miércoles, 24 de enero de 2007

¿ORO EN EXCLUSIVA?

¿La joyería tiene la exclusiva del oro, ha de aferrarse sólo a ella? Hace ya años que el segmento de las denominadas terapias naturales está utilizando el oro como oligoelemento o elemento traza (reducido a una dosis ínfima) para el tratamiento de determinadas dolencias y estados de ánimo, en este caso combinado con otros metales, como la plata y el cobre. Más recientemente, y en concreto hace unas semanas, en el popular programa de Karlos Argiñano, el gran chef José María Arzak dio una lección resumida del uso del polvo, escamas, etc. de oro para dar un toque lujoso a platos, bebidas y postres, aunque dejó bien claro que este tipo de oro no es de 24 quilates y no se vende en joyerías, sino en tiendas especializadas. En la cosmética el uso del oro, que se inició tímidamente como propuesta de lo más glamurosa para pieles exclusivas, está ganando espacios en el terreno del “make it yourself”. Por ejemplo, en este mes de febrero la selecta casa suiza La Prairie lanza un supercérum con oro coloidal, eso sí, a un precio casi de pieza de joyería: 500 euros. Sirvan estos datos para que ustedes, lectores, extraigan sus propias conclusiones. Es cierto que este sector tiene como principal materia prima un elemento codiciado por otros sectores, debido al aura de lujo que lo impregna desde tiempos inmemoriales. Pero también es palpable que esta economía globalizadora tiende mil y un puentes que interrelacionan mercados, culturas, segmentos... El mestizaje es inevitable. Y si otros segmentos buscan explotar también el valor simbólico del oro, ¿por qué no abrir a su vez la joyería a otras inspiraciones, a otras formas de definir la belleza, al mismo tiempo que aprovechamos ese tirón de la competencia a favor nuestro?

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