Si somos realistas y objetivos, tenemos que aceptar que nuestro sector está enfermo: tiene un tumor. Y podemos diagnosticar que, hasta la fecha, se trata de un tumor benigno. Pero, ¡ojo!, ¡cuidado!, que se puede convertir en maligno... Urge, pues, una terapia apropiada. No valen simples paños calientes. A grandes males tenemos que poner grandes remedios y no parches provisionales que infecten las heridas.
Esto que acabo de escribir no quiere ser más que un aviso, una llamada de atención ante la toma de decisiones que nos pueden llevar a un caos total. Y no creáis que me he vuelto loco. Simplemente me he parado a pensar lo que creo que tiene que hacer todo detallista o mayorista antes de lanzarse alocadamente a comprar.
Aquí se puede hacer realidad, una vez más, ese conocido refrán de que "lo barato puede salir muy caro". Vayamos al grano. Llevamos unos meses hablando todos de una feria oriental que parece ser tendrá lugar en Barcelona. Se suele comentar que eventos como éste acaban con nuestra industria, que nuestros detallistas dejarán de comprar al fabricante español y comprarán todo a los chinos. ¿Será verdad? ¿No habrá algunos que se están frotando las manos?
Seamos sinceros de una vez por todas. Algunos de nuestros fabricantes ya están produciendo y fabricando cosas en China. Y cada vez parecen ser más los que se lanzan a esta aventura en la seguridad de obtener mejores y más rentables beneficios, debido, principalmente, a la existencia allí de una abundante mano de obra mucho más barata.
La gallina de los huevos de oro
Yo no me atrevo a afirmar que esto sea bueno ni malo. Es la realidad, la simple realidad cruda y dura. Es una forma de llegar al consumidor final a un precio mucho más competitivo y no sé si también más justo. Pero me pregunto y os pregunto si este proceso está debidamente controlado y garantizado. Me pregunto y os pregunto si, a la larga y a la corta, no estaremos matando la gallina de los huevos de oro. Me pregunto y os pregunto si, en aras de esa rentabilidad manifiesta, no estaremos cayendo en una sima abismal de la que nos resultará imposible salir.
No me cabe duda de que en este mundo tan globalizado las fronteras son cada vez menores. Por eso pienso que, en principio, esta manera de actuar puede ser positiva siempre que sepamos hacer bien las cosas. Los que llevan tiempo haciéndolo, pueden asesorarnos y orientarnos. Ahora bien, cuando el detallista, eufórico y deslumbrado por los bajos precios, se lanza alocadamente a comprar a teóricos fabricantes chinos, corre el peligro de llenar sus escaparates y las trastiendas de sus establecimientos con una mercancía carente del más elemental valor joyero y condenada a un despectivo ridículo.
No olvidemos que ellos montan aquí un evento ferial con el único fin de vender lo que no han podido colocar antes en otros mercados. No cabe duda de que si, atraídos por tan deslumbrante pero engañoso cebo, mordemos el anzuelo con los ojos cerrados, nos veremos abocados a cargar con un tremendo lastre, que nos estará atenazando mucho tiempo y que terminará asfixiándonos totalmente. Y, claro, esto puede ser el cáncer terminal de muchos del sector.
Nuestros detallistas suelen decir con bastante frecuencia que no compran, porque todavía no han vendido lo que desde hace años tienen. ¿No será que han caído en la apatía y simplemente esperan milagros? Los ciclos positivos, los cambios prometedores no llegan llovidos del cielo. No, señores. Todos los demás sectores ya han pasado y superado hace años esta fase o etapa necesaria de adaptación a los nuevos tiempos y a las nuevas exigencias. Nosotros parece que seguimos esperando... ¿Hasta cuándo?
He dicho -y lo sigo afirmando ahora- que este año para el sector va a significar un antes y un después en la joyería. Espero y confío que sea para bien y no para empeorarlo más. De todos depende. Ya lo dijo el sabio: "Todo esfuerzo es un éxito". Tengamos presente que, aunque los seres humanos estemos siempre ávidos de novedades, "solamente lo bueno y lo bello son eternamente nuevos".

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