viernes, 17 de diciembre de 2010
DICEN QUE EL PAPEL…
Dicen que el papel tiene los días contados. Que los periódicos, las revistas y los libros quedarán barridos por el huracán de las nuevas tecnologías. Dicen… También se decía esto cuando apareció la radio, y luego la televisión. Sin embargo, el soporte de papel ha continuado conviviendo con sus nuevas y más rápidas compañeras de viaje, aunque para ello haya tenido que hacer de tripas corazón y reinventarse (la competencia siempre es buena). No sé si los agoreros que predican el fin de la imprenta tendrán razón. Es difícil imaginarse en una peluquería, con los pelos tiesos por el tinte, chateando con los amigos en vez de hojear el ¡Hola! O tomando el café del domingo al sol mañanero en una terracita de Barcelona con una tableta en la mano en vez de un dominical. O el sector joyero-relojero español sin esta bella y elegante revista decana, que es Arte y Joya. Quizá, más que una crisis del papel, lo que estamos viviendo es una crisis de valores educativos e intelectuales. Nuestros hijos no es que no lean libros en soporte de papel, tampoco lo hacen en soporte electrónico. Prefieren jugar a la Play en vez de llamar a la puerta de los clásicos. Nosotros mismos, los adultos, no estamos dispuestos a perder dos horas en asomarnos a la trastienda de las noticias. Preferimos quedarnos con los titulares. ¿Para qué leer dos páginas o dos periódicos de ideologías distintas si podemos tener en una frase el qué de la noticia? ¡Qué más da el cómo o el porqué ni el quién te lo cuenta! Las nuevas tecnologías nos hacen ser tan inmediatos y directos que ni siquiera nos permitimos en un mail dar los buenos días o las buenas tardes y menos preguntar por el estado de la persona a la que se lo remitimos. ¿Dónde quedó aquella coletilla epistolar de nuestros abuelos “Espero que a la presente estéis bien, nosotros bien gracias a Dios”? Existe algo que las nuevas tecnologías no nos pueden dar y es el espacio y tiempo que proporciona el papel para la reflexión y el cultivo de nuestra propia opinión. Hay una frase de José Vasconcelos que siempre me emociona al releerla: “Un libro, como un viaje, se comienza con inquietud y se termina con melancolía”. Quien ha pasado por una imprenta no deja de sobrecogerse por la grandeza de estas dos sensaciones. Así que lean y escriban, a ser posible algo en papel, que es muy sano para la salud de la mente y el espíritu. Y nos ayudará a olvidar por un momento esos problemas que nos causan “terceros” precisamente por no leer ni informarse antes de hablar. Hoy somos conscientes de que el cuerpo necesita más que nunca de una buena alimentación. ¿Y el espíritu? ¿Qué le damos para que no enferme?
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