Si tenemos el cerebro bien equipado, podremos lanzarnos a la acción. Si nuestro cerebro está vacío, nos urge inventar posiciones, ideas y proyectos para poder ejercitarlos, para poder ponerlos en práctica. Y no olvidemos que en la naturaleza no existe la línea recta. Es necesario ir venciendo muchas curvas, sorteando muchos altibajos, allanando muchos promontorios. Es la única forma de avanzar, de no perder el tren. Las ideas no surgen por casualidad; la suerte hay que buscarla.
Nuestro mundo está obsesionado por la velocidad y la rapidez. Según Bill Gates, hoy los negocios se hacen a la velocidad del pensamiento. Él insiste en que ninguna empresa está a más de dos años del desastre. Por eso, si no innovamos ni lanzamos nuevas ideas, pronto estaremos muertos como empresa. La innovación para la empresa es como el aire para la vida.
Ahora bien, en este terreno tenemos que ser atrevidos y al mismo tiempo prudentes; sí, rápidos pero seguros; arriesgados pero cuidadosos y serenos. Si queremos conseguir algo nuevo, tenemos que utilizar la técnica dialéctica del paso firme. Con otras palabras, tenemos que pensar en grande, comenzar en pequeño y movernos a toda velocidad.
Y no trates de imponer siempre tus propias ideas. Dialoga. Contrasta opiniones. No te limites a decirle a la gente como tiene que hacer las cosas. Diles o insinúales qué es lo que hay que hacer. Seguro que te sorprenderán. Además, la libertad de cometer errores siempre merece la pena. Los errores suelen ser lecciones inolvidables.
No hay líder sin equipo
No olvides que no hay líder sin equipo, ni equipo sin líder. La creación de un auténtico equipo se basa en la confianza. Para tener equipos de alto rendimiento, equipos en los que la efectividad sea máxima, hay que tener tres requisitos. Algunos los definen como "las tres C": coherencia (hay quien le llama cohesión), confianza y colaboración. Son tres facetas que deben estar presentes si se quieren lograr los objetivos propuestos.
La labor de un directivo no consiste en elaborar estrategias, sino en construir una organización capaz de engendrar y dar a luz ideas de negocio que valgan la pena. Los resultados no se harán esperar. Una vez más hay que ser conscientes de que es la unión -el equipo- la que hace la fuerza. Por eso se dice que liderar es infundir alegría. Nuestro sueño debe ser liderar así un equipo. Y en este terreno todos los caminos son mágicos si nos llevan a realizar nuestros sueños.
Para liderar hay que definir reglas, acordar límites, delimitar tareas, concretar procesos, estructurar reuniones, fijar prioridades, comunicar lo acordado en equipo, conseguir que el líder asuma su papel. Un líder de hoy necesita valentía, generosidad, sabiduría, lealtad, igualdad entre miembros del equipo. La persuasión no es imposición. El amor está por encima del orden. Y la obsesión por el aprendizaje debe ser una constante.
Son muchos los que afirman que una empresa ha de ser una democracia. La liberación del miedo, de la inseguridad, de la ignorancia, del dogmatismo produce explosión de energía. El terror empobrece. La empresa ha de ser democracia total. El accionista elige donde invertir el dinero. Los clientes eligen el mercado. ¿Y los empleados? Pues eso, ellos ya eligen la empresa que les brinda más oportunidades.
En la empresa hay que hablar de evolución y no de revolución. La evolución extrae de la experiencia lo que necesita y la revolución rompe todo, destruye todo, arrasa todo. Y lo mas triste y lamentable es que no suele construir después sobre base firme. Por eso hay que vivir con los ojos muy abiertos, atendiendo a todos los matices. Se dice que el secreto de la vida es estar preparado para cuando llegue el momento. El equipo con más alto rendimiento es el que presta atención al entorno.
Se dice también que el líder de hoy ha de dominar cuatro lenguajes si quiere ser completo: el financiero, el de la competencia, el de las percepciones del cliente-mercado y el de la calidad. Son cuatro pilares fundamentales. Son cuatro bases sobre las que se basa y fundamenta la construcción de una empresa solvente. Si falla una de ellas, el edificio corre el inminente peligro de un estrepitoso y caótico desmoronamiento. Por eso es tan urgente saber aprovechar todas las energías.
Definir sistemas de gestión, reconocer los logros obtenidos tanto individuales como en equipo, facilitar al equipo recursos para poder implantar lo acordado, desarrollarse como equipo, participar en el desarrollo y en los planes de la organización, resolver dudas realizando sesiones de consulta, dedicar tiempo para compartir con el equipo, repasar las experiencias vividas para poder sacar conclusiones de ellas y aprender, disponer de entrenador experto y retribuir al equipo de forma integral, son solamente algunas de las actividades o exigencias que dimanan de un recto planteamiento empresarial.
Y, con esto, finalizo hoy. No quiero cansar a mis lectores con más elucubraciones. Solamente he pretendido, ahora que hemos comenzado un nuevo año, sembrar y generar una pequeña dosis de ilusión y de dinamismo, que buena falta nos hace en el sector.
