martes, 1 de junio de 2010

Viaje al Sur

Escribo estas líneas en uno de tantos viajes con destino a la feria de joyería de Vicenza, y pienso “y va otra más”… Las preguntas de los profesionales que comparten viaje conmigo se encauzan en la misma línea: ¿Qué veremos de nuevo? ¿Desde enero a mayo habrán tenido tiempo de sacar novedades? ¿Y si las hay, para que las queremos, si aún no hemos vendido lo que hay en los escaparates y vitrinas de nuestros establecimientos?

Dando por sentado que los problemas que aquejan al sector en la actualidad no sólo residen en las ferias, también es verdad que éstas siguen explotando un modelo de negocio pensado para los años 60… ¡y no han cambiado las cosas desde entonces!

Dicen los directores de ferias que con sus plataformas ofrecen nuevas fórmulas en la venta de joyería. ¿Hasta qué punto es verdad? En el fondo, subyacen las mismas pautas de trabajo; emisor y receptor establecen similar proceso de comunicación con su correspondiente feedback y el entorno continúa siendo más o menos cómodo en función del gusto y de las ganas de gastar dinero que tengan los promotores feriales.

Desde el punto de vista de comprador, visitar una nueva feria ha de requerir una inmensa dosis de compromiso y análisis de la realidad. Hay que estar ejercitado para no dejarse llevar ni por el gusto personal, ni por lo que nos meten por los ojos, y pensar más en el cliente de estos tiempos.

Por mucha globalización que exista, cada mercado continúa manteniendo su propia idiosincrasia. No es igual el gusto ruso, que el italiano, el americano o el español. Y en la península, la percepción de la belleza cambia si el enfoque se realiza desde el norte o desde el sur.

Todos queremos coronar la cima en un rumbo al éxito que nos hemos marcado; pero podremos besarla o perder la vida en un atrevimiento de explorar tierras inhóspitas y desconocidas. Las circunstancias hoy son así, para bien y para mal.

Hablar de grandes descubrimientos en una feria es un ejercicio de evocación al sufrimiento guiados por la curiosidad de vislumbrar que hay más allá de las fronteras del mundo conocido. Pero asomarse al borde del precipicio, puede depararnos tanto el éxito como el fracaso.

No todo es blanco o negro, y menos en cuestión de gustos. Hay momentos en la vida en que es mejor no arriesgarse, sobre todo si nos enfrentamos a un entorno hostil e inhóspito, y no estamos convencidos de nuestras habilidades y elecciones.

Hace casi un siglo que el explorador noruego Roald Amundsen alcanzó con éxito la conquista del Polo Sur; en cambio el capitán británico Robert F. Scott se dejó la vida bajo una dramática tormenta, junto a sus cinco hombres, a la vuelta de su segunda expedición a la Antártida. Dos hombres, dos desenlaces; un éxito y un fracaso. Todo es cuestión de acertar con el momento y sus oportunidades.

Ahora no es tiempo de epopeyas, es tiempo de ver y pisar con los pies en la tierra. Nuestras tiendas son capaces de soportar privación, pero ¿qué pasaría si en aras de una valentía desmedida las pusiéramos al borde de sus posibilidades de supervivencia? ¿Quién nos garantiza que en ese “viaje al Sur” no las enfrentaríamos cara a cara con la muerte?

No hay comentarios: