lunes, 2 de junio de 2008

ANTE LA RELOJERÍA DE LUJO

Uno de los fenómenos que llaman la atención en nuestra sociedad actual es el mundo del lujo en el campo relojero. Se trata de un fenómeno que puede – y debe- ser sometido a un profundo estudio que, lógicamente, rebasa los límites de este comentario. Aquí me limitaré a subrayar la dimensión genérica del mismo por considerarla de enorme importancia e interés para el sector.

A ningún profesional se le escapa aquel temor de hace casi cuarenta años de que Suiza iba a perder el tren de la relojería al llegar el invento del cuarzo. Pues bien la reacción de la industria relojera suiza ha sido tal y tan positiva que hoy en día sólo el “Swiss Made” o “Genève” pueden tener categoría de alta relojería. Los relojes de este nivel fabricados en otros países son contadas excepciones.

Cada año que pasa somos propensos a comentar que este fenómeno está tocando fondo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. El reloj suizo está alcanzando unos grados de tal temperatura que los demás sólo tienen que buscar forma de protección. Y no importan las imitaciones o las copias. Tal vez esto aún ayude más a subir el listón.

Ejemplos de manufacturas relojeras tenemos cada año que nos sorprenden. Sin ir más lejos desde Maurice Lacroix a de Grisogono y otras grandes marcas se atreven a lanzar sofisticaciones que casi son una ofensa. Relojes que rondan los 200.000 a 300.000 € y que realizan funciones hasta ahora impensadas o mejor sólo capaces de realizar en el cuarzo. Pero muchos nos preguntamos para qué sirven estas aplicaciones. Sólo encontramos una respuesta para satisfacer el ego personal, para distinguir al que quiere ser diferente, al que quiere y puede presumir de disponer, entre sus múltiples objetos de valor, de los últimos inventos en el campo del reloj.

Y este campo es uno de los más significativos e importantes que no nota la crisis mundial. Porque aquí el cliente no utiliza parte de su presupuesto anual del “modus vivendi”. Lo que hace es gastar un poquito de lo que a él no le hace falta.

No me cabe la menor duda. Como afirmaba al principio, estamos ante uno de esos fenómenos que nos dejan boquiabiertos, descolocados y tremendamente desconcertados. Estamos ante un fenómeno que no parece coyuntural y al que debemos prestarle la máxima atención.

Aunque es posible que no nos vaya en ello la vida, sí es cierto que su importancia está repercutiendo de múltiples maneras en nuestra proyección de futuro. Por eso resulta tan necesario un análisis concienzudo por parte de todos y cada uno. No en vano, estamos ante una realidad fenoménica que demanda actitudes muy concretas y precisas tanto a nivel personal como gremial.

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