Igual que para los estudiantes, también para nosotros comienza un nuevo curso. Empieza una nueva etapa -empresarial y comercial- en el mundo de la joyería. Estamos ante una nueva tarea que tenemos que emprender con ilusión esperanzada, conscientes del gran reto que se nos avecina y de la gran responsabilidad que recae sobre nosotros. Somos gestores protagonistas del sector y ello supone responder con firmeza a las expectativas que se nos avecinan.
A simple vista lo podemos observar. No corren buenos tiempos en el campo de la joyería. Estamos ante una gran crisis. Y es muy probable que muchos compañeros no puedan o sepan saber salir de ella. Los que salgan airosos habrán demostrado que el esfuerzo y la estrategia -cuando se plantea con rigor- dan siempre sus frutos.
Tenemos que convencernos de que todos contamos con medios para lograrlo. De nosotros depende el saber utilizarlos. Hoy existe una modernidad tecnológica que debemos que aplicar necesariamente. Tenemos a nuestro alcance un equipo humano de valía y profesionalidad. ¿A qué esperamos, pues?. Convencidos del éxito, afrontemos el mañana mirando hacia delante, nunca para atrás. No nos quedemos viviendo del recuerdo o sollozando inútiles lamentos de plañideras. El pasado ya pasó y nunca, nunca volverá.
Hay que mirar al futuro. Pero hay que hacerlo con confianza y respeto. Hay que procurar ser optimistas pero con realismo. Y lo decía Zola: “No soy optimista, quiero ser optimista”. Los pesimistas solamente suelen ser espectadores. Son los optimistas los que transforman el mundo.
Las oportunidades ya están aquí. Abramos los ojos. Miremos como aprovecharlas. No tiremos la toalla. Eso es de cobardes y los joyeros no lo somos.
No debemos dudar jamás de que contamos con clientes fieles, pero tal vez diferentes. Clientes que saben lo que quieren y a los que no se les puede engañar ni quemar. Clientes que son nuestra razón de ser y de existir. Clientes a los que hay que servir y potenciar cada día, mimándolos con cariño e ilusión.
Luchemos por ofrecer más calidad, más y mejor servicio. Tenemos que seguir siendo el puente de unión entre la materia prima y el consumidor, ocupando cada uno el espacio apropiado para poder lograr los objetivos propuestos.
Desde nuestra experiencia y profesionalidad –la del GRUPO DUPLEX- creo que sin ningún timbre de vanagloria puedo permitirme emitir estos juicios. Soy consciente de que asumo un papel tal vez más fácil. Desde la barrera los toros se ven con menos peligro. Pero también se ven con una perspectiva mucho más amplia, mucho más panorámica. De ahí que tal vez veamos mejor de donde nos viene el peligro y como lo podemos evitar. En los más de treinta años acompañando a los joyeros, las hemos visto de todos los colores.
Muchos han escuchado ya nuestras llamadas. Y están comprobando que teníamos razón. Han corregido o están corrigiendo su rumbo. Y están comenzando a recoger la cosecha de lo que con mucho esfuerzo han ido sembrando.
Es triste observar como algunos de los que están dentro se arrugan o se limitan a esperar la tormenta. No se dan cuenta que otros, que llegan de otros campos con aires frescos y renovados, les están comiendo el terreno, toman posiciones firmes y seguras, y con la vista puesta en el frente, no en el pasado.
Una vez más se presenta la disyuntiva. O somos conscientes de donde estamos y acertamos hacia donde ir o tomamos la decisión firme de abandonar. En medio no nos podemos quedar. Las crisis no pasan solas. Las soluciones las tenemos que buscar entre todos. Ha llegado la hora de poner manos a la obra. Un nuevo ciclo, una nueva era acaba de comenzar. Su positividad o negatividad depende de nosotros, sólo de nosotros.
