La información es poder. Este axioma no es válido sólo para los políticos o para las empresas editoras, sino también para aquellos que trabajan en sectores tan diversos como el de la joyería.
Afirma Ralph Lauren, presidente de Johson & Johson, que “no estamos en un negocio de productos, sino en un negocio de conocimientos”. Y cuando este planteamiento se lo da una multinacional que, entre otras cosas, vende aceite para bebés, merece quizás un cierto espacio a la reflexión.
Si partimos de la perspectiva de que, en cierta y en gran medida, todas las empresas son empresas de información, bien está que los profesionales de la gestión empresarial aprendan algo de los “superficiales” redactores de noticias. Cualquier estudiante de periodismo conocerá desde los primeros días de carrera las seis preguntas básicas sobre las que se sustenta la redacción de una noticia: qué, quién, cuándo, cómo, dónde y por qué. Cinco de estas seis preguntas se las planteaba Michael J. Earl, profesor de gestión de la información en la London Business School en un lúcido artículo publicado en Expansión. Cinco de éstas preguntas le servían para concretar un marco de análisis de las estrategias de información, pero también a través de sólo cuatro interrogantes –delimitando los dos restantes en su función- puede redefinirse lo que es una empresa de la información y cuáles deben ser las pautas a configurar en su funcionamiento cotidiano.
En un primer plano figurarían los datos y el conocimiento de la información (el qué). A más datos, mayor será el potencial de actuación y el planteamiento de estrategias, y menor el margen de error. Segundo, debemos tener en cuenta el conocimiento o la interpretación y en este caso juega un importante papel factor humano (el quién y el por qué). Los directivos son hoy procesadores de información; los empleados, trabajadores del conocimiento o intelectuales. Entre mayor sea el conocimiento del personal en la empresa, mayor será la capacidad de actuación, otra vez con menor margen de error. De este apartado derivaría la delimitación del cuándo y el dónde.
En un tercer apartado podría apuntarse la tecnología, que ayuda a procesar los datos (el cómo). Aquí las herramientas se ramifican, por lo que la necesidad de conocerlas es ya algo básico para cualquier empresa, pero no olvidemos que sin el hombre, sin el humano que las utilice, continúan siendo herramientas sin más. Al igual que un cincel.

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