viernes, 29 de febrero de 2008

LA NECESIDAD DE PUBLICITARSE

Hace algún tiempo, no mucho, se podía oír con cierta frecuencia la siguiente frase: “Yo no vendo más porque no me anuncio en TV”. Y puede que en aquel momento tuviesen razón. Pero ahora las cosas han cambiado. Hoy eso ya no es verdad. Hoy ya no valen tanto los anuncios en TV. Aunque los segundos publicitarios se sigan cotizando muy alto, su impacto comercial ha descendido. Entre otras razones, porque, cuando llegan los minutos de publicidad, la gente aprovecha para hacer zaping y así poder enterarse de lo que están emitiendo en otras cadenas.

Lo que sí tiene valor, aunque nos cueste reconocerlo, es esa publicidad indirecta y subliminal que se desprende de muchos programas que nos ofrece la TV. Me refiero, sobre todo y principalmente a determinados seriales y otras programaciones similares. Aunque afirmemos que no son de nuestro agrado y que no queremos ser como esos personajes, terminamos vistiendo como ellos. Y aunque sus comportamientos sociales nos parezcan cursis, acabamos usando las joyas y los relojes que ellos y ellas exhiben con descaro.

En el fondo de nuestro ser todos nos sentimos emocionados ante la cantidad ingente de posibilidades que se abren delante de nosotros. Son tantas y tan diversas las cosas y los objetos que podemos adquirir… Tenemos tanto donde escoger que podemos llegar a marearnos. En general nos decantamos por aquello que creemos que nos ayuda a afianzarnos en el convencimiento de que somos felices con nuestra actual manera de vivir, con nuestro estilo personal de afrontar nuestra existencia.

En este aspecto hay quien piensa que el hecho de adquirir objetos o comportamientos de nuevo lujo tiene como finalidad primordial el tratar de sentirse bien cuanto antes. Se busca el rejuvenecimiento físico y psíquico. Nos dejamos llevar por los impulsos de la inspiración emotiva. Tratamos de reducir el estrés. Buscamos la comodidad y el descanso. En una palabra, queremos ser nosotros mismos; queremos encontrarnos con nuestro propio ser.

La gente no gasta en productos emocionalmente vacíos. No solo busca productos que aporten alivio o comodidad. Busca, sobre todo, productos que despierten emociones; productos que sean capaces de generar estados anímicos nuevos y novedosos, generadores de vivencias emocionales y capaces de satisfacer esas nuevas necesidades que despierta el estilo de vida actual.

En todos nosotros se ha despertado el interés por buscar. Se trata de un interés desbordante y alocado que, con frecuencia, nos conduce a buscar hasta en el interior de nosotros mismos. Queremos ser más. Pero también queremos ser más felices y sentirnos mejor. Y aquí, en este campo concreto y específico, es donde desempeña un gran papel el deseo acuciante de comprar para satisfacer.

No debe extrañar, pues, que los compradores de productos de nuevo lujo sean gente compleja, dispuesta siempre a gastar dinero ellos mismos. Pagan por productos de calidad. Pero pagan, sobre todo, por productos que generen vivencias y que les empapen de emociones. Se burlan de la moda, pero la siguen. Compran para obtener un status social, aunque digan que su estilo es individual.

Evidentemente, los consumidores de estos productos de nuevo lujo necesitan mucha información. Necesitan conocer los productos que nosotros, los joyeros, les ofertamos. Necesitan conocer las cualidades de nuestros productos, su importancia, su capacidad para la finalidad que pretenden. Porque lo que compran, se convierte a menudo para ellos en un nuevo lenguaje de autoexpresión y de diálogo social.

Por eso necesitamos hacer con serenidad y humildad un examen de conciencia y preguntarnos con sinceridad: ¿Estamos fabricando esos productos de nuevo lujo, capaces de satisfacer las exigencias del mercado? Y, lo que es más importante, ¿los estamos dando a conocer por los cauces adecuados?

Si la respuesta a estas dos preguntas resulta negativa, no echemos balones fuera. Asumamos nuestra responsabilidad –individual y gremial- y pongamos manos a la obra.

jueves, 21 de febrero de 2008

EL AÑO EN QUE… EL AÑO EN QUE VIVIREMOS APRETADAMENTE”

Así rezaba el reciente titular de portada de una de las más conocidas cabeceras gratuitas. Ilustrativo y sugerente titular referido a las estrecheces que se nos avecinan dada la coyuntura económica. Pues sí, el 2008 ha comenzado a andar rodeado de incertidumbre, y este ambiente enrarecido también se deja sentir en el sector joyero. Aunque, como dirán algunos, es algo que, desgraciadamente, no nos cae de nuevo.

