jueves, 11 de diciembre de 2008

CUANDO EL MAÑANA ES HOY

Un conocido refrán afirma que “no dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy”. Y todos sabemos bien que con este aserto queremos afirmar rotundamente la necesidad de acometer cuanto antes las tareas que tenemos pendientes. De lo contrario, estaremos acentuando esa inclinación –no se si natural o antinatural- a posponerlas continuamente. Dejándonos guiar por esa tendencia innata a la pereza que llevamos dentro, acabamos posponiendo sine die esas tareas que nos acucian y que exigen de nosotros un esfuerzo más grande.

Frases como “Mañana comienzo en el gimnasio”, “Mañana dejo de fumar”, “Mañana comienzo a caminar un par de horas”, “Mañana hablaré con fulano…”, “Mañana emprenderé esta reforma”… están a la orden del día en nuestro quehacer habitual. Porque, seamos conscientes de ello o no, lo cierto es que todos somos propensos a posponer las tareas, sobre todo aquellas que nos pueden resultar más engorrosas. Y no nos damos cuenta de que con ello, al mismo tiempo que estamos haciendo aumentar aun más el estrés que empapa nuestra rutina existencial, estamos también renunciando a una serie de remedios que sin duda vendrían a paliar la crisis que nos acucia.

A esta manera de actuar, a esta tendencia a posponer o postergar las tareas o actividades que nos exigen un esfuerzo especial, los psicólogos la han bautizado con el nombre de procrastinación. Y aun que los diccionarios habituales todavía no recogen este término, no cabe la menor duda de que la palabreja en cuestión viene a reflejar una realidad en la que estamos inmersos a diario.

A la vista de este modo de comportarnos, los psicólogos se preguntan dónde están las causas que generan este modus operandi. Tratando de profundizar en las raices, suelen poner el acento en algunos aspectos que con frecuencia nos pasan desapercibidos. A la dificultad de asumir compromisos y a la falta de motivación en algunos casos, hay que añadir, sin lugar a dudas, el temor que provoca siempre la incertidumbre y la falta de confianza en uno mismo.

¿Adolece nuestro gremio de estas actitudes negativas? Yo no soy quien para diagnosticarlo rotundamente. Pero sí puedo manifestar con conocimiento de causa que alguno de estos males está bastante presente. Es más, incluso me atrevo a afirmar que el temor al fracaso nos bloquea demasiadas veces. Y ese temor es el que nos está llevando a caer en la apatía, posponiendo para más adelante lo que debiera merecer una actuación inmediata.

Es cierto que cada persona es un mundo. De eso no me cabe la menor duda. Pero también es cierto que para cada mal existe la terapia apropiada. Por eso, si no queremos acabar naufragando estrepitosamente, no nos queda otro remedio que el de analizar nuestros comportamientos a la hora de asumir responsabilidades. Nuestro potencial –el de todos juntos y el de cada uno en particular- está fuera de toda duda. Por consiguiente, ¿por qué no asumimos el reto? ¿Por qué no nos convencemos de que somos perezosos antes que incapaces?

Me consta que, ante la crisis que estamos sufriendo, todos y cada uno vislumbramos la necesidad de llevar a cabo determinadas acciones, de acometer determinadas reformas en nuestra empresa o en nuestro negocio. ¿Qué por qué no lo hacemos? Cada uno tiene que buscar por sí mismo la respuesta. Yo me limito a recordar otra vez el refrán popular, tan lleno de sabiduría y tan cargado de experiencia: “No dejes para mañana, lo que puedas hacer hoy”. Tal vez mañana sea demasiado tarde.

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