A juzgar por lo visto y vivido en la fiesta que Thomas Sabo organizó para sus clientes el pasado 26 de febrero en Munich, podemos decir que en Alemania se terminó la crisis en el sector…, si es que ha existido.
Cuando uno regresa del salón Inhorgenta, casi siempre llega con las pilas más cargadas, al menos renovadas, pero lo que más satisface es ver aires nuevos en nuestro sector y, por supuesto, optimismo.
La vitalidad de Thomas Sabo no es un espejismo, es una realidad, es el fruto que ya experimentaron otras marcas, otros productos, otros conceptos de ver nuestro mundo joyero-relojero…
No nos cansaremos de decir que, después de recorrer el mundo ferial y sectorial, vemos como los que están saliendo de la crisis son los que de verdad se han preparado. Son los que se han dado cuenta que el pasado ya no volverá, y el presente y futuro van en otra dirección.
Nuestros establecimientos necesitan un cambio total de rumbo y no es suficiente con lavar la cara al local, rehacerlo o cambiarlo de color. La renovación ha de ser más profunda. Una limpieza total de productos, de marcas y un análisis de la clientela futura de cada zona o lugar.
Aquí no vale todo. Las reglas de juego de nuestros jóvenes las han puesto ellos, a falta de previas que les agradasen, y si queremos participar de la partida tenemos que acatarlas.
Insistimos en lo de Thomas Sabo porque es lo último que hemos visto y vivido. Un mundo lleno de novedades en diseños, en precios, en formas de presentarlo al detallista y al consumidor final. Una buena mentalización al consumidor de ese producto hace que el cliente final se familiarice con él.
Hace muy pocos años ni los más optimistas podían creer lo que estamos viviendo; pero ¡ojo!, no nos equivoquemos, ese producto necesita de un establecimiento adecuado, de unos empleados mentalizados y que crean en él y lo sepan transmitir al comprador…
Lo que hemos dicho, dar un giro de 180º y cambiar de rumbo, y lo que es valido para esta marca es valido para otras, pero adaptando y poniendo cada una en su contexto, en su lugar, y aplicando en cada caso las reglas de juego pertinentes.
Volviendo al optimismo alemán. Es un indicio, puede ser que una corazonada personal, pero existen otros datos y comentarios que lo ratifican. Según la Oficina Federal de Estadística de este país, las compañías del sector del lujo facturaron en 2010 un 1,2% más que en el ejercicio precedente, siendo relojes y joyería las compras preferidas.
Hasta su ministro de Economía, Rainer Brüderle, declaró recientemente, en su visita a la feria Ambiente, de Frankfurt: “Los alemanes, con todo derecho, miran al futuro con optimismo. Por ese motivo, también vuelven a gastar más dinero”. Ellos tienen lugar y oferta para hacerlo ¿Y nosotros? ¿Qué pasará cuando el repunte de ventas que vive el comercio minorista alemán llegue a este país, si es que llega? ¿Estaremos a su altura o bien lo pillaremos al vuelo y de rebote?
Cuando uno regresa del salón Inhorgenta, casi siempre llega con las pilas más cargadas, al menos renovadas, pero lo que más satisface es ver aires nuevos en nuestro sector y, por supuesto, optimismo.
La vitalidad de Thomas Sabo no es un espejismo, es una realidad, es el fruto que ya experimentaron otras marcas, otros productos, otros conceptos de ver nuestro mundo joyero-relojero…
No nos cansaremos de decir que, después de recorrer el mundo ferial y sectorial, vemos como los que están saliendo de la crisis son los que de verdad se han preparado. Son los que se han dado cuenta que el pasado ya no volverá, y el presente y futuro van en otra dirección.
Nuestros establecimientos necesitan un cambio total de rumbo y no es suficiente con lavar la cara al local, rehacerlo o cambiarlo de color. La renovación ha de ser más profunda. Una limpieza total de productos, de marcas y un análisis de la clientela futura de cada zona o lugar.
Aquí no vale todo. Las reglas de juego de nuestros jóvenes las han puesto ellos, a falta de previas que les agradasen, y si queremos participar de la partida tenemos que acatarlas.
Insistimos en lo de Thomas Sabo porque es lo último que hemos visto y vivido. Un mundo lleno de novedades en diseños, en precios, en formas de presentarlo al detallista y al consumidor final. Una buena mentalización al consumidor de ese producto hace que el cliente final se familiarice con él.
Hace muy pocos años ni los más optimistas podían creer lo que estamos viviendo; pero ¡ojo!, no nos equivoquemos, ese producto necesita de un establecimiento adecuado, de unos empleados mentalizados y que crean en él y lo sepan transmitir al comprador…
Lo que hemos dicho, dar un giro de 180º y cambiar de rumbo, y lo que es valido para esta marca es valido para otras, pero adaptando y poniendo cada una en su contexto, en su lugar, y aplicando en cada caso las reglas de juego pertinentes.
Volviendo al optimismo alemán. Es un indicio, puede ser que una corazonada personal, pero existen otros datos y comentarios que lo ratifican. Según la Oficina Federal de Estadística de este país, las compañías del sector del lujo facturaron en 2010 un 1,2% más que en el ejercicio precedente, siendo relojes y joyería las compras preferidas.
Hasta su ministro de Economía, Rainer Brüderle, declaró recientemente, en su visita a la feria Ambiente, de Frankfurt: “Los alemanes, con todo derecho, miran al futuro con optimismo. Por ese motivo, también vuelven a gastar más dinero”. Ellos tienen lugar y oferta para hacerlo ¿Y nosotros? ¿Qué pasará cuando el repunte de ventas que vive el comercio minorista alemán llegue a este país, si es que llega? ¿Estaremos a su altura o bien lo pillaremos al vuelo y de rebote?
