Hace muy poquitos años Internet nos parecía un sueño lejano. Hoy es realidad palpable, eficiente y efectiva. Y el “invento” no se estabiliza ni se detiene. La red crece a ritmo vertiginoso. ¿Hacia donde nos llevará? ¿Cuál será la meta última? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es que quienes no se enganchen, están condenados al fracaso.
No cabe la menor duda. Internet es un medio imprescindible para la información: para darla y para recibirla. Pero también es un medio para el que no estamos suficientemente preparados, ni nosotros ni el bonito “invento”. Necesitamos, entre otras cosas, más y mejores instrumentos de navegación para movernos y desarrollarnos en él.
Comenzamos en su día utilizando los ordenadores, que hoy son ya el sistema más popularizado para el acceso a Internet. Inmediatamente aparecieron las Set-Top Boxes que convirtieron a los televisores en aparatos aptos para esta navegación. Tenemos ya ahí los teléfonos móviles WAP. Se dice que antes de las próximas Navidades van a inundar los mercados y supondrán una de las revoluciones más importantes en el campo de la información.
Se prevé que a principios del 2001 irrumpan los teléfonos móviles GPRS y en la segunda mitad de ese mismo año los teléfonos móviles UMTS, llamados también de tercera generación. Con ellos podremos disponer de grandes velocidades de acceso a la red desde dispositivos inalámbricos.
Existen ya ordenadores de a bordo para automóviles con conexión a Internet. También hay agendas electrónicas y ordenadores de bolsillo que permiten la recepción y el envío de correo electrónico, así como el acceso remoto a equipos y la navegación por la red. Sin olvidarnos, claro está, de los servicios Internet accesibles a través del teléfono tradicional mediante la voz o por medio de fax.
Queramos o no, Internet está cambiando nuestras vidas. Y no lentamente, ya que el cambio es más rápido de lo que muchos creen. El desarrollo de las nuevas tecnologías está impulsando la aparición de infinidad de dispositivos integrados con la red. Así, por ejemplo, la nevera conectada a Internet para efectuar la compra o el reloj en el que podremos leer el correo electrónico serán una realidad muy pronto en nuestros hogares.
Alguien ha dicho que “Internet es como una nueva ágora, un nuevo mercado, en el que se pueden encontrar todo tipo de personas y cosas”. Los usuarios de Internet intercambian información y se coordinan a velocidades sorprendentes.
Si observamos los hábitos del consumidor, podremos llegar a la conclusión de que la gente compra en Internet si le reporta algún beneficio. Puede ser una mayor comodidad. Pueden ser unos precios más asequibles. O puede ser, también, la posibilidad de acceder más fácilmente a productos de difícil localización en el mercado.
Efectivamente esto es así. Sin embargo, es necesario profundizar un poco más. Descubriremos, entonces, que están apareciendo nuevas formas de comprar productos en las que el papel del cliente o consumidor aparece potenciado y reforzado. Se trata de un fenómeno a tener en cuenta. Un fenómeno que deja entrever la posibilidad y la necesidad de obligar, forzar o empujar a las empresas a que lleven a cabo un nuevo enfoque hacia el cliente, en definitiva, una nueva relación con él.
En esta línea estamos -queremos estar- nosotros. Siguiendo una filosofía realista, nuestro grupo empresarial dirige su potencial a cubrir dos necesidades básicas: disponer cada día de más información específica y, al mismo tiempo, compartir dicha información, haciéndola llegar por cauces eficaces al mayor número posible de personas. Nuestra filosofía de empresa especializada es ofertar aplicaciones de negocio y servicios de calidad, tratando de aportar la mejor solución a las necesidades y a la problemática existentes.
Ese es nuestro empeño y nuestro reto. Por eso te hacemos una proposición que no es indecente: engánchate a nosotros. Te proporcionaremos orientación y consejo. Te informaremos de manera veraz. Te facilitaremos los cauces apropiados para que tus objetivos se hagan realidad. No lo dudes. Engánchate al futuro.

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