Explicaba a este periódico Mónica Martínez, de la firma Dámaso Martínez, que salir fuera “es duro, porque nadie te regala nada”. Tan duro que sólo unos pocos se atreven a dar el decisivo paso. Y de hecho Dámaso Martínez era una de las sólo cuatro empresas joyeras españolas que se atrevieron a mostrar la cara con orgullo entre la mastodóntica oferta de los italianos en Vicenza.
Bien por ellos y por todos los que, una vez bien definido su producto, tienen el valor de salir al ruedo internacional para echar un capote al mercado. Nos consta que muchos de nuestros profesionales del sector han vivido multitud de aventuras, algunas agradables y otras no tanto, en esta peripecia. Porque los principios siempre son difíciles, pero también tienen algo de encanto amateur que gusta rememorar cuando ya existe una apuesta profesional consolidada.
A la hora de emprender la aventura de la exportación, existen claves que ayudan a obtener resultados exitosos. Entre ellas la diferenciación. Si quieres que alguien se fije en ti, has de tener algo que marque diferencias. Y esta tarea resulta complicada de afrontar dada la competitividad existente.
Está visto que la oferta española, al igual que la del resto de la Comunidad Europea, tiene cada vez más difícil competir por precios. Ya lo constataba el interesante Plan Estratégico elaborado para la joyería cordobesa. Es necesaria una profesionalización que vehicule a la empresa bajo los criterios, no sólo de la calidad, sino también de la innovación creativa. Creatividad a todos los niveles, lo que exige también formación en todos los ámbitos. Si logramos esto, seguro que tendremos para ofrecer un producto bien diferenciado y que se abrirá camino en cualquier mercado.

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