Me sucedió el otro día. Buscando un libro concreto en mi biblioteca, fui a poner los ojos en otro que no buscaba. Era de Cervantes. Lo tomé en mis manos y me puse a releerlo un poco, sin poner mucho interés en lo que estaba leyendo. De repente, una frase me llamó la atención. Más o menos, venía a decir que, si no nos domina la pereza y la ociosidad, no hay ningún camino que no nos conduzca a la meta. Pues bien, este pensamiento cervantino me hizo recordar aquel conocido refrán que afirma que "todos los caminos llevan a Roma". Y así, dándole vueltas al tema, traté de sacar algunas conclusiones que pudiesen resultar de utilidad. No es que eso sea la panacea que todo lo cura. Pero puede ayudarnos a avanzar. Claro que, para eso, debemos comenzar por delimitar cuál es nuestra meta, a dónde queremos llegar, cuáles son nuestros objetivos; en una palabra, cuál es nuestra Roma concreta. Porque, si no sabes a dónde quieres ir, ¿cómo vas a saber el camino?
Una vez que tengas claro tu objetivo empresarial, es el momento de analizar cuál es el camino más apropiado. Aunque en principio y objetivamente todos puedan resultar válidos, unos serán más fáciles, más rápidos y más transitables que otros. De ahí la necesidad de analizar desapasionadamente sus pros y sus contras para poder escoger sin riesgo a equivocarse.
Vencer la pereza y la ociosidad
Elegido el mejor camino para poder alcanzar el objetivo soñado, es el momento de ponerse a andar. No vale eso de quedarse con los brazos cruzados contemplando como avanzan los otros o lamentándose de la propia coyuntura. Para empezar, hay que vencer la pereza y la ociosidad. Pero también hay que salir del ostracismo y de la monotonía. Nadie puede ni debe ser esclavo de su identidad. Cuando surge una posibilidad nueva, hay que saber aprovecharla. Si queremos llegar antes a la meta, es necesario saber cambiar a tiempo. De lo contrario, nos exponemos a que otros nos ganen la delantera.
En un mundo globalizado, en una sociedad corporativa y gremial como la nuestra, o cambias o te cambian. Es cierto que hoy hay más oportunidades que nunca y más posibilidades que en otra época. Pero también se corren más riesgos y es necesario afrontar más peligros. Las cosas cambian a tal velocidad que podemos quedar fuera de juego si no actualizamos nuestra situación, nuestros conocimientos.
A hacer camino
Los retos que se nos presentan a la vista, los escollos que tenemos que superar en el camino, son cada día mayores y más variados. De ahí esa necesidad ineludible de decisión, de arranque, de ímpetu, de poner en operatividad todas nuestras energías vitales y todas nuestras potencionalidades comerciales. Tenemos que lidiar con consumidores más formados e informados. Y si nos limitamos a hacer las cosas como las hemos hecho hasta ahora, sólo llegaremos a conseguir lo que tenemos actualmente.
No nos durmanos en los laureles. Pero tampoco claudiquemos o arrojemos la toalla, sin más. No nos cansemos ni desesperemos. No nos dejemos invadir ni por la apatía ni por la desesperación. No hagamos de nuestra vida una rebeldía incontrolada ni tratemos de dar coces contra el aguijón. Saquemos el valor de dentro de nosotros mismos. Busquemos nuestro camino. Y pongámonos ya a caminar, a hacer el camino, avanzando juntos en esa dirección que nos lleve a alcanzar la meta soñada. El esfuerzo habrá merecido la pena.

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