"Yo soy yo y mis circunstancias", decía con toda la razón del mundo nuestro filósofo, hoy injustamente denostado, Ortega y Gasset. Porque, queramos o no, uno es hijo de las circunstancias. Y las circunstancias son las que mandan, las que imponen rotundamente su ley. Por mucho que nos empeñemos en negarlo, "las circunstancias cambian, incluso, la lógica de la historia".
En los últimos años hemos sufrido un profundo cambio -algunos dicen que una transformación total- en el conjunto de los principales aspectos sociales que tenemos que lidiar para vivir a diario. Queramos o no, somos ya europeos tanto para el bien como para el mal. Debemos ser conscientes de que la competencia nos ha invadido por los cuatro costados. Pero también debemos ser conscientes de que para nosotros la potencial clientela se nos ha multiplicado por varios enteros.
Observemos algunos acontecimientos. Hemos tenido unos Juegos Olímpicos, una Expo, una capitalidad europea de la cultura. Hemos tenido gobiernos de distinto signo: la UCD, los socialistas, el PP y ahora, de nuevo e inesperadamente, otra vez los socialistas, apoyados por tripartitos de signos contradictorios. Hemos vivido un intento tragicómico de golpe de Estado, misteriosas e inexplicables intervenciones económicas como la de Rumasa, un cambio de moneda cuyas consecuencias todavía resultan imponderables... Si a esto añadimos la friolera de innumerables atentados, de impensables robos en campos concretos y específicos a nuestro sector, de sorpresivas intervenciones por temas de IVA en ciertas zonas joyeras, y de otras lindezas por el estilo, nos convenceremos de que, una vez más, son las circunstancias las que mandan, las que imponen su ley inapelable. A pesar de todo esto -o, tal vez, debido a todo esto- seguimos luchando, seguimos en la brecha. Tal vez, gracias a todo esto, estamos vivos.
Filosofía de empresa
A poco que analicemos la realidad circundante, comprobaremos que la filosofía de las empresas ya no es la misma. Hoy estamos -o necesitamos estar- todos globalizados, tanto en técnicas de organización como de gestión. Hoy se ha situado a la persona como eje, como protagonista del devenir empresarial. Se puede afirmar con todo rigor que sin personas no hay empresas.
Nuestro sector está dando un profundo giro en todos los campos. Y, aunque muchos no lo creen, en el campo de la distribución de nuestras tiendas también tiene que producirse esa transformación. Hay que clasificar a nuestras tiendas y no mezclar ni tratar de confundir. Las joyerías de alto nivel son para eso, para vender joyas de platino, oro y piedras preciosas. Y en otros establecimientos habrá que vender moda, tendencias, fashion. No se trata de supravalorar a unas y de infravalorar a otras. No se trata de establecer clases sociales. Se trata, lisa y llanamente, de utilizar cada cosa para lo que realmente es. Lo demás, lo único que consigue es generar confusión, caos, desorden y engaño.
Y que conste que con esto no hacemos más que citar el inicio de un camino que creemos que se debe de tomar, si de verdad queremos llegar a una meta. De lo contrario, estaremos quemando en balde nuestras energías intentando roturar montañas con túneles que no conducen a ninguna parte.
La practicidad es una virtud indispensable no sólo para poder avanzar y crecer sino, incluso, para poder sobrevivir en medio de esta selva global en la que hemos convertido nuestro querido mundo. Urge concienciar y consolidar a los detallistas en cada campo. Cuando delante de nosotros aparecen múltiples caminos, resulta imprescindible elegir uno de ellos: el que consideremos más apropiado para llegar a la meta.
Acortar terreno
Todos no pueden estar en todo. Hay que seleccionar. Hay que especializarse. Hay que saber delimitar los contornos. Hay que ceñirse al terreno que uno libremente ha acotado... Es la única manera de fomentar confianza y de ofrecer garantías. Si así lo hacemos, el reconocimiento de nuestros clientes no se hará esperar.
No cabe duda de que todo esto no surge de la nada. Las cosas no suceden por casualidad. Lo del burro flautista no deja de ser una fábula. Debemos acometer iniciaciones organizativas. Hay que arriesgarse. Hay que mojarse. Hay que jugar y jugar limpio... Se suele decir, con razón, que sólo hay dos opciones: estancarse (para morir) o evolucionar.
Tenemos que ir hacia un desarrollo constante y espectacular. Debemos acometer importantes cambios que nos ayuden en la evolución social y económica que se nos está demandando. La transformación de nuestro sector está ligada al comercio. Pero un comercio actual, preparado, inteligente y seguro de lo que quiere, tanto en el gusto como en el poder adquisitivo.
Nuestra evolución debe ser moderna, consecuente con las circunstancias de nuestro tiempo y de nuestra época histórica. Son muchos los campos en los que se nos está demandando un cambio. Pero hay dos en los que no podemos demorarnos por más tiempo. Me refiero a la inexorable ley de la oferta y la demanda y al reemplazo generacional. Son dos terrenos en los que debemos emplear dosis extraordinarias de energía vital y de energía empresarial.
No se trata de producir sin más. Se trata de producir lo que el cliente demanda. ¿Y qué es lo que demanda? Demanda unos productos que sean capaces de satisfacer sus necesidades. Pero no unas necesidades teóricas, sino unas necesidades muy concretas, muchas veces, subjetivas y creadas por el entorno en que se mueve y por el aire que respira. Por eso resulta tan importante saber crear esas necesidades y saber después satisfacerlas con productos específicos y debidamente apropiados.
Por otra parte, no podemos perder de vista que la edad no perdona. Decía Maurice Chevalier que "envejecer no es malo cuando se piensa en la alternativa". Por eso, hay que saber dar esa alternativa. Hay que saber dar paso a la juventud. Pasaron a la historia aquellos años en los que nuestros jóvenes tenían que salir a buscar fortuna al exterior. Hoy está sucediendo lo contrario: hoy son los de fuera los que vienen a nuestro país en busca de esa fortuna deseada, que su país le niega. Nuestra juventud, con sus defectos y con sus virtudes, está ahí, llamando a la puerta, demandando un protagonismo. Es el siguiente paso de la nueva civilización...

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