martes, 12 de diciembre de 2006

JOYEROS ‘REPORTEROS’

Reza un refrán plenamente ibérico “Zapatero, a tus zapatos”. Nunca está de más recordar los sabios consejos de nuestro refranero, sobre todo en estos tiempos que corren, en los que buena parte del sector está luchando por una profesionalización que hace años debería haberse producido.

Los profesionales, los buenos profesionales, señalan el intrusismo como uno de los cánceres más importantes del sector. Joyas que corren de puerta a puerta, sin pagar impuestos, sin darse de alta, en el más completo y alegre anonimato. Oro que no es oro, plata que no es plata, sino “plátano”. Saben muchos de los que dirigen, con buena praxis –y así lo han demostrado durante años-, la vida asociativa del sector, que sólo con la formación, con la transparencia y con la ética profesional el oficio de joyero y su producto alcanzarán la dignidad que merece. Difícil y arduo camino, como se ha demostrado, pero cuyos pasos más significativos –como puede ser la creación de unos estudios técnicos superiores de comercio de joyería- resultan muy alentadores.

Pues bien, el joyero –afortunadamente una minoría, pero ahí está- parece no tener bastante con lavar sus propios trapos sucios –acuérdense del presunto fraude fiscal en la venta de oro- en casa y poner su granito de arena en esta conquista básica para la supervivencia del sector. No, hay alguno que ahora, además, ha decidido hacerse reportero. Ni corto ni perezoso, piensa que se puede pasar de triste protagonista colectivo de la página de sucesos a editor individual encumbrado, con cuatro duros, a las mieles del foco mediático. ¿Recuerdan la película “El diablo viste de Prada”. Pues a esta habrá que titularla “El diablo viste de reportero”. Y cual Tribulete ufano y tarzanesco, promete “duros a cuatro pesetas”. ¿Habrá que recordar tristemente los sempiternos problemas del colectivo joyero con Hacienda? Afortunadamente el colectivo periodístico lleva ya muchísimos más años centrado en el debate de la ética y la deontología profesional. Existe una licenciatura superior universitaria que vela porque las nuevas hornadas de periodistas, cuando tecleen su ordenador o preparen sus micrófonos en el momento de proporcionar una noticia a la sociedad, sean conscientes de su responsabilidad con ésta. Existen además asociaciones y colegios fuertes que amparan los derechos y deberes en el ejercicio de su profesión; existe una OJD, u Oficina de Justificación de la Difusión, organismo independiente que vigila que el anunciante, a la hora de confiar en una publicación, sepa realmente en lo que está confiando; en fin, toda una serie de condicionantes y condicionados que permiten hablar de unos medios de comunicación potentes, profesionalizados y garantes de su propia ética. ¿A años luz del sector joyero? Tristemente, sí. ¿Cabe ahora por su cabeza, se imaginan, que esos medios informativos se dedicaran a vender joyas, en vez de vender periódicos o hacer televisión? ¿Y si encima lo hicieran ofreciendo un coste cuatro veces inferior al que ustedes venden, como prometen ciertos futuros “joyeros reporteros”? ¿No pondríamos el grito en el cielo acusándolos de intrusismo y de falta de profesionalidad? Consejo esencial, consejo de supervivencia. “Joyero, a tus joyas”. Dejemos que las editoriales hagan su trabajo, lo mismo que los profesionales de este sector de la joyería y relojería realizan el suyo. Con todo el “saber hacer”, con toda la ética y con toda la profesionalidad que hacen que, con orgullo, ostente nombres que han pasado y pasarán a la historia colectiva.