jueves, 2 de septiembre de 2010

El camino del cambio

Siempre hay que hacer el camino. Los que están ya hechos no nos pertenecen. Podremos ayudarnos de sus aciertos y errores para planificar el trayecto, pero no formarán los pilares de ese viaje propio que constituirá nuestra vida y al que llamamos destino.

No se trata de una o varias etapas. Hay que recorrer el camino entero desde el lugar de partida hasta el final de la meta. Es mucho más que un paseo, es todo un torrente de ideas, inquietudes, deseos, sensaciones, ilusiones, con sus tropiezos, caídas… y vuelta a levantarse para seguir caminando. Todo esto llenará nuestras alforjas de experiencia. Sólo paso a paso lograremos recorrer todo aquello que nos hemos propuesto en origen y sólo paso a paso creceremos como personas y como profesionales.

Los poemas de Antonio Machado han logrado grabar en la memoria colectiva que el camino no existe si nosotros, como caminantes, no lo hacemos realidad con nuestros pasos. De la misma forma que nos advierten de las sendas muertas y de los falsos atajos: “¿Para que llamar caminos a los surcos del azar?... Todo el que camina anda, como Jesús, sobre el mar”

Para hacer ese camino tenemos que llenarnos de la energía necesaria que nos permitirá poder divisar el horizonte, pero para ello hemos de descubrir la capacidad transformadora que llevamos dentro. Tenemos que ser gestores, directores, actores, en definitiva líderes en responsabilidad, en la búsqueda de aquello que va implícito en nuestras propuestas.

Hemos de generar el movimiento real capaz de dar la vuelta a cada situación que estemos viviendo. Tenemos que ser parte activa y no pasiva del cambio que nos toca vivir. Tenemos que “HACER EL CAMINO” y no dejarlo en manos del azar. La andadura comienza al dar un primer paso y ha de ser entusiasta y ambiciosa, ha de formar parte de la suma de muchos esfuerzos.

En esta época turbulenta hay que innovar y encontrar las respuestas adecuadas. Por ejemplo, la oferta que ha tenido éxito hasta este momento, es muy probable que necesite revisarse, y el único sistema de anticiparse a las tendencias es escuchando al cliente y al mercado. Escuchar, observar, analizar, cuestionar, probar son principios básicos de toda innovación, además de herramientas imprescindibles para orientarnos en nuestra senda. Nos sorprende, por ejemplo, la falta de profundidad de muchas redes de ventas. Es necesario mantener la satisfacción del cliente. El coste de fidelizar al que ya tenemos es siempre inferior que captar uno nuevo.

A muchos directores comerciales les falta realismo, no invierten en su propia formación, acompañan poco a los vendedores, se distancian peligrosamente de la calle y dedican muy poco tiempo a evaluar su equipo. Muchas de estas redes comerciales no tienen los perfiles adecuados para los clientes que visitan y los productos que ofrecen, aplicando técnicas de ventas que no dominan o que son simplemente equivocadas. Es decir, siguen caminos ya trillados, sin profundizar en su razón de viaje ni objetivos.

Es indudable que construir una relación estable con los clientes es más difícil que hace unos años, pero resulta fundamental. De nada sirve que una empresa recorte costes para salvarse a corto plazo, si no tiene una estrategia de futuro. Una nueva generación nos dicta nuevas normas de consumo a las que nos debemos adaptar. Los cambios producidos, aunque tienen un origen tecnológico, entran de lleno en el ámbito económico, social y cultural.

Pero lo que verdaderamente importa para salir airoso de este lance del camino, no son las habilidades, sino la motivación. La motivación es siempre más importante que la capacitación. Y como decía Albert Einstein. "No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. Trabajemos duro y acabaremos de una vez con la única crisis amenazadora que es la tragedia de no querer luchar por superarla".

El camino bien andado involucra intuición y razón. Ganaremos en confianza al superar los malos pasos. Con los cinco sentidos alerta se captan mejor los peligros y, al oscurecer, la prudencia nos guiará hacia el mejor refugio a la espera de la salida del sol. ¡Quién sabe! Probablemente en ese nuevo día hallemos otro u otros caminantes con los que compartiremos alguna etapa, parte del camino o todo ello. Y con los que incluso podremos discutir la mejor opción ante una encrucijada.

Hay muchos viajes que se emprenden en soledad y se convierten luego en excelentes aventuras colectivas. Pero para ello es necesario que todos nos dejemos inundar de esa energía positiva que llamamos motivación y que es indisociable a la evolución del ser humano. El camino del cambio nos está esperando.

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