El otro día, paseando por una calle de una importante ciudad española pude leer un cartel que decía: “Desde hace 50 años estamos aquí a su servicio”. Y pocos metros mas adelante, pude leer otro que decía:”Abierto desde la semana pasada: todos los productos son nuevos”.
De repente, creo que por deformación profesional, comencé a pensar en las joyerías, en el sector, en el porqué de cada tienda A la vista de las dos frases leídas, me vinieron a la mente un montón de preguntas: ¿Cuál de las dos frases genera más confianza en el posible cliente? ¿Ambas frases pueden ser igualmente válidas? ¿Quieren decir que las tiendas antiguas no pueden ofertar productos nuevos? ¿Quién nos garantiza que en una tienda nueva no tengan también productos antiguos? ¿El adjetivo antiguo tiene que ser necesariamente sinónimo de obsoleto o pasado de moda?
Evidentemente ninguna de la preguntas tiene una respuesta apodíctica, definitiva, turbativa. Todo depende de cómo se enfoque la cuestión. Y todo depende, igualmente, del enfoque que le haya querido dar su propietario.
Una tienda antigua puede estar repleta de productos de última moda. Y una tienda nueva puede tener en sus vitrinas multitud de piezas antiguas. Es mas, tanto una como otra pueden tener a disposición de los clientes productos exclusivos que ya no interesen al consumidor actual o, al menos, que ya no posean ese gancho de admiración que impulse a adquirirlos…
El género, todo género que sale a la venta, ha de producir algo único y deseado. Tiene que estar provisto de ese imán que lo haga atrayente y atractivo. Pero, claro, eso no tiene porqué estar reñido con la antigüedad o modernidad de la tienda. Son otros los criterios que deben primar. Y en eso, el propietario o el que esté al frente del local, deben saber discernir en cada momento lo que más conviene, lo que más atrae, lo que más seduce.
Pero no basta tener en cuenta lo que la gente quiere. Hay que saber despertar el interés sobre lo que se ofrece. Y para ello hay que tener en cuenta la cercanía o lejanía de otras tiendas que oferten lo mismo. En este sentido se puede afirmar que, al igual que no hay dos personas iguales, tampoco deben existir dos tiendas iguales en un espacio concreto. La lucha entre ambas, la guerra sin cuartel que entre ambas surgiría, sería terrible y, a la larga –bueno, a la no tan larga- perjudicial. De ahí la necesidad de especialización y de determinados exclusivismos que, aunque puedan parecer egoístas, serán la garantía de futuro.
¿Me admites un consejo? Sal fuera de tu tienda y mira para el escaparate haciéndote estas preguntas: ¿Llama mi atención? ¿Mantiene mi interés? ¿Me llega al corazón? ¿Me hace centrarme en mí? ¿Me deja la mente clara? ¿Usas palabras sencillas para describir lo que quieres comunicar? Si todo esto es así, ahora entra y pregunta a tus empleados. Pregúntales cómo y por qué están trabajando en tu establecimiento… Después, saca conclusiones. Pregúntate si has elaborado un buen mensaje y lo has difundido a los empleados y clientes. Y actúa en consecuencia.
Navega siempre con el viento a favor. Olvídate de la frase “pienso, luego existo”. La frase es verdadera, pero no es exclusiva. No basta con pensar para vivir. El vendedor, el emprendedor, solo existe si vende. ¿Tienda antigua Tienda nueva? Lo importante, lo que vale, es que venda.
De repente, creo que por deformación profesional, comencé a pensar en las joyerías, en el sector, en el porqué de cada tienda A la vista de las dos frases leídas, me vinieron a la mente un montón de preguntas: ¿Cuál de las dos frases genera más confianza en el posible cliente? ¿Ambas frases pueden ser igualmente válidas? ¿Quieren decir que las tiendas antiguas no pueden ofertar productos nuevos? ¿Quién nos garantiza que en una tienda nueva no tengan también productos antiguos? ¿El adjetivo antiguo tiene que ser necesariamente sinónimo de obsoleto o pasado de moda?
Evidentemente ninguna de la preguntas tiene una respuesta apodíctica, definitiva, turbativa. Todo depende de cómo se enfoque la cuestión. Y todo depende, igualmente, del enfoque que le haya querido dar su propietario.
Una tienda antigua puede estar repleta de productos de última moda. Y una tienda nueva puede tener en sus vitrinas multitud de piezas antiguas. Es mas, tanto una como otra pueden tener a disposición de los clientes productos exclusivos que ya no interesen al consumidor actual o, al menos, que ya no posean ese gancho de admiración que impulse a adquirirlos…
El género, todo género que sale a la venta, ha de producir algo único y deseado. Tiene que estar provisto de ese imán que lo haga atrayente y atractivo. Pero, claro, eso no tiene porqué estar reñido con la antigüedad o modernidad de la tienda. Son otros los criterios que deben primar. Y en eso, el propietario o el que esté al frente del local, deben saber discernir en cada momento lo que más conviene, lo que más atrae, lo que más seduce.
Pero no basta tener en cuenta lo que la gente quiere. Hay que saber despertar el interés sobre lo que se ofrece. Y para ello hay que tener en cuenta la cercanía o lejanía de otras tiendas que oferten lo mismo. En este sentido se puede afirmar que, al igual que no hay dos personas iguales, tampoco deben existir dos tiendas iguales en un espacio concreto. La lucha entre ambas, la guerra sin cuartel que entre ambas surgiría, sería terrible y, a la larga –bueno, a la no tan larga- perjudicial. De ahí la necesidad de especialización y de determinados exclusivismos que, aunque puedan parecer egoístas, serán la garantía de futuro.
¿Me admites un consejo? Sal fuera de tu tienda y mira para el escaparate haciéndote estas preguntas: ¿Llama mi atención? ¿Mantiene mi interés? ¿Me llega al corazón? ¿Me hace centrarme en mí? ¿Me deja la mente clara? ¿Usas palabras sencillas para describir lo que quieres comunicar? Si todo esto es así, ahora entra y pregunta a tus empleados. Pregúntales cómo y por qué están trabajando en tu establecimiento… Después, saca conclusiones. Pregúntate si has elaborado un buen mensaje y lo has difundido a los empleados y clientes. Y actúa en consecuencia.
Navega siempre con el viento a favor. Olvídate de la frase “pienso, luego existo”. La frase es verdadera, pero no es exclusiva. No basta con pensar para vivir. El vendedor, el emprendedor, solo existe si vende. ¿Tienda antigua Tienda nueva? Lo importante, lo que vale, es que venda.

2 comentarios:
rentsIgual que hay tratados de ESCAPARATISMO, ¿se atreverá alguien a escribir un tratado sobre FILOSOFIA de una TIENDA? Saber vender es un arte. Y los artistas no solo nacen; también se hacen. Y, muchas veces, a base de mucho sudor y muchas lágrimas
Hola, Pedro: Soy un amigo tuyo que no quiere desvelar su nombre para no herir susceptibilidades. me gusta tu manera de escribir. Insinúas. Abres campos, Provocas debates y diálogos. pero no das sentencias. Nunca dices la última palabra. Dejas siempre la puerta abierta a ulteriores razonamientos y a distintos puntos de vista. Tienes talante dialogante. No eres radical en tus posturas.
No pretendo ahcerte la pelota porque, entre otras cosas, no espero nada de tí más que tu amistad. Por eso solamente te digo: sigue así; vas por buen camino. Y si todos te hiciésemos caso, tal vez, la realidad joyera española tendría otra significación en el consorcio muldial
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