lunes, 20 de octubre de 2003

OPTIMISMO REALISTA

Igual que para los estudiantes, también para nosotros comienza un nuevo curso. Empieza una nueva etapa -empresarial y comercial- en el mundo de la joyería. Estamos ante una nueva tarea que tenemos que emprender con ilusión esperanzada, conscientes del gran reto que se nos avecina y de la gran responsabilidad que recae sobre nosotros. Somos gestores protagonistas del sector y ello supone responder con firmeza a las expectativas que se nos avecinan.

A simple vista lo podemos observar. No corren buenos tiempos en el campo de la joyería. Estamos ante una gran crisis. Y es muy probable que muchos compañeros no puedan o sepan saber salir de ella. Los que salgan airosos habrán demostrado que el esfuerzo y la estrategia -cuando se plantea con rigor- dan siempre sus frutos.

Tenemos que convencernos de que todos contamos con medios para lograrlo. De nosotros depende el saber utilizarlos. Hoy existe una modernidad tecnológica que debemos que aplicar necesariamente. Tenemos a nuestro alcance un equipo humano de valía y profesionalidad. ¿A qué esperamos, pues?. Convencidos del éxito, afrontemos el mañana mirando hacia delante, nunca para atrás. No nos quedemos viviendo del recuerdo o sollozando inútiles lamentos de plañideras. El pasado ya pasó y nunca, nunca volverá.

Hay que mirar al futuro. Pero hay que hacerlo con confianza y respeto. Hay que procurar ser optimistas pero con realismo. Y lo decía Zola: “No soy optimista, quiero ser optimista”. Los pesimistas solamente suelen ser espectadores. Son los optimistas los que transforman el mundo.
Las oportunidades ya están aquí. Abramos los ojos. Miremos como aprovecharlas. No tiremos la toalla. Eso es de cobardes y los joyeros no lo somos.

No debemos dudar jamás de que contamos con clientes fieles, pero tal vez diferentes. Clientes que saben lo que quieren y a los que no se les puede engañar ni quemar. Clientes que son nuestra razón de ser y de existir. Clientes a los que hay que servir y potenciar cada día, mimándolos con cariño e ilusión.

Luchemos por ofrecer más calidad, más y mejor servicio. Tenemos que seguir siendo el puente de unión entre la materia prima y el consumidor, ocupando cada uno el espacio apropiado para poder lograr los objetivos propuestos.

Desde nuestra experiencia y profesionalidad –la del GRUPO DUPLEX- creo que sin ningún timbre de vanagloria puedo permitirme emitir estos juicios. Soy consciente de que asumo un papel tal vez más fácil. Desde la barrera los toros se ven con menos peligro. Pero también se ven con una perspectiva mucho más amplia, mucho más panorámica. De ahí que tal vez veamos mejor de donde nos viene el peligro y como lo podemos evitar. En los más de treinta años acompañando a los joyeros, las hemos visto de todos los colores.

Muchos han escuchado ya nuestras llamadas. Y están comprobando que teníamos razón. Han corregido o están corrigiendo su rumbo. Y están comenzando a recoger la cosecha de lo que con mucho esfuerzo han ido sembrando.

Es triste observar como algunos de los que están dentro se arrugan o se limitan a esperar la tormenta. No se dan cuenta que otros, que llegan de otros campos con aires frescos y renovados, les están comiendo el terreno, toman posiciones firmes y seguras, y con la vista puesta en el frente, no en el pasado.

Una vez más se presenta la disyuntiva. O somos conscientes de donde estamos y acertamos hacia donde ir o tomamos la decisión firme de abandonar. En medio no nos podemos quedar. Las crisis no pasan solas. Las soluciones las tenemos que buscar entre todos. Ha llegado la hora de poner manos a la obra. Un nuevo ciclo, una nueva era acaba de comenzar. Su positividad o negatividad depende de nosotros, sólo de nosotros.

viernes, 3 de octubre de 2003

EXIGENCIAS EMPRESARIALES

No quisiera ser pesado ni cargante. No quisiera agobiarles ni cansarles. Solo pretendo ser realista. Mi único objetivo es ayudarles a abrir los ojos para que puedan ver nítidamente la realidad circundante.

Tenemos que partir constatando una verdad elemental. Aunque algunos se empeñen en afirmar lo contrario, lo cierto es que nuestro sector no es diferente a los demás. Somos nosotros los que nos empeñamos en hacerlo diferente. Y a las pruebas me remito: no hay ningún otro campo del comercio que no funcione con sistemas informáticos adecuados y apropiados.

No se puede tener un establecimiento son saber en cada momento lo que hay en su interior, sin conocer los contenidos existentes, la mercancía disponible. No se puede funcionar así, abriendo la caja sin más. Si al hacerlo, comprobamos que hay dinero, es que se ha vendido y, por lo tanto, podemos pagar. ¿Y si no lo hay?. Entonces el proveedor tendrá que seguir esperando... ¿hasta cuándo?.

Todos debemos tener muy claro que somos empresas, cada una con su tamaño, pero empresas. Por eso debemos funcionar como tales empresas que somos. De lo contrario estamos abocados a caminar por un túnel sin salida posible.

Nuestro negocio no consiste en almacenar mucho stock sino en sacar rentabilidad al día a día. Y esto solo lo podemos saber conociendo la realidad, analizando cuentas y viendo los resultados de nuestro trabajo; en una palabra, poniendo solución a problemas que se plantean a diario.

Cuando subimos la persiana, empieza el negocio a funcionar, la empresa se pone en marcha. Y, para que todo funcione, el sistema informático se ha de abrir y poner en marcha también. Y esto vale para todos. Esta operatividad informática es necesaria incluso para los que solamente disponen de 8 o 10 m² y un empleado. El tamaño del negocio no condiciona la forma de llevarlo sino solo la adecuación de medios.

¿Se imagina Usted que El Corte Inglés, al abrir sus puertas, no pudiese poner en marcha su sistema informático?. ¿Cómo podría operar?. Pues bien, aunque no queramos admitirlo, a todos nos acontece lo mismo. Nuestra tienda es un pequeño Corte Inglés que también necesita su propio sistema informático. De lo contrario, ¿cómo sabremos si es rentable, qué producto da más beneficio y qué es lo que tenemos que comprar?.

Actualmente, los ordenadores están al alcance de todos tanto en precio como en funcionamiento. Los programas operativos están hechos a nuestra medida y al alcance de cualquier negocio. Nosotros hemos analizado varios y, al trabajar a fondo con ellos, se nos hace imposible pensar que aun haya joyerías que no los tengan instalados en su negocio. Como ejemplo quisiéramos destacar un GEMANET con su práctico manual de más de 100 páginas, escritas para que cualquier profano pueda entenderlo y manejarlo. Su instalación es inmediata y prácticamente sin coste alguno, solamente un módico mantenimiento anual. Además lleva como ayuda un soporte telefónico personalizado en cada momento, detrás del cual están siempre unos técnicos recibiendo las dudas y sugerencias de cada joyero y aportando al momento la solución más adecuada.

Por todas estas razones no podemos entender cómo aun existen establecimientos de joyería sin este programa u otro similar. Hoy por hoy son una herramienta totalmente imprescindible. Por eso, o entramos en la era actual o nos retiramos del camino antes de que nos arrojen por el barranco. No existe otra alternativa válida para sobrevivir.