jueves, 17 de mayo de 2001

Relojero y reloj, ¿binomio inseparable?

Hace algún tiempo podría ser. Hoy afirmamos que no es así. ¿Qué es un reloj?. ¿Es una joya?. ¿Es un aparato de precisión?. ¿Es un elemento de estética?. Tal vez. Pero hoy vamos más allá.


En los años 60 se decía que un reloj era una joya para los 70. Con la irrupción del cuarzo, Japón lo convirtió en bisutería. Y en la década de los 80, con la llegada del plástico, Swatch lo convirtió en complemento de moda.

Pero, ¿qué está pasando actualmente?. Las técnicas de fabricación de relojes se multiplican. Y casi se puede afirmar que “hasta el más tonto hace relojes”. La economía se ha globalizado y mundializado. Cualquier componente de un reloj está al alcance de cualquiera. Todo esto nos lleva a que los relojes son prácticamente iguales en técnica y diseño.


¿Cuál es la diferencia entre un reloj y otro?. ¿Qué hace que el comprador se decida por uno u otro?. La diferencia está en la marca. El gusto del consumidor. La vanguardia. El éxito económico. Ascenso en el trabajo. Deportista. Exclusividad... Podemos afirmar que las marcas buscan un segmento determinado de la sociedad. El consumidor compra el producto con el que se identifica, una apariencia en la que pueda proyectar su imagen. Por eso hay quien afirma que el reloj se lleva en la cabeza no en la muñeca.


El reloj ya no es un elemento exclusivo del relojero. Hoy hay relojes para internautas, para deportistas, para triunfadores, para gente de vanguardia. Ahora se vende en cualquier sitio, especialmente donde se vende moda. Por eso nos hacemos otra pregunta: ¿qué debe hacer el relojero?. CAMBIAR SU MENTALIDAD. Este cambio de mentalidad debe estar basado en que el relojero debe ser vendedor de marcas y no el sentimental artesano de marcas.


La sociedad de hoy se diferencia por un estilo de vida o por una posición social. Ahí es donde entra la elección de la marca que nos aporta esos valores. Ya no compramos un producto. Compramos marcas que representan formas.


Insistimos. El detallista relojero debe saber que hoy se venden marcas, no productos amorfos.
Hay que renovarse. Hay que cambiar de mentalidad. Hay que hacer cambios estéticos en el establecimiento. Es la única manera de atraer a ese comprador que se dirige a otros puntos de venta alternativos. Y las marcas que se oferten, deben cubrir los diferentes estilos de vida de los posibles clientes.


Cerraremos este escrito permitiéndonos reiterar que si queremos que reloj y relojero sigan su camino unidos, debemos, al menos, hacer estas tres cosas: cambiar de mentalidad, renovar el aspecto de nuestro establecimiento y elegir bien las marcas necesarias que cubran todos los estilos de vida de nuestros clientes. De no ser así, difícilmente incrementaremos ventas. Y, lo que es pero estaremos permitiendo que nuestros clientes se desplacen a otros lugares que sí se han adaptado; en definitiva, que han cambiado de mentalidad.

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