En medio de esta vorágine existencial que nos agobia, surgen muchas preguntas a las que nos gustaría dar respuesta. Ante cambios tan rápidos y vertiginosos, nos asaltan constantemente unos interrogantes que parecen demandar soluciones inmediatas. Con demasiada frecuencia nosotros, los humanos, nos encontramos en un callejón sin salida, incapaces de ver la luz que oriente nuestro presente y nuestro porvenir.
¿Dónde empieza lo moderno? ¿Dónde acaba lo clásico? ¿Qué es la perfección? ¿En dónde radica la validez objetiva de una realidad?... Son preguntas y más preguntas. Son interrogantes que se clavan como aguijones. Porque, queramos o no, lo cierto es que las épocas, los gustos, las formas, los estilos... todo ha cambiado y sigue cambiando.
Y aquí, no valen lamentaciones. No vale decir que “cualquier tiempo pasado fue mejor”. Sin pecar de optimista y haciendo y haciendo solamente uso de un lógico realismo objetivo, debemos estar convencidos de que el progreso es positivo. Por consigui9ente, debemos suponer que lo mejor está por llegar.
Pero ¿cuándo llegará?. Y ¿quién podrá disfrutar de ese futuro mejor?. Son preguntas que demandan respuestas inminentes, pero respuestas operativas y prácticas. Dejemos las respuestas teóricas para los filósofos, los sociólogos o los historiadores. No juguemos a adivinos y pongamos manos a la obra.
Lo que está totalmente claro es que el pasado ya no volverá. El ayer y el anteayer no son más que historia. Una historia que ha desembocado en nuestro hoy concreto y que nos aboca a un mañana imprevisto, indefinido, plagado de interrogantes, desafiantes y retador.
Nosotros, los humanos, ante una mañana así, no podemos permanecer impasibles. No podemos cruzarnos de brazos y aguardar pasivamente a que lleguen esos tiempos mejores. Porque, efectivamente, esos tiempos mejores vendrán. Pero hay que hacerlos venir. Hay que prepararse para que. Cuando lleguen, no pasen de largo delante de nuestra puerta.
No vale dejar para mañana lo que podríamos haber hecho ayer o lo que tenemos que hacer hoy. Para salir de la situación en la que nos encontramos, hay que comenzar a actuar de inmediato. Igual que el movimiento se demuestra andando, el futuro se fragua en el presente. Si no queremos engrosar esa tétrica y tremebunda lista de “especies a extinguir”, no nos queda otra salida que poner manos a la obra.
Aquí no hay milagros. Aquí no hay lluvias milagrosas que nos traigan del cielo el maná. El desarrollo tiene sus leyes y su lógica. Todo está en continuo progreso. Tenemos que ser capaces de ver las nuevas exigencias de descubrir esas nuevas tendencias que habrá que afrontar en un futuro que ya es presente. Los que no sean capaces de adaptarse y evolucionar, se quedarán en el camino.
Es cierto que el sector - nuestro querido sector joyero- seguirá. Pero, ¿A costa de quién y de qué? ¿Cuántos cadáveres comerciales tendrán que quedar en la orilla? ¿Cuántos fracasos y frustraciones tendremos que paladear? ¡Cuántos lanzas necesitamos romper? ¿Cuántas tierras habrá que rotura?
La sabiduría popular afirma que “no se cogen truchas con las bragas enjutas”. Eso quiere decir, ni más ni menos que, si queremos obtener frutos, tenemos que mojarnos. Sí, tenemos que implicarnos al máximo en la lucha. Tenemos que saber utilizar todos los instrumentos apropiados. Tenemos que saber valernos de los medios que la ciencia y la técnica ponen a nuestro alcance. De lo contrario, pereceremos irremisiblemente.
Las costumbres mudan a velocidades vertiginosas. Los hábitos cambian de un día para otro. Y nosotros tenemos que acostumbrarnos a digerir esas nuevas realidades. Tenemos que acostumbrarnos a digerir esas nuevas realidades. Tenemos que crear nuevos planes de acción.
Las oportunidades las tenemos todos. Pero no todos sabemos aprovechar. Y en este mundo en constante evolución no se trata de una cuestión opcional. Es una obligación ineludible para poder sobrevivir, para poder afrontar el mañana con optimismo y esperanza. Después... no valdrán lamentaciones y de nada servirá decir “¡Qué mala suerte he tenido! Todo ha ido contra mi” Sencilla y llanamente habrá que decir: Tú te lo has buscado”.

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