viernes, 29 de octubre de 1999

El vicio de generalizar

Poseemos el vicio de generalizar y muchas veces este ejercicio, del que se libran escasos humanos e instituciones que los agrupan o representan, trae nefastas consecuencias. Poseemos el vicio de extrapolar, extrayendo actos, manifestaciones u opiniones de su contexto primario, perdiendo así su significado original o, peor, adquiriendo un relieve antagónico con su esencia de origen.

Leemos “La Familia de Pascual Duarte” y deducimos, en un pronto de ingenuidad que sólo oculta ignorancia, que toda Extremadura es una Siberia de abyecta miseria. ¿Tiene la culpa de ello Camilo José Cela?.

Seguimos las noticias que continuamente se magnifican sobre las ansias independentistas de Euskadi, el “Fet diferencial” de Catalunya o el tesón centralista madrileño. Resultado: todos los vascos, todos los catalanes, todos los madrileños son iguales. ¿Tiene la culpa de ello el vasco, el catalán o el madrileño que amablemente nos cede su casa o nos sienta a su mesa cuando le visitamos? ¿Quién propicia las lapidaciones por generalización? ¿Qué oscuros intereses estamos legitimando cuando nos prestamos a dicho juego?

Esta tendencia al maniqueísmo merece nuestra más seria atención porque ni el mismo sector joyero es impune a ello. Como prueba, sirva el revuelo ocasionado en los medios de comunicación a raíz de una circular policial y la denuncia de SOS Racismo. Por una parte, la Policía pretendía poner sobre aviso al sector ante el escalofriante aumento de siniestros. Si la experiencia indica que la mayor parte de los asaltos a joyerías y representantes son obra de bandas de países latinoamericanos, ¿es culpa de cualquier ciudadano de origen colombiano o chileno?
Evidentemente esta pregunta es absurda para cualquier persona razonable. Pues de la misma forma debería ser absurda la extrapolación –aunque sea con loados motivos- de la ONG mencionada. ¿O hubiera sido mejor que la Policía obviase el dato, dejando al sector en la más indefensa ignorancia, para no despertar susceptibilidades?

Nuestra sociedad está llegando a unos niveles de histerismo tal –y en ello los medios de comunicación como máximos artífices deberíamos realizar un acto de reflexión profunda- que para combatir la xenofobia acabaremos por realizar xenofobia con nosotros mismos. El delito se ha de perseguir y los derechos democratizar, sea el delincuente o el receptor del color, la raza o la religión que sea. Sólo así igualaremos en condiciones y oportunidades a todos los seres humanos.

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