Decían los clásicos que el tiempo es la medida de todas las cosas. También se suele decir que el tiempo da y quita razones. Y es cierto. Por eso, ante la cruda realidad que está viviendo nuestro sector, no podemos quedarnos en lamentos diciendo que “aquel tiempo nunca volverá”.
Aquí no valen caras de circunstancias, decía Shakespeare. Todas las cosas hieren y la última mata. Aquí solo vale una reacción a tiempo, un cambio de rumbo urgente, una adaptación a los nuevos tiempos con suma celeridad.
Lord Melbourne manifestó un día su incomprensión a la moda de llevar un reloj encima. No veía la razón de tan incómoda máquina. Decía: “Cuando quiero saber la hora, se la pregunto a un criado y él me dice la que le da la gana”. Hoy nos reímos con tamaña simpleza.
El tiempo es una fuerza avasalladora que no tiene normas. O, si las tiene, no las respeta. Nosotros somos relojes biológicos. Pero, con más frecuencia de la debida, vivimos equivocados. Pensamos que el tiempo pasa. Y resulta que los que pasamos somos nosotros. Los ciclos se cumplen con nuestro paso por el tiempo.
Nuestro sector se está acostumbrado a vivir contando las horas y los días. Y es muy probable que el tiempo sea la peor compañía. Volver la vista atrás y esperar que aquellos tiempos gloriosos del pasado vuelvan, no es la mejor solución. Aunque el tiempo volviera -cosa imposible-, nosotros ya habríamos pasado. Es algo que no tiene vuelta.
Entrar en la ola de la moda
La solución está en el futuro. Hay que dar una vuelta al timón y entrar en la ola de la moda. Conozco algún fabricante de zapatos que se dio cuenta de que su distribución no podía ceñirse a vender zapatos en zapaterías sino en tiendas de moda. Y el resultado ha sido multiplicar por muchos enteros su producción. Necesitamos darnos cuenta de que cada día aumenta el número de clientes que necesitan salir completamente equipados de esos locales que tan bien han entendido qué es lo que el cliente desea. Aquí no valen las cuentas de la lechera. Aquí no valen parches. No me cansaré nunca de decirlo: el cliente sabe muy bien lo que quiere.
Veinte mil detallistas de joyas y relojes esperan el paso del tiempo. Estoy completamente seguro de que a menos de un par de miles -siendo generoso- este paso del tiempo les va a ser favorable o beneficioso. Al resto no les queda otra opción: o giro a toda vela y cambio de rumbo o el rumbo los llevará a mal puerto.
Las marcas importantes lo saben. Por eso seleccionan muy bien su distribución. Es más, incluso montan su propia distribución solapada o en paralelo. Están adaptándose al tiempo y a los tiempos.
A los que no quieran actuar así, a los que prefieran seguir anclados en la rutina, aguardando pasivamente a que el paso del tiempo les mejore el rumbo, les quedan pocas esperanzas. Si logran sobrevivir, si logran llegar a puerto, será como náufragos desnudos e indefensos.
No quiero terminar sin repetir lo que decía al principio: aquí solo vale una reacción a tiempo, una adaptación a los nuevos tiempos. Las meditaciones trascendentales, los ejercicios espirituales sólo son buenos si desembocan en un cambio de rumbo. El tiempo certificará que llevo la razón.

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