalterables, anclados y atrincherados en nuestro status costumbristas, lo más probable es que perezcamos por asfixia o por inanición.
