Falta menos de medio año. Prácticamente, nada. El 1 de enero de 2002 ya está aquí, a la vuelta de la esquina. Lo que veíamos tan lejano, muy pronto va a ser historia real. El euro dejará, por fin, de ser un ente ficticio. Pasará a ser real, físico, palpable. Lo podremos tocar y utilizar. Mejor dicho, lo tendremos que manejar. No nos quedará otro remedio.
¿Estamos realmente preparados? El impacto va a ser muy grande. Y no solo psicológico, como opinan algunos. Lo vamos a notar –y mucho- en nuestro trabajo y en nuestra vida diaria.
Periodo de incertidumbre
Pensando con buena lógica, habrá que admitir que se abrirá un periodo de incertidumbre. Y que algún avispado -que siempre los hay- tratará de sacarle provecho. Estemos atentos. Estemos atentos porque alguna desorientación va a existir.
A pesar de las dificultades que entraña, debemos ser conscientes de que el euro nos aportará muchas ventajas. Conviviendo con él, todo resultará más fácil. Y en esto los españoles somos alumnos aventajados. En nuestras épocas de fuerte emigración nos tuvimos que adaptar a las monedas de cada país receptor. Y no pasó nada. También los turistas se adaptan a cada momento o situación y apenas notan el cambio... Sólo hay que concienciarse de tenerlo en mano y estar atentos. Sólo es cuestión de poner los medios apropiados y necesarios.
Preparados, ya
La revolución del euro ya está aquí. En nuestro gremio somos muchos los que ya hemos intentado prepararnos informáticamente para que la adaptación sea más rápida, más efectiva y menos problemática. Si todavía no lo hemos hecho, preparémonos inmediatamente. La cuenta atrás ya ha comenzado. Ojalá no tengamos que lamentarnos después de lo que podíamos haber hecho y no hicimos.
Pensemos en Europa
Lo virtual, lo psicológico va a ser real. Nuestro mercado ahora sí que será global. Dejemos de pensar sólo en nuestro país. Pensemos en Europa porque ahora sí que somos europeos, y nuestros clientes también son europeos.
Decía Cervantes que “no se toman truchas a bragas enjutas”. No basta con permanecer expectantes ante lo que venga. Es necesario mantener viva la facultad del esfuerzo. El éxito es una escalera por la que no se puede subir con las manos en los bolsillos.

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