viernes, 14 de octubre de 2005

¿UNA IDEA INTELIGENTE?

Cada vez que paramos a reflexionar, cada vez que pensamos, surge en nuestro cerebro una catarata de ideas. Si las seccionamos, si las analizamos separadamente, comprobaremos que muchas de ellas con ideas válidas y razonables. Son, en definitiva, ideas inteligentes. Por eso, ante situaciones difíciles, lo mejor que podemos hacer es pararnos a pensar y analizar, serena y sosegadamente, la realidad.

La crisis que estamos viviendo, insistimos una vez más, no es del sector en sí. Es de las circunstancias envolventes que rodean cada caso. Unas veces son esas huidas o acelerones hacia delante sin rumbo ni meta. Otras veces son los miedos y los temores que nos agarrotan y nos atenazan. Pero lo cierto es que la realidad no está resultando tan halagüeña como todos desearíamos. No hay más que mirar a nuestro alrededor. ¿Qué vemos? Fábricas y almacenes que cierran; alubión de tiendas por doquier; multitud de viajantes en las calles… Y todo eso ¿por qué y para qué?

Me lo corroboraban el otro día en una reunión de expertos. La solución para vender stocks desfasados no es abrir tiendas nuevas y anunciar oportunidades a bombo y platillo. La gente está un poco asqueada de tantas falsedades como intentan colarles con demasiada frecuencia. La gente desconfía de determinadas “gangas”. Saben muy bien que “nadie da duros a cuatro pesetas”. Las soluciones hay que buscarlas por otros derroteros. Se impone una serena reflexión, un profundo análisis de cada situación, una búsqueda, más que global, tal vez individual, de cada situación concreta y específica; una solución particularizada para cada problema.

Nuestro sector se encuentra sumido en una total confusión, en un caos práctico y pragmático. Da la sensación de que lo único que busca, la única meta que parece tener clara, es la de obtener ventas, alcanzar resultados inmediatos, buscar facturaciones puntuales que alivien el problema del momento. Y eso, por mucho que nos duela reconocerlo, no son más que parches. Como dice otro refrán, “es pan para hoy y hambre para mañana”.

No hace mucho nuestras tiendas, por principio, no aceptaban marcas: eran reacias a ellas. Hoy parece que valen todas. Hoy se acepta cualquier producto sin más. No se le somete a un análisis ni se tienen en cuenta otras valoraciones de cara al futuro. Todos queremos aprovechar al máximo la circunstancia propicia. Todos queremos sacar rentabilidad óptima al momento concreto. Todos nos lanzamos alocadamente a una desenfrenada carrera, tratando de llegar primero, aunque tengamos que dejar el camino sembrado de cadáveres…

¿Nos hemos parado a reflexionar? ¿Nos hemos preguntado a dónde nos llevará todo esto? ¿No nos damos cuenta de que organizaciones externas a nosotros, altamente preparadas, nos están comiendo el terreno? Son organizaciones que, haciendo gala de una planificación y una tecnificación fuera de serie, llegan, se aposentan, toman posesión de nuestro campo y plantan allí sus reales. Sin ningún tipo de consideración hacia los que en él estamos y de él vivimos, no sólo nos retan con despectiva soberbia sino que nos apartan brutalmente, nos avasallan y nos arrojan fuera, como si fuésemos apestados malolientes.

Dejemos ya de lamentarnos y de plañir. Pensemos y reflexionemos… Después o al mismo tiempo, pongamos manos a la obra. Como decía nuestro gran filósofo, hoy tan denostado, Ortega y Gasset, “mientras haya alguien que crea en una idea, esa idea vive”. Las ideas son fuerza y dan fuerza. Y no temamos al futuro aunque se vista de incierto. Está en nuestras manos.

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