Actualmente se habla mucho de crisis. Pero, con cierta frecuencia, las crisis, aunque sean reales, no son crisis del sector. No son crisis generalizadas. Son crisis individuales. Son crisis puntuales, concretas, perfectamente definidas y localizadas. Y de este tema habría mucho que hablar.
Fijémonos en un detalle. ¿Quién ha dicho crisis de ferias cuando algunos han batido récord de ventas por este sistema? Y créanos, estamos hablando en serio. No nos estamos inventando nada. Estamos constatando la realidad. Estamos reflejando un hecho en directo, en vivo, al momento y con resultados reales reflejados tras una feria que pasó y dejó un sabor dulce a muchos expositores. Sí, un sabor que hacía tiempo que no tenían en ninguna feria. Pero, claro, el sol no calentó para todos. Sólo los que supieron escoger el lugar adecuado para ponerse morenos, llegaron a conseguirlo.
Una vez más, desde aquí queremos recalcar que hay que prepararse, que hay que aprender a utilizar las herramientas. Y las ferias son una herramienta más de las muchas que debemos aprender a utilizar; una herramienta válida, aunque no única.
Otros sistemas para tiempos distintos
Hoy los tiempos han cambiado. Por eso los sistemas han de ser diferentes. Nuestro colectivo empresarial, nuestros detallistas en concreto, necesitan una adaptación inminente a los tiempos que corren. La realidad diaria plantea nuevas exigencias, nuevos retos a los que es necesario hacer frente con nuevas metodologías.
Hace algunos años teníamos que recibir diariamente numerosos viajantes en los establecimientos. Hoy estos se han reducido considerablemente. ¿A qué esperamos para, todos juntos, buscar una solución global a este problema?. ¿Esperamos a que nos vengan de fuera a dar soluciones? El mal es colectivo y la solución ha de ser global. Insisto, no hay crisis del sector; hay crisis en muchos miembros del colectivo. Son muchos los que no hacen que ocurran las cosas sino que esperan a que ocurran. Y no son pocos los que se limitan a decir que han ocurrido.
Desde hace tiempo venimos insistiendo en que el mal mayor radica en la distribución, en esa amalgama informe y en esa promiscua variedad de detallistas que tenemos por todas partes. Hoy todos se creen joyeros. Y esto no puede continuar por más tiempo. Si queremos avanzar, no podemos permanecer dormidos, insensibles al problema. Tenemos que coger el toro por los cuernos de una vez por todas.
Sólo los que se ponen al día, los que saben utilizar las herramientas adecuadas, los que quieren y saben en qué situación se encuentran, serán capaces de avanzar. Sólo los que, sabiendo que tienen un problema, tratarán de buscar la solución al mismo. Si no admitimos que estamos enfermos, mal vamos a querer y poder curarnos.
Alguien ha dicho que la resignación es un suicidio cotidiano. Pues bien, no seamos suicidas. No nos resignemos. Si no queremos perecer, busquemos remedios a nuestras crisis, a nuestras dolencias, a nuestros males. Como decía Francis Bacon ya a principios del siglo XVII, "el que no aplique nuevos remedios, debe esperar nuevos males".

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