El retraimiento del mercado se viene asumiendo desde hace algunos años, por tanto es algo para lo que el sector puede estar preparado, o al menos resignado. Pero este espacio editorial quiere ser también una oda al optimismo, que dicen es lo último que se ha de perder. Como ejemplo, el caso alemán, para el que hace una década se vaticinaban los más grises augurios. En un artículo publicado el pasado mes de enero en Dw-World. de acerca de la ciudad de Pforzheim, de donde surge el 70% de la producción joyera del país, el periodista explicaba: “Unas 11.000 personas trabajan en Pforzheim en la joyería y relojería. En la última década se temió por muchos de esos puestos de trabajo. Pero en el interín, el sector se ha estabilizado. Algunas empresas debieron cerrar, pero las que superaron los momentos difíciles se han adaptado a los nuevos tiempos”. ¿Y cómo han logrado adaptarse? El narrador continúa explicando que algunas empresas han optado por invertir en el exterior, abriendo manufacturas fuera destinadas a la joyería media-baja, aunque la alta joyería continúa siendo “made in Pforzeim”. Otro factor se refiere a la profunda transformación vivida en las estructuras de distribución, con un comercio al por mayor prácticamente en extinción: “Hoy las joyas van directamente de la manufactura al joyero, lo cual supone para los productores tener que entregar más rápidamente: todo un desafío para la logística”.

Aquí no vale aquello de que ya vendrán tiempos mejores. El momento exige una readaptación total a los tiempos modernos. Y no olvidemos que las grandes fortunas salieron siempre durante las crisis. Insistimos: No creemos en crisis del sector, sino del sistema y de las empresas, tiendas... Es verdad que llueve, pero recuerden que siempre escapa.

viernes, 15 de febrero de 2008

LAS TRES HACHES

Lo leí el otro día y no me llamó la atención, sino que me hizo reflexionar. Tanto fue así que ahora no me resisto a comentar en voz alta estas elucubraciones mentales por si resultan de utilidad para mis lectores. Como siempre, no trato de dar lecciones.

Simplemente ofrezco mi punto de vista por si puede prestar algún servicio. La frase en cuestión decía simplemente: "Un líder tiene que tener tres ‘H’: humildad, humanidad y humor". Pero, ¿qué significan estas tres palabras? ¿Qué alcance pueden tener para cada uno de nosotros, envueltos en esa vorágine asfixiante de la vida diaria? Aunque a primera vista parezca un contrasentido, tenemos que comenzar por practicar la virtud de la humildad. Tenemos que vivir a tope esta "condición de la persona que actúa sin orgullo, sin presumir de sus méritos y reconociendo sus defectos o sus errores".

Así define el Diccionario esta cualidad. Son tres facetas que nos llevan a situarnos en una actitud realista de predisposición a aprender de la vida y en la vida. Sólo el humilde reconoce sus carencias y está dispuesto a aprender. La humildad es la base del triunfo. Sin ella, la construcción de nuestra vida corre el peligro de desmoronarse como un castillo de naipes. Pero además, necesitamos rebosar de humanidad. Las tiranías y los abusos no suelen llevar al triunfo. Al contrario, es la falta de humanidad en nuestra forma de ser y de actuar la que suele acarrear tremendos fracasos. Sólo liderando desde la humanidad, estaremos en condiciones de poder pedir al equipo, a nuestra gente, que dé lo mejor de sí mismo, que aporte toda la potencialidad que lleva dentro.

Hay que tener humanidad. Hay que ser siempre muy humanos. Hay que actuar en todo momento haciendo gala de esa condición indispensable que nos obliga a no dejarnos llevar por esos instintos impulsivos que nos sitúan en una esfera inferior.

Y, por último, el humor, "esa propensión a mostrarse alegre y complaciente", esa facultad de saber descubrir el lado positivo de las cosas, incluso de las que rezuman negatividad. El humor y la alegría son ingredientes esenciales para el líder. Churchill decía:“La imaginación consuela a las personas de lo que no han podido ser y el humor les consuela de lo que son”. Pienso que si aireásemos nuestras alegrías igual que cacareamos nuestras penas, otro gallo nos cantaría.

El humor es la salsa de la vida y encamina hacia el triunfo. Por eso, ningún problema, por grande que sea, debería nunca matarnos el humor ni sumirnos en una depresiva desgana ni, mucho menos, abocarnos a un asfixiante derrotismo. Termino, pues, repitiendo lo del principio. Humildad, humanidad y humor, por el orden que queramos -porque también aquí el orden de los factores no altera el producto- son tres pilares básicos -pero no exclusivos- sobre los que se debe asentar nuestro hoy con proyección hacia el mañana.